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EL INHUMANO PEDRO PAN DEL DESARRAIGO

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  Por Luis Sexto

 

  Empecemos por una historia personal: yo pude haber sido una víctima de "Peter Pan". Y esa Operación, clasificada en Miami como el mayor éxodo infantil en Occidente, se inscribe también -al menos en las circunstancias migratorias de Cuba-  entre los proyectos de terrorismo psicológico más carentes de ética y de bondad, aunque haya adoptado gestos y lenguaje de la caridad cristiana.

 

  Mis vínculos con el imprescindible personaje infantil, usado paradójicamente contra el eslabón más endeble de la familia cubana, se reducen a dos o tres  datos más. A los l6 años, recién salido de un seminario católico por la nacionalización de la enseñanza y decidido a viajar al extranjero para continuar los estudios, nadie pudo pagar los 300 dólares de mi pasaje  a Madrid,  a pesar de que el Nuncio Apostólico hiciera alguna gestión para poder desembolsarlo en moneda cubana. Pero, enterado de que el Reverendo  Bryan O. Walsh enviaba la entonces recurrente "visa weiver" como si fuera una  postal de Navidad, le escribí y al poco tiempo recibí por correo ordinario el documento del Catholic Welfare Bureau que certificaba que el departamento de Estado me había otorgado el permiso para entrar en los Estados Unidos. Cruzar el estrecho de la Florida en avión costaba entonces 25 dólares, que pedí a una monja conocida desde mi infancia.

 

  Como es fácil confirmar, no llegué al entonces balneario de Miami. Casi unas semanas antes de abordar el avión de la hoy difunta Pan American, el presidente Kennedy suspendió los vuelos: comenzaba la crisis de los misiles, o Crisis de Octubre. Y mi vida modificaría, como es también advertible, sus destinos. Y advertible igualmente es mi intención al desengavetar esta común historia personal: he querido ilustrar cuán fácil resultó conseguir para un adolescente en 1962, lo que tan arduo, casi imposible a veces de obtener  es para un adulto en Cuba que desea emigrar ahora y desde mucho antes.

 

  Cierta propaganda en Miami evoca a la Operación Peter Pan -Pedro Pan, en un tardío y casi falso español-, como un hecho virtuoso e incluso providencial. Nuevamente, la desmemoria, cierta desmemoria culpable,  cambia la naturaleza de las cosas. Y lo que olía mal, empieza a oler bien; lo que fue tragedia se convierte en  sueño romántico; lo que crimen, caridad. Todo hoy se confunde en un ambiente donde la política lo justifica todo; una política que el odio contamina de modo casi unánime. Muy pocos se atreverían a ver hoy, principalmente en Miami, lo que dije al empezar esta nota: "Peter Pan" fue un proyecto de terrorismo psicológico con un propósito político desestabilizador de la familia cubana. 

 

  Más de 14, 000 niños adolescentes, entre los  tres y los 17 años,  viajaron sin sus padres a Miami y fueron repartidos por unos 40 estados de la Unión, asilados en escuelas o albergados por familias propias o ajenas. Los hechos son resabidos. ¿Por qué pasaron?  ¿Alguien se pregunta las causas? ¿Y si se lo pregunta, hallarán la verdadera razón de este éxodo infantil? Huían, podrán decir, del "paraíso comunista".  Y basta.  Intentan ignorar, u olvidar, que muchos de cuantos fueron desgajados a  edad  tan temprana de sus familias, por no decir patria, crecieron sobre un vacío afectivo y cultural, y sufrieron tanto desarraigo y tanta soledad como para decir: "No quiero recordar jamás lo que vivimos".

 

  Dicen ciertas crónicas históricas que la operación comenzó cuando le llevaron al reverendo Walsh un niño cuyos padres estaban en Cuba. El sacerdote lo acogió, y luego se percató de que muchos más se hallaban en la misma situación, es decir, fuera de Cuba sin sus padres. Pero según mi participación en esa historia, Father Walsh también los invitaba y les facilitaba a venir. ¿Por qué, si no, la carta con mi "visa weber" estaba firmada por él?  Y yo no estaba en los Estados Unidos sin mis padres. Iba, en cambio, a convertirme con su colaboración en uno de esos muchachos.

