Facebook Twitter Google +1     Admin

EL MONUMENTO AL MAINE

20070715153917-iel-maine.jpg

 Por Luis Sexto 

No es extraño ni dudoso que en la Habana y otras ciudades de Cuba existan bustos, monumentos y edificios que recuerdan a ciudadanos norteamericanos cuyas acciones  colaboraron a que entre los dos pueblos predominaran relaciones de amistad y cooperación, en un proceso de mutua influencia cultural.

El transeúnte que  pasea por el parque dedicado al más fecundo y célebre de los educadores cubanos, José de la Luz y Caballero, frente al canal de entrada de la bahía de La Habana, encontrará los bustos de los pedagogos estadounidenses  Mattew Hanna y Alexis E. Frye.  Ambos  --junto con los cubanos Esteban Borrero Echeverría y Eduardo Yero Buduén-- organizaron la enseñanza en Cuba después de que España se llevó los despojos del régimen colonial y dejó su secuela de atraso y desorden.  

Hacia el centro de la ciudad antigua, en el Parque de la Fraternidad  Americana, una cabeza de Abraham Lincoln emerge entre los próceres hispanoamericanos y otros personajes universales de la política, la literatura y la ciencia como Víctor Hugo y Luis Pasteur. El nombre de Lincoln perdura también en Cuba como nombre de un central azucarero, en el municipio de Artemisa, provincia de La Habana, y también bautiza  escuelas del sistema nacional de educación.

Otra fábrica de Azúcar, en la provincia de Villa Clara, lleva el nombre de George  Washington. Y calles de zonas populosas de la capital cubana se llaman como el padre de la independencia norteamericana.  

Seis de las ciudades más importantes del país -–que hasta 1976 fueron las capitales de las seis provincias cubanas que constituían al antigua división político administrativa-- conservan los edificios de los institutos de segunda enseñanza y también de las audiencias provinciales construidos en las primeras décadas del siglo XX.  Se caracterizan por su estilo neoclásico que les presta la solemnidad y seriedad que distingue tanto al estudio como a la justicia. Su perdurabilidad en el paisaje urbano componen un homenaje a mister Newton quien, durante la segunda intervención de los Estados Unidos en Cuba, entre 1906 y 1909, dirigió el departamento de construcciones civiles del Gobierno. Newton reintrodujo en Cuba el clasismo y formó varios discípulos como expertos de otros estilos académicos, con lo cual la arquitectura cubana, hasta ese momento casi sin maestros, quebró ciertos modelos empobrecedores, como el Art Noveau, que, de acuerdo con el historiador Emilio Roig, dispersó fantasías, exageraciones y extravagancias. Aunque alguno de esos edificios se levantaran después de su paso por Cuba, sus diseñadores siguieron las ideas y propuestas del creativo arquitecto norteamericano.

Algunas de estas obras, hoy remozadas, como el instituto de segunda enseñaza número 1, hoy llamado José Martí, en la capital, continúan ilustrando un período afortunado de la arquitectura nacional.

El monumento más discutido en una época es el consagrado a las víctimas del Maine.  Para los cubanos, la explosión en el puerto de La Habana de ese acorazado de la Armada de los Estados Unidos, el 15 de febrero de 18898, fue el origen visible de la intervención norteamericana en la guerra que los cubanos libraban frente a España por su independencia y que, al contrario de sus fines públicos, solo sirvió para frustrar las aspiraciones independistas de Cuba. Tras el cese de la intervención, la Constitución cubana se encadenó legalmente a la llamada Enmienda Platt,  que limitaba al visto bueno de los Estados Unidos la economía y la política nacional.Es comprensible que la mayoría de los cubanos, desde 1902 en adelante mantuvieran su sensibilidad patriótica zaherida. Por muchos años incluso ciertas opiniones llegaron a pensar que la voladura del Maine había sido el resultado de una conspiración autoagresiva. En  1998,  la Editora Política de Cuba publicó un libro del historiador Gustavo Placer Cervera, en el que el autor actualizaba el trágico episodio y exponía los resultados de las últimas investigaciones de peritos e historiadores norteamericanos sobre el origen de la explosión. 

Los especialistas reconocen la posibilidad de que hubiera tenido origen dentro del buque, tal vez en un incendio fortuito o una chispa de carbón espontánea;  o también en una mina exterior colocada con fines de sabotaje por el integrismo español, hipótesis que los círculos militaristas y expansioncitas –recuérdese que Mac Kinley le había propuesto a Madrid  comprar a Cuba- aceptaron desde el primer momento como la única razonable.

Tal vez nunca pueda saberse la causa exacta y el hecho se convierta en un enigma de la historia americana. Pero una conclusión es cierta: la explosión de Maine fue empleada como pretexto por la Casa Blanca, para declarar una guerra que ya los sectores más belicosos y los periódicos de Hearst y Pulitzer  venían preparando.El monumento,  aprobado por decreto presidencial en 1913 y construido en 1925, sigue en pie, erguido sobre su plataforma, en su plaza frente al mar y cerca del Hotel Nacional, exhibiendo cañones y cadenas del buque y con la tarja que guarda en bronce el nombre de las 288 víctimas.

La Revolución, que rescató la soberanía lacerada y las riquezas nacionales sustraídas, no lo demolió. Respetó el recuerdo de los marinos muertos. Solo, en 1960, echó abajo el águila  que en pose agresiva remataba el monumento. Pablo Picasso, según publicó entonces la prensa, prometió esculpir una paloma de la paz para sustituir al gran pájaro depredador. Pero se le olvidó o no tuvo tiempo.Una paloma es lo que todavía le falta. Porque al águila nadie la echa de menos.

15/07/2007 10:36 Luis Sexto #. Historia



Powered by Blogia

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris