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PATRIA Y HUMANIDAD

Política

EL TROMPETEO DESAFINADO DE TRUMP…

EL TROMPETEO DESAFINADO DE TRUMP…

 O LA CRISIS MORAL “MADE IN USA

Por Patricio Zamorano

Desde Washington DC

 

¿Cuándo comenzó esta historia? Yo diría que en el día de Thanksgiving, este último de otoño sospechosamente tibio de 2015, el día de gracias sagrado de la cultura gringa, el espasmo de las familias que se reencuentran al ritmo de millones de pavos sacrificados para la rica cena ritual… Y el otro ritual del desfile de Macy’s en New York: el trauma de ver a niñitas impúberes disfrazadas de cheerleaders blandiendo en sus brazos gráciles unos fusiles enormes pintados de blanco. Dos minutos más tarde, otras niñas de esta tierra hacen ingreso con cascos estilo nazi, con esos abrigos de inspiración de las SS verde oscuro, en una danza de celebración del militarismo más cruel del que un alma humanista tenga memoria. Otras bandas musicales de estudiantes de escuela lucen el casco prusiano con penacho. Las bandas musicales de las secundarias de Estados Unidos celebran el militarismo del país desde esa tierna adolescencia. Es un golpe al alma de los sensibles ver la danza de armas en sus manos tan pequeñas…

Los marines compran a millones de dólares cada minuto antes de las películas de acción en los teatros del país, la infantería paga en oro los avisos publicitarios antes o después de la publicidad de videojuegos de guerra para los niños y los jóvenes, engatusándolos con que se unan a las Fuerzas Armadas, mostrando a enfermeras militares, ingenieros militares, científicos militares, pero se olvidan criminalmente, como de pasada, de mostrar las mutilaciones monstruosas de las bombas hechizas preparadas en Iraq para expulsar a los invasores blancos que llegan de tan lejos a sacar la carne de los huesos, los ojos de sus órbitas, la esperanza de la garganta de los niños árabes…

 

Miles de jóvenes de este país se dejan adormecer con tanto estímulo de la sangría de armas que se inyecta en cada corazón arrebatado de juventud. La sociedad, en medio de esa vorágine de violencia de mentirita en las pantallas, pasa pronto desde el hechizo de la proyección de 10 metros de ancho, a un desquiciado que se levanta en el teatro de Aurora en Colorado, grita contra el gobierno de Estados Unidos, tira una granada de humo, saca una metralleta militar AR-15 con cargador enorme y eterno de balas calibre .223, y comienza un abanico de muerte que exalta las almas de cada uno de los asistentes, que antes de ver salir a Batman huyendo de una orgía de balas de jolivud que buscan hacer sucumbir su heroísmo, se confunden por un segundo, espectadores que pasan de la pesadilla de utilería de la pantalla al dolor gatillante de las balas que les hacen reventar los pulmones, mientras el masacrador disfrazado de Guazón vacía uno, y luego otro, y otro cartucho en la humanidad del cine ahora con hedor a sangre inocente. Luego, viene el vacío, el sonido gutural de la sorpresa… Los medios analizan, el presidente Obama totalmente ingenuo y totalmente impotente de fuerza política pide mayor control de armas, los republicanos culpan a los locos, mientras el aviso de Walmart que me llega sin ser solicitado en el correo y en el diario dominical me anuncian los “fusiles de asalto”, versiones civiles de bestias militares, a 200 dólares, las municiones a un precio de fracción en número de miles, los chalecos anti-balas, los binoculares con mirada nocturna, los revólveres Glock (el favorito de las masacres de Estados Unidos) a oferta rabiosamente barata, con la opción de cargadores enormes que los transforman, gracias a su capacidad automática, en una pequeña metralleta sedienta de muerte fácil bajo la chaqueta.

 

Estados Unidos está enfermo.

 

El trompeteo de trump, así con minúscula, solo viene a coronar una decadencia basada en la muerte que no tiene parangón en la historia de Estados Unidos. Más de dos millones de indocumentados deportados por Obama, récord histórico del orgullo negro demócrata, dos millones de suspiros de familiares destruidos en un segundo. Unido a eso, la campaña cercana al paroxismo moral de trump va destruyendo como un bólido algunos símbolos sagrados del “deber ser” estadounidense, que hasta los conservadores de ultra-derecha consideraban intocables. Primero, inició y financió el mito mediático que Obama era keniano,  por tanto, que no podría ser presidente. Ante el certificado de nacimiento irrefutable que lo aseguraba estadounidense de nacimiento, trump siguió aun el trompeteo desafinado de la mentira. Luego, ofendió el ciclo menstrual de las mujeres, en la persona de la periodista Megyn Kelly, asfixiado por las preguntas profesionales que cuestionaban el gran abanico de fugas de su discurso de campaña. Pasamos luego a sus ideas delirantes sobre un muro que cierre la frontera sur para evitar la entrada de mexicanos e inmigrantes en general, como si los terroristas del 911 no hubieran gozado de las conveniencias de cómodos pasajes aéreos y visas de estudiante al alcance de los bolsillos siempre repletos de los extremistas de Al Qaeda. Como si los campos de Golf de trump, sus torres chulas, sus resorts tan kitch como su pelo de oleaje chapoteando en gel, no gozaran constantemente del trabajo barato de los inmigrantes morenos que llegan a USA bajo la premisa, ¡oh gran ironía!, de estar simplemente usando la libertad de flujo laboral que las normas capitalistas se supone defienden…

 

El trompeteo desafinado de trump recientemente ha ofendido a las personas con discapacidad física, ha agraviado a los veteranos de guerra (se echó al pecho al mítico senador de su propio Partido Republicano John McCain, héroe militar que sobrevivió herido a campos de concentración en Vietnam, y que casi llega a la Presidencia de EEUU), despreció a los refugiados sirios, ofendió a los negros de USA adjudicándoles fantásticas cifras de homicidios contra los blancos… El trompeteo de trump ha logrado ofender en unos pocos meses de campaña el alma de casi todas las minorías y mayorías de este país…

 

Pero lo que rebasó el vaso de los republicanos conservadores, se supone su séquito cómplice, fue su más reciente exabrupto: cerrar las fronteras para los musulmanes que quieran entrar a Estados Unidos. Por un minuto de magia política que difícilmente podremos volver a ver, pudimos apreciar a líderes de la derecha estadounidense, a líderes de los países aliados conservadores de Estados Unidos, a líderes árabes aliados de este país, repudiar con asco un quiebre tan descarado a la esencia de este país. Imperio militarista y todo, USA no acepta, por lo menos en el papel, las discriminaciones de ningún tipo basado en raza, religión, clase social, origen nacional y más recientemente, género. El ultra-republicano Paul Ryan (quien acompañó a Romney en su aventura millonaria presidencial), actual presidente de la Cámara de Representantes (diputados), repudió de una forma sorpresivamente intensa la posición de trump sobre el bloqueo a los musulmanes. Lo mismo Cameron en Inglaterra, lo mismo los líderes de Escocia, origen familiar de trump, país que le quitó inmediatamente su título de “embajador de negocios” (la madre de trump, ¡oh nueva ironía del destino!, ¡llegó de emigrante a Estados Unidos desde la isla escocesa de Lewis!). En Arabia Saudita están sacando bajo grandes trompetadas el nombre de trump de sus instalaciones de golf y condominios de lujo, so temor de quedarse sin compradores…

 

La verdadera crisis moral made in USA no es trump y sus trompadas a lo loco fascista. La historia nos muestra que las sociedades muchas veces generan engendros monstruosos, pero cuyo único pecado original es, aparte de existir, ser apoyados (he ahí el castigo), por las masas. El verdadero clamor de las conciencias surge de ese 30% o 40% de los republicanos de las primarias, y del más de 40 por ciento de intención de voto también a nivel nacional que desean elegir a trump como presidente. Frente al descalabro ético y moral, y el grosero desprecio por el prójimo y por los derechos constitucionales de ciudadanos y no ciudadanos de este país, esos porcentajes de estadounidenses aún guardan en el secreto de las encuestas su voluntad incomprensible de apoyo al magnate de pelo al viento permanente.

 

La crisis moral made in USA hermana a trump y la insensibilidad social que emana tras cada masacre a manos de civiles, donde los republicanos y los desalmados lobistas de la poderosa NRA, la Asociación Nacional del Rifle ¡sugieren armar incluso más a los ciudadanos para parar la violencia! Ninguna de las grandes masacres de estos años, ni Virginia Tech y sus decenas de muertos, ni la escuelita Sandy Hook en Connecticut y la veintena de niñitas y niñitos reventados a fusil militar, ni las víctimas de San Bernardino en California, ni las del teatro de Aurora en Colorado fueron detenidos por el uso de armas en manos civiles. En todos ellos el perpetrador se entregó, se suicidó o fue neutralizado (tarde) por la fuerza policial. En casi todos los casos, fueron enfermos mentales que pudieron comprar armas sin problemas, o asesinos resueltos que se transformaron en dioses de la muerte con unos cuantos dólares y una visita al supermercado… Para “remediar” la crisis, el presidente de la Universidad Liberty, Jerry Falwell, no encontró otra forma de enfrentar el tema que sugerir a sus alumnos adquirir cada uno un arma para enfrentar la violencia… Es lo que desea la Asociación Nacional del Rifle: hacer crecer el miedo, hacer crecer el terror, hacer crecer el odio entre los ciudadanos, y vender más armas al ritmo de la histeria colectiva, hasta que las balas salten de emoción en las cuentas de los fabricantes del mercado de revólveres más grande del planeta…

 

Pero al mismo tiempo, los sospechosos de terrorismo que no pueden volar en los aviones de Estados Unidos, sí pueden comprar armas, hasta de corte militar, en la tienda de la esquina. Los enfermos mentales, los locos del alma, los enojados con la conspiración de turno (del gobierno, de la iglesia, de los abortistas, de los negros, de los judíos, de los musulmanes) pueden ungir sagradamente sus demonios internos y liberarlos con miles de balas compradas con impunidad en el mercado capitalista más grande y liberal del planeta…

 

¡Oh, Walt Whitman, estimado poeta obrero! ¡Cuánta falta nos haces con tu voz profundamente ética tan estadounidense, tan de la tierra! ¿Cómo enfrentaría el trompeteo mental y moral de trump a tus versos sagrados? ¡Qué lejos se imagina uno a trump de tu canto, vate del pueblo! Me encantaría observar el rostro de trump enfrentado a uno de tus versos: “Por sobre la matanza se elevó profética una voz / “No estés descorazonado, el cariño ya resolverá los problemas de la libertad” / Aquellos que se amen unos a otros, serán invencibles: harán victoriosa a Columbia”, es decir, al Estados Unidos noble de tus sueños, estimado Whitman. Nuestro trump seguramente miraría burlón el texto, elevaría la mirada confundido a nosotros, los interlocutores. Sonreiría con esa mueca de labios de medio lado con los ojos un poco cerrados, las cejas un poco dobladas de ironía. Simplemente se encogería de hombros, agarraría nuevamente el micrófono a su lado, se arreglaría el saco, respiraría hondo frente a la muchedumbre de campaña, y lanzaría rabioso su perorata de hombre blanco contra el mundo al que lo llama, infame, el destino. El eterno trompeteo hacia el vacío…

 

15 de diciembre de 2015   

 

 

 

TRIUNFO DE LA OPOSICIÓN BROTA DEL CORAZÓN DEL CHAVISMO

TRIUNFO DE LA OPOSICIÓN  BROTA DEL CORAZÓN DEL CHAVISMO


Por Patricio Zamorano, académico,

analista político, Director Ejecutivo de InfoAméricas.info

 Desde Washington DC 

 No hay duda de que la derrota electoral del chavismo no se puede adjudicar sólo a la oposición venezolana. Como lo dijo en CNN la noche de este domingo el propio Luis Vicente León, director de Datanálisis, empresa de encuestas identificada con el anti-chavismo, pese al crecimiento de diputados, la oposición no tiene un proyecto claro de sociedad ni de gobierno. La población venezolana, en ese sentido, no votó contra las prestaciones sociales, contra las políticas intensas anti-pobreza, los subsidios a los más necesitados, la nueva ecuación de la riqueza petrolera que distribuye mejor los ingresos fiscales, la inclusión democrática desde las mismas bases comunitarias, ni contra los valores solidarios y de democracia participativa que ha fundado sólidamente el chavismo.

