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VIVA LA ESPERANZA

20071022143332-esperanza.jpgPor Luis Sexto

El argentino Jorge Luis Borges escribió dos versos sobre la esperanza que me gustan y no me gustan. Forman parte de un soneto que empieza pidiendo: “Señor, defiéndeme”… de una retahíla de peligros que omito, y al final, en los versos 13 y 14, dice: “No de la espada o de la roja lanza/ defiéndeme, sino de la esperanza.” 

Es ahí, en esas dos últimas líneas, donde estoy de acuerdo y en desacuerdo con Borges. De acuerdo en que concibió una aguda idea poética, y en desacuerdo, porque quizás la esperanza sea la mejor defensa humana. A mi parecer, la mayor pobreza sería carecer de esperanzas. Para quitarlo todo, Dante pone a las puertas del infierno de su Divina comedia, un letrero que congela el alma: “Lasciate ogni speranza…” Dejen toda esperanza los que aquí entran.  

La esperanza, desde el punto de vista religioso, se define como una virtud teologal. Y es, además, una virtud política, amorosa, económica, humana. Humana y política sobre todo. ¿No dice la sabiduría del pueblo que lo último que se pierde es la esperanza? La esperanza es como la ilusión: el aire del espíritu. Sin ella, tal vez no vivamos, solo existamos. Vivir es saborear el día, aspirarlo, bañarnos de la fortuna de estar vivos. Existir es solo eso: respirar.

Por ello, la política nunca ha de mentir la esperanza. El capitalismo la miente a muchos y, sin embargo, la ofrece como esa zanahoria que ciertos comics amarran delante de los belfos de un caballo de tiro. Hala, hala; coge la zanahoria. Eso explica hasta cierto punto que sobrando a veces las razones objetivas, falten las subjetivas para hacer la revolución.  Los gobernantes de nuestro país han sido muy cautelosos en prometer, en dar esperanzas. Nunca las falsas. Porque de desengaños –afirma el pueblo- también se muere. Y por ello solo tienen derecho a estar vigentes, las esperanzas reales, las inmunes a la disolución.  

bien, siempre tiene que haber esperanza. Es una fuerza que se entronca con la dignidad. Juntas esperanza y dignidad producen la fórmula de la integridad moral. Y por ello nadie ha de pedir o desear, como solicitaba el poeta Borges, que alguien nos resguarde o defienda de la esperanza. Es nuestra arma más contundente. Posee la naturaleza mágica de la poesía primigenia. Antes de la siembra, los agricultores de la comunidad primitiva cantaban sus conjuros para conseguir una fecunda cosecha. Y la fe en el canto trasmitía la esperanza. Y la esperanza inspiraba a redoblar el cultivo y el esfuerzo. 

Lo tendremos todo mientras sintamos en la intimidad del latir colectivo, que nuestra obra -esa que necesitamos más eficiente, más racional, más justa- debe perdurar como un mandato de la historia, como una urgencia del presente en tránsito hacia el futuro. Lo tendremos todo, porque tendremos la esperanza. La esperanza es un ingrediente del realismo político.Si uno tuviera la ocasión de modificar el soneto de Borges, en vez de pedir que nos defiendan de la esperanza, después reflexionar en una argumentación de remota y antropológica raigambre, solicitaría que nos protegieran de la desesperanza. Pues de la esperanza, me defiendo yo.

21/10/2007 16:31 Luis Sexto #. Ética



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