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LA PIEDRA Y EL TROPEZÓN

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Luis Sexto

No sé cuándo quise responder la pregunta de por qué el hombre tropezaba dos veces con la misma piedra. Creo haber dicho que tropezaba porque desconocía las lecciones del pasado o porque… quería. Claro, me basaba en esa verdad que circula convertida en una frase latina: Errare humanum est. Es decir, que es propio del ser humano equivocarse, pero equivocarse dos veces en el mismo terreno, en el mismo asunto… Ah, ya eso es algo más que equivocarse.

Lo pienso ahora como lo pensé hace meses. Y regreso al tema, porque  oí decir que en Cuba estábamos acostumbrados a trabajar sobre el error. Lo decían con seriedad. Y no con ánimo de crítica, sino aceptando que esa era nuestra norma, nuestro método. Equivocarnos y tratar de rectificar. No resulta esa, desde luego, mala política. Uno yerra y corrige el error. Saludable. Justo. Lo que ocurre es que el contexto en que tan filosófico aspecto se ventilaba, admitía que habitualmente se corregía el error… con otro error.

Así el problema cambia de faz. Y lo que se apreciaba como un rostro amable, se transforma en la cara arrugada, repulsiva, de la bruja de Blanca Nieves, o en la del Retrato de Dorian Gray, libro de Oscar Wilde, cuyo personaje, en un pacto con el diablo, se mantenía joven, pero su imagen adquiría las arrugas de todos sus yerros y pecados. Al final, podemos imaginar aquella pintura. Espantaba. ¡Cuánto mal había hecho aquel sujeto en su perdurable juventud! Su historia se resumía en un error sobre otro error.

No quisiera, pero debo admitir  que por algunas esquinas de nuestra patria pululan los retratos de Dorian Gray. Esos que rectifican a ojo pelado, siguiendo imperativos cuya ejecución es inmediata, sin pretextos, burocráticamente ordenada y burocráticamente ejecutada. Y la película filma y filma metros de cinta sin cambiar de imagen: Hoy corriges aquello que hiciste mal, y mañana, cuando se hace necesario rectificarlo, actúas cañoneando la razón en una segunda vuelta. Y la noria gira, gira, gira…

El hombre como especie, y con este  muchos de nuestro hombres y mujeres -sean obreros, profesionales, funcionarios, gobernantes-  tropieza, pues, dos veces con la misma piedra, porque ignora las lecciones de la historia, la experiencia, la ciencia, o porque desea equivocarse; le importa poco el gasto, que al fin no paga, y sólo le interesa cumplir a cualquier costo. Lamentablemente, todo esto no significa la trama de una novela o el guión de una película. Es verdad. La mentalidad burocrática nos empuja, incluso, a no tener en cuenta a la gente. ¿Que hace daño? ¿Que la solución de un problema molesta a los vecinos? Bueno, se sigue diciendo que no estamos para reparar en exquisiteces. Y si hace diez años les molestaba, ahora, con la solución, se agrava la molestia. La queja  no es solo un capricho, un preciosismo vecinal.  Tengamos en cuenta que aquello violó las leyes sobre el medio ambiente, y que esto otro, el llamado mejoramiento, las sigue violando, y los vecinos han sufrido perjuicios y los seguirán, ahora padeciendo. En suma, dos perjudicados: leyes y ciudadanos. Y también   la racionalidad de la economía y la justicia social. ¿Adónde vamos a parar?

 Ahora, en la actualización de la sociedad, en su reforma, en sus replanteos, ojalá que este filme, o este libro sobre la fábula del retrato de Dorian Gray no sea verdad. Y que el griego que lo dijo no tenga nuevas razones para seguir diciendo que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Pero,  apartando incapacidades y malas intenciones, si seguimos tropezando, habrá que llamar en nuestro auxilio a otro refrán: El ojo del amo engorda el caballo. Esto es, allanemos los caminos, desterremos las piedras de nuestros campos. Y pongámonos a dirigir el tránsito, con los cien ojos de un pájaro mitológico.  Y quien siga tropezando, convirtiendo en papel estrujado las ideas y directrices básicas para hallar las rutas seguras y provechosas, pague sin justificaciones al  "ojo del amo", a pesar de cuanta piedra tiran desde  Miami o Washington, que nos han ayudado muy generosamente a tropezar, aunque ellos modestamente lo nieguen.

Lo repito: quien sólo molesta, estorba, distorsiona debe  por iniciativa personal quitarse, y si no se quita, el Gobierno debe quitarlo. Y, sobre todo, abrirles el paso a los más aptos, que a veces siguen en las cunetas viendo sus mejores tiempos pasar... Y viendo al país avanzar muy lentamente, entre viejos tropezones. En este momento, podríamos inventar otra frase capsular:  el que poco avanza, se va quedando atrás.

17/07/2012 11:11 Luis Sexto #. Política



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