Facebook Twitter Google +1     Admin

LA VIGENCIA DE LA DOCTRINA MONROE

20060803040118-monroe.jpg

Por Luis Sexto 

Acabo de leer lo siguiente en el periódico La Jornada, de México:  

“Tony Snow, vocero de la Casa Blanca, declaró que ‘una cosa que queremos hacer es continuar asegurando al pueblo de Cuba que estamos listos para ayudar, y se refirió al informe más reciente de la Comisión para la Asistencia a una Cuba Libre que establece nuevas medidas y mecanismos para promover la política anticastrista de Washington. Afirmó que ’estaremos listos y ansiosos para otorgar asistencia humanitaria, económica y de otra naturaleza al pueblo de Cuba’.  

“Pero al parecer, sólo Estados Unidos tiene derecho de participar en el proceso interno de transición en Cuba. El senador (Mel) Martínez y el secretario de Comercio, (Carlos) Gutiérrez, advirtieron por separado contra la ‘interferencia’ de fuerzas externas en Cuba. Al responder a la pregunta de qué debería hacer el gobierno estadounidense, Martínez respondió ‘primero y ante todo, impedir que cualquier fuerza desde afuera de interfiera (en Cuba)’. Al preguntársele a qué se refería, dijo: ‘Estoy pensando en Venezuela, particularmente. Esto es un asunto para ser resuelto por el pueblo cubano’. A su vez, Gutiérrez subrayó: ‘Prometemos desalentar a terceros en obstaculizar la voluntad del pueblo cubano’.“ 

Hasta ahí la cita tomada del periódico. Y tras una breve reflexión, uno -yo, cualquier lector zahorí y desprejuiciado- comprende que desde el siglo XIX los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos han seguido la misma política en determinados asuntos de política exterior. A veces, la administración actual se desmarca de la anterior, alegando el cambio de hombres. Pero, en definitiva, esos hombres no son tan distintos de los anteriores, porque los intereses son los mismos. Por ejemplo, el equipo de Eisenhower le pasó al de Kennedy, en 1961, la invasión a Cuba por una brigada de mercenarios, y todas las operaciones colaterales del clandestinaje contrarrevolucionario.  

Desde ese instante, con más o menos bríos, más o menos agresividad, las sucesivas administraciones mantuvieron las mismas leyes de embargo y bloqueo económicos, la misma hostilidad, las mismas amenazas… Ahora hay un recrudecimiento de esa guerra, a veces fría y a veces caliente, de los Estados Unidos contra Cuba. Y sobre todo se pone de manifiesto, como en 1823, la vigencia de la Doctrina Monroe: América (esto es, la latina) para los americanos (del Norte) Y mucho más preciso: Cuba para los americanos… del Norte. Con ese cuerpo de política exterior, los Estados Unidos advirtieron a las potencias europeas que nada tenían que hacer por las aguas del Caribe y mares adyacentes. 

Ahora, evidentemente, la Doctrina Monroe cobra vigencia.  Cuidado con intervenir en Cuba, dicen. Y añaden: Solo los Estados Unidos que –agrega textualmente el secretario Gutiérrez- “no representan una amenaza a la seguridad o los hogares del pueblo cubano”. “Bush reconoce –apunta- que Cuba pertenece al pueblo cubano y que el futuro de Cuba está en manos de los cubanos". 

Eso mismo reconocieron en 1898 con la Resolución Conjunta del Congreso norteamericano. Cuba  de derecho es y debe ser libre e independiente. Con esa declaración tan aparentemente justa y generosa se sumaron a la guerra hispano cubana; encontraron casi todo resuelto y recogieron los mangos en el suelo. Luego se quedaron controlando política y econonómicamente a Cuba, mediante un apéndice Constitucional impuesto desde Washington con el nombre de Enmienda Platt.  

Ciertos emigrados en Miami, que no son el pueblo cubano sino solo una mínima parte de él, desconocen u olvidaron la historia de su patria. Pero los cubanos de dentro de Isla, salvo aquellas excepciones que previó José Martí, la recuerdan y la mantienen viva. Y por muchas cosas que la Revolución tenga todavía por hacer o dar o reconocer, por muchas carencia materiales que suframos aquí –gracias también a la guerra económica de los Estados Unidos-  la independencia nacional, garantía de la supervivencia de la nación, es un bien irrenunciable.  Todo cuanto hice y haré –escribió Martí en su carta testamento político- ha sido para impedir a tiempo que Estados Unidos se apodere de Cuba. Casi lo reproduzco de memoria. ¿Qué cubano honrado no lo sabe y lo recita?

Uno de los méritos innegables de Fidel Castro consiste en eso: en haber convertido en lucha y logro, durante casi 50 años, este legado de Martí.   
02/08/2006 22:53 Luis Sexto #. sin tema



Powered by Blogia

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris