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HISTORIAS DEL JUEZ

Luis Sexto

 Libros publicados en Cuba

Enrique Serpa es reconocido en la literatura cubana por ser autor de una novela ejemplar: Contrabando y un cuento clásico: Aletas de tiburón. Nacido en 1899 y fallecido en 1968, construyó una obra literaria y periodística extensa y calificada. También dejó textos inéditos o no recogidos en libros. Y ahora, la Editorial Letras cubanas, con un prólogo muy lúcido de la investigadora Cira Romero,  ha puesto en librerías Historias del juez (viejas radiografías pueblerinas), nunca antes recogidas en un volumen, aunque la mayoría sí publicadas en revistas y periódicos

Antes de emitir cualquier juicio, estoy de acuerdo en que este libro de Serpa fuera salvado de languidecer entre los papeles olvidados del competente narrador. Hay, pues, que estar satisfechos por que la  política editorial intente hacer de la literatura cubana un continuum, publicando a autores  reconocidos antes del triunfo de la Revolución, incluso a aquellos que viven o murieron en el extranjero, como Enrique Labrador Ruiz, de quien un volumen con varias de sus crónicas de viaje se presentó en la reciente Feria Internacional del Libro de la Habana.  Mas, aunque el poco volumen  de mi voz de comentarista coincide con la autora del prólogo en elogiar la decisión editorial,  es preciso advertir, desde mi punto de vista, que Historias del juez (viejas radiografías pueblerinas) no clasifica entre lo mejor de Enrique Serpa. No sugiero, desde luego, que sido atinado publicar este libro solo para ser justos con un autor. Y a pesar de  que, según mi juicio, no compone una obra excepcional o excelente en la bibliografía de Serpa, se ha publicado porque  posee interés y valores literarios e históricos.

El personaje narrador  es un  juez local que cuenta, a veces en primera persona, otras veces, en tercera, los azares del pueblo donde administra justicia. Desde ese punto de vista, el libro es como una postal, una radiografía como dice el subtítulo, de la vida mortecina, apagada, de muchos de nuestros pueblitos antes de 1959. Todo cuanto ocurre sucede en los primeros 50 años de república. Y desde ese punto de vista, es un complemento sustancial de  nuestra historia y de las razones que nutrieron a la revolución.

 Y por esa misma voluntad de contar lo que era –pretérito vivido y sufrido por el escritor-, Serpa no prioriza tanto la acción de sus relatos, y pinta  más bien un fresco sumamente detallado del ambiente pueblerino y sus perfiles sociopolíticos. A veces a uno le parece que en Historias del juez (viejas radiografías pueblerinas)  sobran palabras y que el final nos deja ganas de que el relato  termine de otra manera. Pero, al parecer, Enrique Serpa prefirió elegir la actitud  del escritor costumbrista antes que ser en este libro lo que había sido: el cuentista dominador de la síntesis y la concisión. Y eso es Historias del juez: un libro costumbrista, en el que abundan los detalles descriptivos del paisaje urbano y rural, y de la psicología del pueblo y sus habitantes. Y, como dije,  la atmósfera de las relaciones sociales y políticas  envuelve indirectamente a esta aldea que bien podríamos ver como una metáfora de la Cuba de jueces de saco y pajarita y de ricos tan poderosos como para dictar o burlar las leyes. 

Juzgando estilísticamente, tras haber acusado a la obra de abultada, pienso que, si sobran palabras, la causa habría que atribuírsela, en aparente contradicción,  a  la maestría de Serpa, que supo adecuar el estilo de las historias  al estilo del personaje narrador, hombre de códigos e incisos, y por tanto apegado al detalle y las redundancias imprescindibles en la expresión de  la jurisprudencia.

Historias del juez (viejas radiografías pueblerinas) nos va a gustar, en particular por cierta dosis de humor,  y nos va a enterar o a recordar de un tiempo y un ámbito social  que ya no existe, o al menos no existe con el tono y el paisaje del pasado. (Tomado de de la sección Al pie de las letras, de Radio Progreso.)

 

04/03/2012 13:06 Luis Sexto #. Literatura



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