Muy al contrario, el voto es una respuesta comprensible a la alta volatilidad económica, la inflación crónica y la escasez producida tanto por políticas erradas, la baja petrolera, la menor cantidad de dólares disponibles para las importaciones y la baja productividad nacional, unido al mercado negro creado por miles de especuladores, acaparadores y dirigentes de la empresa privada que no han cejado en sus esfuerzos desestabilizadores. Pero en términos políticos no importa el origen de la fuerte crisis económica que atraviesa el país, pues los efectos especialmente en los sectores más desposeídos y en la clase media-baja son obvios. Estas elecciones fueron una válvula de escape que debe, sin duda, provocar una “bofetada para los tiempos que nos toca actuar hacia el futuro”, como señaló en el reconocimiento de la derrota en la Asamblea Nacional el Presidente Nicolás Maduro.

 

Es tan claro el voto castigo hacia lo económico y no hacia el corazón del chavismo, que el propio secretario general de la llamada “Mesa de la Unidad Democrática” (MUD), Jesús Torrealba, en sus primeras declaraciones fue cauto y señaló tras ganar el control de la mayoría de diputados, “que llegar a la Asamblea en unidad y con deseos de cambio, no implica acabar con las conquistas sociales ni mucho menos”. O como señaló el electo diputado opositor Julio Borges,:“Vamos a dar, a profundizar, a democratizar los programas sociales”. Y el propio excandidato presidencial Henrique Capriles lo analizó claramente cuando expresó ante la prensa que “la gente ha votado para castigar al Gobierno”. Es revelador el hecho de que la oposición no ha generado un paroxismo triunfador ni ha colapsado las calles celebrando, y se ha cuidado de no anunciar un revanchismo reformista que dañe las políticas sociales que, sabe, son apoyadas por millones de venezolanos. Hay, sin duda, dos visiones enfrentadas en la MUD, una más agresiva y extremista representada por Leopoldo López, y otra más moderada que desea cimentar cambios sobre la base de negociaciones directas con el gobierno, más en la línea de Capriles y Henri Falcón. Esa dicotomía de intereses marcará la conducta opositora en la Asamblea Nacional que se inaugura en enero de 2016.

En efecto, el carácter plebiscitario que la oposición le dio a estas legislativas tiene un doble filo, pues al mismo tiempo deja en claro que la MUD debe aún ser capaz de generar un modelo alternativo de gobierno que sea viable, que lo lleve a la Presidencia del país, y que entregue al país una continuidad robusta como la que ha tenido el chavismo desde 1998. La gran pregunta es, ¿está en esas condiciones de madurez política tras estar fuera del poder por casi dos décadas y con un nivel crónico de división interna?

 

 Es de predecir, en todo caso, que tras la historia de más de 17 años de Revolución Bolivariana, la oposición deberá construir sobre las bases socio-económicas que el chavismo ha creado en Venezuela. Esa filosofía, que se proyecta y construye desde el comunismo hasta los valores centro-izquierdistas de la social-democracia, quedará enraizada por un largo tiempo en la cultura venezolana, especialmente entre las clases menos privilegiadas que han sido apoyadas por el chavismo y sacadas de las sombras. También entre un amplio sector intelectual, del activismo joven, de los militares, de los artistas, de los círculos universitarios y la clase profesional consciente del alto grado de exclusión que vivía Venezuela antes de la llegada de Hugo Chávez al poder para enfrentar el casi 70 por ciento de pobreza que abofeteaba la moral del país.

Ante la ausencia de un programa o modelo alternativo desde la oposición, el avance de la derecha venezolana es claramente un voto castigo, como lo señalan sus propios dirigentes. Es también claro según las cifras preliminares, que muchos simpatizantes chavistas prefirieron la abstención a haber votado por los candidatos opositores, seguramente inquietos por una decisión personal que afectaría el apoyo moral que aún genera la figura del fallecido presidente Chávez, imaginario que no logró conectar completamente con el nuevo liderazgo del PSUV. Muchos chavistas, en ese sentido, prefirieron la abstención y no presentarse ante las urnas, que votar contra el gobierno y la figura del Presidente Chávez.

El chavismo, no hay duda, ha cambiado de forma profunda los valores fundamentales del discurso político y las prioridades programáticas de todo el país. La oposición, víctima de un largo proceso de primero negación, y luego reacondicionamiento valórico-pragmático, ha terminado obligándose a acoger el discurso social del gobierno, el nuevo paradigma que inunda no sólo Venezuela sino que a toda América Latina. Incluso una de las dirigentes más extremas de la derecha venezolana, María Corina Machado, llegó a la Asamblea Nacional con un fuerte discurso social, basado en la lucha contra la pobreza y una mejor distribución de la riqueza. Según sus propias declaraciones, por “un gobierno responsable que satisfaga las necesidades fundamentales que tiene la población, y que mejore su calidad de vida”. Lo mismo Capriles: avanzó hasta quedar a un suspiro de la Presidencia en las elecciones de 2013 utilizando los mismos mensajes de justicia social e integración económica que son la base de los valores chavistas.

 

 

Hay un tema fundamental de la ética política que este triunfo opositor puede ayudar a solventar. En una veintena de actos electorales de toda índole, múltiples elecciones legislativas, de gobernaciones, municipales, revocatorias presidenciales y un largo etcétera, la oposición, pese a los hechos irrefutables sobre lo excelente y transparente del sistema electoral venezolano, ha realizado constantemente campañas de desinformación y asesinato de imagen contra los organismos eleccionarios y contra el Ejecutivo. En esta campaña de 2015, múltiples medios de comunicación, en especial internacionales como El País de España (miembro del grupo PRISA cuyos intereses económicos han sido afectados por el chavismo, lo que no informa a sus lectores, comprometiendo su imparcialidad), mantuvieron hasta el mismo día de las elecciones un clima alarmista sobre denuncias de violencia, fraude y ventajismo oficial contra la oposición. En pocas oportunidades se ha visto una campaña tan organizada y sistemática para debilitar la imagen de un gobierno elegido democráticamente. Apenas hubo claridad sobre la ventaja opositora este pasado domingo, los mismos medios de comunicación se apresuraron a celebrar la calma, tranquilidad y transparencia de una jornada ejemplar… Pero el daño ya está hecho. Mucho del anti-chavismo que se genera desde el plano internacional es y será alimentado desde un espacio de manipulación extrema. Los constantes llamados del Presidente Maduro a la calma política, al accionar democrático y al respeto que se daría de los resultados fueron prácticamente omitidos de todas estas cadenas internacionales.

