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¿CUÁL ES LA LIBERTAD QUE NOS TRAERÁN?

Por Luis Sexto

Algunos pretenden en Miami atribuirse los privilegios de un Vaticano en todo cuando tenga que ver con Cuba: como la sede pontifica con respecto al catolicismo, desde esa ciudad del primer mundo habitada y gobernada por gente del tercero, se aprueba o se desaprueba todo aquello  relacionado con Cuba. No admiten el agua tibia; al menos cuantos acceden a los medios, no aceptan otro enfoque que el que ellos tiran sobre las cosas de Cuba. Recientemente, a Monseñor Carlos Manuel de Céspedes le cayó encima el mazo de esa especie de tribunal de Santo Oficio cuando el biznieto del Padre de la Patria publicó en Granma una evocación sobre Ernesto Che Guevara,  en el aniversario 80 de su natalicio.

Ante tales reacciones insultantes y un tanto truculentas, uno empieza a sospechar. Y se pregunta: ¿pero esos son los que dicen que volverán para restablecer la libertad y los derechos democráticos en la “isla comunista”donde se supone que nadie es libre? Caramba, si así actúan sin haber ganado aún el poder, cuando lo tengan, hasta los cojos lamentarán no poder correr…

Si yo le comunicara esa idea, el Padre  Carlos Manuel de Céspedes me diría: Bueno, esa es la desmesura criolla que él tanto ha comentado en sus apostillas de Palabra Nueva; la tendencia a la hipérbole que nos hace decir, cuando subimos la loma del Burro, en La Habana, que estamos ascendiendo al Turquino, cuando no al Annanpurna.

No soy tan complaciente con cuantos, en nombre de la libertad, la intentan restringir aunque sea con los vituperios de un artículo. No debo creer que allá se ignora que el epíteto no pasa como argumento aunque lo vistan de seda: en calificativo queda ¿Lo hacen  para quedar bien? ¿Con quienes: con los de allá o los de aquí?  Evidentemente, con los de allá. Los de aquí no importamos porque de una u otra manera vivimos en Cuba y ello, según su modo de juzgarnos, nos hace cómplices del “totalitarismo comunista”, o nos inhabilita para pensar, aunque algunos de cuantos nos menosprecian desde el otro lado del Estrecho de La Florida hayan estado hasta ayer entre nosotros, viviendo como unos de tantos y a veces no siendo tan iguales a los demás. Y si usted, hombre de iglesia o de fe, publica en Granma –un hecho que a los cubanos lúcidos les parece prometedor, abierto, muy conveniente- la excomunión miamense o de su sucursal madrileña lo condena y mantiene la sentencia en suspenso  hasta tanto se prenda la pira.

El dogma está también del otro lado. Dogma es dictar que Monseñor de Céspedes no puede hablar del Che, ni matizando sus elogios, porque ese Guevara es “un asesino”. Así lo han pontificado en un proceso de 50 años, tras el cual no han aportado ni “un milagro”que abone la concesión de tanta perversidad “ahistórica”: asesino. ¿Cómo ha sido "asesino" Guevara? ¿Dónde están sus víctimas, suponiendo que, en estricto derecho penal, asesinados no sean los que él pudo haber muerto en combate o en las exigencias de múltiple tipo de la guerra, donde se afronta parejamente el riesgo de matar como el de que te maten? Por el contrario, sí sabemos que el guerrillero  fue asesinado: lo ultimaron herido, inerme, acostado sobre un camastro o una mesa en la escuelita de La Higuera, después de que llamaron a Washington, y desde allí, en un breve y sumarísimo juicio telefónico, decretaron -según cuenta Carlos Soria, historiador  boliviano que ha escrito siete libros sobre el asunto Guevara en los Andes-: “Mátenlo, que eso es lo que jode a Fidel Castro”.

Monseñor de Céspedes cita el juicio de Juan Pablo II. Los que le reprochan al sacerdote cubano haber acudido al Papa, invalidan el testimonio de autoridad alegando que el cura cubano ha sacado de contexto la frase papal. ¿Y no será que quienes dudan de la  exactitud de la referencia es porque no la conocen? Es muy criollo, según enseñó Mañach, negar o reírse de aquello que no se sabe o no se entiende. Al menos, puedo abonar la cita. Cerca de mí, un libro que recoge discursos, declaraciones y documentos pontificios durante la visita de Juan Pablo II a Cuba, en enero de 1998. Para los que exigen fichas bibliográficas como sostén de afirmaciones decisivas, aquí les va el dato: Que Cuba se abra al mundo; que el mundo se abra a Cuba, El viaje de Juan Pablo II, Cuadernos de “L’Osservatore Romano, Ciudad del Vaticano, 1998. En la pagina 19, en el capítulo titulado Encuentro del Papa con los periodistas (durante el vuelo) dice: “Otro periodista le preguntó, también en castellano, por su pensamiento sobre Che Guevara, un protagonista de la historia reciente de Cuba, a lo que Su Santidad contestó: ‘Ahora se halla ante el tribunal de Dios. Dejemos a nuestro Señor el juicio sobre sus méritos. Ciertamente, estoy convencido de que quería servir a los pobres’.”

