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¿Cómo enfrentarnos a la sexta extinción masiva?

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Por Leonardo Boff,

teólogo y ecólogo brasileño

Ya nos hemos referido anteriormente al hecho de que el ser humano, en los últimos tiempos, ha inaugurado una nueva era geológica -el antropoceno-, era en la que él aparece como la gran amenaza para la biosfera y el eventual exterminador de su propia civilización.

 Desde hace mucho  tiempo biólogos y cosmólogos están advirtiendo a la humanidad que el nivel de nuestra intervención agresiva en los procesos naturales está acelerando enormemente la sexta extinción en masa de especies de seres vivos. Está en curso desde hace algunos  miles de años. Estas extinciones pertenecen al proceso cosmogénico de la Tierra.

 En los últimos 540 millones de años la Tierra conoció cinco grandes extinciones en masa, prácticamente una cada cien millones de años, que extinguieron gran parte de la vida en el mar y la tierra. La última ocurrió hace 65 millones de años cuando fueron aniquilados, entre otros, los dinosaurios.

Hasta ahora todas las extinciones fueron ocasionadas por la fuerzas del propio universo y de la Tierra, como por ejemplo la caída de meteoros rasantes o por convulsiones climáticas. La sexta está siendo acelerada por el ser humano. Sin su presencia desaparecería una especie cada cinco años. Ahora, a causa de nuestra agresividad industrialista y consumista, multiplicamos cien mil veces la extinción, nos dice el cosmólogo Briam Swimme en una entrevista reciente al EnleihtenNext Magazine, numero 19.

Los datos son estremecedores. Paul Ehrlich, profesor de Ecología en Standford calcula     que son exterminadas 250 mil especies al año, mientras que Edward O. Wilson, de Harvard, da números más bajos, entre 27 mil y 100 mil especies por año (R. Barbaut,  Ecología geral. 2011, p.318). El ecólogo E. Goldsmith de la Universidad de Georgia, EE.UU., afirma que la humanidad, al volver el mundo cada vez más empobrecido, degradado y menos capaz de sustentar la vida, ha revertido el proceso evolutivo en tres millones de años. Lo peor es que ni nos damos cuenta de esta práctica devastadora ni estamos preparados para evaluar lo que significa una extensión en masa.

 Significa sencillamente la destrucción de las bases ecológicas de la vida en la Tierra y la eventual interrupción de nuestro ensayo civilizatorio y quizás hasta de nuestra propia especie.

Thomas Berry, el padre de la ecología estadounidense, escribió: "Nuestras tradiciones éticas saben cómo manejar el suicidio, el homicidio e incluso el genocidio, pero no saben qué hacer con el biocidio y el geocidio". (Our Way into the Future, 1990, p. 104).

¿Podemos desacelerar la sexta extinción masiva ya que somos sus principales causantes? Podemos y debemos. Una buena señal es que estamos despertando la conciencia de nuestros orígenes, hace 13,7 millones de años, y de nuestra responsabilidad por el futuro de la vida. Es el universo quien suscita todo eso en nosotros porque está a favor nuestro y no contra nosotros. Pero pide nuestra cooperación, ya que somos los mayores causantes de tantos daños. El momento de despertar es ahora, mientras hay tiempo.

Lo primero que hay que hacer es renovar el pacto natural entre Tierra y Humanidad. La Tierra nos da todo lo que necesitamos. En el pacto, nuestra retribución debe ser de cuidado y respeto para con los límites de la Tierra. Pero, ingratos le devolvemos machetazos, bombas y prácticas ecocidas y biocidas.

Lo segundo es reforzar la reciprocidad o la mutualidad: buscar aquella relación mediante la cual entramos en sintonía con los dinamismos de los ecosistemas, usándolos racionalmente, devolviéndoles la vitalidad y garantizándoles sostenibilidad.

Para eso necesitamos reinvertarnos como especie que se preocupa por las demás especies y aprender a convivir  con toda la comunidad de vida.

Debemos ser más cooperativos que competitivos, tener más cuidado que voluntad de someter, y reconocer y respetar el valor intrínseco de cada ser.

Lo tercero es vivir la compasión no solo entre los humanos sino con todos los seres, compasión como forma de amor y cuidado. A partir de ahora ellos dependen de nosotros, si van a poder seguir viviendo o si estarán condenados a desaparecer.

Necesitamos abandonar el paradigma de dominación que refuerza la extinción masiva y vivir el del cuidado y el respeto, que preserva y prolonga la vida. En medio del antropoceno, urge inaugurar la era ecozoica que coloca lo ecológico en el centro. Sólo así hay esperanza de salvar nuestra civilización y de permitir  la continuidad de nuestro planeta vivo.

(Tomado de Granma, viernes 16 de marzo de 2012)

 

 

 

25/06/2012 12:46 Luis Sexto #. Ética



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