 

  En definitiva, todo comenzó cuando algunas emisoras que trasmitían contra la revolución, empezaron a difundir la especie de que el gobierno revolucionario quitaría a los padres la patria potestad sobre sus hijos. Recuerdo, en particular,  a  Radio Swan, repitiendo  esa amenazadora salmodia, y  cómo  las familias se aterrorizaron y llegaron a creer en ese infundio, en medio de las agresiones económicas, diplomáticas, incluso violentas que el presidente Eisenhower ya ejercía sobre el gobierno cubano: suspensión de la cuota azucarera, sabotajes a tiendas, fábricas, plantaciones cañeras, creación de campos de entrenamiento en Guatemala y Nicaragua para preparar a la futura brigada 2506. La Seguridad cubana llegó, incluso,  a encontrar, impresa, una versión apócrifa de la supuesta ley de la patria potestad. Estos datos, por lo general,  pueden ser confirmados en cualquier documento desclasificado en Washington o en La Habana, o en algún  periódico de aquellos años.

 

  Parece claro: la receta de "Peter Pan"  fue concebida y condimentada en las cocinas de los servicios secretos norteamericanos. Y si hasta ese momento en Cuba -1960-1962-, emigraban primordialmente los que tuvieron alguna ligadura  con la dictadura de Batista, y los revolucionarios ya arrepentidos, reformistas de la primera hora,  y los propietarios cuyos bienes fueron confiscados o temían se les confiscaran, a partir de la Operación Peter Pan se empezó a articular la cadena migratoria de padres que buscaban reencontrarse con sus hijos, de modo que la corriente familiar migratoria fuera también una expresión de rechazo popular a la "odiosa dictadura comunista".

 

  "Todos los que participaron en la histórica operación quedaron marcados", he leído recientemente en un resumen digital desde servidor norteamericano. Marcados, repito, por una fórmula de  terrorismo psicológico. No sé si alguna vez  monseñor Walsh, en sus reflexiones y exámenes de conciencia, llegó a reconocer  que su fervor cristiano fue brutalmente manipulado. No pretendo inquietar a los difuntos.  Más bien deseo darles el beneficio de la duda. Como nunca estuvo en Cuba, pudo aceptar como ciertos  los perfiles que le suministraron. Como tantos  que acatan cualquier visión de la realidad cubana sin haber pisado alguna vez el asfalto de una u otra ciudad cubana, o desde hace décadas no lo hacen. En 1993, o 94, coincidí en La Habana con un periodista cubano que marchó muy niño a los Estados Unidos. Es un hombre honrado. Una noche salimos a pasear, y lo llevé por la Quinta avenida. Al entrar en ese paseo ancho, iluminado y arbolado, con sus palacetes intactos, empezó a llorar. Ah, me dijo, yo crecí oyendo decir que los comunistas habían destruido la Quinta avenida. Y también -le dije- te dijeron que arrancaron todas las palmas del país, pero si te llevo por cualquier zona, verás que la palma, a pesar de los errores de algún ignorante bien intencionado, continúa siendo el árbol más orgulloso, gregario y abundante de la campiña.

 

  "Peter Pan", desde luego, tiene otra cara.  No niego que esos niños y adolescentes, pocos o muchos, hubieran podido emigrar cuando asumieran la responsabilidad del adulto,  o cuando sus padres lo determinaran, todos juntos. Pero, para ver esa otra cara, llena de  cicatrices, hay que intentar ser honrado y echarse a llorar por haber aceptado que desenraizar a un niño de su familia y su patria fue un acto noble. Cristiano. (Publicado en Progreso Semanal, Miami)

 

  

 

  

 

  

 

  

22/06/2009 09:16 Luis Sexto #. Política



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