Facebook Twitter Google +1     Admin

CON GUITARRA O CON VIOLÍN

20170206005827-trump.jpg

 

     Por Lorenzo Gonzalo,

   periodista cubano radicado en Miami

   Pocos presidentes de Estados Unidos han llegado con el cayado en la mano y la espada colgando en la cintura. Donald Trump parece ser uno de esos pocos, desconociendo que siempre hay factores diversos que obligan a atemperar la conducta cuando se ocupa la dirección de un Estado.

   Trump ha llegado gobernando. En pocos días convirtió sus promesas de campaña en órdenes ejecutivas. Desde el muro que “pagará México”, hasta el desmantelamiento de la ley de salud conocida coloquialmente como Obamacare. Al propio tiempo y con iguales procedimientos ha desdicho algunas de sus acervas críticas a sectores que señaló culpables por los que considera “los desastres del país”. Por ejemplo, acaba de firmar una acción ejecutiva que pudiera eliminar o al menos recortar en su esencia la Ley Dodd-Frank, una de las insignias de la Presidencia de Obama. Esta Ley fue la respuesta a la Ley Gramm-Leach-Billey Act aprobada por Clinton en 1999, la cual desreguló la actividad de los bancos e hizo posible el surgimiento de los préstamos suaves que, entre otros factores, llevaron a la catástrofe económica del 2008. La orden que eliminaría la Dodd-Frank podríamos interpretarlo como un regalo a Wall Street, institución que condenó durante la campaña.

   La otra negación de sus promesas es que no ha cambiado la política en Medio Oriente y ha rechazado la intervención de Rusia en Crimea. Incluso se ha hablado de la posibilidad de enviar armas a los ucranianos. Respecto a Israel ya expresó su desacuerdo con los asentamientos en la Franja de Gaza y para colmo, algo poco común en un país donde el sector judío tiene gran peso, el Día de Recordación del Holocausto, no nombró a los judíos entre los afectados, alegando que diversos grupos fueron víctimas de aquellas atrocidades. Hasta hoy, sus decisiones sobre política exterior semejan una continuidad con la presidencia de Obama, a pesar que durante la campaña electoral la criticó fuertemente.

   Muchos de quienes rechazan a Trump no lo hacen tanto por sus inconsecuencias y desvaríos, como por un estilo de gobernar semejante al aplicado en las empresas. No hay manera que un Jefe de Estado, excepto que sea un dictador, pueda dar órdenes a la ligera o amenazar o buscar rozamientos con terceros, a modo de negociar. Su reciente encontronazo con el gobierno de Australia dimana precisamente de ese estilo vulgar aplicado en un mundo donde ganar dinero es la meta, sin interesar los medios. Todo país serio tiene mecanismos de balance, con los cuales es imprescindible cumplir. Ya hemos visto como un juez federal radicado en New York, impugnó la suspensión de visas decretada por Trump hace unos días, aduciendo que es inconstitucional. “Nadie está por encima de la Ley”, dijo otro juez radicado en Washington, “ni siquiera el Presidente”. Ahora el Ejecutivo apeló, y habrá que esperar por la decisión de la Corte de Circuito o si deberán apelar a la Corte Suprema. Pero definitivamente una cosa es con guitarra y otra con violín. No se gobierna un país de igual modo que se negocia desde el Trump Tower.

   Pasarán varios meses para saber el rumbo que toma su gobierno. A veces nos parece que reparte caramelos entre los republicanos y luego un poco de hiel. Trump sabe que su único poderío reside en torear la maquinaria del Partido que le permitió introducir su agenda y ganar.

Justamente 48 horas después de su dura posición con Rusia y su denuncia ante las Naciones Unidas, la defendió en una entrevista con CNN. No sólo se refirió a Putin en buenos términos, sino que declaró que es preferible tener a Rusia de aliado que de enemigo. Entonces el entrevistador preguntó en tono de aseveración: “pero Putin es un asesino” y Trumpo contestó “un asesino…un asesino…hay muchos asesinos…piensas que nuestro país es tan inocente”…¿Qué quiso decir? ¿Que también matamos o que no somos tan inocentes como para dejarnos matar?

   No hay dudas que la agenda de Trump constituye un nuevo capítulo para Estados Unidos. Un sector del capital será beneficiado o quién sabe si todos, pero internamente, para la ciudadanía, puede que no resulte tan beneficioso. El camino que siguen sus políticas apuntan hacia un aislacionismo relativo y las medidas que supuestamente traerán trabajo y pagarán por los desbalances comerciales, probablemente aumenten lo precios a un ritmo mayor que el de los salarios, agravándose más aún, cuando a los indocumentados se les niegue empleo y los nuevos obreros exijan sueldos acordes con el trabajo en que se desempeñan.

   ¿Podrá continuar todo el tiempo gobernando como si se tratara de la White Trump House en lugar del White House? ¿Y cuánto demorarán las mayorías republicanas en reaccionar adversamente? ¿Estará dispuesto ese Partido, que no es de Trump, a perder más espacios de los que ha perdido en los últimos doce años, desde Bush hijo a la fecha?

   Si Trump no aprende a tocar violín, el negocio, “este nuevo negocio” en que se ha metido, lo llevará a la quiebra y a ningún Jefe de Estado le es permitido declararse en bancarrota.

 

4 de febrero del 2017

05/02/2017 17:58 Luis Sexto #. Política



Powered by Blogia

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris