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“FORBES” CREE QUE SOMOS BOBOS

Ante la falta de seriedad uno al menos debe decir que no está de acuerdo

Por Luis Sexto

No voy a defender a Fidel Castro. No lo necesita, aunque de hecho lo defiendo. Más bien defenderé mi dignidad, mi honra de lector, y lector cubano además, porque la revista Forbes me ofende, a mí y a tantos más que quizás no protesten,  al publicar que Fidel figura entre los gobernantes más ricos del planeta. No es la primera vez que la presuntamente caracterizada revista financiera norteamericana infla ese globo.  Ahora acaba de echarle varios milloncitos más de gas venenoso: de 110 en 2003, a 900.  Imagínense. Si Fidel tuviera tanto dinero, ya lo hubiera invertido para paliar o resolver  algunas de las necesidades que el bloqueo de los Estados Unidos condiciona en Cuba.  Pero no extraña que acuse a Fidel de poseer mucho dinero. En los Estados Unidos pervive una conspiración que por más de 40 años ha intentado anular a Fidel Castro, física y moralmente. Forbes participa del juego de ideas cerradas –esto es, sin demostración plausible- que pretende convencer a lectores hipotéticamente sin conciencia crítica. Extraña, sí, que Forbes no se percate que yerra cometiendo el mismo error que imputa. Porque, de acuerdo con las reglas de las sociedades occidentales, el ejercicio de la política, además de facilitar ingresos, requiere de dinero para pagar vestidos, discursos, biografías, minutos de TV, y el resto de la parafernalia preelectoral que Joe Mcginns nos describe en Cómo se vende un presidente. Y por tanto juzgan a todos por el rasero con que se juzgan, porque, a fin de cuentas, el ladrón cree que todos sus prójimos –a los que roba- también roban. Si él lo hace… Bueno.

En Cuba la política es servicio. Y para ejercer un cargo, además de capacidad, se exige honradez. El dinero no cuenta. A nadie, ni nada,  hay que comprar para participar en unas elecciones.

Así, la información de Forbes se agrieta, se disuelve, se ridiculiza cuando se sabe, se ve, se oye, que todo cuanto  Fidel dice se legitima porque delante hay millones… de personas y no de dólares.  ¿Qué gobernante en el sistema solar habla, y a veces incansablemente,  con  un millón de personas oyéndolo presencialmente?  Por lo tanto, la aceptación, el apoyo popular de que Fidel goza en Cuba invalida cualquier alusión a supuestas fortunas y por tanto –la asociación es inevitable- a su falta de honradez. ¿Es posible que un líder popular revolucionario pueda contar con multitudes de simpatizantes y de colaboradores en su gobierno, engañándolos? ¿Somos los cubanos tontos? Tal vez podamos ser cualquier otra cosa, menos bobos.

Forbes, como es de esperar, no presenta ninguna prueba de sus repetidas aseveraciones sobre el dinero de Fidel. Nos lo dice, y piensa que lo creamos porque a fin de cuentas Forbes es… Forbes. Pero Fidel es… Fidel. Y de crédito a crédito, la revista se denigra anualmente cada vez que señala al presidente cubano como el séptimo gobernante más rico del mundo.

 Evidentemente, ninguno de los más sagaces periodistas estercoleros de Forbes podrá hallar una fortuna  que no existe.  Y entonces qué aducen los redactores de Forbes? Ah, que Fidel viaja en automóviles Mercedes-Benz. Y en qué vehículo podría hacerlo como jefe de Estado, y un jefe de Estado al que han intentado asesinar decenas de veces: ¿sobre patines, en bicicleta?  Y porque sea jefe de Estado no tiene que ser necesariamente propietario de los vehículos con matrícula oficial. ¿Acaso el presidente W. Bush  es dueño de los  autos, los aviones, helicópteros, buques y, a veces tanques, en los que viaja por Los Estados Unidos u otros países? Vamos… ¿De veraz cree Forbes que somos ingenuos?

Y ¿con qué otros datos ilustra la revista su notícula insidiosa,  redactada con el lenguaje aparentemente objetivo, incontaminado de las finanzas?  Que si Fidel es dueño de la corporación estatal CIMEX, o del palacio de las Convenciones de La Habana, o de laboratorios médicos, o que vendió la empresa estatal de ron Habana Club a la Pernod Ricard… Vamos. Forbes habla de Cuba, pero de Cuba lo ignora todo. O solo conoce lo que dicen los voceros de la Casa Blanca o los guiones de la CIA. Cuando en Cuba se habla de empresa estatal quiere decir que su propietario es el Estado, y sus ganancias se distribuyen socialmente mediante el presupuesto de la nación. Y que, por tanto, rinde cuentas a organismos directores y fiscales. Para que Fidel hiciera lo que Forbes afirma, tendría que contar con la complicidad o la anuencia de miles de personas y oficinas. Pero, en Cuba, el Estado participa con la mayoría de las acciones en empresas de capital mixto, en algún caso quizá con la mitad. Las leyes establecen la defensa de la riqueza y la soberanía nacional. ¿Vender el ron Habana Club a la Pernod Ricard? Esta empresa francesa posee su parte en un negocio cuyo control jurídico reside en la ley de inversiones extranjeras de Cuba.

Pero lo que menos conoce Forbes es a Fidel.  Hijo de un terrateniente adinerado, Fidel, ya abogado en la Habana, poseía un solo traje, de lana, que usaba en invierno y en verano. En una de sus cartas desde la prisión de Isla de Pinos, después del asalto al cuartel Moncada, confesó que a él le bastaba con muy poco para vivir, porque cuanto menos cosas materiales tuviera más libre sería. Ese concepto es expresión de una alta ética. En Cuba no dudamos en asociarla a la eticidad de José Martí. Y Fidel, al igual que el Apóstol de la Independencia, jamás tocaba el dinero que pertenecía a los fondos de la revolución. Testigos, compañeros de lucha, aun cuentan anécdotas que lo ejemplifican.

Forbes –y ojalá me equivoque- demuestra que no entiende de ética. Ni comprende las actitudes idealistas de los revolucionarios. Para ser un líder de masa, y sostenerse por más de 50 años, se necesita, sobre todo, honradez. Creer en lo que se predica. Y predicar con el ejemplo.  Forbes utiliza un concepto de libertad de prensa completamente injusto y opresor. Publica, y el daño que causes con lo que puede adquirir naturaleza de infamia o difamación, no importa. Miente que algo queda. Y ya vamos oliendo el viejo criterio de Goebbels. Puedo preguntarle a Forbes, la democrática revista del hombre de negocios, cuánto cobró o cuánto le pagaron ciertas fuerzas oscuras en los Estados Unidos por poner a Fidel Castro nuevamente en esa casta gobernantes millonarios?  ¿Podría publicar que ciertos enemigos de Fidel Castro, muchos de los cuales son afiliados a la Fundación Nacional Cubano Americana, sí se han hecho ricos a través de los fondos que ciertas instituciones adscritas a Washington quitan, de mil sutiles formas, al contribuyente norteamericano?

Lo más generoso que podría decir de Forbes es que ha sido poco seria.

Y, claro, con este alegato no he defendido a Fidel Castro. Repito que no lo necesita. Solo he protestado. He reclamado mi derecho a que no me tomen por tonto. ¿Es mucho exigir?

 

08/05/2006 12:46 Luis Sexto #. Política



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