Es prácticamente impresentable para la oposición la aberración de estar celebrando un triunfo basado en el mismo mecanismo electoral que han criticado tan violentamente. Incluso las primarias opositoras de mayo de este año 2015 utilizaron esa misma infraestructura tecnológica facilitada por el, luego, atacado Consejo Nacional Electoral (CNE). Los medios de comunicación que se enfrascaron en esta campaña de desinformación callaron sobre este tipo de hechos clarificadores.

 

Asimismo, la oposición se benefició de la misma distribución de la ley electoral que privilegia a los partidos mayoritarios, y que ha potenciado al gobierno en pasadas elecciones. Ahora que la MUD vio supervalorado el número de asientos en la Asamblea Nacional, hay una “gran” posibilidad de que los medios mundiales y nacionales no escuchen ningún reclamo sobre esos beneficios de la ley venezolana…

 

 En esta nueva etapa, paradójicamente se puede predecir un altísimo crecimiento del chavismo como constructo institucional venezolano, tallado en una amplia trama institucional que emana de la Constitución de 1999, una de las más avanzadas en el continente en términos participativos, de control hacia los actos del Ejecutivo y de auditoría popular, además del reconocimiento de derechos fundamentales de todos los grupos sociales y culturales venezolanos. Es paradójico, pues la oposición ahora procurará tomar el máximo de ventaja de los beneficios que ofrece la Constitución de 1999, incluido quizás otro plebiscito revocatorio contra el Presidente Maduro. En ese sentido, gozará de todo el marco de operación legítimamente democrático que le ha negado, a su vez, al gobierno, que se ha visto en una constante lucha por hacer uso de su derecho legítimo a gobernar según esa misma institucionalidad. Todo ese uso de la legalidad institucional que ha ejercido el gobierno chavista, condenado por la campaña mediática de algunos medios de comunicación y organismos conservadores de Estados Unidos, América Latina y España, ahora callará cuando esté en manos de la oposición de derecha.

 Veremos, por tanto, un proceso curioso que ya se viene desarrollando desde hace algunos años: la defensa de la Constitución por parte de la misma oposición, que la ha denunciado en otras ocasiones en que las tendencias políticas y electorales no les fueron favorables. No faltarán las declaraciones de apoyo de gobiernos aliados de la oposición como Estados Unidos y Colombia, que celebrarán la democracia venezolana, tras este triunfo reciente.

Si el chavismo logra recomponerse, tomar medidas urgentes que controlen la inflación, aumenten la producción nacional, balanceen el tipo de cambio que mantiene debilitadísimo al bolívar, y pueda generar un flujo amplio de los artículos de primera necesidad rompiendo el acaparamiento ilegal de los privados (controlando la corrupción que ha afectado a Venezuela crónicamente desde hace décadas), es posible que pueda recuperar algo de lo perdido. Pero en ese escenario, es de esperarse nuevamente la reactivación de una campaña del terror cuya intensidad dependerá de las nuevas amenazas que la oposición perciba al status quo de su capital político recién ganado.

La Revolución Bolivariana es, en ese sentido, una feliz “víctima” (y ha demostrado respetar claramente esas consecuencias pese a la contracampaña de los sectores conservadores) de la propia democratización que ha generado y que ha convertido en ciudadanos activos y participantes del destino de su país a millones de venezolanos que la actual oposición de derecha mantuvo excluidos del sistema político por cuatro décadas antes de la llegada de Chávez al poder. Y ese nuevo nivel de ciudadanía, que porta y esgrime en su mano el librito azul de la Constitución venezolana cada vez que siente que sus derechos no son respetados, es un triunfo enorme de la Revolución Bolivariana que la historia de Venezuela honrará por siempre. La oposición (es de esperar esa reflexión profundamente patriota y justa), debería estar agradecida de ese legado.

 

ERROR CON ERROR SE PAGA

ERROR CON ERROR SE PAGA

Luis Sexto

   No sé cuándo quise responder la pregunta de por qué el hombre tropezaba dos veces con la misma piedra. Creo haber dicho que tropezaba porque desconocía las lecciones del pasado o porque… quería. Claro, me basaba en esa verdad que circula convertida en una frase latina: Errare humanum est. Es decir, que es propio del ser humano equivocarse, pero equivocarse dos veces en el mismo terreno, en el mismo asunto… Ah, ya eso es algo más.

   Lo pienso ahora como lo pensé hace meses. Y regreso al tema, porque recientemente le oí decir a cierta persona que en Cuba estábamos acostumbrados a trabajar sobre el error. Lo decía con seriedad. Y no con ánimo de crítica, sino aceptando que esa era nuestra norma, nuestro método. Equivocarnos y tratar de rectificar. No resulta esa, desde luego, mala política. Uno yerra y corrige el error. Saludable. Justo. Lo que ocurre es que el contexto en que tan filosófico aspecto se ventilaba, admitía que habitualmente se corregía el error… con otro error.

    Así el problema cambia de faz. Y lo que se apreciaba como un rostro amable, se transforma en la cara arrugada, repulsiva, de la bruja de Blanca Nieves, o en la del novelístico Retrato de Dorian Gray, el libro de Oscar Wilde, cuyo personaje, en un pacto con el diablo, se mantenía joven, pero su retrato adquiría las arrugas de todos sus yerros y pecados. Al final, podemos imaginar aquella pintura. Espantaba. ¡Cuánto mal había hecho aquel sujeto en su perdurable juventud! Su historia se resumía en un error sobre otro error.

  No quisiera admitir que por algunas esquinas de nuestra patria pululan los retratos de Dorian Gray. Esos que rectifican a ojo pelado, siguiendo imperativos cuya ejecución es inmediata, sin pretextos, burocráticamente ordenada y burocráticamente ejecutada. Y la película filma y filma metros de cinta sin cambiar de imagen: Hoy corriges aquello que hiciste mal, y mañana, cuando se hace necesario rectificarlo, actúas cañoneando la razón en una segunda vuelta. Y la noria gira, gira, gira…

   El hombre, pues, tropieza dos veces con la misma piedra, porque ignora las lecciones de la historia, la experiencia, la ciencia, o porque desea equivocarse; le importa poco el gasto, que al fin él no paga, y solo le interesa cumplir a cualquier costo. Lamentablemente, todo esto no significa la trama de una novela o el guión una película. Es verdad. La mentalidad burocrática nos empuja, incluso, a no tener en cuenta a la gente. ¿Que hace daño? ¿Que la solución de un problema molesta a los vecinos? Bueno, no estamos para reparar en exquisiteces. Ah no, compañero; los molesta porque hace diez años, cuando se construyó esto, ya los molestaba; ahora, con la solución, se agrava la molestia. ¿O cree usted que es solo un capricho, un preciosismo vecinal? Tenga en cuenta que aquello violó las leyes sobre el medio ambiente, y que esto otro, el llamado mejoramiento, las sigue violando, y los vecinos han sufrido perjuicios y los seguirán, ahora sufriendo. En suma, dos perjudicados: leyes y ciudadanos. Y también la racionalidad de la economía y de lo social.

   ¿Adónde vamos a parar?

   Ojalá que no sea verdad. Pero lo es. Es un filme, más que realista, real, aunque yo lo exponga figuradamente, como en neblinas.

ERROR POLÍTICO ATACAR SÍMBOLOS NACIONALES

ERROR POLÍTICO ATACAR SÍMBOLOS NACIONALES

Por Lorenzo Gonzalo,

periodista cubano radicado en Miami 

 

El tiempo pasa, las realidades sociales cambian y sin embargo, en ciertos círculos persisten tendencias de responder ante los sucesos con iguales patrones que antaño. Ese es el caso de Miami y de pequeños bolsones de cubanos y personas de otras nacionalidades, frente a situaciones relacionadas con Cuba.

La última es la suspensión de visado automático que acaba de anunciar la cancillería de Ecuador, decisión vinculada a los sucesos provocados por más de tres mil cubanos que habiendo salido de Cuba por ese país, se decidieron a cruzar las fronteras de los países centro americanos y México, con rumbo a Estados Unidos. Porque el asunto de estos cubanos, como de millones latinoamericanos, no es emigrar a cualquier país, sino llegar al Norte. Siempre al Norte. Fenómeno que tampoco es nuevo, porque desde el siglo XVIII llegar a “América”, como le decían a las colonias de Norteamérica y Canadá, ha sido el ansiado punto cardinal de los movimientos migratorios.

Razones para que así haya sido sobran. Desde las faltas de ataduras políticas y obligados credos, impuestos por las colonizaciones españolas, francesas y otras, ausentes prácticamente en las colonias “americanas” de origen inglés, hasta las características geográficas y el tipo de poblaciones autóctonas existentes cuando los primeros europeos pusieron sus pies sobre los territorios al sur del río Bravo.

 Resulta que en Miami, personas dispersas y los medios, parecen mostrar cóleras porque a “esos cubanos” no los dejan cruzar tranquilamente las fronteras, violando las leyes migratorias de esos países, para facilitarles su ingreso ilegal al Norte que les permite contravenir el sentido general de sus propias regulaciones a través de una Ley que privilegia al cubano. Para colmo, consideran una afrenta “a la libertad” (siempre en nombre de los abstractos), que el gobierno cubano se pronuncie a favor de esas personas y les recuerde que, como cubanos, pueden regresar al país.

 Parece ser que para estas personas los cubanos tienen imaginarios derechos, desconociendo las realidades de la Cuba actual. Un ejemplo es la protesta inusitada que provocó una foto del directivo de la compañía telefónica Sprint, donde aparece la imagen del Che Guevara, cubriendo la fachada del Ministerio del Interior en la Plaza de la Revolución en La Habana.

 La tergiversación de los medios y de personas o entidades que se hayan ofendido por esa foto, se sustenta en una visión social sicótica, tendiente a negar un proceso que, a todas luces, ha mostrado ser irreversible, al tiempo que es capaz de sentar bases para su transformación y adecuación a las nuevas realidades.

Cuba tiene más años de historia lidiando con un proceso revolucionario que aún no ha terminado de cuajar, que de tiempo republicano posterior a su independencia de España y anterior al comienzo de esa etapa.

Durante ese tiempo se han creado símbolos, como también ha sucedido en otros países. Estados Unidos tiene a John F. Kennedy, al líder negro Martin Luther King, al líder chicano César Chávez y a otros. Quienes lleguen a Estados Unidos denostando de alguno de ellos, no serán recibidos con beneplácito. Sin embargo, Representantes Federales como Carlos Curbelo, Ileana Ross Lethinen y el conjunto de congresistas que aún no han sido desplazados por el voto popular de esos cargos, protestaron por dicha foto.

Sustentan sus razones en su enfermiza oposición al establecimiento de relaciones con Cuba. Oposición basada a su vez, en el surrealista criterio de que todo en Cuba es malo, comenzando por las modalidades culturales surgidas al calor de los vaivenes y cambios ocurridos durante las búsquedas, aciertos y errores del proceso. La negación de las realidades, se extienden hasta el punto de desconocer las figuras emblemáticas que todo país genera en su desarrollo y evolución.

El Che Guevara es una de ellas, la Plaza de la Revolución es otra. De los fallecidos, Camilo Cienfuegos acompaña la figura de Guevara por la especial participación de ambos en una de las gestas de la insurrección revolucionaria en contra de la dictadura de Batista. No son símbolos irreales, como tampoco lo son los mencionados estadounidenses o Nelson Mandela en Sudafrica o Salvador Allende en Chile.

 A estos congresistas federales, como a otros pocos representantes políticos que aún subsisten, a pesar de los cambios políticos que se operan en todos los órdenes respecto a Cuba y en Cuba, no se les puede tomar en serio. Quienes piensen entrar en Cuba y establecer relaciones civilizadas, no sólo tienen que reconocer sus símbolos patrios y nacionales, sino que además tendrán que rendirles tributo en los momentos que las circunstancias lo demanden.

