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ÍDOLOS Y SUEÑOS

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Luis Sexto

Vea al final un texto de última hora

Reflexión de fin de año

Pasa el año. Y lo sucedido ayer es cronología; lo que ocurre hoy es acción u omisión, ingredientes futuros de la historia que habremos de juzgar observando el pasado. Y aunque estas definiciones sean obvias, tengamos en  cuenta que entre el pasado y el presente se establece un encadenamiento, y cuando este se olvida, quizás el camino desaparezca en el próximo recodo.

Hoy, por tanto, además de para las fiestas y su júbilo adyacente, ha de haber espacio para la reflexión, sin que  pretendamos suscribirnos al patetismo, ni convocar las lágrimas. La vida no puede reducirse a un ver pasar dramáticamente  los números del calendario. Ni adaptarse a la resignación del condenado a vivir hasta un día.

No acusen al articulista de filosofar. No soy filósofo en el sentido de meditar sobre las leyes generales del desarrollo de la vida y la sociedad. Quizás lo sea en el significado más común: querer explicar o interpretar las cosas más inmediatas de hoy y de ayer. Quizás pretenderlo sea una de las funciones de quien se empeña en articular propuestas  periodísticas. Y, siendo claro, un periodista que entrega su opinión no ha de serviles a los lectores una compota azucarada para que la deglutan sin masticarla. Qué sentido tendría entonces escribir. O leer.

¿Estamos filosofando? Hasta cierto punto estamos reflexionando. Y como ya dije, qué otro momento que el fin de un almanaque  resultaría más propicio para pensar en el transcurrir del tiempo, en ese amontonar los números siempre iguales de los meses y al final reconocer que lo fundamental resulta la muda de la numeración del año, en esa convención que es la mensurabilidad de los días.

En lo personal, me he negado a que el tijeretic y el tijeretac del tiempo -según la onomatopeya del novelista Miguel Ángel Asturias- corten la fe y la esperanza en que mañana seremos mejores a pesar de nuestra humana tendencia al error o al cansancio. Según mi parecer, lo más apropiado sería encarar el paso de un período a otro con actitud indagadora, preguntándonos para qué vivimos y a quién o a qué servimos, y al cuestionar nuestra conducta, quizás derivemos hacia una posición ética. Porque si profundizamos, nos iremos dando cuenta de que la vida en su origen y continuidad es un “milagro”  sin aspavientos, ni pirotecnia.

Un “milagro” que en lo social incluye el éxito. Porque, cuando nos deseamos recíprocamente “un próspero año nuevo”, estamos refiriéndonos a tener éxito. Y esa es una de las palabras más recurrentes en el mundo. Revela, incluso, la medida de la historia personal del individuo. Lo caracteriza. Lo identifica. Pero en la generalidad del planeta, éxito es sinónimo de lujo, de mansión, cuenta bancaria, ganancias, zona exclusiva, diferenciación; más dinero, más consumo suntuario, según las definiciones de un diccionario metalista.

Reconozco que las personas han de tener el derecho  a consultar el diccionario que prefieran. Mas, alguna vez, habrá que preguntase si la humanidad podrá seguir andando acompañada de desvalores que pretenden revalorarse con la bolsa o en el bolsillo. Un filósofo español se refirió hace decenios a la deshumanización del arte. Ahora habría que aludir a la deshumanización del Hombre. O del trabajo, del hacer, del lograr. La civilización desespiritualizada del capitalismo ha desteñido valores propios del heroísmo ético. Y la mayor parte de lo humano se mancha con el metal o el papel que el italiano Papini tildó de “estiércol del diablo” y el español Quevedo nombró “poderoso caballero”.

Casi toda victoria sobre las torpezas físicas, casi todas las hazañas se traducen en dinero. Y a punto de perecer se hallan el ideal y la utopía. Con ambos podría morir la posibilidad de una humanidad más humana, tan humana que sufra hondamente el daño de la Tierra, que ame y proteja al hermano árbol, a la hermana agua, a la hermana nube, y al hermano hombre o la hermana mujer. Y condene la desmesura, el absolutismo monetario, como en la décima que el poeta Argelio Santiesteban  puso ayer en la bandeja de entrada de mi correo: “Tú maculas cuanto tocas, / tornas la amistad letal, /el amor en tremedal, /la vida en lecho de rocas. /Mas me alegra que en tus locas/andanzas, mal caballero, / /en un tiempo venidero/a ti veremos perderte/ pues decretará tu muerte/ la historia, sucio dinero”.

