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LA DEMANDA DE CUATRO SIGLOS EN UN DÍA

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Por Luis Sexto

Trece años después, de no haber mediado su asesinato, el campesino Niceto Pérez habría podido detenerse en una de las puntas de su platanal y decir, quitándose en el sombrero en gesto de asombro y gratitud: Al fin, mía; al fin, nuestra la tierra. Miles de sus hermanos de clase, en cambio, tuvieron el privilegio de gritarlo el mismo día en que se cumplía el decimotercer aniversario de la muerte de ese campesino que se resistió a ser despojado de su pequeña finca en el realengo El Vínculo, Guantánamo, extremo oriental de Cuba.
En los primeros días de mayo de 1959, el capitán del Ejército Rebelde Antonio Núñez Jiménez, le preguntó al Comandante Fidel Castro dónde y cuándo se firmaría la Ley de Reforma Agraria, el Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, indicó: En La Plata, Comandancia General del Ejército Rebelde, en la Sierra Maestra. Y en cuanto a la fecha dijo que el 17 de mayo, cuando fue baleado el campesino Niceto Pérez, en 1946.
La ley de Reforma Agraria, de cuya proclamación se cumplen 50 años, fue la principal medida de la Revolución cubana en los primeros cinco meses de haber asumido el poder luego de derrocar el régimen del general Fulgencio Batista, dictador apreciado y protegido por el gobierno de Eisenhower. La reforma de la agricultura era el compromiso básico con los campesinos que integraron el ejército revolucionario en las montañas o lo apoyaron. Y era, sobre todo, la respuesta liberadora a un sumario de opresiones y saqueos resumido en una palabra y un hecho en la república antes de 1959: latifundio.
La concentración de la tierra había empezado a agudizarse a finales del XIX. En 1899, el gobierno interventor de los Estados Unidos en Cuba, tras la guerra hispano-cubano- norteamericana, dictó dos medidas que favorecieron el traslado de tierras cubanas a propiedad de empresas y compañías norteamericanas. La orden 34 permitió la adquisición y expropiación las extensiones necesarias para tirar las paralelas de los ferrocarriles, y la 62, que con el pretexto de reglamentar la división de las haciendas comuneras, facilitaba la venta de estas a las más poderosas empresas estadounidenses, a veces a precios que generaban la risa. Un protocolo notarial de 1905 perpetuó una escritura de compra-venta, en el norte de la entonces provincia de Oriente. Vean los datos fundamentales: Comprador: Nipe Bay Company, subsidiaria de la United Fruit Company. Area: 3, 713 caballerías (más de 49 000 hectáreas). Precio total: ¡100 dólares! Y ello ocurrió dos años más tarde de que don Manuel Sanguily, el veterano combatiente de la primera guerra de independencia, en 1868, propusiera infructuosamente una ley que prohibiera la venta de tierras a los extranjeros ante el Congreso de la República amarrada a la Enmienda Platt -apéndice constitucional que perpetuaba el derecho de injerencia de los Estados Unidos en Cuba.
La Constitución de 1940, de avanzada concepción social, proscribía el latifundio. Pero ninguno de los gobiernos sucesivos decretó leyes y reglamentos complementarios que pusieran en vigor el artículo 90 que aplicaría la muerte definitiva del latifundismo, tanto de propietarios extranjeros como de cubanos. Estos, en conjunto, llegaron a poseer el 40 por ciento del área cultivable. Entre las empresas norteamericanas, la United Fruit Company con más de 8 000 caballerías (más de 105, 000 hectáreas) figuraba entre los 15 primeros propietarios agrícolas de Cuba. Y si concentraban la tierra y el poder, explayaban la miseria y las secuelas de vivir precariamente. En 1957 una encuesta de la Agrupación Católica Universitaria preguntaba "como podía sostenerse una familia campesina que disponía sólo de 23 centavos al día por personas y de los cuales dedicaba 17 centavos para su alimentación con precios muy similares a los de las áreas urbanas.
La ley de reforma agraria en 1959 respondió esa pregunta con una acción vindicadora: la tierra ha de servir a quienes la trabajan. Y aparte de reconocer el título de propiedad de campesinos que laboraban tierras ajenas o en las zonas estatales, erradicó el latifundio dejando en esa ocasión solo 30 caballerías (396 hectáreas) a cada terrateniente de esa minoría dueña, en la práctica, de casi la totalidad del suelo cubano. La ley, además, estableció la creación de cooperativas en las grandes extensiones nacionalizadas.
A partir del 17 de mayo de 1959, la tierra dejó de ser una de las causas fundamentales de conflictos en Cuba. Desde el siglo XVI, con los inicios de la colonización española, la paz en el campo fue frecuentemente alterada. Entre el latifundio azucarero y ganadero y los pequeños agricultores se mantuvo un litigio que con frecuencia humedeció con sangre la tierra fértil que se le negaba a quienes, en verdad, la trabajaban. Desalojo y muerte: ese era el precio de querer vivir del trabajo agrícola. Realengo 18,  El Vínculo, Caujerí, Santa Lucía, Hato Estero, Las Maboas son nombres que en la historia marcan la geografía de esa guerra que habitualmente perdían miles de campesinos desheredados.

Los problemas de la agricultura cubana hoy, 50 años después de la primera y radical reforma agraria cubana, son más bien de índole organizativa, de tecnología y recursos. Pero desde hace medio siglo nadie tiene que morir por un pedazo de tierra, ni el país no ser el dueño de la tierra donde se asienta.

21/05/2009 09:04 Luis Sexto #. Política



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