El Che Guevara, es atacado, porque estos congresistas son de algún modo herederos de los cómplices de la dictadura de Batista o por personas que provienen de gobiernos dictatoriales de Latinoamérica. Algunos orates de origen cubano lo atacan por ser un supuesto aventurero, que peleó en un país que no es el propio, desconociendo que el General Jefe del Ejército Mambí, Máximo Gómez, durante la Guerra por la Independencia de España, era dominicano. Otros muchos lucharon por la Independencia o la justicia social en otros países, incluyendo Estados Unidos. Se les recomienda a estas personas que estudien un poco de historia y si van a Cuba sería bueno que visiten el Mausoleo de Ernesto Che Guevara en la ciudad de Santa Clara.

 No reconocer los símbolos nacionales de un país es un gran error político.

 

29 de noviembre del 2015 

 

FRENTE A LA SOSPECHA, LA REALIDAD

FRENTE A LA SOSPECHA, LA REALIDAD

 Por Lorenzo Gonzalo,periodista cubano radicado en Miami

Me sigue preocupando la gente y las instituciones que tienen el estilo de inculcar sospechas ante hechos positivos. Precisamente eso está sucediendo tras el anuncio del establecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Muchos de nosotros hemos luchado largos años para lograrlo y ahora, algunos en vez de alegrarse siembran sospechas.

Nadie en su sano juicio duda, que el Poder Político estadounidense, los europeos y algún que otro país latinoamericano, están interesados en que Cuba regrese al orden institucional llamado democracia representativa. Tampoco podemos dudar que la decisión de Estados Unidos de Norteamérica de establecer relaciones con Cuba y sus gestiones a medias para eliminar el bloqueo, significará renunciar a esas pretensiones. Ya lo he dicho: todos queremos que el otro piense como uno y el Poder Político de cada Estado pretende y labora de manera abierta o velada, para que los Estados próximos y lejanos adopten el suyo o se aproximen a sus concepciones.

Cuba tiene estrechos lazos con Venezuela, la apoya y así le sucede también con Ecuador, Brasil, Uruguay, Argentina y Bolivia. También mantiene estrechos vínculos con los movimientos que en otros países laboran en instituciones políticas para lograr resultados similares a la de los países mencionados. Nadie renuncia a esto. Estados Unidos tampoco y además lo dice con mucha honestidad o cinismo. Ponga Ud. el adjetivo.

El establecimiento de relaciones diplomáticas decidido por Estados Unidos, que fue el promotor de la ruptura y su aceptación por Cuba, no cambia esta circunstancia. Tampoco el propósito cubano de organizar un estado socialmente orientado. Como ya he dicho: inculcar sospechas en la población por parte de los sectores involucrados, no ayuda en la gran tarea de hallar soluciones adecuadas y hacer avanzar el país. Actuar frente a las acciones ilícitas es una cosa, convertir la sospecha en hábito es ayudar a dilatar el proceso.

Los sectores activos en el escenario de la Cuba actual son unos pocos y están íntimamente interrelacionados. En general su composición está dada por miembros del gobierno, cuya función primordial es defender los lineamientos oficiales y trabajar en aras de su cumplimiento; las personas que se definen como pertenecientes al sistema, ya bien sea porque trabajaron en esferas oficiales de gobierno o del estado o bien porque colaboraron en su defensa, seguridad o desarrollo; un tercer grupo simplemente apoya el proceso y se siente identificado con las ideas de alcanzar una mejor organización de sociedad; un cuarto grupo de magnitud reducida, son personas que desean un regreso al sistema de partidos típicos de las sociedades donde las corporaciones y el capital son priorizados por encima del bienestar común. Este último grupo se subdivide en algunos pocos que viven en Cuba y reciben beneficios económicos por sostener esas actitudes; la otra parte que vive en el exterior integrado tanto por cubanos como extranjeros que, ante las nuevas circunstancias, pretenden aprovechar las reformas económicas en curso como instrumentos para llevar los cambios por otro camino; y finalmente están los inversionistas y personas de negocios que apuestan por los beneficios económicos posibles que puedan obtener si forman parte de esta nueva faceta del proceso.

El soporte del Poder en Cuba está engarzado en los integrantes del gobierno y el Estado, aquellos que se consideran parte del sistema y quienes defienden y apoyan en líneas generales el proceso. Todos ellos tienen como seguidores a los indiferentes. Los factores foráneos de inversión contribuyen a la gestión de los anteriores pero deciden en muy pocas medidas respecto a las estructuraciones sociales. Los otros grupos no tienen influencias, salvo la cobertura de la prensa extranjera que magnifica y distorsiona la trascendencia de los mismos.

El Poder está en la dinámica de los tres primero grupos señalados, cuyo porcentaje poblacional supone ser apabullantemente alto; su efectividad está dada por el grado de movilidad que obtengan en la diseminación, extensión y debate de los criterios que elaboran; la solidez de las soluciones que ofrezcan dependerá que conviertan en factor lo social sobre lo individual y en la medida que los aspectos doctrinales sean coloquen a un lado de la discusión, a la hora de plantear y defender sus ponencias.

Si no me equivoco del todo al describir el cuadro del Poder en Cuba no hay nada que temer sino por el contrario, hay mucho por hacer, especialmente por parte del Ejecutivo cubano, quien debe desatar nudos con miras a estimular de manera efectiva estos componentes sociales y humanos en los cuales se apoya el proceso social de cambios. No importa lo que piensen o quieran hacer otras personas o que Washington persista en sus deseos de provocar cambios en Cuba por otras vías.

Es bueno recordar que en el transcurso de las conversaciones, Estados Unidos no ha puesto sobre la mesa la realización de cambios políticos como condición para levantar el Bloqueo. Las condiciones de ambas partes son referidas a daños y perjuicios durante los años del conflicto y respeto mutuo. En medio de las conversaciones cada cual ha expresado su visión política sobre la sociedad y el Estado, sólo como comentario y para marcar territorio.

En realidad hace falta que todos los que ayer pensaban que había que invadir a Cuba, se sumen al nuevo proceso y vitorearlos por sus decisiones, sin pensar cuáles son sus intenciones. No importa que lo hagan con la idea de cambiar el curso del proceso cubano. Lo importante es el cambio de posición, para que los indecisos vean que nada pasa y ellos también se sumen. Mientras el Poder del Proceso Cubano resida en los tres factores humanos señalados, cada uno constituido por millones de cubanos enamorados de sus creencias y sus luchas, las cosas marcharán y los equivocados se cogerán el dedo con la puerta.

Con mucha esperanza; sin sospechas ni calificativos; con una gran sonrisa debemos concluir que las cosas suman a favor de Cuba, de Latinoamérica y también, por qué no decirlo, a favor de este gran país que es Estados Unidos de América.

4 de octubre del 2015

EL VECINO ALEJADO

EL VECINO ALEJADO

 Por Lorenzo Gonzalo,

periodista cubano radicado en Miami

Hace unos días decíamos que el estadounidense era visto con beneplácito por los cubanos desde antes de terminar la Guerra por la Independencia, durante el pedazo de república que nos tocó hasta 1933 y luego hasta el final de la dictadura de Batista. No fue así una vez que comenzó el proceso revolucionario. Conspiraciones, atentados, planes de asesinatos de los dirigentes revolucionarios y reclutamientos por diversos procedimientos, fundamentalmente mediante financiamientos y desinformaciones, hicieron que la mayoría de la población cubana comenzase a ver el Norte como una amenaza y de refilón cada estadounidense se hizo sospechoso. Sin esas ocurrencias, los criterios no hubiesen cambiado un sentir incubado por muchas décadas de vecindad y relaciones. La temperatura ascendió cuando el fuelle del discurso cubano, defendiendo el derecho soberano de estrenar nuevas maneras de gobierno denunció la trama, atizándola con la simpleza de palabras que las tribunas demandan y la sociedad en general entiende. En realidad no se trataba de vilipendiar al ciudadano estadounidense, sino de denunciar las tramas urdidas en los altos niveles de un Estado que, en aquel entonces, en mayor medida que hoy, aplicaba la ley de la “omerta” a los gobiernos que no respondían a sus solicitudes y no actuaban acorde con sus grandes intereses. El ciudadano estadounidense común, incluyendo en este término a profesionales, profesores, intelectuales, técnicos, obreros de todas las clasificaciones y pueblo en general, no planificaba contra el proceso político que parecía comenzar en Cuba. Los planes venían de las altas esferas del Estado, alentadas a su vez por los capitales que directamente sufrirían algunas afectaciones y por los otros que no deseaban ese tipo de ejemplo para el resto de los países del hemisferio. De esa combinación surgían tendencias económicas que por su carácter extraterritorial origina políticas semejantes, aunque más complejas, a las practicadas por imperios anteriores. De aquí la palabra imperialismo. El ataque a la política imperial desatada contra Cuba, practicada desde mucho tiempo atrás contra otras naciones y organizaciones, que a la altura del proceso revolucionario cubano, hacía años que habían sido intelectualizadas, racionalizadas y convertidas en “principios ideológicos” del capital, fue asumido por la población cubana como una acusación contra Estados Unidos y su gente. Estados Unidos y los estadounidenses se convirtieron para los cubanos en el enemigo. Los muertos por atentados dentro de Cuba, en el desembarco de Playa Girón, las víctimas de cubanos atacados en el exterior, muchos de ellos asesinados, fueron generalizados y envasados en un paquete llamado Estados Unidos y su gente. El “gringo” y el “yanqui” se convirtieron en estereotipos detestables. Las veces que el discurso oficial dijo no estar “contra el pueblo de Estados Unidos sino contra el imperialismo que nos intenta arrebatar nuestra soberanía”, pasó al segundo plano del inventario popular y era interpretado como “el implacable enemigo yanqui”. La teoría no es el plato fuerte en el diario bregar del ciudadano y las tribunas políticas por su parte, no son cátedras de sociología o de avanzadas teorías sociales. En última instancia a la dirección del gobierno le interesaba que la ciudadanía estuviese presta a empuñar el fusil contra el inminente enemigo que vendría del Norte. Durante cincuenta años los “gringos” eran los malos de la película. No importa cuánto intente explicarnos la teoría. Por eso ahora vienen los chistes que muestran la ironía de que lo malo se ha convertido en bueno y los agresores en amigos. Por suerte, el secretario de Estado John Kerry aclaró que “somos vecinos”. Estas palabras son un buen ingrediente para explicar que en realidad donde habíamos dicho Digo quisimos decir Diego. Y aunque la verdad yace en la agresividad de una estructura socio - política y económica, alentada por leyendas y metas comprometidas con un supuesto “Destino manifiesto”, saber que de repente ya no somos enemigos sino vecinos, es más fácil que intentar explicar una amistad de pueblo a pueblo que lamentablemente se interrumpió por una política errada de Washington y donde faltaba espacio para explicaciones teóricas. Esto, así de plano, es difícil de explicar desde una tribuna. Además, también sería prudente entonces aclarar que sólo podemos tener amistad con una parte de ese pueblo, porque también en el inventario de motivaciones que tienen muchos millones de sus ciudadanos estadounidenses, ser grandes, sentirse capaces de imponer políticas y “disciplinar” a diestra y siniestra a otras civilizaciones y países, es parte de su ADN histórico - social. A todo lo dicho debíamos agregar que existía también la enemistad nacida de la competencia por la hegemonía mundial entre el proyecto soviético y el resultado de doscientos años ininterrumpidos de sociedad que Estados Unidos siempre se ha propuesto imponer. Por ahora es bueno que nos quedemos con aquello de que “somos vecinos” con interés de normalizar nuestras relaciones, al margen de la particular filosofía de vida que cada cual profesamos. Partiendo de estas premisas, sin regodearnos en la sospecha, en pensamientos negativos o apostando que tarde o temprano nos van a convertir en tierra, podemos avanzar y hacer planes positivos. Pero eso sí, repito, hay que echar a un lado primitivas sospechas que muchas veces no son más que piedras virtuales colocadas en accesibles caminos. Creo que somos algo más que eso, disponemos de otros recursos para defendernos a la hora de la hora y mientras nada ocurra, debemos aprovechar y compartir experiencias con un vecino que un día, optó por alejarse de nosotros. 23 de agosto del 2015

CUADRO ACOMODADO VALE MENOS QUE UN CUADRO

CUADRO ACOMODADO VALE MENOS QUE UN CUADRO

 

Luis Sexto

¿Percibimos la gravedad de los términos en que lo viejo se resiste a lo nuevo? Habitualmente la dialéctica del desarrollo social se ha afincado en la contradicción –antagónica o no antagónica- entre lo que necesariamente empieza a ser  y  lo que es, y se niega. Dicho así, en lenguaje habitual,  todo parecería un proceso inconsciente, un litigio automático. Mas, lo espontáneo no cuenta tanto. Porque en los entramados burocráticos, influyen también intereses que condicionan actitudes de “defensa propia”. Es decir, me niego a renunciar a mis comodidades. Y aunque resulte muy escabroso probarla, esa actitud de resistencia en las circunstancias de Cuba quizás implique la “no inocencia” al entorpecer la solución de las necesidades nacionales.

