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¿ESTÁ PROSCRITO MAÑACH EN CUBA?

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Por Luis Sexto

A guisa de rectificación

Mi país tiene áreas de luces; también de sombras. Pero  a veces refulge como una luminaria solar y otras aparece como un agujero negro,  según sea la mirada: o excesivamente favorable o indiscriminadamente negativa. Y lo más inquietante es que cada mirada, aunque solo perciba  la oscuridad sin puntos luminosos,  tiene la fuerza de Argos con sus cien ojos. Se le toma como visión unánime, globalmente única.

Lo digo porque he leído en la Internet un artículo que cuenta la siguiente anécdota: En el aula Bartolomé de las Casas, regida por  los padres dominicos en la iglesia de San Juan de Letrán, el poeta Roberto Méndez dictó recientemente una conferencia en que abordaba, en comparación con Lezama Lima, a  Jorge Mañach, escritor y periodista cubano, nacido en l898 en Sagua la Grande, hoy en la provincia de Villa Clara, y fallecido en San Juan de Puerto Rico en 1961.  El autor del post cuenta que al salir, una señora “evidentemente culta y de buena presencia, vestida con una elegancia adecuada a su edad madura”abordó al grupo de amigos que esperaban un taxi, y sin presentaciones –tal vez ociosas entre nosotros los cubanos- dijo: “Vine a oír la conferencia porque en mis más de 40 años de vida no sabía quien era Jorge Mañach. Nunca ni en la escuela ni en la Universidad me plantearon alguna referencia sobre su persona, tampoco he leído nada al respecto de alguien que según el conferencista de hoy fue importante en nuestra historia cultural y política”

El autor del post relató el hecho para encarecer justamente el trabajo de los dominicos. Porque, al parecer, la señora había dicho una verdad incuestionable: Jorge Mañach, el reconocido biógrafo de José Martí, el autor de Indagación del choteo, el cronista de Estampas de San Cristóbal y otros libros, había sido olvidado o prohibido en Cuba…

La prueba de ese entierro intelectual, de ese borrón en la historia de Cuba –la literaria y la política-  del hondo ensayista y ejemplar estilista de la lengua, es solo  la confesión de la aludida señora. Nunca me hablaron de Mañach, dijo. Y basta para aceptar que desde 1960, año en que viajó a Puerto Rico, el silencio cerró con plomo el nombre de Jorge Mañach.

Quizás el articulista que sintetizó la historia, no le dijo, por no lastimarla, que si la mujer, con más de 40 años de edad, no sabía quién era Mañach, la única responsable era ella. ¿Porque en verdad usted lee, usted recorre las librerías, usted atiende las convocatorias a cursos y conferencias,  está al tanto del currículo académico de algunas carreras universitarias?

Hablo, ahora, desde mi experiencia. Jorge Mañach llegó a mi interés quizás  en 1962 o 1963. Tendría yo unos 17 ó 18 años. Y un sábado, luego del trabajo visité a La moderna poesía, y peregrinando de anaquel en anaquel hallé Pasado vigente, colección de artículos de Mañach, publicados en Diario de la Marina entre 1930 y 1933.  Yo no sabía quién era ese autor. Hojee el libro; leí unos párrafos, y desde entonces ese volumen, ya cristalizado y desencuadernado de tanto repasarlo sigue entre mis libros.

Es cierto, sin embargo, que una visión burocrática, dogmática, inflexible  de la cultura y de la política creyó justo expulsar hasta el recuerdo de cuantos habían emigrado, incluso hoy aún subsiste esa torpe enfoque excluyente. Cuba así perdió la obra de numerosos escritores, una obra que no pertenecía a los individuos que las concibieron y ejecutaron, sino a la cultura nacional. Pero si ello fue lamentablemente así, no podemos olvidar que desde hace más de 25 años no es así. Y con respecto a Mañach, el Instituto del Libro, en las décadas de los 1980 y 90, publicó Martí, el Apóstol, y Estampas de San Cristóbal,  y  Seis ensayos, en una selección de las más clarividentes páginas del autor de Filosofía del quijotismo. Y a fines de los 90, la tesis de grado de Duanel Díaz, en la universidad de La Habana, titulada Mañach y la república.

En lo que a mí respecta, hace años que en mi asignatura de la Facultad de Periodismo, aquí en la capital, establecí a Mañach como autor obligatorio, es decir, para aprobar la asignatura hay que leerlo y demostrarlo. Porque este modesto profesor estima que  para escribir bien un artículo en Cuba, hay que leer primeramente los textos de Mañach. También, para participar en el rescate y conservación de lo que Cuba no debe perder, publiqué en 2006, en la Editorial Pablo de la Torriente,  un librito titulado Mañach periodista,  con un ensayo introductorio y al final, con la mayor paginación del volumen,  un florilegio de artículos del fundador de la Universidad del aire. Y como respeto tanto la acción cultural de los dominicos en Cuba, y evalúo la biblioteca de San Juan de Letrán como una de las más nutridas y diversas en La Habana, yo mismo doné un ejemplar.

Si se ignoran estos hechos, pues, no se puede confesar que me han negado a Mañach sin sugerir que las sombras que usted ve en Cuba, al menos esas sombras, solo están, señora, en sus ojos.

16/11/2010 16:59 Luis Sexto #. Cultura



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