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GUAJIRO NO HABLA INGLÉS

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Por Luis Sexto

La palabra guajiro tentó  mi inclinación indagadora, como si por primera vez reparara en un término que nombra mi origen y el de muchos cubanos. Soy guajiro, aunque no vista “calzón de dril y chamarreta”, ni monte en “una yegua trotona”  “por la orilla floreciente que baña el río de Yara”.  Lo soy porque nací en un pueblito de tierra adentro, y crecí deseando montar una carreta cuando pasaba tras el patio de casa hacia el trasbordador del ingenio. Busco por tanto el fluido seminal de este vocablo tan recurrente, pero se escabulle entre la maleza y la neblina de un tiempo que pocos pueden enlazar entre las trampas del análisis.

De dónde proviene guajiro. Y  porqué me preocupa ahora. Porque recientemente, durante una breve visita a Miami, una persona,  culta y honrada, me dijo que había leído que  el vocablo guajiro se había fundido en dos palabras inglesas, durante la guerra hispano cubana americana, en 1898.  Según esta información, guajiro es la síntesis de warhero, es decir, warhero cuya pronunciación viene a asemejarse a guajiro, y significa literalmente héroe de guerra. Según esa especulación etimológica,  así llamaban los soldados norteamericanos a los mambises, harapientos y casi desarmados luchadores por la independencia de Cuba.

Considerando el menosprecio de los  generales del ejército de ocupación estadounidense  hacia las fuerzas del Mayor general Calixto García, al negarles la entrada en Santiago de Cuba, dudo que los mambises fueran considerados warhero. Pero admitamos que entre los soldados de filas del Norte, pudo expresarse respeto y admiración por la abnegada efectividad combativa de soldados descalzos.

Inadmisible resulta, en cambio,  que se diga que los estadounidenses inventaron la palabra guajiro, como se afirma también que Cuba les debe la independencia. De lo último, existe un libro clásico de Emilio Roig que demuestra, que nada debió el Ejército Libertador a las “tropas americanas”. Más bien, estas deben la ayuda prestada por aquel para no terminar en sucesivos descalabros Y le debe, sobre todo, el haber intervenido para arrebatar la victoria a los independentistas.

En cuanto a la palabra guajiro, un solo argumento bastó. Caramba, le dije a mi interlocutor, Cirilo Villaverde escribió un relato con ese título: El guajiro,  muchos años antes de que se iniciara la guerra. El autor de Cecilia Valdés murió incluso, en 1894. Mas, si el dato sirvió para desechar la irresponsable teoría sobre el origen de una palabra ya existente en el léxico de Cuba, no me pareció suficiente. Y en una pronta ojeada por la literatura cubana del siglo XIX, surgieron estos testigos.

Francisco Pobeda y Armenteros,  nacido en 1796 y muerto a los  85 años,  compuso varias décimas tituladas  Descripción de los guajiros, y cita este término, además de en el título, en el cuerpo de su canto:  “Para pintar al guajiro/ con la mayor perfección,/ quiero hacer la distinción/ que en todas sus clases miro;/ escribir lo cierto aspiro/ , aunque mísero coplero,/ y la espinela prefiero/ al estilo altisonante,/ para que después me cante/ en la sabana el montero”. 

Domingo del Monte (1804-1853), una de los más influyentes intelectuales de la primera mitad del siglo XIX, ferviente instigador de una literatura sabia y criolla,  en el  tercer romance de El guajiro repite esta la palabra: “Tras la alta sierra de Cuzco/ ya sus rayos escondía/ el sol, y el gallardo Alfonso/ su raudo alazán ensilla. / Es el apuesto guajiro/. Honor de su patria, Alquízar, / y arrendador de los hatos/ del conde de Fernandina”.

Ramón Vélez Herrera (1809-1886)  también fija su sensibilidad en este personaje de los campos cubanos, y expresa en el romance  titulado La peleas de gallos: “Monta el bizarro guajiro/ un caballo de piel negra, / casco liso, fuerte pecho, / ojos vivos, crin espesa…’

Por fuerza he de citar quizás al más guajiro de los poetas cubanos del siglo XIX, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, el Cucalambé famoso, oriundo de Las Tunas, que con apenas 40 años desapareció en 1862  sin haberse averiguado hasta hoy la causa de su muerte o su destino  minutos después de que lo vieran por última vez... En un soneto con olor  y color entrañables de hierba y luz cubanas, describe a Mi guajira  y canta: “Cuando en los prados de mi Cuba hermosa/ mi guajira gentil llena su falda/ de frescas hojas de jazmín y gualda, / para jugar con ellas primorosa…”  Y el último terceto resume: “Los guajiros adóranla de hinojos, /  y yo embriagado de pasión vehemente, / de amor me abrazo a sus divinos ojos”.

 Las citas excusan de cualquier otra búsqueda. Quizás faltaría precisar el el étimo exacto y ubicar la primera vez que un documento literario cubano la empleó. Quede, sin embargo,  para un propósito futuro. Por ahora hemos de terminar consultando el Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas, de Esteban Pichardo y Tapia.  Nacido en 1791, en Santiago de los Caballeros, actual  República Dominicana, y llegado a Cuba en brazos de sus padres durante 1801,  articuló, sin ser lingüista,  lo que los expertos llaman “la primera recopilación sistemática dentro de la lexicografía latinoamericana”.  Fue más bien geógrafo, además de poeta,  pero el perfil de su inteligencia no se ciño a la especialidad que lo distinguía. En la entrada correspondiente a guajiro, guajira, Pichardo expone: “Según autores, entre los indios de Yucatán significa Señor. En Chile se llama Guaso al campesino.  Un Yucateco fidedigno  me asegura que hoy en Yucatán no se usa tal vocablo, mientras que en la Isla de Cuba, principalmente en la parte occidental es mui común y distinta su significación. Aquí Guajiro es sinónimo de Campesino, esto es, la persona dedicada al campo con absoluta  residencia en él, y como tal usa el vestido, las maneras y demás particularidades de los de su clase”. 

Pichardo es minucioso en la descripción del guajiro, y remata con esta definición: “Este es el Guajiro, el hombre peculiar de la Isla de Cuba, que bien merece ser descrito con alguna extensión”. Y señala que en otras regiones de Cuba dicen también Montuno.

La edición príncipe del  diccionario de Pichardo se compuso e imprimió en Matanzas, durante 1836. Aún vivo su autor, mereció en total, cuatro ediciones;  la última en 1875. Y con estas fechas y definiciones, la especie de que guajiro habla inglés queda, y posiblemente no por primera vez, como otra derrota de las fuerzas de intervención en 1898.

 

 

 

 

05/07/2011 12:20 Luis Sexto #. Cultura



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