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PREGUNTAS Y RESPUESTAS

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Por Luis Sexto

Como profesor de la Facultad de Comunicación Social, cada año los alumnos que preparaban sus trabajos de diploma o tesis de grado me sometían a numerosos y variados interrogatorios. Me parece útil reproducir varias de esas preguntas y respuestas, alusivas a diversos temas que los estudiantes suponían que el profesor dominaba, quizás por viejo. Cuarenta años en el periodismo, tal vez,  me autorizan a exponer criterios que  sirvan  como un aviso, una señal.

PERIODISMO Y REALIDAD

P.- ¿Toda problemática social es de interés periodístico? ¿Cuándo podemos decir esto?

R.- De primera intención podríamos decir que toda problemática social –creo entender problema más que problemática- ha de interesar al periodismo. En suma, la razón de ser de nuestra profesión es captar, sintetizar, codificar la vida social –la realidad- y difundirla como información. Eso es así, quizás desde los avissi venecianos, en el Cuattrocento, o desde mucho antes. ¿Por qué aparecieron? Pues, para empujar el desarrollo del comercio, de los viajes, para estimular, mediante el conocimiento general o de cuantos sabían leer, la certeza de que el mundo se ensanchaba. Es decir, la gente necesitaba saber para actuar.

Desde luego, tanto ayer como hoy la prensa difunde información desconocida y significativa. Esa es la noticia. Lo conocido no es, habitualmente, contenido de los medios periodísticos. Por lo tanto, siempre hay que discernir qué problema debe de ser interesante para caber en un periódico. Esa condición es relativa. Depende del tipo de sociedad y de las circunstancias.

Por supuesto, ese espectro sobresale por su anchura. Todo cuanto pueda tener una incidencia social, y sea información desconocida y significativa, interesa a lectores, escuchas y televidentes. Para ello, ya sabemos que la teoría del Periodismo ha determinado los valores de la noticiabilidad: proximidad política, proximidad geográfica; interés humano;  proximidad psicológica, afectiva, etcétera. Si cualquier problemática social cumple esas o algunas de esas condiciones, compete al periodismo, teniendo en cuenta, como dije, la naturaleza del sistema social. Quizás, como sabes, un cortador de caña recordista, no debe interesar en Estados Unidos, España, México o Bolivia, pero a nosotros, por su vinculación con el orden político y económico de Cuba, tuvo, con más o menos fortuna, espacio en nuestros medios. Si no interesó más fue por causa de nuestras limitaciones formales y periodísticas. Por ejemplo, a quién no le interesaría en Cuba un reportaje sobre las fiestas house. O el problema de las jineteras, o el trasiego clandestino de mercancía desde cualquier puerto, o el porqué nuestra agricultura se retrasa y languidece en la improductividad. En efecto, que toda problemática social puede ser, relativamente, de interés periodístico por sí misma. Después, viene lo otro: que sepamos expresar ese interés en la forma apropiada para que el interés no se diluya en la nada.

P.- ¿Considera que le corresponde al periodismo estar en el centro de la vida misma, aunque haya baches –casi insalvables– que saltar?

R.- Debe estar en el centro de la vida. Esa es su función. Claro, que la presa integra la estructura del poder; se debe a reglas, normas, regulaciones, impuestas por el Poder. Lo de Cuarto Poder en las sociedades capitalistas es un sofisma, en todo caso un Cuarto Poder que se pliega al primero cuando es necesario. No olvidemos que los dueños de periódicos son capitalistas. Por ejemplo, en Cuba, durante la república neocolonial, había un acuerdo implícito entre los medios: ninguno podía atacar a otro, y mucho menos a sus directores o propietarios. Había solidaridad de clase. Ahora, debemos estar en el centro de la vida, pero los periodistas honrados afrontan limitaciones. Algunas justificadas por el interés nacional y  otras como expresión de una burocracia que no tolera que le quiten la paz de administrar sin rendir cuentas. Pero, la prensa ha de luchar, no antagónicamente, contra las limitaciones. La crítica es dolorosa, pero los periódicos, en Cuba, insisten en mantener el derecho de advertir, alertar, sacudir para construir y preservar. Una sociedad que no pueda construirse tal como es en un periódico es, al parecer, una sociedad enferma, o cuando menos inestable.

En otras sociedades el antagonismo es inevitable entre la prensa de izquierda y los gobiernos de derecha. O entre la prensa revolucionaria y la prensa de apropiación privada, como en el caso de Venezuela.

PERIODISMO Y LITERATURA

P.- No han existido medias tintas entre “literatura” y “periodismo”: antes del “Nuevo Periodismo” norteamericano muchos escritores de ficción publicaron en periódicos piezas literarias (de no ficción), que se han clasificado además como periodismo; y a partir de los años sesenta los nuevos periodistas emprendieron un periodismo que se propuso clasificar (y lo logró) como literatura (de no ficción).

R.- En efecto, parece que el periodismo literario está presente desde el siglo XVIII, con El diario del año de la peste, de Defoe. Ese es un reportaje que hoy se llamaría literario o narrativo, literatura de no-ficción. A mi parecer, sin embargo,  la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, en el XVI, es un antecedente notable. El conquistador español, devenido narrador, escribió un gran reportaje, quizás el primero en nuestra lengua y el primero sobre América. Es un texto de información actual en aquella época y  contada como una novela, viéndose más que oyéndose. Después, el periodismo literario, dicho sumariamente, pasa por Víctor Hugo, José Martí, James O´Kelly; los modernistas Manuel Gutiérrez Nájera,  Rubén Darío, Enrique Gómez Carrillo; también por José Ortega y Gasset, Azorín, Ramiro de Maeztu;  John Reed, Pablo de la Torriente Brau, Hemingway, García Márquez, Norman Mailer y muchos más antes de la aparición del Nuevo Periodismo.

