Facebook Twitter Google +1     Admin

MISTER PELIGRO ANTE EL ESPEJO

20060921023417-dona-barabara.jpgPor Luis Sexto 

La literatura trasciende el placer estético, el entretenimiento. También se convierte en trinchera, rompeolas, cañón. Compromiso social y político. Lo sabemos. Y Hugo Chávez nos lo recordó el pasado año en La Habana cuando, en un discurso en el IV Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA, se refirió a los Estados Unidos con el nombre que el novelista venezolano Rómulo Gallegos asignó al personaje de origen norteamericano en su novela Doña Bárbara: Mister Danger. O lo que es lo mismo: Señor Peligro.

Don Rómulo,  que fue electo presidente de Venezuela  en 1947 y derrocado por un golpe militar un año más tarde, si hubiera oído a Chávez, se habría erguido sobre las manquedades de su recuerdo y lo habría llamado con ternura: hijo mío. Como José Martí a Rubén Darío. Estas cosas, por improbables, místicas, esotéricas que parezcan, encajan en la lógica del patriotismo, de la lucha política, de la vocación por la utopía. Porque Chávez es un continuador de aquellas esperanzas de subversión y mejoramiento de la realidad que el novelista del llano venezolano plantó con su novela bronca, áspera, entre las bostas de la economía ganadera. Y porque también el actual presidente de Venezuela ha puesto oídos receptivos a aquellos avisos que Doña Bárbara tiró al aire latinoamericano en las imágenes simbólicas de la literatura.

Nadie podrá transformar el presente sin conocer y tener en cuenta el pasado. Y la literatura, en particular las obras clásicas, asumen el tiempo con la luz intermitente de los faros: siempre de vigía, trasmitiendo mensajes de alerta sobre los escollos o anunciando el rumbo a puerto ante un temporal. Y Doña Bárbara, a pesar de cualquier insuficiencia de su visión socio literaria  al oponer -a ejemplo de Sarmiento con Facundo- la puja entre civilización y barbarie, ley y anarquía, como la esencia del conflicto social en Venezuela, ha sabido alumbrar el futuro desde el pasado. Considerada una de tres “novelas ejemplares” -entre las cuales el revolucionario y ensayista cubano Juan Marinello incluye a La Vorágine, del colombiano  Eustasio Rivera, y a Don Segundo Sombra, del argentino  Ricardo Güiraldes-  Doña Bárbara  es ejemplar no solo por la maestría estilística de Rómulo Gallego, por su  seductora composición formal, sino además porque, si en su tesis no supo enfocar el latifundismo, la geofagia, la opresión de fusta y revólver como signos de la dominación de clase, detectó, definió, señaló y nombró a Mister Danger, el norteamericano intrigante que atiza conflictos con la intención de adueñarse de la riqueza de sus vecinos. El Señor Peligro es el enemigo que espera. El enemigo que conspira. El enemigo que finge adormecerse como un yacaré, un caimán.  El peligro hecho dentellada. El yanqui.

Chávez habló además, en aquel  discurso, de la Dama Imperial. La metáfora corresponde a Condoleeza Rice. Lástima que el respeto por una mujer, aunque sea la secretaria de Estado de Mister Danger, no le haya permitido, quizás, llamarla con el título exacto, el mismo que sugiere la novela de Gallegos: Doña Bárbara o la Dama de El Miedo. El Miedo, sea dicho para quienes lo haya olvidado, es el nombre de la finca voraz de doña Bárbara, el personaje criollo, duro, dominante y dominador. La Casa Blanca del llano.

Pero el nombre  no resulta  básico para evitar la muerte. Lo primordial es identificar los portadores de la muerte. Y Gallegos, el presidente víctima de un cuartelazo en cuyos preliminares seguramente gateó la embajada de los Estados Unidos, en 1948, identificó el enemigo de fuera y de dentro. Y en su alegoría clásica sobresalen nítidamente los perfiles de  Doña Bárbara y de su manipulador el rubio y dinamitero Mister Danger.

 Medio siglo antes, el periodismo profético y literario de José Martí había anticipado una definición sobre los gérmenes imperialistas que engordaban en la sociedad norteamericana mezclando el apetito legítimo de desarrollo y bienestar, y las ambiciones de espuria justificación. Allí, en los estados Unidos, decía Martí, viven personas y grupos que “creen en la necesidad, en el derecho bárbaro, como único derecho: ‘esto será nuestro, porque lo necesitamos’” Personas y grupos que “creen en la superioridad incontrastable de ‘la raza anglosajona contra la raza latina’ ”. Que “creen en la bajeza de la raza negra, que esclavizaron ayer y vejan hoy, y de la india, que exterminan”. Que “creen que los pueblos de Hispanoamérica están formados, principalmente, de indios y negros”. Martí escribía esto dentro de la Conferencia Monetaria de lasa Repúblicas de América de 1891 -el primer antecedente del ALCA- donde Washington abogaba por una sola moneda. El cubano angustiado por Cuba y su tronco latinoamericano se preguntaba entonces para responder negativamente: “¿Conviene a Hispanoamérica la unión política y económica con los Estados Unidos?”Hoy, la pregunta es la misma. Nada ha cambiado. Y si algo ha cambiado ha sido para empeorar, intesificar los riesgos de nuestros pueblos. Nos lo hacen notar, en obras que reivindican el papel de la forma para defender la verdad y la justicia revolucionarias, José Martí y Rómulo Gallegos. Y nos lo advierte nuevamente Hugo Chávez, en un discurso en el que la literatura, la cultura, se  reivindican como insuperables espejos donde asoma la imagen nunca desmentida de Mister Danger, El Miedo, y el derecho bárbaro de los que no respetan ningún derecho, aparte del de ellos.

20/09/2006 21:35 Luis Sexto #. Política



Powered by Blogia

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris