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EL HUMO Y LA LECTURA

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Luis Sexto

Desde los días iniciales de su nacimiento, la lectura de las tabaquerías recibió el anuncio de su  muerte inmediata, sin que alguna  cartomántica leyera tan temprano augurio.  Travestidos como portavoces de la fatalidad, los propietarios de los talleres de torcido, mediante el Diario de la Marina, previeron un riesgo para sus intereses de clase e intentaron matarla  poco después de nacer.  Temían que libros leídos en voz alta  sacudieran el polvo, ordenaran los trapos de la conciencia proletaria con la cultura que, consecuentemente, adquirirían los torcedores.

 Transcurría  1865 cuando el iletrado era el trabajador típico de la sociedad esclavista colonial. Ese año, a sugerencia de don Nicolás Azcárate — dúctil sensibilidad y empinado talento literario y jurídico—, y apoyados por el tabaquero y periodista Saturnino Martínez, los talleres de El Fígaro inauguraron la institución de la lectura. El más preparado de los torcedores, con un salario sumado con la dádiva de sus compañeros, se aplicó a leer lo mismo un novelón que un texto filosófico. Don Jaime Partagás, apellido convertido hoy en una celebérrima marca, aprobó  la iniciativa y la estableció en su fábrica.

Durante décadas, en efecto, los tabaqueros integraron el grupo más preparado de la clase obrera cubana. Y consecuentemente uno de los más beligerantes. No  podían oír la lectura de  Los miserables,  de Víctor Hugo, sin quedar convocados a conocer los extremos del mundo social: ricos y pobres. Y percatarse de que ellos, los asalariados, eran del bando o la clase menos favorecida con la riqueza creada por sus manos. Martí, conociendo que eran trabajadores intelectualmente aptos, se auxilió de los torcedores para difundir y apuntalar la idea de la independencia. Y defendió el papel de la lectura en los talleres al preguntar en uno de sus textos qué sería del torcedor si a su aburrida, aunque productiva faena, se le suprime “la mesa de pensar al lado de la de ganar el pan”.

Autobiografía de un hombre que fue de color, novela del escritor estadounidense  James Weldon Johnson (1871-1938), publicada en Cuba en 1988, por la Editorial Arte y Literatura, describe aquellos días de finales del siglo XIX, cuando los tabaqueros emigrados  en Cayo Hueso, Tampa, Jacksonville preparaban, con la habilidad de sus manos de torcedores, la guerra de independencia. El personaje narrador, negro norteamericano, hijo de una pareja interracial, cuenta su aprendizaje de despalillador. Y  al año y medio, un tanto ducho en el español dominante en la fábrica, pasó a ejercer de lector. Lo que cuenta es casi semejante  al presente. Y apunta que no solo era necesaria una buena voz. El lector  debía ser reconocido como persona inteligente e informada sobre conocimientos  de “diversa índole”.  “Como lector –narra el protagonista de la única novela de Weldon Johnson- no solo me liberé de la monótona labor de torcer tabacos (…), sino que también incrementé considerablemente mis ingresos”.

El lector de tabaquería ha de ser, según la tradición, una especie de actor. Hasta hace pocos años, al menos los lectores más antiguos actuaban el texto. Como leían para ser escuchados, la voz adoptaba tonos, ritmo, énfasis, incluso matices, para que el libro o el periódico fueran comprendidos. ¿Cómo podría el oyente determinar quién habla en un diálogo si el lector no diferencia las voces?

A pesar de la radio, que amenazó  a la lectura viva en las tabaquerías, esta institución  no pasó al olvido, como el cigarrillo no ha condenado a las memorias el consumo de la hoja de tabaco envuelta en sí misma. Durante los tres últimos siglos, el habano ha confirmado que  posee un toque, un detalle que sobrepasa la calidad natural de la hoja cubana. Posiblemente no sea solo una gracia,  o un secreto de la agrotecnia que los indocubanos, que la  cultivaban y la degustaban, legaron a los primeros vegueros canarios. Entre otras normas, los aborígenes  recomendaban que  fueran cautos con el agua, porque, si le sobreabunda,  el tabaco se vuelve muy meloso. 

El mágico poder de tabaco parece incrementarse en el proceso de  confección, desde el curado a oscuras en uno de esos rascacielos de madera o guano que surgen en los campos de Pinar del Río o en el sur de La Habana, o en las provincias del centro. El torcido es limpiamente artesanal. Como un fluido intercambio de familiaridad entre la materia prima y el obrero. Elaborado a  máquina, probablemente el puro empezaría a ser impuro. Le faltaría la poemática energía, la personalizada ternura de las manos, de esos “dedos sabios” que versificara Raúl Ferrer.

Los adelantos de la ciencia o la técnica son a veces intermediarios que en lugar de ayudar al hombre a asumir su plenitud, lo vacían de su humanidad. Ciertos actos no toleran el distanciamiento. Como el amor. Jamás un robot podrá servir una mesa con una sonrisa caliente, ni un beso podrá humedecerse mediante el teléfono o el correo electrónico. El habano genuino deriva de un proceso amoroso desde el semillero hasta el taller. El veguero trata a cada una de sus plantas como novias, o como hijas. Y quizás a media noche lo vemos arrodillado escardando las plantas de su vega, muy cerca de la casa.

El fumar un habano equivale a un acto de cultura. El fumador sabe que junto con el humo aspira también un capítulo y un emblema  de la historia nacional.  Pero fuma el que quiere o desea.  Fumarlo no compone un distintivo  patriótico. Porque si Martí elogio a los tabaqueros y empleó los sentimientos patrios que los ligaban a Cuba desde los Estados Unidos, no fumó. En cambio, Juan Gualberto Gómez, el delegado de Martí en Cuba, el mulato que usaba la palabra como sable o estilete, el independista de argumentos precursores sobre la igualdad racial, el hombre que se educó en París y comió siempre en Sabanilla, arrastraba un habano con la afilada paciencia de su patriotismo sin grietas.

El habano, por mérito propio,  ha conquistado a sus adictos, aun a los más relevantes. A Carlos Enríquez pudiera pintársele con un puro como pincel. ¿No podría intuirse acaso que esa gasa flamígera que envuelve sus cuadros es humo de tabaco, humo que algunos de cuantos lo conocieron creyeron apreciar también en su mirada?  Y si revisamos un tanto la iconografía de hombres prominentes en Cuba, famosa es la foto de José Lezama Lima, detenida por el ojo oportuno y rápido de Chinolope, donde el poeta muestra un  tabaco entre sus labios barrocos y místicos con el parece llamar a sus orígenes. Benny Moré, Cuba hecha ritmo en la voz y los gestos de un cubano, fumó también el tabaco puro, y quizás alguna vez lo humedeció en el ron, fluido entrañablemente nacional. A José Luciano Franco, visceral y longevo historiador, lo sorprendí durante nuestras entrevistas con uno entre los dedos.

La lista amerita mucho espacio. No cierro esta especie de especulación sin evocar al Che Guevara. En qué fotos no lo vemos con un tabaco, hecho un cabo, un mocho, como queriendo introducirse a Cuba en la planta combustible que junto con la caña de azúcar la ayudó a erigirse en nación. 

El habano ha seducido  incluso a enemigos de Cuba revolucionaria. John F. Kennedy violaba las prohibiciones del bloqueo impuesto por él mismo en 1962, para fumar uno de nuestros misiles de placer llegado a su mesa presidencial por mañas clandestinas.

Y  al final uno se pregunta  como el arqueólogo ante el volcán y la pirámide: ¿qué fue primero, el habano o la torre de un ingenio, tan similares ambos en geometría y espíritu cubano?  Al menos sabemos que las manos y el tabaco existían ambos antes de su confluencia. Pero ahora,  no podrá existir sin las manos del torcedor cubano. Este operario forma parte del misterio de la hoja, del humo y su mezcla con la sangre.  Y  la lectura proseguirá enriqueciendo el trabajo, porque  como nueva negación del fallecido y maldito pronóstico de sus orígenes,  las autoridades cubanas han declarado a la lectura en las tabaquerías patrimonio inmaterial de la cultura  de la nación. 

La riqueza de la lectura no se toca, no se embotella, ni se guarda en bancos. Ni se quema. Se lleva en la conciencia. Que siga, pues,  el habano humeando por el mundo, mientras las manos prodigiosas que lo tuercen, oyen  en silencio  el libro de turno…

(Publicado en Cubahora)

 

22/01/2013 13:02 Luis Sexto #. Cultura

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gravatar.comAutor: cubano

Saludos Sexto,
Interesante y refrescante su ensayo sobre esta tradiccion en las tabaquerias cubanas. Una parte intrinsica de la cultura tabaquera y un ingrediente invisible en el desgutar el Puro.

Fecha: 22/01/2013 18:21.


gravatar.comAutor: Modesto Reyes Canto

Excelente crónica llena de cubanidad pues tabaco eles un sello de identificación muy cubano.En un rato le envio, amigo Luis,algo que escribí sobre la industria tabacalera. Puro humor. Un abrazo. Modesto Reyes Canto.

Fecha: 23/01/2013 09:11.


gravatar.comAutor: Modesto Reyes Canto

CORTINA DE HUMO.
La reunión tal como estaba programada
comenzó a las siete en punto de la mañana después del café mañanero que es el horario donde los presentes tenían mas trabajo. Los asistentes a dicha reunión pertenecían de cierta manera a la misma industria. Por ejemplo:allí se encontraban unos rubios de quienes se decía que tenían tremendos “filtros”. Negros los había también con una fortaleza increíble. Los había ademâs,flacos,gordos,grandes,chiquitos,con olor a frutas y a perfumes y hecho trizas o polvo.Algunos se veían muy bien vestidos de etiqueta y con finas y elaboradas consignas.Como correspondía a tan magno evento entre el público presente se podían ver fosforeras, una galería entera colmada de fósforos, picaduras, hojas de tabaco, alguna botella de whiskey o ron y hasta algún funcionario del Internal Revenue Service(por si había algún impuesto que recaudar)con su apestosa pipa en la boca. El encargado de dirigir la reunión fue un rubio suave,que por cabeza dicen que tenía tremendo filtro.
--Señores—comenzó a decir el rubio dejando escapar un leve hilo de humo—Nos estân tratando de destruir. Nos quieren achicharrar,después que durante cientos de años nos han estado dando candela.
--Eso lo sabemos!—le interrumpió un negro fuerte ardiendo de rabia.
--Resulta ser—continuó el rubio esparciendo dos miligramos de nicotina y otros químicos por el salón—que ahora, al igual que siempre,nos catalogan de “dañinos” y nos quieren armar tremendo rollo.
--A mi nadie me va a enrrollar!—prometió una hoja rubia muy bien estiradita. El rubio continuó:--Resulta ser que ahora nosotros somos los responsables por todo aquel que se quiera suicidar voluntaria y aromâticamente. Pero los hay muchos peores que nosotros como alguien de quien últimamente no se habla; me refiero a nuestro compañero en las noches revueltas, el alcohol. Las botellas de whiskey y ron fueron a protestar con lo poco que alcanzaron a oir, pero las borracheras internas no los dejaron hablar y solamente pudieron decir; hip,hip!.La fósforera pidió la palabra:
--Yo respeto y acato lo que aquí se acuerde, pero si el acuerdo es contrario a los intereses para los que se me creó, les garantizo que voy a armar tremenda candela. Lo anterior lo dijo la fosforera encendida de ira. El negro fuerte pidió la la palabra a la par que dejaba escapar dos perfectos anillos de humo que son el sueño de todo fumador:
--A mi me han estado utilizando por siglos, y aunque es cierto que he mandado a algunas gentes para el mas allâ, tampoco es menos cierto que muchos “vivos”viven de mi. Se me ha ido cambiando hasta mi composición genética y se han creado a través de mi ADN tabaquitos con olores y sabores sospechosos de su masculinidad. Y no es que tenga nada contra ellos porque en definitiva pertenecen a mi familia pero,que no vengan con el cuentecito de que son menos dañinos cuando en realidad tienen mas química encima que yo en mi estado natural. Y a nosotros los naturales nos quieren dar fuego como en los tiempos de la santa inquisición aunque nos enciendan seis millas mar afuera. Ya hasta por ahi hay quien dice que nosotros somos los responsables del hueco en la capa de ozono.Y mi pregunta es la siguiente: Si seguimos asi,que va a pasar con los fumadores?
--Cof,cof,cof…--Contestaron unos cuantos de los allí presentes. Otros por contesta dejaron que les diera un ataque al corazón. El rubio con el tremendo filtro por cabeza volvió a hablar:
--Es cierto que somos dañinos, pero ni tanto ni mas que como ya se dijo de nuestro compañero de parrandas el alcohol y agregó:
--El cholesterol, los accidentes de trâfico y el azucar—no me entiendan mal, no me refería al azucar que gritaba Celia Cruz—se apresuró a aclarar el rubio previendo una inminente protesta de los negros fuertes con antepasados cubanos.Y continuó el orador:
--Quieren algo mas dañino que las drogas,las guerras,la polucion y hasta la madre de los tomates?. El rubio estaba echando humo por todas partes.Las muestras de apoyo hacia el rubio con tremendo filtro fueron inmediatas. La fósforera iluminó todo el salón. Otro rubio muy bien envuelto aprovechó la candela y se encendió. El cenicero se puso a trabajar inmediatamente.La rubia estirada se enrolló toda y permitió que alguien desesperado se la llevara a los labios. El negro fuerte soltó mas humo que en fiesta de santo donde era que realmente se le daba mas candela. Finalmente volvió a hacer uso de la palabra el rubio:
--Primero se nos rebajó la nicotina como algo necesario para el bien de la salud supuestamente. La realidad es que todo fue por puro mercado.Un cigarro con menos nicotina obliga al fumador a fumarse el doble de cigarillos para saciar su adicción y por lógica esto duplica las ventas.Y ahora, por si no bastaron todos los atropellos cometidos contra nosotros tal parece que se nos quiere eliminar…Pero les garantizo que esta vez va arder Troya!!! Nuevamente las palabras del rubio recibieron un total apoyo manifestada con una enorme humarera que ya quisiera haber tenido la mencionada Troya,que es cierto que muchos de ellos no la conocian pero asociândola con el humo que produce toda candela pensaron que debía de ser una marca de tabaco nueva en el Mercado .Lo cierto es que la algarabía en el salón donde estaban reunidos era tal que tuvo que intervenir,en nombre del orden,el recolector de impuestos con cachimba apestosa y todo.
--Señores,señores,por favor!.No dejen que el humo les nuble la visión del problema. Yo les garantizo que toda la campaña negativa que se hace contra ustedes a lo mas que va a llegar es a bajar un poco la nicotina,cosa esta que les darâ mucho mas empleo a ustedes y, como siempre, subir aún mas los impuestos a la venta de cigarros y a todo producto derivado del tabaco,que daría mas ganancia económica al gobierno y este último verdaderamente nunca se va a fajar con algo que le deja mucho billete. A nosotros realmente no nos interesa lo dañino que sean ustedes porque, si fuera así, por ley quedaría prohibido el fumar hasta en los cementerios donde a nadie perjudicaría el humo de segunda mano . Eso serâ todo,-terminó diciendo el recolector de impuestos. Los presentes a la reunión comenzaron a aplaudir a rabiar al escuchar al representante del gobierno diciendoles que todo seguirâ a favor de ellos, pues realmente, todo no era mas que una “cortina de humo”.
Escribe: Modesto Reyes Canto
Arte:Karen Reyes.
Nota del autor: Si por casualidad alguien ya leyó esta crónica llena de humo le recomiendo que la vuelva a leer porque después de casi un año escribiendo semanalmente este blog, me tomo esta semana de vacaciones pues tengo que escribir otras cosas, que por cierto, me las van a pagar para que yo pueda seguir pagando los víles bills. Gracias. Modesto