Dudo, por ejemplo, que Juan Pablo II haya podido expresar alguna vez un criterio similar sobre Luis Posada Carriles, a quien sí se le puede acusar, en plenitud de derecho, de asesino. Sin embargo, en Miami es casi un mártir. No necesito presentar a Luis Posada Carriles. La prensa mundial lo conserva hace años en sus archivos. Y entre sus faenas más reconocibles nadie duda de su participación –como autor intelectual y suministrador de medios- en la voladura de una nave de Cubana de Aviación, en 1976, que estalló unos 20  minutos después de alzar vuelo de Brigetown, Barbados, en su habitual ruta comercial. A bordo  transportaba los tiradores del equipo juvenil cubano de esgrima y otros viajeros de diversas nacionalidades. Recientemente, en el 2000, fue acusado en Panamá de preparar un atentado contra la vida de Fidel Castro en la universidad de la capital del istmo. Condenado, la presidenta Mireya Moscoso lo amnistió antes de abandonar la presidencia, como regaló a la millonaria “confederación terrorista” llamada Fundación Nacional Cubano Americana,  y en acatamiento al gobierno invisible de los Estados Unidos. Mucho antes, en 1985, convicto del acto terrorista de Barbados, Posada Carriles se fugó espectacularmente de su prisión en Venezuela: por la puerta de salida y diciendo adiós a los carceleros.

 Tengo en mis manos una autobiografía de Luis  Posada Carriles. Después de repasar cada una de las habitaciones de su currículo, he sentido los estremecimientos del horror. No intento ser patético. Pero cualquiera que se sienta incapaz de asumir los encargos del represor, del que come y echa pasto a su cuenta corriente a costa de los quejidos ajenos, se espanta ante los datos primordiales de un verdugo. Nuestra sensibilidad prefiere la posición de la víctima antes que la del torturador. El propio victimario lo admite en un libro publicado en Miami en 1994, titulado Los caminos del guerrero.

Posada Carriles, a quien sus amigos llaman Bambi, nació en Cuba en 1928. Los créditos básicos de su existencia comienzan al registrarlo como empleado de la empresa transnacional norteamericana Firestone, en La Habana Y continúa describiéndolo como colaborador de la policía del dictador Fulgencio Batista; entrenador de la Brigada 2506 que desembarcó y fue derrotada en Playa Girón; ranger con grados de segundo teniente, en Fort Bennig, Georgia; agente de la CIA y colaborador del FBI; profesor de manipulación de explosivos; organizador de teams de infiltración en operaciones comandos contra objetivos cubanos; jefe de departamento de la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), en Venezuela, en los gobiernos previos al de Hugo Chávez; jefe del departamento de “ayuda humanitaria” del Departamento de Estado de los Estados Unidos en Ilopango, Honduras, y director de agencias de seguridad en Guatemala..

 

“En una época, nuestros amigos norteamericanos nos entrenaron y adiestraron en el uso y manejo de armas, explosivos y técnicas incendiarias.  (…) La Agencia Central de Inteligencia (CIA), enviaba explosivos (C3), lapiceros de tiempo, mecha, cordón detonante, detonadores y todo lo necesario para actos de sabotaje. En aquel tiempo (1960), este tipo de actividades eran conocidas con el nombre de “Acción y Sabotaje". El cubano que desafiaba al régimen, poniendo en peligro su vida, el que se infiltraba en la Isla procedente de Miami para organizar los cuadros de la Resistencia y traer armas y explosivos, era admirado y considerado un soldado de la patria y un héroe de la contrarrevolución. (…)

“En el desarrollo de este propósito y estas luchas, mi vida se consumía entre una operación y otra, con largos intermedios de inacción, aburrimiento y frustración, hasta que me llegó la oportunidad histórica de trasladarme a Venezuela, país amado en el que pasé la mayor parte de mi vida adulta. Inicialmente fui contratado como instructor de la Dirección General de Policía (DIGEPOL) venezolana y asesor especial en asuntos de Seguridad Pública (...) Por las demandas imperativas de esa lucha, la DIGEPOL se convirtió de cuerpo represivo del delito político para el que estaba originalmente diseñada, en la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP).  Dentro del esquema, llegué a ocupar el cargo de Comisario Jefe de la División General de Seguridad, con la responsabilidad directa sobre las Divisiones de Armas y Explosivos, Seguimiento y Vigilancia, Protección de Personalidades y Medios Técnicos. Desde mi posición, combatí sin tregua a los enemigos de la democracia venezolana (...) La policía, cuya fuerza principal estaba en los delatores, detenía, allanaba e interrogaba utilizando los métodos más duros de persuasión. Como dice el dicho: “Se estaba jugando al duro y sin careta.”

 

Parece claro: Posada Carriles no quiso servir a los pobres. Y muy pocos dudan  de que ha matado fuera del terreno de la guerra: a sangre fría. Mas, ese es el doble rasero que algunos aplican en Miami. Asesinos buenos y otros que por haber querido defender a los pobres ya reciben el crédito de “asesinos malos”. Y a propósito, cuál recibió el ex coronel Esteban Ventura Novo, que murió en paz, siendo vecino en Miami de varios de  cuantos él mismo torturó durante la tiranía de Batista.

Excusen los trapos sucios. Pero los que estamos en Cuba también pensamos. Y podemos preguntar: ¿Por qué Monseñor Carlos Manuel de Céspedes no puede escribir sobre Che Guevara, un hombre al que los cubanos honrados podrán reprocharle cierta rigidez en su actuación, pero nunca dudar de su honradez de revolucionario que creía en cuanto hacía y que para ello echaba su piel por delante? ¿O la libertad que en Miami se predica juega al cachumbambé: para unos sí y para otros no?

 

 

 

 

26/06/2008 20:33 Luis Sexto #. Política



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