P.- En realidad, el llamado “periodismo personal o literario” no es un fenómeno nuevo; mas solo de un tiempo acá empezamos a reflexionar sobre tal hibridación y a crear conscientemente desde ese baluarte. ¿Pudiera decirse que el periodismo literario no es literatura (aunque pudiera llegar a serlo), sino una variante periodística que se vale de algunos de sus recursos técnicos y de estilo para agregar a sus enunciados perdurabilidad y atractivos?

P.- A mi juicio no es literatura en su estricto sentido, pero es una categoría de arte, porque combina el tratamiento de la actualidad con los recursos estéticos de la narrativa. Es decir, en el periodismo literario se aprecia también una apropiación artística de la realidad, pero sin ficción. Resulta una mezcla creadora de los fines y géneros del periodismo con la sensibilidad, las técnicas y el lenguaje literarios, de modo que el contenido informativo resalte por su profundidad y sensibilidad. Lo caracterizan las técnicas de la narración: el predominio de la acción, la trama, los  puntos de vista personal, espacial, temporal; las estructuras circulares, cronológicas, discontinuas, invertebradas. Estilísticamente singulariza al periodismo literario un lenguaje ajustado en el tono a su tema, y una organización del enunciado variable en su ritmo, armónica, con un nivel tropológico que, además de embellecer la prosa, la haga más diáfana y precisa. Es decir,  calidades estéticas que permitan que el texto permanezca vigente, vivo.

P.-¿Qué géneros (literarios y periodísticos) pueden merecer tal clasificación?
Explique y ejemplifique en cada caso.

R.- Al menos en el periodismo, los géneros no merecen esa clasificación, sino el resultado de su tratamiento. Son los habituales del periodismo, pero enriquecidos por el tratamiento literario. Digamos que el reportaje y la crónica se ajustan muy bien al periodismo literario. En el reportaje se cuenta una historia y su lenguaje y estructura pueden apegarse a lo literario. La crónica exige un lenguaje casi poético, una exaltación lírica y su estructura puede ser: cronológica o circular o zigzagueante. También el artículo cuando se realiza con actitud de ensayista, esto es, que valora  tanto el concepto como la forma. Pongamos por ejemplo, los artículos de Jorge Mañach en el Diario de la Marina, o sus Estampas  de San Cristóbal y Glosario en El País, entre los años 20s y los 30s del siglo XX. En ellos hay estilo seductor, cautivante, sin dejar de ser claro y conciso. La entrevista de personalidad, si trasciende la rutina de preguntas banales y de un esquema sin vitalidad, sin interés, también se inserta en el llamado periodismo literario.

 

P.-En general, ¿cómo aprecia el comportamiento del periodismo personal o
literario en Cuba?

R,- No es frecuente, ni común. Sin embargo, son numerosos los periodistas que lo escriben: Leonardo Padura, Yamil Díaz Gómez, Ciro Bianchi, José Alejandro Rodríguez, Michel Contreras, Luis Vázquez Muñoz, José Aurelio Paz, Enrique Milanés León, Eduardo Montes de Oca, Félix Guerra, Osmar Álvarez Clavel, Leandro Estupiñán, Jesús Arencibia, Roger Ricardo, Rafael Grillo, Francisco G. Navarro, Julio García Luis, Joaquín Ortega, Katiuska Blanco, Rosa Miriam Elizalde…

P.-De la historia del periodismo cubano, hasta hoy, menciones autores y obras paradigmáticas.

Solo es posible ahora una breve enumeración: Escenas norteamericanas, de José Martí, y el reportaje Terremoto en Charleston, del propio Maestro; Episodios de la revolución cubana, de Manuel de la Cruz; muchas crónicas de Julián del Casal; Presidio Modelo, de Pablo de la Torriente; Estampas de San Cristóbal y Glosario, de Jorge Mañach;  Los ojos de Argos, de Ruy de Lugo Viñas; Prosas Varias, de  Miguel Ángel de la Torre; Crónicas, de Miguel Ángel Limia; artículos y crónicas de Rubén Martínez Villena; Bufa subversiva, de Raúl Roa; Prosa de prisa, libro con crónicas y artículos de Nicolás Guillén; crónicas y artículos de Ramón Vasconcelos, Fernando G. Campoamor, Félix Pita Rodríguez, Mirta Aguirre;  reportajes de Lino Novás Calvo; textos de la sección En Cuba, de Enrique de la Osa; los reportajes de Gente de pueblo, reunidos bajo ese título por Onelio Jorge Cardoso;   libro de crónicas de viaje de Francisco C. Bedriñana,  titulado Nuestra América es así; artículos y reportajes de Lisandro Otero; Los fantasmas de Omaha, reportajes de Jaime Sarusky recogidos en un libro con ese título; Ahora se acabó el chinchero, de Santiago Cardosa Arias; El año 61, de Dora Alonso, volumen de sus experiencias en La Sierra Maestra después del triunfo de la Revolución y su faena como corresponsal de guerra en Playa Girón,  y El viaje más largo, colección de reportajes, de Leonardo Padura… Y siendo objetivo, justo y honrado como clasificador, tengo que anotar también que, en un tiempo, sobresalieron Norberto Fuentes, con los reportajes de Nos impusieron la violencia; Manuel Pereira, con Cro-nicas, publicadas primeramente en Granma y luego compiladas en libro,  y Bernardo Marqués. El destino político ulterior no puede limitar el perfil periodístico literario de estos  tres autores, ni invalidar a su obra anterior. (Toamdo de La palma de la mano)




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