Y a dónde quiere usted llegar, escucho la reconvención de algún lector al tanto de las contradicciones. ¿Acaso los cubanos no estamos pensando y actuando en un proceso planeado en el tiempo y en sus fines,  para que el dinero se revalore, y que el trabajo se ejerza para que los individuos no solo se destaquen moralmente, sino sean capaces de superar sus ingresos y en  consecuencia cada familia sea próspera, y con la prosperidad sea dichosa, como estableció Martí?

Comprendo que he podido atizar la duda, la inquietud. Pero no voy a ningún lado: solo he dado vueltas al círculo de mis ideas. He hablado más bien de las tendencias mundiales. De esa especie de declive ético sobre el cual las cosas y su versión monetaria se erigen en ídolos y los sueños se arropan en la fermentación parásita del poder. Y tres o cuatro países muy ricos, militarmente poderosos, determinan quién gobierna y qué se decide en cualquier tribu, cualquier oasis, cualquier isla, cualquier pueblo donde se expongan a disminuir o perderse los  intereses de una palabra presuntamente echada al olvido, y que más que pronunciarse se ejecuta como una doctrina insensible y pragmática: imperialismo. De la antigüedad occidental parece ir quedando como cultura y recurso todoterreno, solo la palanca de Arquímedes, que hoy parece presionar a los más débiles.  

 Recordémoslo: a Cuba también la observan a través de una mirilla telescópica, como cazador a su presa. Y por ello concuerdo con la idea de que nuestra nación será efectivamente  más fuerte, certera y dichosa, cuanto más próspera sea. Porque no habrá socialismo sin bienes que distribuir, ni tampoco lo habrá si obligamos al dinero a bajarse a destiempo en cualquier estación. En síntesis, nuestros bienes se generarán desechando los resortes idealistas que ya demostraron su inefectividad, pero sin suministrar vapor a la calentura metalista del éxito promovido por la globalización y el neoliberalismo.

Y para afrontar los desafíos de la transformación, hemos de insistir, por tanto, en  la política socialista de equidad, justicia y solidaridad, con cual se pueda prever y detectar los granos de inconsecuencia o de perversión que, como el comején a la madera débil, intenten agujerear el empeño de  de salvar a nuestro héroe: es decir, al pueblo individual y colectivamente exitoso. Y sería inadmisible, por esa razón, la evaluación maquinal, insensible cuando se determina quién y cuánto precisa de la asistencia o de la seguridad social. Nuestra experiencia confirma que la carencia, la pobreza material, la sensación de desamparo, azuzan  la vigencia de tendencias rastreras, porque el “estado de necesidad” condiciona conductas que pueden saltar la valla de la moral o la política vigente.

Todos, si es posible término tan absoluto, hemos de inmunizarnos contra el egoísmo y la corrupción mediante la ética del servir sirviendo. Y que nos midan por ese proceder. Sancho Panza, a quien solo lo preocupaban el pan y el queso, no debe derrotar a Don Quijote, más interesado  en servir que en comer, aunque se sentaba a la mesa, como es necesario y justo.

Así, al doblar el recodo, el Caballero, que aun en su aparente locura literaria es recipiente de lo mejor del ser humano, seguirá haciendo caminos al andar entre claridades. (Publicado en Juventud Rebelde)

 

  LO ÚLTIMO: UN ANÁLISIS IMPARCIAL Y OBJETIVO DEL CORRESPONSAL DE LA BBC

Los cambios y los "peros"
Fernando Ravsberg | 2013-01-17, 12:27

En vano esperé que el presidente Obama anunciara la autorización para que los estadounidenses puedan viajar libremente a Cuba. La medida sería una respuesta adecuada a la apertura migratoria masiva decretada por La Habana a partir del pasado 14 de enero. Se convertiría en una buena noticia porque marcaría el inicio de intentos serios de acercamiento. No sería una mala política probar la táctica de dar pasos simultáneos, sobre todo porque ya se ha demostrado que exigírselo solo a una parte no funciona. Y si finalmente no se logra un entendimiento, por lo menos ganaría los dos pueblos, el cubano que ya tiene derecho de viajar al extranjero y  los estadounidenses que podrían recuperar la libertad de visitar Cuba sin tener que pedir permiso a Washington. En pocos países unos y otros están tan tranquilos. Culturalmente Miami es casi una provincia de la isla, donde los visitantes cubanos se
sienten como en casa, mientras Cuba se ha convertido en uno de los países más seguros para los ciudadanos de los EEUU. A pesar del histórico enfrentamiento político bilateral, en la isla no existen los sentimientos anti estadounidenses que abundan en otros países del mundo. Los "yumas" son tratados con cordialidad y pueden pasearse por las calles sin el menor temor.´

La llegada de John Kerry al Departamento de Estado podría ser un buen presagio. Aseguran que este político estadounidense, excombatiente de Vietnam, fue uno de los promotores de la normalización del restablecimiento de las relaciones con esa nación asiática. En el caso de Cuba solicitó investigaciones sobre los fondos que Washington entrega a los exiliados cubanos para derrocar a Raúl Castro. Se atrevió incluso a cuestionar el presupuesto millonario que gasta TV Martí, una emisora que nadie ve en la isla. Me imagino que no se trata de que Kerry apoye el socialismo cubano sino de que le duele que se gasten tantos recursos del bolsillo del contribuyente en programas que producen los efectos contrarios a los que en realidad pretende Washington. Al parecer, el Senador Demócrata cree que el aislamiento no es una
herramienta eficaz para lograr cambios en la isla. Por el contrario, considera que la visita de millones de estadounidenses podría provocar a la larga una mayor apertura.
Es difícil saber si tiene razón pero, tras 50 años de fracasos, no vendría mal probar nuevos métodos. Yo realmente no creo que los turistas gringos sirvan para hacer proselitismo político pero el fin de la agresividad externa ampliaría el debate interno. Sin dudas, el enfrentamiento con EEUU es uno de los factores que más estanca ese debate. Pocos en Cuba están dispuestos a sumarse a las posiciones de Washington, algunos para no ser acusados de mercenarios pero otros por puro nacionalismo. La Revolución Cubana no es la causa sino el resultado de las políticas de Washington en Cuba durante siglos: de "la fruta madura", de la exclusión de los mambises de la declaración de independencia, de la enmienda Platt y de las invasiones militares. Para limar estas asperezas hará falta mucho más que la visita de una pareja de jubilados de Michigan a La Habana. Será necesario irse aproximando paso a paso, cediendo un poco de cada parte, sin esperar que el otro sea el único que se acerque. Cierto es que Obama eliminó las restricciones que su antecesor, George W. Bush, había aplicado a los viajes de los emigrados a la isla y también liberó el envío de remesas pero ahí se ha quedado mientras la sociedad cubana sigue transformándose. EEUU está perdiendo oportunidades, la apertura económica de Cuba -trabajadores autónomos, entrega de tierras, acceso de capitales extranjeros a la agricultura- merecía una respuesta que podría haber pasado por algún tipo de flexibilización del Embargo. También la liberación masiva de presos políticos cubanos se quedó sin respuesta práctica por parte de Washington, a pesar de que la excarcelación de estos prisioneros fue durante años una de las principales exigencias públicas de la Casa Blanca. Y ahora Victoria Nuland, portavoz del Departamento de Estado, se limita a reconocer que la reforma migratoria cubana es positiva pero inmediatamente la descalifica afirmando que "Cuba se mantiene como uno de los países más represivos del planeta".
Cada nuevo cambio le resta argumentos a Washington en su enfrentamiento con La Habana. La llegada de Kerry podría traer pasos de acercamiento o, cuando menos, renovar la producción de "peros" para cuestionar las reformas con más originalidad

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18/01/2013 17:10 Luis Sexto #. Ética



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