Fecha: 23/01/2013 09:24.


gravatar.comAutor: Carlos

Muy bueno y muy gracioso! Sobretodo la parte del IRS!!!
Lo leo durante el break, saboreando un tabaquito!

Fecha: 23/01/2013 10:21.


gravatar.comAutor: Daniel Noa

Gracias Maestro, una vez más, por tan bonita crónica cubana....Me hizo remontarme a los días en que disfruté la lectura de aquella joya de nuestro acervo cultural que es el ¨Contrapunteo cubano del azúcar y el tabaco¨ escrito por el Gran Don Fernando Ortiz.....texto que debiera estar en la cabecera de la cama de muchos compañeros relacionados con el quehacer agroindustrial cubano actual....y ser estudiado además por las jovenes generaciones a su paso por la enseñanza media....Un abrazo fraterno para usted y el colectivo de JR.

Fecha: 23/01/2013 10:43.


gravatar.comAutor: Jose Diaz

Excelente articulo Luis Sexto. Lo felicito. Estuve censurado de entrar en su blog pero ya veo se permite de nuevo.

Fecha: 23/01/2013 11:46.


gravatar.comAutor: Sexto

Gracias, Modesto, por tu colaboración en este mi blog. Es una bocanada de sonrisa e inteligencia. Tu socio.

Fecha: 23/01/2013 12:28.


gravatar.comAutor: Diosdado

Siempre me he preguntado cual fue la necesidad que tuvimos de cambiar los nombres de nuestros cigarrillos,cuando contabamos con marcas de reconocido prestigio y tradicion:Partagas,el cigarro que gusta mas,H Uppman,Regalias el cuno,Trinidad y Hermanos,Corona,Competidora,KIm,Visant,por solo mencionar algunas,eso sin contar los cigarrillos de importacion muy populares en Cuba como Camel,Chesterfield,Marlboro y otros.Un dia nos despertamos con unos cigarrillos con diferentes nombres:Populares, Agrarios,Ligeros,Criollos,Vegueros,Aromas y Dorados,los fumadores confundidos buscaban entre los nuevos cigarrillos cual correspondia al que habian tenido el placer dde fumar toda la vida,con el pasar de los anos las marcas se simplificaron en suaves y fuertes o normados y por la libre.Y que me dicen de los Tupamaros?,fabricados con colillas de cigarrillos usados por uno mismo y a veces ajenas,tremenda bronca cuando una suegra diligente limpiaba el cenicero y la tangana empezaba con el grito de guerra"Hortensia sera posible me botaste las colillas".Le zumba la berenjena lo que hemos tenido que pasar los cubanos, y dejo para otro dia la maquinita de fabricar los Tupamaros

Fecha: 24/01/2013 17:41.


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