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CENTENARIO REIVINDICADOR

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Luis Sexto

Con el comienzo de este año, se iniciaron las celebraciones del primer centenario del dramaturgo, prosista y poeta Virgilio Piñera, nacido en Cárdenas el 4 de agosto de 1912 y fallecido en La Habana el 18 de octubre de 1979. Y a propósito de este acontecimiento, Ediciones Unión, de la UNEAC, ha publicado un libro que ayuda a esclarecer la obra y la vida de Piñera de modo que, tras su lectura, cualquier lector podría decir que ha conocido a la persona y al escritor.

El libro se titula Virgilio Piñera en persona, de Carlos Espinosa, crítico nacido en 1950. El volumen de 370 páginas está compuesto a base de testimonios  de familiares y amigos, además de textos con matices autobiográficos de Virgilio Piñera. En realidad, es un libro cuyo interés no decae. Las múltiples voces que lo evocan y lo juzgan se concilian de modo que todas van poniendo un dato para articular una definición, un retrato bastante cabal del polémico escritor.

El autor de Electra Garrigó, pieza teatral que plantó la semilla de la renovación del teatro cubano, afrontó la crítica y la incomprensión. Él mismo fue crítico e incomprensivo. Por ejemplo, rechazó crudamente la crítica a esta  obra nueva, audaz, una propuesta teatral distinta a la tradicional. En general, la obra y la vida de Piñera están signadas por la polémica. Y este libro titulado Virgilio Piñera en persona lo confirma. Es un texto basado en la verdad. Nada se oculta ni siquiera los defectos del autor de Cuentos fríos. Todavía, estoy seguro, la obra de Virgilio Piñera seguirá suscitando reacciones a favor y en contra. Todavía, me parece, no se ha dicho la última palabra sobre algunos de sus libros, de su estilo, en particular de su prosa narrativa donde uno, a veces, se topa con algún descuido, algún lugar común. Pero a pesar de lo que les podría faltar a sus cuentos, sobre todo a sus cuentos, nos arrastra  la imaginación de Piñera, imaginación penetrante, anticipadora, incluso racional dentro de un absurdo irónico e hiriente.

Para este comentarista, lo mejor de Piñera es su teatro. Pero creo también que no se le puede juzgar por segmentos, que hay que englobarlo dentro de su vida personal y su obra, de su capacidad para amar y también para odiar. Carlos Espinosa, en Virgilio Piñera en persona,  nos lo ofrece así: completo. Y este testimonio no solo delinea una imagen del dramaturgo, el narrador y el poeta, sino que también es un cuadro conmovedor de la época y las circunstancias en que Piñera nació, creció y se formó.

Teniendo en cuenta las vicisitudes e incomprensiones  que acompañaron sus años de formación humana e intelectual, incluso su madurez como creador, quedamos tentados a releer sus obras, sobre todo, además de su teatro, su narrativa. Me parece que es la mejor forma de conmemorar que hace cien años vino al mundo este escritor desafiante, provocador, y conflictivo en sus relaciones personales. Sufrió una niñez un tanto caótica, por la pobreza ocasional y el temperamento sicótico de su padre. Y en su madurez literaria afrontó el ostracismo, un ostracismo injusto dictado por enfoques dogmáticos, que confundieron los límites de la libertad con el sexo, el compromiso político con la desnaturalización del criterio.

Piñera  supo sufrir con dignidad. La celebración de su centenario es su reivindicación. (Trasmitido por Radio Progreso, sección Al pie de las letras)

 




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