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¿Cuál será mañana la política internacional de Estados Unidos?

Por Michell Collon

 

Con cada nuevo presidente de Estados Unidos, se dice: "¡No puede ser peor que el anterior!"

Se pensaba que Kennedy sería un presidente moderno y simpático. Empezó la guerra de Vietnam.Se pensaba que el piadoso Carter sería un presidente más honesto que los demás. Financió a Ben Laden en Afganistán. Se pensaba que George Bush padre sería menos agresivo que el cow-boy Reagan. Bombardeó Iraq. Se piensa que Obama será ...

 

Después de Bush todos esperamos un cambio o bien nos tememos los peor. ¿McCain u Obama? ¿En qué cambiarán las elecciones la situación de Iraq, Afganistán, Palestina, África, el Cáucaso, Cuba o Venezuela? ¿Y las relaciones con las grandes potencias, Europa, Japón, Rusia, China?

 

No creemos que la política internacional de Estados Unidos se decida en la Casa Blanca. De hecho, la elite estadounidense está dudando actualmente sobre la estrategia que se va a seguir en los próximos años. En este texto se analizan las dos opciones que se le ofrecen. La crisis económica hace que la pregunta sea aún más candente: ¿cómo hará Estados Unidos para seguir siendo la superpotencia que domina el mundo?

Este texto es un extracto de nuestro libro Los 7 pecados de Hugo Chavez (capítulo 11: Estados Unidos, el oro negro y las guerras de mañana), de próxima aparición. En las páginas anteriores se explican las razones del ascenso y posterior declive de Estados Unidos. Investig’Action considera necesario publicar ya este extracto para arrojar algo de luz sobre los actuales debates acerca de las elecciones en Estados Unidos…

 El fracaso de Bush

 ¿Qué balance se puede hacer de esta guerra global que la administración Bush ha llevado a cabo a partir del 11 de septiembre? Negativo. Prácticamente en todas partes…
En Afganistán e Iraq Estados Unidos desencadenó sendas guerras que ha sido incapaz de ganar y que no ganará nunca. A Bush le hubiera gustado emprender una tercera contra Irán, pero al estar demasiado debilitado tuvo que renunciar a ello. El objetivo de esta guerra era asegurar a Washington el control del petróleo. En cinco años su precio ha pasado de 25 dólares a más de 100 dólares, lo que ha tenido unas consecuencias muy negativas para la economía estadounidense y mundial.
En América del Sur Estados Unidos ha perdido total o parcialmente el control de casi todas sus colonias: Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay, Argentina y Brasil. En el momento de escribir estas líneas sólo le quedan Perú, Chile y Colombia.

También en África la resistencia se ha marcado tantos. El Congo de Kabila se ha negado a ponerse de rodillas. Y cuando Washington buscaba dónde instalar el centro de su nuevo mando militar Africom, todos los países declinaron educadamente.
Igualmente, en el sur de Asia a un grupo de estrategas estadounidenses les preocupaba recientemente el ascenso de las resistencias en todas la región y proponía reforzar la ‘capacidad de proyección’ de Estados Unidos en el sur de Asia. En su jerga esto quiere decir los medios de organizar el desembarco de militares, bombardeos o apoyo a golpes de Estado. Pero se apresuraron a señalar que debido a la impopularidad de Estados Unidos en esta región sería imposible encontrar un país que pudiera acoger la sede de esta fuerza estadounidense (1).
La política de Bush ha provocado resistencias incluso entre los aliados europeos. Así, en la cumbre de la OTAN en Bucarest del pasado mes de abril George Bush reclamó una nueva expansión para integrar en esta ocasión a Ucrania y Georgia, dos pistolas que apuntan a Rusia. Pero sufrió la negativa firme y pública de Alemania, Francia, España, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, poco deseosos de enemistarse con Moscú, su suministrados de gas. Steve Erlanger y Steven Lee Myers, dos analistas cercanos al Pentágono, vieron en ello «un notable fracaso de la política de Estados Unidos en una alianza normalmente dominada por Washington» (2).

En Rusia, precisamente, el tono está subiendo. Moscú se niega a que se instale en el continente europeo unas armas que Estados Unidos llama escudo antimisiles: «Si una parte del potencial nuclear de Estados Unidos está en Europa (...), tendremos que tener unos objetivos en Europa» (3). Además, en mayo de 2008 Rusia probó un nuevo misil intercontinental de cabezas múltiples «en respuesta a los actos unilaterales e infundados de nuestros socios», declaró Putin. Sin embargo, Washington asegura que el escudo antimisiles no se dirige contra Rusia, sino sólo contra Estados como Irán. Pero Putin replica: «ningún misil iraní tiene tanto alcance, así que es evidente que esta novedad también nos concierne a nosotros, los rusos» (4).

 China, como Rusia, tampoco dio marcha atrás ante las múltiples presiones y campañas organizadas por Washington.


La elite estadounidense se divide

 Hace diez años Zbigniew Brzezinski, ex-consejero del presidente Carter y el estratega más importante de Estados Unidos, publicó El gran tablero de ajedrez, una especie de libro de instrucciones sobre «Cómo seguir siendo la única potencia que domina el mundo» (5). Con la brutalidad de quien ya no está en el poder, en este libro explicaba que era imperioso que Washington debilitara no sólo a sus rivales, Rusia y China, sino también a Europa y Japón, y que les impidiera aliarse entre sí. Divide y vencerás.

 ¿Que nota se podría poner hoy en día a George Bush basándonos en los criterios definidos por Brzezinski? ¿Ha conseguido debilitar a las grandes potencias rivales? Notable en relación a Japón, bien (por ahora) en lo que concierne a la Unión Europea, pero suspendido en lo que concierne a Rusia y muy deficiente en lo que concierne a China.

 Bush ha provocado globalmente tantas resistencias que el dominio de Estados Unidos se ha debilitado. Los sectores que le habían llevado al poder (armamento, petróleo, automóvil, defensa, farmacéuticas) constatan que las guerras de Bush no han aportado ni grandes beneficios ni nuevas zonas de explotación. De hecho, han costado más que los beneficios aportados. Y la administración Bush ha demostrado ser un pequeño círculo restringido que piensa mucho cómo llenarse personalmente los bolsillos pero que es incapaz de tener sutileza táctica y una verdadera visión a largo plazo.


Una vez que el fracaso ha resultado evidente se ha exacerbado las divisiones en el seno de la elite estadounidense, e incluso de la administración Bush. A partir de 2006 los neocons han tenido que ceder el terreno. Han tenido que aceptar que el ministro de la Guerra, Donald Rumsfeld, sea sustituido por Robert Gates, un hombre de la Trilateral y de la tendencia Brzezinski. En un discurso pronunciado ante los alumnos de la Academia Militar de West Point el nuevo ministro en cierto modo aceptó la debilidad del militarismo estadounidense: «No combatan a menos que se vean obligados a ello. Nunca combatan solos. Y nunca combatan durante mucho tiempo» (6). Tiempo después la comisión bipartita Baker-Hamilton condenó el intento de Bush de remodelar el ‘Gran Oriente Próximo’ por no ser realista y recomendó, por el contrario, un enfoque más táctico respecto a Siria e Irán.
Incluso en el seno de los servicios secretos y del ejército se han desencadenado varias revueltas. En diciembre de 2007, cuando Bush quiso preparar un ataque contra Irán bajo el pretexto clásico de las armas de destrucción masiva, dieciséis servicios de inteligencia estadounidenses sorprendieron a todo el mundo publicando un informe donde constataba que al menos desde 2003 Irán había suspendido su programa nuclear. (Continuará)



28/10/2008 10:54 Luis Sexto #. Política



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