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MÁS SOBRE EL PERIODISMO LITERARIO

20070315173627-literatura1.jpgPor Luis Sexto

Para iniciados y también para los que están fuera 

En términos estrictamente teóricos periodismo no es literatura. Basta para corroborarlo precisar el objeto de cada de estas dos vertientes –o actividades- del pensamiento humano. Y efectuado ello hay que rechazar el juicio simplista de que el periodismo se define como literatura por el hecho de trabajar con la letra, con la palabra en su más abarcador sentido.

Uno de los más inteligentes crítico de la lengua castellana, el polígrafo mexicano Alfonso Reyes, paseó la linterna de Diógenes por problema de tanta complejidad conceptual y dilucidó el objeto de la literatura y de otras ramas del conocimiento.

Reyes, con esa fineza y precisión estilísticas que lo alzaron a la categoría de clásico de nuestro tiempo, enseña: “Sumariamente definidas las principales actividades del espíritu, la filosofía se ocupa del ser; la historia y la ciencia del suceder real (...); la literatura de un suceder imaginario, aunque integrado –claro es- por los elementos de la realidad, único material de que disponemos para nuestras creaciones”.

Las afirmaciones del autor de Visión del Anáhuac las confirma otro acatado especialista, el hispanista checo Oldrich Belic, cuyas investigaciones se conceptúan en la actualidad como uno de los principales aportes a la ciencia literaria. Belidc precisa: La obra literaria (artística) es una fusión, una síntesis, una unión de ficción y no ficción. Por un lado refleja la realidad, por otro lado forma parte de la imagen de la realidad; imagen creada, precisamente, por la literatura”. Fijado teóricamente el objeto de la literatura, podemos inferir, basados en la práctica del periodismo, que este se ocupa por definición del suceder real, de la no ficción. Sobre lo ficticio pesa en este caso una sentencia de proscripción: no puede integrar ni en una microscópica partícula la materia prima de la prensa. En cambio, en la novela, el drama y la lírica –y empleo la nomenclatura reyeseana al dividir la literatura- la ficción compone la sustancia, lo imprescindible de su valor semántico. ¿Qué es, pues, el periodismo? ¿Historia? No; tampoco. El periodismo es actualidad; refleja y analiza el suceder real acabado de producirse, en caliente como precisó Carpentier. La historia, en cambio, se vira hacia lo sucedido cuando el tiempo decursado entre el acontecimiento y el juicio asegura un enfoque limpio, sin deformaciones causadas por la complicidad de la cercanía temporal. El periodismo se incorpora a la historia –no como parte de su esencia, sino como ingrediente externo, fuente. Cuando envejece. En esa función de complemento echológico radica la segunda vida del periodismo, que es como decir una eternidad utilitaria.Un tanto ingeniosamente podríamos determinar que el periodismo es... periodismo; algo particular, tan incomparable, que sólo se compara consigo mismo. Desde luego, sólo serían una frase.

Tanto en Reyes como en Belic encuentro solución al enigma. Dije más arriba que el periodismo no puede ser literatura sólo por utilizar el mismo código de señales: la palabra escrita. Sin embargo, esa igualdad instrumental los une. Estamos frente a una paradoja que parece encerrarnos en un rejuego de ser y no ser a la vez. A los teóricos citados no se les  pasó esa aparente contradicción y después de desenvolver originales argumentos sobre las afinidades formales entre la literatura y la prosa conceptual  de la historia, la ciencia, el periodismo –Reyes no lo menciona, aunque se sobreentiende-, concluye que esas actividades del intelecto, con sus campos y fines muy claros, componen una literatura que el mexicano llama aplicada y el checo pragmática.

el término descubiero por Reyes, y a su luz puedo afirmar que periodismo es, en suma, literatura aplicada a un fin de difusión del acontecer real e inmediato, aunque debo aclarar que el periodismo, sin identificarse con la literatura, es la actividad escrita que más se une a ésta en el estilo.

A la definición acarreada por Reyes y Belic hay que añadir un factor que ambos autores no olvidaron apuntar, pero que yo retuve hasta este instante. Es el relativo a la función estética de la literatura. Ello significa que la apropiación literaria de la realidad y su traslado al plano de lo imaginario o ficticio se efectúa,  sobre todo, con un propósito de expresión estética, y se concreta mediante un lenguaje organizado artísticamente.  El lenguaje literario y sus diversos estilos, pues, están signados por el uso del tropo, la metáfora, el símil, y se atienen intelectualmente al ritmo, el tono, el color de la palabra. En ellos predomina lo expresivo por sobre lo informativo.

Retornando a los términos de la vieja polémica sobre la que discurren estas líneas, la pelea se encona en las redacciones cuando se trata de comparar los estilos literarios y el de la prensa. Y no empleo el plural en este último aspecto, porque no coincido con el maestro Emil Dovifat en que existe un lenguaje periodístico, pero varios estilos periodísticos. Yo lo veo opuestamente: existen varios lenguajes periodísticos, pero un solo estilo general, colectivo, propio de la formación estilística de trabajo periodístico, con sus normas y procedimientos que la subjetividad del periodista adecua a las propias aptitudes y sensibilidad. Por ejemplo – y salvo el primero los nombres son míos- , existe el lenguaje informativo, propio de la noticia; el de fondo, típico del editorial, el comentario, el artículo; el emotivo, exigido por la crónica, y el lenguaje compuesto, en el que se mezclan todos los anteriores y se ajusta al reportaje.



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