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DECIRES Y DESAIRES

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 Por Luis Sexto

 Ideas sobre la prensa cubana

La prensa cubana está bajo un escrutinio casi implacable (y el casi es una fórmula paliativa de periodista “avergonzado”).  Lectores que leen los periódicos y lectores que no los leen desde hace tiempo, que de todo hay en el calendario crítico cuyas hojas se derraman sobre Cuba, insisten en la opacidad de nuestras páginas, nuestras ondas y nuestras imágenes. Las acusaciones más comunes giran en torno de un color predominante, el gris, y de las omisiones que convierten a la prensa en secretista, acrítica, cómplice, y  cuya función veraz y objetiva suele estar fuera de foco.

Lo más llamativo es que algunas de esas voces inconformes, todas atendibles, atribuyen las insuficiencias y deficiencias a los periodistas, que no saben ser cultos, valientes y audaces profesionales. Pero tal vez muchos han olvidado que cuando algunas de esas voces ocupaban posiciones directivas, jamás toleraron la crítica y hasta se  molestaban por una pregunta aguda o excesivamente profunda, y como insulto nos tildaban usualmente de “comilones”. Varios de mis colegas pueden hasta contar sobre ojerizas sistemáticas decretadas por funcionarios que, hoy, al añadirles el prefijo ex, no cesan de fustigar a  medios y periodistas por la “mala prensa”.

Y uno se percata, además, de que se  estigmatiza a la prensa cubana desde variadas fronteras y posiciones en un planeta donde los medios se distinguen universalmente por mentir, por escamotear la verdad o tergiversarla mediante la semántica manipuladora. ¿Difunden todas, todas las noticias, y sin manipulación, los medios norteamericanos y europeos o las notas sobre asesinatos, accidentes, robos, discusiones en el parlamento hacen creer acaso que la prensa verdaderamente informa lo que cada ciudadano debe saber? ¿Ha de ser solo la prensa cubana la única exigida y denostada, sin reconocer que -y sea dicho sólo como dato explicativo y no justificativo-  ha ejercido su papel bajo un estado de sitio, implantado por los Estados Unidos desde 1961 hasta hoy, cuando aún ese país aprueba fondos para subvertir el modelo social y político en Cuba?

Pero aparte de esa referencia histórica sin la cual ningún análisis redondeará con certeza sus conclusiones,  mi experiencia de 40 años en los medios sugiere que la “mala prensa cubana” es, en determinante volumen, invención de la mentalidad burocrática nacional, copia de la soviética, y del poder centralizado que geométricamente se grafica con una línea recta y vertical, trazada de arriba abajo, y con un lingote de plomo en el extremo inferior. Reparemos en este ejemplo: El pasado domingo 30 de octubre el periódico Juventud Rebelde insertó en su sección Acuse de recibo, una carta del presidente de Cubana de Aviación. Respondía a un viajero que reclamaba le pagaran el plasma averiado en un viaje. El funcionario demostró respetuosa y acertadamente la falta de razón del reclamante. Del mismo modo, el periódico había publicado la queja de acuerdo con su norma de confiar en la veracidad de lo dicho por el remitente. Tras su alegato,  el jefe de Cubana  arremetió contra el periodista, porque “ha publicado una noticia parcializada, que involucra a una institución cubana querida por el pueblo a lo largo de sus 83 años de existencia(…) No puede permitirse el lujo de ser superficial un periodista de Juventud Rebelde (…) al no investigar las dos partes de la noticia”.

 Aun si la enjuiciamos desde un punto de vista neutral, la carta del presidente de Cubana de Aviación es insolente cuando califica al periodista. Apoyado en cierta sensación de impunidad que otorga el rango, según suele creerse, de un golpe dictó la opinión definitiva sobre el redactor: usted es superficial. De ese modo, se ha venido obstruyendo desde hace años el papel de la prensa en Cuba: acusándola de lastimar el crédito de las instituciones, tan respetables todas y por lo tanto merecedoras de que no se les critique o denuncie en la prensa. Cuando ha ocurrido, el argumento más socorrido ha sido una frase sacramental: “Usted ha lacerado la imagen del organismo”. No aceptan, sin embargo, que solo  los errores desacreditan a la institución.  Como escribí  hace poco en Progreso Semanal, la mentalidad predominante conceptúa a la prensa como espejo mágico de la sociedad: solo te admito que digas que todo cuanto hacemos es inmejorable.

Y esos criterios avanzan quejumbrosos, advirtiendo del peligro de que  la Unión Soviética cayó porque “liberó a la prensa”. Y la idea circula por este despacho, y por esa oficina, y se pasea por aquella reunión o congreso. Y así  han venido cocinando una atmósfera en la que se anulan prácticamente las diversas resoluciones del Buró Político del Partido Comunista de Cuba -la última en 2007-  que recomiendan, también exigen, el ejercicio de la crítica y la realización de un periodismo más creador.  Por otra parte,  si la información falta en nuestras páginas, si evidentemente no aparecen noticias para presentarles a los lectores, televidentes y radioyentes el relieve del país para que sepamos dónde vivimos y hacia dónde vamos,  la causa eficiente  proviene de las fuentes que se cierran con el pretexto de cumplir orientaciones de los “niveles superiores”. No tengo por qué callarlo: Ministros hubo que prohibieron la entrada  de periodistas en las fábricas, empresas y establecimientos, incluso hasta en las escuelas. Y funcionarios políticos, en provincias y municipios, han dictado qué sección del periódico debe ser eliminada y  cuál ha de sustituirla. ¿Por qué? ¿Para demostrar que están por encima de cualquier límite?

Juzgado el problema con más equilibrio, mirémoslo desde nuestro lado. Y hemos de admitir que, en efecto, nuestra prensa adolece del sentido de la oportunidad, de variedad noticiosa, de omisiones, de profundidad en sus análisis. ¿Internamente cuál es el problema primordial de los medios, concausa de las ya enumeradas? La desprofesionalización de periodistas y editores. No he de afirmar que los graduados de las escuelas de periodismo ignoran el ABC.  Más bien carecen de  la experiencia suficiente para ocupar el puesto de los que se han jubilado o han abandonado el ejercicio del periodismo por  razones en que casi todos coinciden: carencia de estímulos y de un clima de creación y libertad responsables. Por otro lado,  un número de editores y directivos han sido improvisados para formarse luego con el método de  rajando leña  se aprende a cocinar.

No hay fuerza, en verdad. Nuestra prensa, formal y conceptualmente carece de fuerza. Y ha derivado hacia la propaganda árida, repetitiva, farragosa. Y esas cojeras deslegitiman el discurso de medios y periodistas. Ahora bien, nadie como periodistas y fotorreporteros han luchado por defender el espacio que les corresponde en la sociedad socialista. Nosotros, los que hemos entregado nuestros días al servicio de la Revolución mediante el periodismo, sabemos que nuestro papel es ancilar, subordinado a los intereses de la nación, e influido también por la advertencia martiana –nada desdeñable en su dimensión actual- de que si el enemigo está delante, la prensa calla. Pero en qué reunión, asamblea, festival de la prensa, plenos y congresos de la Unión de Periodistas no se han levantado dos, tres, más colegas asistidos por el crédito de su obra y su lealtad política, para exponer las limitaciones, principalmente exógenas, que mediatizan a la prensa en su cometido de orientación y movilización social y política, y de corrección de vicios y defectos públicos. Habrá, pues que, aceptar que nuestra prensa, para ser efectiva,  ha de estar solo sometida a intereses políticos generales dentro de una autonomía que la proteja de la manipulación burocrática.

Pero el periodismo cubano no ha renunciado a los enfoques polémicos, ni a  su función de instrumentos de la conciencia crítica de la sociedad. A pesar de que profesionalmente se escabulle por las troneras de  la rutina y el exceso de consultas y reparos, todavía la prensa puede enumerar un grupo de competentes profesionales. Dotados de ideología filosófica y política, nutridos además por un concepto ético y profesional, no se despojan de las ropas del que trabaja para servir y, por tanto,  no se cubren con los atributos del privilegiado, ni exigen la capacidad omnímoda de estar por encima de cualquier principio, responsabilidad y compromiso. En cambio, conscientes de su función en el socialismo, se confirman aptos para conmover y convencer con la palabra y la imagen.

Resumiendo, cómo lograremos una prensa útil, crítica, amena, alternativa de medios extranjeros, y eficaz en la defensa  de la independencia y el socialismo, y que satisfaga a quienes la oyen, la ven o la leen, y también a los profesionales que la realizan. ¿Privatizándola?  Esta aparente solución es anulada por una verdad práctica: Por  su naturaleza, la apropiación privada está habitualmente en litigio con la naturaleza pública de los medios. La objetividad de la prensa privada se diluye en la conciencia clasista de sus propietarios y por ello coinciden y defienden las causas que, por lo común, son enemigas de las mayorías desposeídas. No ignoramos a quiénes pertenecen las megalómanas cadenas de TV, de Radio o de periódicos y revistas. Ni desconocemos que  míster Forbes no es uno de los “indignados” que reclaman justicia en Wall Street; ni el grupo Prisa se adscribe en el directorio como órgano de sindicatos y trabajadores esquilmados.

Hablemos, pues, en la sociedad cubana, de propiedad social efectiva, que en un periódico, un noticiero radial o televisivo equivale a la regulación endógena responsable y comprometida con principios y fines nacionales. Esto es, regulación desde dentro, aunque el director lo nombre el Partido. Un director que responda por el uso de su autoridad y dirija sin tutelajes externos, cuyos pareceres olvidan y desconocen técnicamente el destino final de la prensa y los medios: ser en la mañana, la tarde y la noche un examen de conciencia de nuestra sociedad.

07/11/2011 12:13 Luis Sexto #. Política



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