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PATRIA Y HUMANIDAD

Respondiendo a preguntas del diario Folha de Sao Paulo

Por Luis Sexto

En abril, usted escribía que la sociedad cubana vive un "precario equilibrio", elogiaba el debate e proponía cambios más allá de los manuales. ¿Cómo ve las cosas hoy? ¿Los huracanes y la crisis obligaron a cambios aún más lentos?

"Sigo pensando que ese precario equilibrio todavía se mantiene. Las condiciones materiales de la existencia no han sido elevadas hasta lograr satisfacer a todos los cubanos; tampoco los instrumentos democráticos generados por la Revolución han alcanzado su más pleno desarrollo. Y por tanto, el país va despacio porque el suelo no es firme y por otra parte cuando el camino no es firme hay que andarlo lo más rápido posible. Como se aprecia, la situación cubana puede juzgarse desde la misma posición con dos criterios distintos: desde el que recomienda cautela, lentitud, en cualquier movimiento de renovación y el que sugiere allegar con rapidez las transformaciones por imperativos de la misma precaria situación que padece el país. Claro, usted tiene razón: los tres últimos ciclones, un récord de

agresividad de la naturaleza contra esta Isla, han dañado tanto la obra material que cualquier proyecto de reforma se inhabilita por ahora. Por tanto, acepto que Cuba vive hoy una paradoja que podría derivar en un círculo vicioso si la prudencia tarda más de lo conveniente en allegar las condiciones para un proceso de rectificación. Una sociedad, como sabemos, es un organismo vivo que a veces responde a impulsos muy soterrados que ninguna voluntad humana  puede prever o detener. Las cosas, lamentablemente, no son como un optimismo extremista puede sugerir o como suelen verlas los burócratas acomodados a dictar órdenes desde una despacho de cristales empañados."

¿Cuál es su expectativa sobre Obama y del debate público en Cuba?

"En sí mismo, Obama representa un cambio en los Estados Unidos. Así que la expectativa fundamental debe ser del pueblo norteamericano. En Cuba, desde luego, se estima, de modo general, que un político afroamericano como presidente del país más poderoso del planeta, por pertenecer a la etnia discriminada y expoliada por tantos años tendría que favorecer las relaciones justas y respetuosas con Cuba y consecuentemente eliminar el bloqueo y su red de leyes restrictiva de la economía y el comercio cubano. Ningún análisis de la situación cubana, puede excluir la influencia de los gobiernos norteamericanos en  Cuba y sus problemas actuales.

“Ahora bien, pienso que un hombre, un equipo liberal en los Estados Unidos, donde el poder es como la semilla de la almendra, porque está muy adentro, no entraña ninguna garantía de cambio de la naturaleza imperialista de los Estados Unidos. Obama, como Kennedy o Carter, puede ser un hombre inteligente, culto, carismático, incluso, abonado por una ética humanista, pero esos rasgos no significan que deje de ser un hombre del sistema. ¿Hasta dónde podrá llegar Obama contra los intereses del sistema? Vamos a ver hasta dónde es fuerte el lobby contrarrevolucionario de origen cubano, y hasta dónde necesitan los Estados Unidos buscar una readecuación de su espacio en el mundo. Quizás, en fin,  Obama y su equipo de gobierno puedan sentarse a conversar, sin prepotencia, con el gobierno cubano."

Usted es profesor en la universidad y los  jóvenes en Cuba, los jóvenes de a pié, a veces parecen muy desesperanzados. ¿Cuál es su impresión?

"En efecto, una parte de los jóvenes cubanos, y lo confirman las encuestas, se sienten sin expectativas. Y algunos acuden a la emigración. Y ello se debe a las propias limitaciones económicas del país, un tanto, como sabemos, provenientes de la hostilidad norteamericana que ya dura 50 años, la extinción de socialismo real europeo, y a la incapacidad de la actual organización económica para generar riquezas y reproducirse regularmente y establecer un clima de estímulos laborales y sociales. Son causas distintas, pero que confluyen en el mismo resultado. Y una de sus consecuencias es la pérdida de las expectativas en mucha gente, sobre todo los jóvenes, que a pesar de la preparación que reciben no hallan ahora la necesaria justificación, ni remuneración para cuanto saben. Es, quizás, una reacción lógica y por ello los que desean mayor rapidez en el movimiento interno de reforma hacia la eficiencia y la efectividad del socialismo, tienen razón al considerar que las soluciones, aunque necesitan de la correlación del apoyo extranjero, comienzan dentro de Cuba: en el reordenamiento de la economía sobre bases racionales."

En el periodismo, he visto una mudanza de tono en algunos artículos, la secciones de Cartas en Granma. ¿Hay una necesidad de cambiar ese punto también?

"La prensa y su papel ha sido largamente discutido en nuestro país. Durante casi 40 años he sido periodista en Cuba. He podido ejercer mi profesión con libertad. No me quejo. Pero he tenido que poner una cuota especial de perseverancia y convicciones. No hemos practicado un oficio cómodo. En nuestro país, la burocracia es una fuerza considerable que impone reglas y visiones. Y la prensa resulta una de las "malas visiones" de la burocracia: como el Coco o el diablo con que se asusta a los niños. La prensa para las actitudes burocráticas es como decir el antídoto, el enemigo, porque la prensa y la información son formas de anular el abuso de poder. Por lo tanto, usted puede ver momentos en que la prensa intenta hacer su función crítica dentro del sistema y otras veces la ve reducirse. Es, desde luego, la expresión de la natural lucha de contrarios en toda sociedad. Y el litigio todavía no se decide. Porque todavía la sociedad socialista cubana no ha eliminado las causas del poderío burocrático que la limita. En fin, a pesar de todo, hoy la prensa gana espacios. Muchos estamos convencidos que es necesaria."

(Preguntas formuladas por Flávia Marreiro, el 27 de diciembre de 2008, mediante correo electrónico)

A QUIEN LE INTERESE: LETRA DEL AÑO

A QUIEN LE INTERESE: LETRA DEL AÑO

CONSEJO CUBANO DE SACERDOTES MAYORES DE IFA

                                               LETRA DEL AÑO 2009

 

Signo:  Ogunda Meji

 

Profecía:  Ire Ichegunota oyale tesi lese Orunmila, ( Suerte para vencer las dificultades seguro y firme gracias a Orunmila.)  Ponerle Aldimú a Orunmila de 2 cocos con una jícara de agua y dos velas, rogándole varios días.

 

Gobierna:   Elegbara ( Elegua)

Acompaña: Oya

Bandera:  Roja con ribetes amarillos.    

 

EBO: 1 gallo, 3 gallinas, 2 palomas, tierra de la entrada de un pueblo, miniestras de todo tipo, palillo de dientes, tablita de cedro, 1 anzuelo, pita, tela blanca, 3 flechas, cepa de plátano, un guin, 1 pescado entero, muñecos hembra y macho, 1 sábana blanca, pescado y jutía ahumada, maíz tostado, aguardiente, 2 velas, 2 cocos,  opolopowo.

 

REFRANES DEL SIGNO.

1-     Dos personas que luchan por una misma cosa

2-      La rama cortada y transplantada se reproduce semejante a su tronco original

3-     La discusión saca la luz

4-     Saber esperar es de sabio.

5-     El cuchillo corta y rasga y la sangre corre.

6-     El llanto se vuelve risa y lo perdido aparece

7-     Si el machete va al campo corte o no corte hierbas él regresa a casa.

 

PROHIBICIONES:

-No se puede portar ningún tipo de armas.

- No cruzar fosas,  zanjas, huecos, etc.

 

OBRAS DEL SIGNO.

Baldear la casa con berro, canutillo, paraíso  y miel de abeja para vencer dificultades.

Bañarse con frecuencia con hojas de Ceiba.

Regar harina de maíz en los alrededores de la vivienda para lograr desenvolvimiento.

Rogarse de vez en cuando la cabeza con coco y agua.

 

Nace en este signo:

-La cirugía, la ciencia de la guerra, la energía de la tierra, la hipertensión arterial, la castración, las acciones agresivas, y el saludo a los Babalawos.

 

RECOMENDACIONES.

 

Dice Ifa: Será necesario cuidarse de accidentes, tragedias y discusiones, porque se puede perder la vida y en el mejor de los casos podrá perder la salud para siempre.

Dice Ifa: Que debemos tener una conducta recta y decorosa con un gran sentido de organización en todos los aspectos, sociales, religioso y personales.

Dice Ifa:  Que los mayores están en la obligación de enseñar a los ahijados y a la familia  en general en cuanto a la preservación de los principios, religiosos, éticos y morales.

Dice Ifa: Se recomienda la superación  educacional, cultural y moral de cada persona para lograr el progreso y ser considerados y respetados por todos.

Dice Ifa: Que en este signo nace la justicia y la ley, por lo que todos nuestras acciones deben ser dentro del marco de la ley evitando a todo costo el  incurrir en errores.  

Dice Ifa: Se pronostica un incremento de delitos que traerán como consecuencia involucrase en procedimientos penales, por lo que debe evitarse que se comentan hechos delictivos.    

Dice Ifa: Que las mujeres en este signo tienen que tener cuidado con problemas en sus órganos genitales, embarazos, intervenciones quirúrgicas, inflamaciones pélvicas entre otras.

Dice Ifa: Que las mujeres deberán evitar el acudir a la prostitución como vía de solución a sus problemas debiendo mantenerse fuera de este flagelo. 

Dice Ifa: Que este signo habla de problemas del tracto digestivo, malas digestiones, úlceras perforadas, apendicitis y otras enfermedades producidas por el estrés que pueden incidir en el comportamiento de las personas.   

Dice Ifa: Que debemos cuidarnos la boca si tenemos piezas picada o enfermas que se deben arreglar o sacar para así evitar enfermedades del estómago.  

Dice Ifa: Debemos tener los documentos en el orden legal establecido y en particular con propiedades, viviendas, contratos, para evitar situaciones embarazosas.    

Dice Ifa: Que debemos mantener nuestras casas organizadas y limpias, en caso de encontrarse en mal estado tratar de repararlas.   

Dice Ifa: Seguirán manifestándose los problemas climatológicos, sismos, penetraciones del mar, huracanes e inundaciones.

Dice Ifa: Que no debemos despreocuparnos de la atención a la tierra para poder mantener la productividad que será de beneficio para todos.

Dice Ifa: Que debemos orientar a proteger el medio ambiente, pues es por el beneficio de todos.                              

Dice Ifa: Que hay que tener controles este año porque pueden producirse epidemias y enfermedades producidas por el resultados de fenómenos naturales. .

Dice Ifa: Que hay que darle especial atención a los niños en sentido general referente a su salud, y ayudar en el control de la  conducta.

Dice Ifa: Que se deben hacer fiestas en honor a  los Ibeyis para así lograr tranquilidad y prosperidad en nuestros hogares.

Dice Ifa: Que se debe atender al Oricha Ogun ya que nos ofrecerá apoyo y protección.

Dice Ifa: Se recomienda dentro de las posibilidades  que debemos apoyarnos en Azowano y Yewa, si es necesario, recibirlos.

Dice Ifa:  Que Changó nos fiscalizará nuestros actos,  por lo que será necesario se realicen los mismos con rigor y transparencia.  

Dice Ifa: Que debemos utilizar las virtudes de la botánica para la cura y solución de algunas enfermedades, acudiendo a la medicina tradicional sin descuidar la atención médica directa.                 

 

Para conocimiento general

El primero de Diciembre del 2008, con la presencia de un número significativo de Babalawos cubanos y de otros países y los miembros del consejo Cubano de Sacerdotes Mayores de Ifa, se realizaron las ceremonias correspondientes a la Pre- apertura de la Letra del año 2009 en la Institución Religiosa Asociación Cultural Yoruba  de Cuba.

Las recomendaciones fueron las siguientes:

Se dio lo que pidieron  las 25 posiciones fundamentales. En todos los casos la respuesta de las deidades, fueron muy  satisfactorias.

El día 30 de Diciembre del 2008, se hicieron los sacrificios correspondientes a las deidades que se determinó en la Pre- Apertura.

 

REALIZADO SUS CEREMONIALES EN LA  “INSTITUCIÓN RELIGIOSA” ASOCIACIÓN CULTURAL YORUBA DE CUBA.

 

LAS GUERRAS CULTURALES: INTIMANDO CON LA HISTORIA

Por Eliades Acosta Matos

 

Entre los exponentes de un "Museo del Comunismo", en Praga, una típica matrioshka rusa, nos muestra el lado terrible, escondido bajo su candor campesino al mostrar unos dientes afilados, y el gesto agresivo que antecede al ataque. Un osito Misha, la mascota de las Olimpiadas de Moscú 80, nos mira bonachonamente, pero, a diferencia del que siempre conocimos, porta un AK-47 y tiene el pecho cruzado por una cinta de balas. A los carteles de propaganda de la era soviética se les mantiene su estética de realismo socialista, pero se les cambia el texto de los mensajes. De esta manera, un servicial empleado de una tienda estatal nos hace un gesto de bienvenida mientras nos informa que "en nuestra tienda aceptamos dinero efectivo, tarjetas de crédito y sobornos". Un joven obrero con paisaje de edificios en construcción de fondo, nos revela la manera en que se trabaja en el socialismo: "se empieza con retraso, se termina antes de tiempo y los

 recesos para almorzar son interminables".

Así, de manera "didáctica", usando contra el enemigo su propia estética vaciada antes de contenido, con liviano humor y parodiando, los promotores de la iniciativa intentan descalificar y ridiculizar hasta reducir a cenizas toda le experiencia socialista europea, especialmente, la de la URSS. A juzgar por los que se no muestra, sobre todo para los más jóvenes, se trató de una época esperpéntica, esquizofrénica y lúgubre, sin valor humano alguno, sin resultados en ningún campo de la actividad social, sin más sentido que servir de escarnio y arrepentimiento a quienes lucharon por ella o creyeron en sus principios. Pero a quienes hemos visitado, por ejemplo, museos como el del campo de concentración nazi en Buchenwald, nos intrigan estas maneras tan contrapuestas conque la sociedad capitalista posterior a la caída del Muro de Berlín intenta ajustar cuentas con el nazismo y el socialismo, sus enemigos del pasado.

La diferencia entre ambos museos obedece a guiones diferentes de la misma guerra cultural. En el caso del Holocausto, burlarse o negarlo en los países europeos puede atraer sobre el incauto o irreverente, no sólo la repulsa social, sino incluso penalidades. Un hálito trágico, de respeto ante la muerte, de tragedia irrefutable rodea el guión museográfico de Buchenwald y también filmes como "La decisión de Sophie", "La lista de Schindler", incluso, la comedia de Begnini "La vida es bella". La posibilidad de combatir al fascismo mediante el humor, al parecer, se agotó desde "El Gran Dictador", de Chaplin. Su escena final es inquietante y amarga, nada semejante a los gags y el ligero desenfado inicial: la monstruosidad de lo que ocurría, cegando la vida de millones de seres humanos indefensos, en nombre de una supuesta superioridad racial, terminó por aplastar la sonrisa. Dicho de otra manera: el fascismo resultaba un peligro

demasiado serio para subestimarlo con bromas y burlas, había que vencerlo y recordarlo como lo que fue, una era maldita, que jamás debía repetirse.

Pero en Praga todo es al revés, todo es sorna y derroche de ingenio, como si el enemigo socialista no se le debiera tomar en serio, y no se necesitase condenarlo, apenas, escarnecerlo para que los de cabeza calenturienta, esos revolucionarios que nunca se conforman con nada, aprendan de una buena vez que sus intentos no sólo nacen destinado al fracaso, sino que son risibles, nada para ser tomado demasiado en serio. De esta manera exacerbando el sentido del ridículo, una de las ramas más demoledoras usadas en las guerras culturales, desde antaño, se intenta lograr la derrota simbólica final de un enemigo al que aún se teme, al que se sabe vivo, y del que siempre se recela un posible regreso. Tras la risa, aparentemente despreocupada, asoma la mueca de la preocupación, mucho más en los tiempos de crisis que ya baten las puertas del mundo, y especialmente, de las sociedades post-socialistas europeas.

En el museo praguense, para los fines de la contrapropaganda se usan no solo carteles trucados, sino también montajes fotográficos y figuras de cera, como las que muestran a Stalin acariciado y acariciando a dos bellas muchachas, a Carlos Marx en ropa interior cortándose las uñas de los pies, como cualquier terrenal vecino, o a Lenin, de torso desnudo en una sauna. No se trata, por supuesto, de ninguna fórmula para mostrar las facetas terrenales de estos personajes, a veces indebidamente elevados a los altares, sino de una vieja técnica que los creativos chicos de la CIA de los años cincuenta, en el período de la Guerra Fría, denominaron como "asesinato del carácter". Se trata de la misma filosofía que llevó a inventar fotos trucadas donde se mostraba a Jacobo Arbenz, el presidente guatemalteco derrocado en 1954 por un golpe de Estado, en orgías que nunca tuvieron lugar, las que permitieron enseñar al mundo los teléfonos de oro por los

 que un derrocado en 1955 presidente Perón, de Argentina, jamás habló, la misma que subyacía en ese enloquecido intento de regar polvos en La Habana , para que Fidel perdiese la barba con la que el pueblo identificaba la lucha revolucionaria.

Y es que las guerras culturales contemporáneas, al menos las que han enfrentado y siguen enfrentando a enemigos políticos e ideológicos como el capitalismo y el socialismo, son, desde fines de la Segunda Guerra Mundial, la constante y no la excepción, y se perfilan como el campo de batalla futuro y decisivo donde se han de dirimir las contradicciones y resolverse los conflictos.

La definición de guerras culturales no se agota al decir que son un tipo de enfrentamiento histórico que tuvo su marea más alta durante los años de la Guerra Fría, ni tampoco al remitirse a un tipo específico de lucha ideológica que escoge como campo de batalla el de las artes y la literatura. En nuestros días, cuando se generan ¨iniciativas¨ como la del Museo del Comunismo de Praga, ellas nos remiten a la lucha de clases y a la contraposición de ideas a partir de cosmovisiones enfrentadas, pero especialmente, a los valores que se atacan o promueven. Es en el terreno de los valores donde se libran las batallas culturales decisivas, pues ellos condicionan directamente las actitudes prácticas de las personas, su indiferencia o activismo, su capacidad de resistencia o rendición, su pertenencia o no a un determinado partido político, su aceptación o rechazo a las políticas de un gobierno, su postura ante la religión y la filosofía.

No sería osado afirmar que, en última instancia, es en la observación de los valores que profesan los individuos, las clases sociales y los pueblos donde se puede medir la eficacia de la propaganda política, de la publicidad comercial, de la educación, de las campañas mediáticas, de la promoción del arte y la literatura. Los valores se adquieren y se pierden, en dependencia no sólo de las condiciones materiales reinantes, sino también debido al esfuerzo organizado que se haga para crearlos, reforzarlos o anularlos. Esta última peculiaridad es la que los hace especialmente atractivos para la labor ideológica de quienes defienden los intereses de las clases sociales en pugna. Por eso las guerras culturales contemporáneas giran a su alrededor.

Se afirma que, en su acepción moderna, el término ¨guerras culturales¨ fue acuñado por James Davison Hunter en 1991, en su libro ¨Culture Wars: The Struggle to Define America¨, en el que se le describe. ¨ como un dramático realineamiento y polarización que ha transformado la cultura y la política estadounidense, a partir de un conjunto de temas candentes como el aborto, el control de armas, la separación de la iglesia y el estado, la homosexualidad y la censura¨.

En un sentido estrecho, que es el que describe la marcha de estos conflictos dentro de los Estados Unidos, según se aprecia en la obra de Hunter, las guerras culturales son ¨una metáfora utilizada para dejar establecido que los enfrentamientos políticos tienen su base en un conjunto de valores conflictivos, especialmente entre los considerados tradicionales o conservadores y aquellos definidos como progresistas o liberales. Este enfrentamiento tuvo su origen en la década de los años 60¨.

En un sentido amplio, el término define ese mismo enfrentamiento de valores conservadores o progresistas en los diferentes países del mundo y en la arena internacional, no necesariamente circunscrito al conjunto de los que se enfrentan en el interior de los Estados Unidos. Aquí, por ejemplo, las guerras culturales pueden expresarse en intentos por debilitar o derrocar, dentro de las estrategias de ¨cambio de régimen¨, a gobiernos que no sean bien vistos por otros, como es el caso de aquellos a los que los Estados Unidos consideran hostiles o inamistosos, especialmente a partir del 2001 cuando comenzó su llamada ¨Guerra contra el Terrorismo¨. También se utiliza para definir las acciones ideológicas, de prensa, y propiamente culturales usadas para inclinar a las poblaciones de naciones ocupadas a asimilar los valores del ocupante, o a naciones y poblaciones locales a anular su resistencia cultural, y por tanto, social, política, económica e

 ideológica contra los valores y culturas hegemónicas del mundo globalizado.

Como es fácil de apreciar, las guerras culturales forman y formarán parte destacada en las estrategias mundiales de dominación y expansión imperialistas en el Siglo XXI, de hecho su originalidad radica, precisamente, en que son las que mejor expresan, y de manera más concentrada, los cambios sufridos por los mecanismos de penetración, dominación y reconquista del imperialismo en nuestros días, que a su vez reflejan, a fin de cuentas, los cambios experimentados en la profundidad de su sistema productivo y reproductivo. No son las fronteras terrestres, aéreas o marítimas las que deberán ser vulneradas para implantar el dominio universal del capital; no son ejércitos enemigos a los que hay que derrotar en el campo de batalla para izar sobre territorio ocupado las banderas de las metrópolis ni obligar a las naciones vencidas a abrirse a su insaciable sed de mercados y ganancias. Hoy los arrolladores avances en las ciencias, las

 telecomunicaciones y las tecnologías hacen de la esfera cultural y de la mente de los hombres el campo de batalla definitivo, la última frontera a conquistar, el último reducto enemigo a asaltar.

Como eficaces estrategias para neutralizar, desmovilizar y desmoralizar a sus contrarios, que son todos los hombres y pueblos del planeta, incluyendo al pueblo de los Estados Unidos, las guerras culturales expanden su radio de acción desde tiempos de paz, o mejor dicho, son el preámbulo o la continuación de la guerra por otros medios, a saber, los culturales. Antes de que estalle un conflicto, aseguran que los potenciales enemigos tomen conciencia de su inferioridad ante las fuerzas y la cultura imperial, ante un sistema capaz de engendrar constantemente símbolos a los que vende como universales, modernos, glamorosos, heraldos de la eterna juventud, los cambios novedosos y la felicidad ilimitada. Durante el conflicto, garantizan que la opinión pública internacional se sitúe al lado del agresor imperialista, satanizando a los adversarios de turno, minando sus moral combativa y su capacidad y decisión de resistencia. Después del conflicto se

 dirigen a borrar la memoria de los crímenes cometidos, de las mentiras empleadas para justificar las agresiones, a imponer su versión de los acontecimientos, a asegurar la docilidad y asimilación cultural de los pueblos vencidos y las naciones ocupadas, a quebrar la resistencia que pueda existir, y a implantar, en los profundo de las conciencias de sus nuevos súbditos sentimientos de resignación, docilidad y acatamiento ante lo inevitable. Es en esta última etapa del proceso donde se mide la eficacia definitiva de estas estrategias.

En última instancia, como bien señala Ken Hincker en su reseña a un libro de James Davison Hunter, las guerras culturales remiten al análisis de dos cuestiones determinantes: al tema de la legitimidad de un sistema social, de un gobierno, de una clase o de un conjunto de creencias, y al asunto de la autoridad moral, y por tanto, del derecho y la razón. En este terreno no basta con vencer, cuando de lo que se trata es de convencer; la victoria no se expresa en el aniquilamiento de las fuerzas y medios del enemigo, ni en arrebatarle su capacidad de iniciativa o resistencia, sino más bien en lograr, sin combatir, su voluntaria rendición y supeditación espiritual. Más que acciones combativas, hablamos aquí de transacciones, de negociaciones culturales donde la astucia y la capacidad para vender un modelo de vida y gobierno, un conjunto de valores y creencias, es lo que se espera de estas nuevas legiones imperiales.

Es posible observar en la arena internacional el mismo choque entre adversarios culturales que originó el término en el interior de los Estados Unidos, pero la diferencia estriba en que conceptos que allí fungen como liberales y progresistas, al ser reputados como universales y de obligatorio acatamiento por el resto de los pueblos y culturas del planeta, pueden jugar un rol diferente, incluso, reaccionario y conservador, si son convertidos en dogmas en manos de las fuerzas imperialistas. La cultura y el pensamiento único que se pretenden erigir en una especie de religión laica del imperio, al negar el respeto a la diferencia, aún cuando pueda enarbolar conceptos y valores de cierto significado universal, como son, por ejemplo, los de la democracia y los derechos humanos, terminan actuando de manera tiránica, excluyente, reaccionaria, incluso, racista. La relatividad de estos conceptos y su carácter histórico son ignorados por quienes los

 utilizan como una simple herramienta de domesticación y apaciguamiento, como preparación artillera previa al avance de las fuerzas propias, lo cual complica el escenario de los enfrentamientos culturales contemporáneos, que han dejado de ser, definitivamente, en blanco y negro, si es que alguna vez lo fueron.

El imperialismo, ya se sabe, jamás ha tenido remordimientos teóricos, ni escrúpulos morales o filosóficos a la hora de apropiarse para sus fines, de cualquier concepto o teoría, incluso, de las concepciones reputadas dentro de los Estados Unidos como progresistas o liberales. Es la esquizofrenia de la dominación cultural, fruto de la manipulación de los productos culturales reciclados hasta el infinito en la aspiración de que se conviertan en embajadores benévolos del sistema, no importa si alguna vez surgieron para oponérsele. En ¨Apocalypsis Now¨, el excelente filme de Francis Ford Coppola, se puede observar a jóvenes soldados norteamericanos en Vietnam canturreando canciones antibelicistas de John Lennon o Joan Baez mientras ametrallan desde sus lanchas artilladas o sus flotillas de helicópteros a adversarios civiles y militares. Lo mismo pasa hoy en las calles de Bagdad.

Y es, más o menos, con mayor o menor fortuna, lo que se intenta hacer con las simpáticas y escalofriantes parodias del Mueso del Comunismo de Praga.

Ametrallar sin escrúpulos, para desmoralizar al enemigo, aunque sea con las balas de la sátira. No en vano decía Federico de Prusia que al monarca europeo que más temía no era al zar de Rusia, sino "al rey Voltaire".

Pero no olvidar que en la batalla de las ideas, las armas culturales no tienen dueños exclusivos, y pueden volverse, incluso, contra sus creadores. (Tomado de Cubarte)

 

 

CARPENTIER, EN LA CUMBRE, AUNQUE LES DUELA

CARPENTIER, EN LA CUMBRE, AUNQUE LES DUELA

Por PEDRO DE LA HOZ

Alejo Carpentier es una presencia tutelar irrenunciable. Aún para quienes no le perdonan su fidelidad a la Revolución cubana, su irreductible vocación de justicia y su íntegra militancia.

Mientras en La Habana, como punto culminante de la agenda de este viernes en las jornadas Leer la Historia (Pabellón Cuba y las principales librerías del país, 5:00 p.m.), será presentada una nueva edición de la novela La consagración de la primavera (1978), hito de la serie editorial del Instituto Cubano del Libro dedicada al cincuentenario de la Victoria de Enero, en España acaba de salir una espléndida publicación del sello Atalanta que contiene Concierto barroco y Viaje a la semilla.

Como esta última salida nadie, que se respete medianamente, puede ignorarla, el diario El Mundo advirtió el pasado martes a sus lectores la novedad editorial rociándola con el vitriolo de la frustración segregado por un paniaguado cronista —bastante ignorante, por cierto, al decir que en Viaje a la semilla el autor "retuerce el lenguaje, lo hace plástico pero muchas veces también hermético, lleno de preciosismo y arabesco, con cultismo de Europa y jerga cubana; no está de más tener el diccionario cerca leyendo esto que los editores de Atalanta consideran una joya, fruto exótico de la espontaneidad artística"—, a quien le duele que Carpentier haya sido "señorito y comunista". Cabría en todo caso hablar de señorío, una cualidad ética que en el caso de Alejo se sustanció de manera orgánica en su proyección intelectual y social.

De su grandeza literaria, Claude Couffon, uno de los más notables hispanistas franceses, opinó: "Me parece que Alejo Carpentier es, con Gabriel García Márquez, la más alta figura de las letras latinoamericanas contemporáneas, porque con una ciencia creativa poco común, dominó y explotó una corriente tan original y tan profundamente americana hasta integrarla a la literatura universal".

Una magistral definición del lenguaje carpenteriano la aportó el insigne escritor chileno Fernando Alegría: "Consideramos como legítimo el uso del vocablo tropical para designar la variedad del barroco que constituye el estilo de Carpentier. Tropicalismo en su obra —como en la de Asturias— sería el nombre para una expresión artística en la que el fondo mágico de las culturas primitivas de América se funde con la belleza formal de la tradición barroca europea en un espléndido intento de interpretar el espíritu y la realidad ambiente del hombre del Caribe y de la América Central en la época contemporánea. Ningún otro estilo sirve para tamaña empresa: ni las viejas normas costumbristas, ni el seco y rudo regionalismo, ni el impresionismo modernista. Se necesita un instrumento para crear mitos o para rescatarlos del pasado precolombino, para hacer vivir al hombre y al paisaje en la unidad esencial que exige la creación artística moderna, para llevar la voz de la América indígena al intelectualismo cansado de la Europa de hoy".

En cuanto a la dimensiòn de su compromiso, debe suscribirse la siguiente valoración de Roberto Fernández Retamar: "A la Revolución, su Revolución, Alejo le sirvió como el más humilde de los soldados: un soldado de la guerra del tiempo, el tiempo en que volvieron a arder en él las voces, que lo convocaban a la lucha, de Mella y Martínez Villena; el tiempo en que Nuestra América entró en su segunda independencia".

Sobre un momento particular de la conquista de esa segunda independencia trata La consagración de la primavera. De la gesta internacionalista por salvar la República española a las arenas de Playa Girón, los escenarios de esta novela épica, de profundo contenido humanista, nos llevan a momentos cruciales de la toma de conciencia en nuestro tiempo.

El ensayista y profesor Rogelio Rodríguez Coronel ha argumentado cómo esta novela "culmina la evolución del método artístico y la perspectiva ideológica de un escritor que encuentra respuesta a las inquietudes que en torno al hombre y su realidad histórica se debaten en toda su obra. Es el surgimiento de un mundo mejor en el reino de los hombres lo que, desde un punto de vista teórico y práctico, provoca una maduración ideológica del ámbito carpenteriano, lo que le otorga un sentido objetivo a su concepción de la historia, lo que reacondiciona valores estéticos —gnoseológicos y artísticos— presentes en su narrativa del periodo prerrevolucionario".  (Tomado de Granma)

CUBA: INQUIETUDES Y ADMONICIONES

CUBA: INQUIETUDES Y ADMONICIONES

 Por Luis Sexto

 

¡Cincuenta años! ¿Podrá decirse “que al cabo de ellos, si no blancos los cabellos tuviera el alma apagada y fría”? Esa es parte de una estrofa de un romántico de las letras españolas, que he puesto entre interrogaciones, porque la cifra inicial se refiere al medio siglo que el primero de enero de 2009 redondea la revolución cubana. ¿Apagada y fría? ¿Cansada? ¿Entusiasmada? ¿O fracasada?

 

Las respuestas no podrán ser tajantes si queremos juzgar con justicia. Las miradas militantemente severas suelen ir a los extremos y desde los extremos el énfasis nos dicta la oscuridad del fundamentalismo, que suele afiliarse a lo irracional desde las derechas o las izquierdas.

 

Primeramente se ha de constatar en nuestro análisis esta verdad común, pero incompleta: El proceso iniciado hace 50 años con el triunfo del Ejército Rebelde y otras fuerzas revolucionarias lideradas por Fidel Castro, sigue, al menos nominalmente vivo en la presencia de sus principales figuras fundadoras, en algunas de sus realizaciones y, sobre todo, en el discurso, aunque la palabra haya perdido fuerza.

Estar viva, es decir, en el poder, resulta el primer mentís con que la revolución cubana responde a cuantos la odian, la denostan y la combaten de formas diversas, pero conocidas desde los primeros claros de la Historia. En términos exactos, hemos de admitir que el infundio y  la distorsión son recursos propagandísticos muy empleados. De qué no se ha acusado a la revolución y por consiguiente a los revolucionarios. Y, sin embargo, continúan gobernando, actuando. ¿Podría ser posible que “ideas y hombres tan perversos” mantengan el poder sin que sus oponentes haya podido quitárselos, o sin que el pueblo los haya sacudido, como derrocó a tiranías de los generales Gerardo Machado y Fulgencio Batista en 1933 y 1958 respectivamente?  No aduzcan ahora que los revolucionarios gobiernan con tanta represión que nadie puede disputarles el poder. Ese argumento, cuerdo en apariencias, se deshace cuando sabemos que fue precisamente la represión sangrienta de Machado y Batista –tortura, asesinato, desaparición- una de las principales causas del  derrocamiento de ambos regímenes. Poco conocen al pueblo cubano los que presumen que es tan servil como para soportar el rigor continuado de “una casta que lo maltrata y suprime”.

Esa arista, sin embargo, no es la primordial de hemos de considerar al valorar estos 50 años de ejercicio revolucionario en el poder. Evidentemente la revolución o como mínimo sus ideales han perdurado, porque el pueblo, en mayoría, ha querido. Aquel apoyo casi unánime que generó la revolución desde su triunfo, incluso desde la campaña de liberación en sierras y ciudades, sigue cualitativamente vigente, aunque matizado por dudas y opiniones oblicuas. Porque uno, que vive en Cuba, entre todos y como todos, pulsa cada día cierta desilusión, cierta fuga de la confianza y cierta resignación ante lo que necesita readecuarse y se demora. Pero  nadie que sea revolucionario o le otorgue crédito a la revolución, intentará  cambiarla o sustituirla abriéndoles una puerta a cuantos la combaten en el país y desde territorios extranjeros. La contradicción básica de los llamados “disidentes” no radica en que carecen de espacio en Cuba, sino que los cubanos –una mayoría- no los reconocen, porque aquellos aspiran a lo que muchos no queremos ni admitimos: volver a la égida de los Estados Unidos, en crasa y doble dependencia económica y política.

 

Si alguna vez desapareciera la facultad de pensar en Cuba, seguiría latente la sospecha sobre las intenciones limpias y democráticas de los Estados Unidos con respecto de Cuba. El cubano medio intuye que, vuelta la Isla al patio norteamericano, le corresponderá el papel de Las Vegas o de Miami: centro y vía de la prostitución, el juego y el narcotráfico. ¿Quién lo duda? Ese fue el papel de esa Cuba previa a 1959 y que los químicos de las cocinas ideológicas de Miami y Madrid ofrecen como próspera y libre. Próspera y libre en las memorias de cuantos fueron minoritariamente prósperos y libres ejemplares de una pequeña clase media de autos, apartamento costosos y vacaciones en La Florida, a costa de la pobreza generalizada de obreros sin trabajo; campesinos expulsados de sus tierras o asesinados por geófagos y policías rurales; familias desalojadas de sus casas por no poder pagar al casateniente; niños, jóvenes y adultos analfabetos; poblados sin electricidad, sin médicos, sin maestros; mapas sin carreteras… Esa es la Cuba que recuerdo, y que conservan los periódicos, los archivos fílmicos y las estadísticas de aquella época, a la cual solo un tercio de los cubanos que hoy viven conocieron como para testimoniarla de manera aproximada.

 

Cincuenta años más tarde, la Cuba actual no es lo que afirman sus enemigos, ni tampoco todo cuanto pregonan sus amigos, ni todo lo que creen, dentro, algunos de más fervorosos adeptos. Y quizás no sea tan inquietante la imagen satanizada de los enemigos, ni la angelical de los amigos, como la imagen de inmutabilidad que suele entorpecer parcialmente la visión en Cuba. ¿Apagada y fría la revolución? ¿Cansada? “No”, responderían cuantos se insertan en las verticales estructuras administración del país, y cuantos, desde el retiro, se dedican a recordar la hazaña que les dio justificación para vivir y insertarse en un proceso histórico único, habitado por la gloria de alfabetizar, plantar carretas, levantar escuelas, construir fábricas, ganar guerras solidarias y resistir invasiones, sabotajes, bloqueos concebidos, pagados, atizados desde los Estados Unidos, donde una de sus ciudades, entre las menos importantes en 1959 –y la más cercana a Cuba- se convirtió en la capital mundial de la contrarrevolución en América Latina.

 

Tampoco la revolución está extraviada. El curso de la nación se percibe como detenido, aunque solo sea una percepción errónea. Junto con el apoyo económico de la URSS, también se diluyó el modelo, incluso se ha extraviado la capacidad, también la sinceridad, de admitir que ese paradigma socialista portaba en sí las cargas implosivas de lo mal diseñado y mal realizado. Y que, por ello, persistir en sus normas y estructuras implica permanecer varado en el fracaso, oscilando entre la inestabilidad condicionada por la guerra fría que calientan los Estados Unidos desde el propio 1959, y las insuficiencias de la dialéctica interior.

Esa dialéctica cuenta, en los años recientes, con dos momentos preclaros: en noviembre de 2005 cuando Fidel advirtió del peligro de que la revolución implosionara por errores y vicios internos, y el 26 de julio de 2007 cuando Raúl Castro deletreó la necesidad de realizar reformas estructurales en la sociedad cubana. Nunca antes, el lenguaje de la revolución penetró contemporáneamente tan hondo en nuestras necesidades y urgencias, como en esos discursos doblemente históricos por su trascendencia y oportunidad

 

Tres años más tarde de la admonición de Fidel, y 16 meses después de la previsión de Raúl, las cosas siguen en  casi la misma posición, agravadas por una ausencia de información que, desde luego, incide en el debilitamiento  del entusiasmo suscitado por la certeza de que los dos hombres más confiables de la República conocen cómo el sueño cincuentenario de millones de personas vive al borde de la desesperanza.

Las señales son confusas. Y no sé si lo que veo entre brumas es solo una deficiencia de mi agudeza política. Comprendo  que los  tres ciclones recientes –Gustav, Ike y Paloma, monstruos prehistóricos cuyos vientos despedazaron bosques y ciudades-, aflojan peligrosamente el terreno donde se han de reordenar las bases. Existe en nuestro país una “inestabilidad” derivada de las mismas circunstancias de vivir casi todos del milagro de salarios depreciados, comprando productos en otra moneda, exclusiva más que inclusiva. Esa fisura en una sociedad aun insatisfecha exige la cautela para cualquier renovación estructural.

 

Pero esta prudencia no lo explica todo. Lo he sostenido en otros artículos: el Estado revolucionario se ha burocratizado a causa de las estructuras rígidas y verticales de nuestra sociedad. Y recabar la flexibilidad suficiente para modificar un tanto el orden económico y su correlato político en la búsqueda de la eficiencia y la efectividad, aun dentro de fines revolucionarios, levanta tantos obstáculos que se paralizan las voluntades. Aún el odio, el castigo, la sanción como formas dominantes de dirigir la sociedad o de curar o reducir los males de la corrupción, el delito y la indisciplina, alcanzan una inquietante beligerancia ante el imprescindible clima constructivo, regenerador,  racional, y de consenso que ha de distinguir lo más humano y revolucionario de la causa nacional.

 

Lamentablemente,  la burocracia no aprende que a la plenitud de la verdad y la justicia se llega alcanzando verdades y justicias parciales, que es como decir las que necesitan el pueblo y la revolución en cada tramo de su camino hacia un rumbo clara e inteligentemente trazado.

 

Cuba hoy, a mi parecer, es una conjunción de frialdad, duda, resignación, entusiasmo, vocación liberadora. Y de certeza. La certeza de que la revolución y las aspiraciones de justicia, equidad y auténtica libertad de millones de seres humanos se perderían  si  los cascos de los nuevos bárbaros de Atila, que dijo Rubén Darío, cruzan el estrecho de La Florida. Y la guerra de pobreza que los Estados Unidos aún practica contra la revolución -incluye vender bajo condiciones onerosas algunos productos y restringir accesos fundamentales-, podría tender los pontones de la reconquista si Cuba, ateniéndose a la excesiva cautela que algunos propugnan,  se niega a imitar a Lázaro y no echa a andar. Esa batalla de múltiples frentes, se gana en particular dentro del país, donde ha de ofrecerse la perspectiva sustentable de un socialismo capaz de dar algo más que el mínimo previsto, social y políticamente, por la conservadora rigidez burocrática.

 

 

ENTREVISTA CON EUSEBIO LEAL

ENTREVISTA CON EUSEBIO LEAL

Por Fernando García

“Cuando comencé mi trabajo, para mí lo histórico era lo remoto, lo antiguo; casi lo arqueológico. Después comprendí que toda La Habana era maravillosa y que ese hechizo de la ciudad, esa capacidad de deslumbramiento —a pesar de una decadencia que nadie puede negar— aparece cuando se rasga el velo que la cubre. Es el esplendor de una ciudad cuyo urbanismo no ha sido modificado. Si hay una fortuna en esta situación complicada es que, cincuenta años después, y contemplada en el contexto de las ciudades latinoamericanas, La Habana aparece intacta.”
¿En qué punto se encuentra la complicada restauración de La Habana Vieja?

—Es difícil responder. Está en el punto en que ya existe una conciencia pública —que fue lo más difícil de alcanzar— de la importancia de la preservación del patrimonio cultural. No fue una labor mía, sino de muchos precursores; una labor de la nación, que, en un momento de crisis profunda, en 1994, cuando ya nosotros llevábamos muchos años trabajando, consideró que en medio de esas circunstancias lo más importante era salvar el patrimonio de Cuba. Y se le dio a la Oficina del Historiador todo un conjunto de atribuciones que, catorce años después, arrojan como resultado lo que está a la vista.

“Hay un treinta por ciento del centro histórico que se ha restaurado. Si reuniéramos todos los elementos dispersos en que hemos actuado, lo reparado sería mayor que la zona restaurada de San Juan de Puerto Rico, la de Santo Domingo; mayor que la de Cartagena de Indias en su parte fundamental. La monumentalidad de La Habana es extraordinaria. Y el gran problema no es lo que se ha hecho sino lo que falta por hacer. Harían falta mil millones de dólares sólo para dar un primer golpe de impulso a un buen proyecto de rehabilitación de toda la ciudad, con sus redes de servicios, pavimentación e iluminación.”

¿Cuánto tiempo puede tardarse en completar la restauración?

—Cuando comencé mi trabajo, para mí lo histórico era lo remoto, lo antiguo; casi lo arqueológico. Después comprendí que toda La Habana era maravillosa y que ese hechizo de la ciudad, esa capacidad de deslumbramiento —a pesar de una decadencia que nadie puede negar— aparece cuando se rasga el velo que la cubre. Es el esplendor de una ciudad cuyo urbanismo no ha sido modificado. Si hay una fortuna en esta situación complicada es que, cincuenta años después, y contemplada en el contexto de las ciudades latinoamericanas, La Habana aparece intacta. Lo está porque hace medio siglo la revolución detuvo la especulación inmobiliaria que venía avanzando resueltamente por todos los costados. Basta ver la imagen de La Habana Vieja.

“Ahora bien, hay otros problemas. En esos cincuenta años la mirada no fue introspectiva; se miró hacia otras direcciones pensando que La Habana podía esperar. Hoy estoy en condiciones de opinar que ha sido un error estratégico. Porque ésta es la masa construida más importante no ya de Cuba sino del Caribe.

“En justificación de eso que podríamos considerar equivocado está la enorme batalla que hemos vivido, la cual ha requerido recursos infinitos para forjar una educación y un sistema de salud preventivo, para reordenar y recrear la cultura nacional. A ello se suma el imperativo de la naturaleza, que este año ha dado un golpe que nos afecta en la medida en que todos los recursos del país tienen que ir a restañar las heridas de lo que con razón se definió como un golpe nuclear. Tres ciclones en 30 días, casi tres millones de desplazados…

“Es muy difícil para nosotros, los restauradores, reclamar prioridad cuando incluso parte del patrimonio de la Humanidad y reservas de la biosfera del interior del país han quedado dañadas. Para que sea haga una idea, los huracanes derribaron un cuarto de millón de palmas, el árbol nacional de Cuba. Ante eso, nuestro trabajo se hace más largo, arduo y difícil… Pero lógicamente ya no será tarea mía.”

Usted ha dicho que necesitaría dos vidas…

—Y tres, y cuatro.

Y sugiere que La Habana ha estado abandonada durante estos cincuenta años. ¿Qué ocurriría si un ciclón golpeara directamente la capital?

—No quiero decir que La Habana haya estado abandonada; ha permanecido en ese estado de espera antes de hacerse con ella lo que requería y sigue requiriendo. Si infortunadamente nos tocara un ciclón, la situación sería muy difícil. Nos hemos preparado. Lo hacemos permanentemente. Pero no cabe duda de que un golpe aquí sería algo excesivamente fuerte.

En cuanto a los recursos, ustedes tienen un sistema sui generis basado en autofinanciación y las subvenciones. Pero ¿cabría y convendría abrirse al patrocinio privado?

—La ley permite la asociación con el capital extranjero cuando se considera necesario. El edificio en que estamos (Lonja de Comercio) fue un empeño de una sociedad de capital en la cual la Oficina del Historiador, en representación de la nación, tiene una parte mayoritaria. También el hotel Saratoga es resultado de una empresa mixta. Pero siempre se pensó, y lo sustento firmemente, que lo que hiciéramos aquí tenía que ser un empeño de la nación. Y que teníamos que conservar la propiedad del suelo y de lo edificado para evitar que esto pudiera ser objeto nuevamente de la especulación.

“Por eso se creó una entidad que demostrara capacidad de un esfuerzo institucional sostenido, que fuera transparente y auditable en todo momento y que pudiera reinvertir en desarrollo social, como hace. Tenemos un departamento de cooperación internacional y favorecemos mucho esas colaboraciones, que sin embargo no son nunca determinantes en lo que hacemos.

“En cuanto a los patrocinios, hay muchas personas e instituciones que hacen donaciones y no quieren aparecer. Les estoy enormemente agradecido. Ahora, a veces también nos ofrecen pequeñas contribuciones a cambio de colocar el nombre de la entidad al lado del escudo de la nación o de la Oficina. A eso me niego en redondo. Porque creo que no estamos en la necesidad de pagar ese precio. No desprecio esas ofertas, pero más bien prefiero que sirvan para auspiciar la publicación de libros, exposiciones o conciertos, como ya se hace. De todos modos, quienes nos ayudan tienen generalmente la discreción de no hacernos exigencias dramáticas.”

¿Qué lugar ocupan las instituciones españolas en la financiación?

—Antes de que la cooperación fuera suspendida nació, por ejemplo, la escuela-taller Melchor Gaspar de Jovellanos, que es nuestro orgullo. Hay otras tres que se han hecho con los apoyos del País Vasco, la ciudad de Toledo y el Principado de Asturias. Hemos tenido una colaboración muy intensa de las universidades, de algunos ayuntamientos… En La Habana Vieja hay una lápida del alcalde de Torrelavega José Portilla (fallecido), que fue un gran amigo apasionado y sincero de Cuba.

¿Espera que la mejora en las relaciones con España incida en las ayudas a los trabajos en La Habana Vieja?

—No me interesan tanto las contribuciones como las relaciones. De los políticos podemos prescindir; de España, no. En su diversidad, España es muy importante para nosotros, que no somos hijos de la conquista sino de la inmigración. Nicolás Guillén habló del "mundo que España trajo consigo, y a ella misma, que está con nosotros". Puede asegurarse que, desde la tumba o la mesa, todavía gobierna en nuestras casas un padre gallego, asturiano, catalán, cántabro, vasco, canario. La sangre llama, pero la cultura determina. No podemos entender a Cuba en su rebeldía, su resistencia, en esta guerra que libramos y que España no concluyó con victoria. Nosotros queremos que sea más honroso el fin de esa batalla que se perdió en el 98 pero que no ha terminado todavía.

Su intervención en el reciente congreso de la UNEAC todavía se recuerda. Habló de la eliminación de prohibiciones, que entonces acababa de arrancar y que muchos creímos que continuaría en breve. Pero parece un tanto frenada…

—Somos un país asediado, eso no puede olvidarse nunca. Ahora se da una especie de conjunción astral en la cual parece que no será decisivo sólo lo que hagamos aquí, sino lo que ocurra en el mundo… Sin que Cuba haya cedido en sus principios, la Unión Europea ha restablecido relaciones tras comprender que no se puede presentar a Cuba como la mujer adúltera, omitiendo cosas espantosas en muchos otros rincones, porque hay ciertos presos que lo están por actividades que conocemos bien. Y no ocurre nada porque se celebre una reunión de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba para votar por McCain.

“Pero, siguiendo con la conjunción astral, tenemos a Obama de presidente: lo imposible ha ocurrido. Acaba de declarar que cerrará la infame prisión de Guantánamo: esa última afrenta contra Cuba en la que convierten territorio ocupado en un GULAG, un centro de tortura. El mundo vio eso, Abu Graib, los vuelos secretos de la CIA…, y pienso que en el corazón de los hombres honrados que hay en todas partes no puede levantarse un dedo para juzgar a Cuba y decir: "He aquí a la pecadora universal".

“También España rompió el maleficio de la infame política de Aznar hacia Cuba. Nuestras relaciones con el mundo quedaron proclamadas una vez más en la votación en Naciones Unidas contra el bloqueo. Se solucionaron los problemas en las relaciones con México. Es un momento favorable. Pero no estamos detenidos; aquí se sigue trabajando. Tal vez algunas cosas no trascienden, pero se va estructurando la necesaria transformación de aquello que ayer fue conveniente y ahora no es prudente; de lo que hasta ayer era útil y ya no lo es. Ya en el concepto de revolución acuñado por Fidel, en el pensamiento que nos ha legado al respecto, está resuelto y amparado lo que tengamos que hacer. Cuba es libre porque ha resistido más allá de toda expectativa.”

¿Pero esa conjunción y ese amparo no deberían traer pronto cambios sustanciales?

—El general presidente Raúl Castro es el hombre más capaz y preparado para llevar adelante la tarea que le ha tocado realizar. Juntos se formaron —él y Fidel— en la misma realidad de la casa del emigrante que llegó a Cuba como leñador. Juntos fueron a la escuela y después vinieron finalmente a la gran ciudad. Juntos asumieron los riesgos de la revolución y de la sociedad cubana de la época. El más pequeño, Raúl, fue el último en bajar del yate Granma junto con el Che; el único que regresó a Cinco Palmas con las armas completas a encontrarse con Fidel; el fundador del Segundo Frente; también el estructurador del Ejército, esa fuerza tan organizada, probada en mil batallas y capaz de romper la espina dorsal del apartheid a otro lado del mundo; de abrir la celda de Mandela.

“Raúl enfrentó lo más difícil, que fue ser el dos y no el uno. Fue el más fiel ejecutor y el hermano más fiel a una fraternidad de ideas. Durante largo tiempo tuvo en una cama a su esposa y a otro lado a su líder, jefe y hermano. Y estuvo en los dos lugares. Cuando el pueblo vio la imagen del entierro de Vilma (su esposa), vio a un padre con su familia, a un hombre sensible, capaz de inclinarse y besar una caja de cenizas. Entonces fue menos temido y más amado. Él es el hombre. Hasta sus propios enemigos han reconocido que es el único capaz de conducir este momento de Cuba. Lo que sí está claro es que nunca hará nada que Fidel no haya considerado una necesidad.

“Ahora bien, en el concepto de revolución está explicada esa posibilidad: hacer en cada momento lo que en cada momento sea necesario. Eso es, a mi juicio, lo que resulta clave. Y es lo que se está haciendo ahora. Lo que ocurre es que todo hay que hacerlo paso a paso. Los ejemplos que tenemos en otras partes del mundo nos demuestran a qué lleva el corre-corre: a la disolución y destrucción de naciones. La destrucción de la Unión Soviética y el campo socialista, los bombardeos de la OTAN, la destrucción de Bosnia-Herzegovina… Además, somos un pueblo hispano.

“Recordemos que Obama no es un revolucionario. No va a cambiar el sistema en lo sustancial; viene a salvarlo. Lo que ocurre es que es un hombre diferente en todo, no es superficial, está preparado y es elocuente; tiene una ética. Quizá puede recordarnos lo que significó Carter para América Latina, con sus intentos sinceros de mejorar la relación con Cuba o los tratados con Torrijos para entregar el canal a Panamá. No puedo albergar sino esperanza. Nosotros trabajamos para cambiar y transformar todo lo que sea posible. Creo que, de hecho, se ha avanzado mucho. Sabemos todo lo que tenemos que hacer. Pero no podemos, bajo ningún concepto, dar un paso en falso. Todo se hará como se tiene que hacer. De lo que estoy seguro es de que Cuba se salvará.”

En aquella intervención ante la UNEAC usted habló de los hijos que están fuera. Pero no todos pueden salir. ¿Qué opina de esas restricciones para viajar? Hubo un momento en que pareció que se levantarían…

—Hay intelectuales con una opinión más espontánea y pueden expresarse bajo su propia responsabilidad. Yo soy miembro del Comité Central Partido Comunista y no puedo anticipar opiniones porque soy un hombre del partido y de su disciplina. Pero ya que me tienta, le digo que lo que afirmé en la UNEAC es lo que pensaba y lo que pienso; lo mismo que figuras tan importantes como Silvio Rodríguez y otros muchos cubanos.

“Pero el problema no está solo en las restricciones que hemos impuesto como resultado de un período de violencia en las relaciones internacionales; se trata también de las restricciones que imponen otros. Conozco aquí a decenas de muchachos que quieren salir inmediatamente y no pueden porque no tienen una visado. Quizás Obama modifique todas esas cosas. Mi hija está en Estados Unidos y no podrá volver a Cuba hasta dentro de tres años. O cuatro, cuando esas leyes infames se derrumben.

“Pero opino que la revolución, y son palabras de Fidel, solamente puede construirse desde la ideas y la cultura; siempre será una realidad creada por hombres y mujeres libres. Nadie puede estar haciendo a la cañona la revolución, el socialismo o cualquier sistema social. El que quiera irse, que se vaya. Eso es muy importante. Lo que ocurre es que desde fuera no quieren llevarse a todo el mundo, sino a los arquitectos, a los médicos, a los ingenieros, a todo al que este país ha capacitado. Eso también es muy amargo. Cuando mis hijos dijeron que querían abrirse un camino en el mundo, no me opuse; sentí el dolor de que no me acompañaran en mi batalla aquí, pero me siguen acompañando en la distancia. Lógicamente, no me avergüenzo de ellos.

“Obama ganó en la Florida porque ya los jóvenes cubanos allí no piensan como los que se fueron de aquí inicialmente, que no lo hicieron por razones económicas sino por un gravísimo y sangriento compromiso político con el pasado; que sembraron un odio que aún florece, pero será derrotado. Al final, los cubanos se abrazarán y se alegrarán todos de tener una patria que ha merecido el respeto del mundo. Lo que pasa es que algunos que han instaurado la filosofía de que ese sueño es inviable; de que ese orgullo nacional que nos viene en gran medida de la sangre española es falaz; quien cree que esta isla está condenada a ser una república bananera, una estación de gasolina en medio del Caribe; que esta isla fue una invención de José Martí; que no tenemos que aspirar a quedar en el puesto 12 o 13 de la Olimpiada. Pero cuando se leen los índices de Naciones Unidas sobre educación, salud, longevidad o mortalidad infantil, uno se pregunta "¿qué ha pasado aquí".

“Hay quien dice que los cubanos lo critican todo; nosotros somos nuestra propia oposición. Nunca hay un ala derecha y un ala izquierda, como algunos quieren interpretar. No sé en qué ala yo estaría. Porque cuando soy tentado por usted parezco de la extrema izquierda, ja, ja.”

Tampoco es para tanto. Pero interpreto que usted defiende que Cuba abra más la puerta.

—Lo que creo es que, ya que hemos luchado tanto por la unidad, tenemos que luchar por la pluralidad. Y, sobre todo, por respetar al máximo la diversidad. Creo en el derecho a ser singular; lo soy y trato de serlo, pero dentro de la lealtad. E insisto: cuando la base espuria de Guantánamo sea retirada, cuando se derrumben las anticubanas leyes de Helms-Burton y Torricelli; cuando los cubanoamericanos puedan venir libremente a su tierra y enviar a sus familias lo que les venga en gana del dinero de su trabajo; cuando salgamos de la lista de países que supuestamente favorecen el terrorismo, cuando podamos tener relaciones normales con un país con el que nos ligan tantas relaciones… Cuando eso ocurra, todo será posible.

“Porque habrá terminado la guerra injusta que libramos. Podemos preguntarnos si (Estados Unidos) no tienen relaciones con Cuba porque somos un país comunista mientras que con China o Vietnam no hay ese problema. Nosotros no tenemos las manos manchadas de sangre norteamericana. No hemos matado soldados de ese país. No tenemos por qué sentirnos orgullosos de que un candidato a la presidencia de EE.UU. cayera prisionero porque derramara la sangre de cientos de miles de vietnamitas lanzando toneladas de bombas sobre una sociedad abierta y en un pueblo que triunfó y con el que ahora tiene relaciones armónicas pero dejó allí sesenta mil tumbas. En Cuba, no; ni una sola.

“Con los norteamericanos compartimos una Historia en gran parte común, la música, el deporte. Recuerdo aquel gran partido de béisbol al que fuimos invitados. Fue en un gran estadio y a mí me recordaba al teatro romano, con los senadores viendo a los gladiadores traídos de la isla. Y, sin embargo, ganamos.”

(Tomada de La Ventana)

Harold con su báculo de luz

Harold con su báculo de luz

Por MIGUEL BARNET

No por esperada la noticia nos sobrecogió a todos. Harold, después de una intensa agonía, se despedía de nosotros. Ya sabíamos que esto iba a ocurrir, pero cuando tuvimos la certidumbre del final un nudo en la garganta y la indecisión de cómo comunicárselo a los demás nos turbó. Harold era ya parte de nosotros porque desde la ausencia de Manila estuvimos junto a él más que nunca, a su música, a sus inquietudes intelectuales, a sus tribulaciones, a su gradual deterioro físico.

Era parte de nosotros porque su ejemplo cívico, su honestidad, su lucidez, y su coherencia eran un magisterio diario. Harold nunca tuvo 90 años, siempre fue un hombre joven, coloquial, lozano, amistoso. Sus juicios eran tabla de ley, sin paternalismo y mucho menos arrogancia, nos dió una lección mayor de inteligencia y mesura. Sus principios éticos y artísticos fueron inviolables, así como su conducta patriótica puesta a prueba en múltiples escenarios internacionales. Harold fue un intelectual orgánico que puso su música al servicio de la modernidad sin sacrificar la herencia histórica, sin violentar con excesos manieristas lo más puro de la tradición. Y puso también su vida al servicio de una causa en que los valores del otro adquirían prioridad y lo situaban en la dimensión más alta de la condición humana.

Lo cenital y misterioso se conjugan en su persona. Escribió: "La vida es un misterio, nadie sabe nada de nada, simplemente lo que hay que saber es vivir dentro de ese misterio que se convierte para mi en un privilegio, el privilegio de vivir".

Harold fue la quintaesencia del amor sin tregua hacia la especie humana. Para él, la vida fue gesta, desafío, aventura sin fin. Por eso se entregó a aquello que lo retaba y fue libre como todo gran artista. Con su optimismo nos organizó la vida cuando pensábamos que el orden del Cosmos se descomponía y nos caía encima. Maestro de muchos, amigo de todos, fiel de la balanza, Harold fundó una cofradía luminosa que hoy se reúne en este lugar para decirle adiós a sabiendas de que no entrará en el reino de los olvidados ni de la soledad porque siempre tuvo una familia numerosa junto a Manila, sus partituras y su pequeña colección de caballitos de porcelana y cristal. Harold, como hubiera dicho Lezama Lima llevaba la mayor cantidad de luz que un hombre podía mostrar sobre la tierra. En sus ojos esa luz era un aliento para los que tuvimos el privilegio de ser sus amigos. Me imagino cómo se tienen que sentir sus alumnos, los que más allá de la composición musical aprendieron con él el oficio de saber estar en este mundo, asidos al báculo de ética que llevó siempre y que nos entrega hoy como acto de última voluntad. No voy a contar historias personales ni a hacer un compendio de anécdotas que confirmarían con creces la recia y a la vez tierna personalidad de Harold Gramatges. Son sus compañeros más cercanos, sus discípulos y los músicos cubanos los dueños de ese tesoro que soy incapaz de profanar con pequeñeces.

A mi me ha tocado poner luz sobre la sombra que ahora lo acoge en el más profundo silencio. A mi me ha tocado decir que este gran músico santiaguero, nacido en 1918, dio a su patria los lauros más altos. Que su obra le hizo merecedor del premio Reichold del Caribe y Centroamérica otorgado por la Orquesta de Detroit en 1945, que fue alumno destacado de Aaron Copland y de Amadeo Roldán.

Que junto a otros músicos de la vanguardia fundó el grupo de Renovación Musical y presidió desde su fundación la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, que aglutinó lo más conspicuo de la intelectualidad progresista de esos años en encarnizado enfrentamiento a la dictadura de Batista. Que fue embajador, dígase mejor, embajador de lujo, de Cuba en Francia, que fundó el Departamento de Música de Casa de las Américas, que sus clases de composición en el Instituto Superior de Arte adquieren la clasificación de magistrales lecciones cotidianas del saber hacer.

Que dirigió la Comisión de Escritores y Artistas por la Paz y Soberanía de los Pueblos, que fue, es y será siempre el honroso Presidente de la Asociación de Música de la UNEAC y que su obra de creación posee un repertorio infinito que ha enriquecido el catálogo de Cuba y el mundo. Distinciones y premios, casi todos; desde la orden Alejo Carpentier y la Félix Varela de primer grado hasta el Premio Nacional de Música y el Iberoamericano Tomás Luís de Victoria en España. Ninguno de ellos lo envaneció, por el contrario sembraron mayor humildad en su vida.

Harold, ayer por la mañana cuando supimos que ya te ibas, todos los que estábamos en aquella mesa de trabajo de la UNEAC te buscamos entre nosotros, y te vimos, estoy seguro de que te vimos, y no fue una ilusión óptica.

Tú estabas allí erguido, aureolado de ese misterio que siempre te acompañó, con tu báculo de luz y tu irrenunciable elegancia, con tu sencillez y con tu entereza, a punto de pedir la palabra. Tienes la palabra ahora y para siempre, maestro.

(Al despedir el duelo del maestro Harold Gramatges en la mañana del 17 de diciembre del 2008

 

DISCURSO DE CLASURA DEL FESTIVAL DE CINE DE LA HABANA

DISCURSO DE CLASURA DEL FESTIVAL DE CINE DE LA HABANA

 Por Alfredo Guevara.

 

Hermanas y hermanos de toda América Latina y de todo el Mundo:

 

      1. Este Festival, el que amamos, en el que nos va la vida.

 

      No importa el país o región, el carácter, la vocación o el prestigio de los protagonistas, 30 a?os son ya muchos para un festival; son una hazaña. Es nuestra hazaña, la de los cineastas latinoamericanos y de cuántos en nuestro cine se interesan y le apoyan. En estos días, ya vividos, queda demostrada la vigencia y fuerza de un cine que se renueva de año en año y da prueba de ese vigor juvenil en rostros frescos, en obras que ese frescor reflejan; presencia que, diré sin pudor, nos prolonga.

 

      En los 30 años del Festival y otro decenio los que han sido y los que llegan entrelazados permanecen por imanes secretos, que también anuncian que las pantallas ya no serán como las conocemos y casi que viajarán en los bolsillos. Las técnicas ya todo lo dominan y provocan a veces espejismos y, entre ellos, el de que son por sí mismas la esencia y la sustancia de las cosas y constituyen un lenguaje, ese sistema sígnico en que el pensar encuentra su morada.

 

      Se trata en realidad de conservar el rumbo, la inquietud humanista, la mirada en el otro, la solidaridad humana, esa curiosidad que nos entrega frescor de amaneceres. Y al mismo tiempo, no renunciar a esas extensiones del hombre, que llamaba McLuhan, y que nos brindan las tecnologías. Ahora el digital, y mañana quién sabe; es decir, cuánta posibilidad pueda abrir el saber hasta convertirlas en instrumentos que sirvan a la creación, a su libertad, expresividad comunicante y hondura.

 

      De conservar el rumbo he dicho. Y me detengo para preguntarme ?qué rumbo es ese y dónde está la brújula? Solo sé darme la respuesta mía, cada quien debe encontrar la suya. Buscaría en lo más profundo de la conciencia y en el ejercicio de la inteligencia, ese supremo bien que nos ha sido dado y que el mundano fárrago de lo banal invade. Afortunadamente aprecio que de algún modo las jóvenes generaciones a la par que rechazan ceremonias, el sermón político-intelectual de moralina, descubren en su entorno, buscan o construyen espiritualidades que solo en ese hondor de su conciencia habita y le entregan lealtades y esperanzas; y si cineastas, la voluntad de decir con otras voces, ese latir profundo de sus almas, que aprender a escuchar debemos los mayores. Ese latir nos enriquece y nos renueva y equivale en su tiempo, estoy seguro, a aquel que selló inspirando nuestras vidas. Porque también de é!

 tica se trata; es bueno recordar que no será posible ejercer ésta como artistas sin ir llenando el mundo de belleza. En esa conjunción de ética y estética pudiera acaso encontrarse la respuesta.

 

      2. Algunas realidades que suelen olvidarse.

 

      Debo pedir disculpas a este auditorio porque voy a citarme sirviéndome de algunos párrafos en los que creo resumir la situación de Cuba, país-sede, y la de los cubanos en un campo al que doy importancia fundamental para relacionarlo más tarde con situaciones que quisiera abordar.

 

      La Revolución cubana ha dado el más importante de los pasos para que la política de principios alcance carácter de realidad. Es ante todo el más pasional y apasionante amor el que hemos sembrado y sostenido; el amor al saber, que cobra dimensión mayor si le llamamos philo-sofia, pero que ya muestra su rostro en un pueblo totalmente alfabetizado, con todos sus adultos en noveno grado, con un millón de universitarios, con millones de personas instruidas en niveles que le siguen. Los Derechos que se proclaman devienen entonces y por eso libertades en condición de ejercidos.

 

      Solo aquel que ha sido preparado, es preparado, se prepara para ser en el pensar, con los conocimientos necesarios para articular la reflexión, disfrutando del respeto a su dignidad, está en condiciones de ser realmente persona, de ser realmente ciudadano, de pensar y decidir por sí mismo ejerciendo autónomamente a partir de su conciencia e inteligencia, su actitud ante la vida, su vida; su vida en sociedad y, en definitiva, su destino.

 

      En la Revolución cubana, nuestra sociedad no ha cerrado su ciclo histórico fundacional; mucho queda por hacer; pero hay algo hecho, logrado, pleno, con matices y problemas pendientes, pero lo más importante es que nuestra ciudadanía, ciudadano a ciudadano, está en condiciones de ejercer la libertad no a partir del caos en que puede sumir la ignorancia, sino de su formación y despliegue de la inteligencia y, con ella, de la conciencia.

 

      No pretendo en estos párrafos ser exhaustivo o silenciar problemas, solo reclamar para el conocimiento dos informaciones que no siempre son citadas en primer plano: la potencialidad del saber acumulado para un posible despegue si se dieran las condiciones y la forma en que incide en la condición de ciudadano una formación adecuada. Ningún recurso es más valioso que la persona instruida y cultivada, ningún recurso es más difícil de lograr, exige años y decenios y, claro, inicialmente voluntad política.

 

      3. La burocracia acecha y es endógena, sola se reproduce y crece como la mala hierba.

 

      He querido partir de este referente (la educación y cultura de nuestro pueblo), porque apreciamos en América Latina toda, de un modo en unos países, de distinta forma en otros, un movimiento ascendente de la afirmación identitaria y el rescate de la soberanía mientras por el mundo, y ante todo en el Imperio, la derrota de la corriente Neoliberal abre posibilidades todavía no-medibles. También del referente cubano porque, 50 años después, enfrentamos retos en una batalla interna que aún no se inicia pero ya está anunciada, y cuyo proceso y consecuencias nos tocará apreciar de modo directo. Es que la ignorancia es peligro mayor de las revoluciones, pero también que la burocracia, que también las revoluciones generan, como la historia prueba, son su mejor aliado. Ignorancia, burocracia (hidra que se enmascara) y el oportunismo que media en esas sombras, son capaces, han demostrado serlo, de descabezar, paral!

 izar o enturbiar la mejor causa. De esa experiencia se ha de sacar partido.

 

      Es por esto que Fidel, primero, Raúl, más recientemente, abren camino a cambios estructurales; queda propuesto limpiar la Sociedad de enmarañados vericuetos y de toda vocación o presencia de inútiles, ineficaces, contradictorios aparatos. Tres arrasadores ciclones, tormentas que dejaron el país exhausto, paralizaron este proceso cuando parecía estar a punto de desencadenarse. Pero tendrá lugar.

 

      Frases vagas las que pronuncio: “enmarañados vericuetos”, “inútiles, ineficaces, contradictorios aparatos”, no me quedaré en ellas, ni podré ser exhaustivo, ni es la oportunidad de serlo, pero sí en lo que nos concierne en tanto que latinoamericanos, ciudadanos en cuyos países va el acontecer tan rápido que ya se sienten en posiciones de decisión en el campo del Audiovisual figuras surgidas en el Movimiento del Nuevo Cine o que lo conformaron con su obra y pensamiento.

 

      ?Para qué las Instituciones estatales de la cultura artística y sus especialidades? La respuesta en lógica elemental sería: para servir a los artistas, a los escritores, a los investigadores, para facilitar su obra y, cuando alcance significación, para difundirla, para ampliar sus relaciones con el público-pueblo y para lograr esa comunicación retroalimentadora que pudiera ser la crítica, el taller, el diálogo.

 

      La práctica en todas las sociedades es otra. No hay aparato estatal, y también las revoluciones, en que no vaya forjándose como capas tectónicas, unas sobre otras, para cuando se mueven, si alcanzan a hacerlo, devorar o aplastar cuanto encuentran. Todos so?amos en nuestro país, 50 a?os después, la necesaria batida que hemos dado en llamar “reestructuración”, y que podrá ser gradual o no sé cómo, pero que tendrá que ser, a riesgo de ser devorados por el funcionariato como sistema. Y aquí me detendré…, solo he querido decirles: por favor compañeros, y más hoy, cuando los más son jóvenes, y los que llegan, experimentados, ?permaneced vigilantes!, que los dirigentes-funcionarios, y solo funcionarios, funcionarios de oficio, no se apoderen del mando del Audiovisual, no permitáis que las estructuras organizativas se desdimensionen; no olvidéis que la burocracia, no ya como presencia física, como mentalidad invasora, aliada a la ignorancia y el oportunismo, será fatal que ocupe el lugar que solo corresponde a los artistas.

 

      4. Un reconocimiento.

 

      Debo reconocer en este día a todo el equipo que me acompaña en la dirección del Festival, intelectual y organizativamente, el esfuerzo continuado de estos años de trabajo; unos más difíciles y complicados y otros menos, todos complejos y exultantes, y todos realizados con máxima dedicación y hasta abnegación. No me refiero tan solo a los más visibles y que devienen símbolos, también a decenas de otros compañeros que se entregan durante meses y meses a esta tarea y se realizan sin más recompensa que servir a la unidad y lanzamiento anual del Nuevo Cine Latinoamericano, este evento fraterno y solidario, y eficaz.

 

      5. Abrir caminos.

 

      El 30 Festival ha tenido lugar en fecha cerrada y tal vez cierra un Ciclo fascinante, el del ascenso a un primer plano de las jóvenes generaciones que en la práctica se han adueñado, y con derecho, del Festival, porque sostienen con su presencia y obras al Nuevo Cine Latinoamericano en Cine Nuevo. Otro Ciclo se abre en el espíritu y carácter primordial del Festival, abrir caminos. Abrir caminos es nuestra y permanente tarea.

 

      Les deseamos buen retorno a sus países y aun mejor trabajo en el curso del a?o. Y, para entonces, esperamos tenerles entre nosotros.

 

      Declaro terminados los trabajos del 30 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y abiertos ya los del 31 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano e iniciados los que nos llevaran a su realización.

La Habana, 12 de diciembre, 2008

    

 

 

 

 

 

 

 

 

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