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DEL LADO DE LOS POBRES

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Luis Sexto

Apostillas ingenuas

 

Un hombre no es la Historia. Pero se le parece.  Brota de ella, la hala, o la empuja, y va conformando un movimiento  en que la gente adquiere la conciencia de la necesidad y la necesidad  de su conciencia. Y si uno de esos hombres fundamentales desaparece, queda su índice guiador, su voluntad avizora. Infinitamente lamentable, por tanto, es el deceso de Hugo Chávez. Pero el destiempo de su muerte es el incremento de su vigencia en la trascendencia de la historia. Ya no es un líder ahora es una estrella,  un norte que se busca hacia el sur.

Por la reacción de sus enemigos, podemos medir el valor de Hugo Chávez. Lo odiaba la oposición burguesa y oligárquica, heredera de doña Bárbara y aliada de mister Danger, que también lo odiaba. Ambos, el criollo voraz y el yanqui imperial  mantienen su odio en fuego cruzado. Y cuán terrible es el terror de la derecha. En estos días, vi los videos  de   cuando el asedio a la embajada cubana en Caracas en abril de 2002, tras el fantasmal golpe de Estado que mantuvo prisionero dos días al legítimo presidente  Chávez. Entre algunos pícaros de Miami, estaba Capriles aupando la destrucción de los autos oficiales de la sede diplomática de Cuba. También vi la entrevista entre Capriles y el embajador  Germán Sánchez. Germán le dijo: ustedes violan los convenios internacionales que otorgan inmunidad a las embajadas. Si aquí hubiera funcionarios venezolanos asilados, tendríamos el derecho de protegerlos, y si ustedes pretenden entrar, nos defenderemos hasta morir. Y no es un discurso, aclaró el embajador. Y no entraron, y poco después el vídeo los muestra escurriéndose aprisa entre callejas o en automóviles refrigerados. Chávez había vuelto.

 Por otro lado, el concepto de la política en los Estados Unidos lo ejemplifica el presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara y representante republicano por California, Ed Royce, cuyas declaraciones citó un despacho de la agencia EFE: “Hugo Chávez era un tirano que forzaba al pueblo de Venezuela a vivir en el miedo. Su muerte merma la alianza de líderes izquierdistas contra Estados Unidos en Suramérica; ¡qué alivio!". Y esta frase final sintetiza otras reacciones en el seno del Poder en Washington. No se aprecia ni un gesto humanitario ante el deceso de un hombre.  Pero, ¿podría ser distinto, si cada día mueren hombres, mujeres y niños bajo los vuelos asépticos de los drones y misiles norteamericanos ante la indiferencia de muchos? Si alguna duda uno tuviera sobre el calificativo que Rubén Darío asignó a los sostenedores del imperio norteamericano, estas y otras reacciones confirman  que el líder del modernismo literario acertó cuando calificó a los rubios aspirantes a imitar a Roma como  “nuevos bárbaros de Atila”.

Y en efecto: los que gobiernan desde el poder aparente o tras las cortinas del capital en el Norte que, según Martí,  nos desprecia, se inquietan sólo por sus intereses económicos  y sus apetencias geopolíticas. Mas, las exequias de Hugo Chávez y el respeto mundial que ha bajado la cabeza sobre su cuerpo inerte, han confirmado que a quien tildaban de tirano, quiso más a los seres humanos que cuantos alardean de  democracia, palabra que en el lenguaje de Washington  se ha desnaturalizado y convertido  en un espolón de injerencia.

Martí llamó “hijo” a Rubén Darío. Y el Apóstol de la independencia de Cuba y uno de los primeros en alertar sobre los gérmenes de prepotencia y predominio que engordaban bajo los cimientos de la sociedad mercantilista de los Estados Unidos, también habrá llamado “Hijo” a Chávez al recibirlo en la dimensión imperturbable de la Historia. Bolívar, a su vez, le habrá dicho bajándose de su caballo: Sube, sube Hugo, hijo mío. Mi cabalgadura también te pertenece.

Sobre la memoria de Chávez, por ello, podrá caber este epitafio: Aquí vive Hugo Chávez. Porque se puso del lado de los pobres, vivirá para siempre.

 

10/03/2013 10:23 Luis Sexto #. Política



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