Desde luego, no acuso ni alecciono. Sólo recomiendo andar y ver, ese doble secreto del oficio del periodista y de la política. Y si andamos, y nos decidimos a ver detrás de los informes, nos damos cuenta de que la vieja mentalidad sigue sosteniendo que gobernar o administrar equivale a ordenar y mandar desde distancias intransitables, sin gestionar una atmósfera de confianza y creatividad. Según mi experiencia, una de las viejas fórmulas consiste en acatar las nuevas leyes, y  ponerlas en práctica en este o aquel sitios de modo que se adecuen a los métodos y hábitos convocados a actualizarse. Esto es,  que lo viejo siga viejo.

No volteemos la vista. Y confirmemos que los aparentes acatamientos del formalismo continúan activos. Para esa conducta de falso techo, las ideas e iniciativas de las masas carecen de validez, y lo prometido no es deuda, ni el contrato un documento de inexcusable obligación. Por esas razones, algunos de cuantos, como mínima acción, deben explicar, nada  explican. Y por extensión a nadie persuaden, a nadie infunden ánimo. 

Líbreme el buen sentido de exagerar o de ser injusto. Pero esos son rasgos que uno observa cuando anda por el país, y recibe quejas o cartas pidiendo soluciones a problemas que no se resuelven en la localidad, ni siquiera reciben allí una explicación racional, pormenorizada de las causas. Por ejemplo, recientemente un artesano en posesión de su licencia, me escribió quejándose de que una ordenanza del gobierno municipal de Cárdenas, le niega el derecho a vender sus obras en Varadero. El remitente, vecino del municipio de Perico, asegura que él no vende a turistas, sino a vendedores autorizados en el populoso balneario. Es decir, donde el artesano reside su mercancía no circula: carece de compradores. Sin embargo, en Varadero, los que ofertan suvenires artesanales necesitan comprarlos a productores –digamos-  al por mayor. Y uno, inquieto, se pregunta qué pretenden los autores de esa medida local,  que puede estar facultada por la ley, pero al parecer no resulta razonable. ¿Qué intentan lograr medidas prohibitivas como la descrita: estimular o desestimular el trabajo por cuenta propia?

Dirijamos ahora la cámara hacia la calle. La vieja mentalidad en nosotros, ciudadanos comunes, aún añora los años cuando pretendíamos que para prosperar sólo era necesario un sésamo: quererlo. Y por tanto se niega a aceptar que ya no seamos iguales a la vieja usanza, es decir, que aptos y menos aptos, eficientes e ineficientes  nos emparejemos en el salario y los méritos, y que la seguridad social, en país pobre, siga sustituyéndome en mis  obligaciones de hijo o de padre. También nos molesta pagar tributos fiscales. Recientemente, un campesino se me lamentó: Fíjese, me exigen un impuesto por la tierra. Esa misma tierra -le dije en un segundo de lucidez- que usted ha recibido en usufructo gratuito.

En cierto sentido, más provechoso que identificar los rasgos de la vieja mentalidad, sería operar contra la insistencia de seguir tocando las aldabas en puertas clausuradas por su obsolescencia y esconderse tras sus astillas.

¿Y cómo, pues, habríamos de obrar contra la doblez, esa postura de pregonar con las manos en la espalda que todo está en orden? Habría que embanderar en cada lugar habitado, en cada terreno cultivado, en cada fábrica y proyecto de mejoramiento, en cada silla, en cada mano alzada o en cada aplauso, una disyuntiva sutilmente inapelable: sirvo o… sirvo de verdad. Porque las apariencias, como el maquillaje, rejuvenecen sólo por un momento. Si no aprendemos a valorar las demandas de transformación de nuestra sociedad, embarazada entre obstáculos propios y limitaciones avivadas por voluntades ajenas, y en consecuencia no deponemos con honradez tendencias envejecidas, privilegios y comodidades, coadyuvaremos culposamente a la pérdida de lo  que hoy es más urgente y precioso para la nación: el tiempo y la oportunidad.  

Resumiendo, pues: La experiencia enseña, primeramente, que cambiando la economía, la vieja mentalidad no se transforma por  impulsos automáticos. En segundo término, sin rigor exógeno que influya en el rigor local; sin cambios de los cuadros políticos o administrativos renuentes a servir dentro del cuerpo social, mezclados con los problemas, y sin la búsqueda de líderes locales que no estén dispuestos sólo a mirar hacia arriba,  sino a generar soluciones ligados con las masas, porque lo único que poseen es el futuro, será poco probable que la actualización modernice a una sociedad que continúa atrapada por la rigidez, precisamente allí: en las estructuras que han de flexibilizarse.

 

AH, EL DETALLE...

AH, EL DETALLE...

Luis Sexto

El apego al facilismo o a las conveniencias personales nos han habituado a mirar solo el bulto, el molote, las equivalencias en volumen más que en calidad. Metamos la mano en nuestra conducta común para percatarnos de que poseemos «el poder» de echar a perder lo más útil y exactamente construido o concebido. Y digo echar a perder, pero ese término tan absoluto significa también retrasar, distorsionar, desanimar, restringir, porque esquivamos un detalle básico o le incorporamos uno o más de nuestro patio o inspiración.

La atención a los detalles, o a ciertos detalles, nunca será suficiente porque su relevancia podría exigir tanta que nunca alcanzará para satisfacerlos. Y juicio tan definitivo es solo una afirmación de índole filosófica o psicológica para encarecer el papel del detalle. Porque a esta categoría cotidiana habrá que mantenerla bajo observación, calibrándole la naturaleza para precisar cuándo es solo un detallito, la huella de una mosca que tapa la corbata, o es el desgarrón que ni el saco logra cubrir.

Por otro lado, y ello me parece lo primordial, uno no sabe a veces si la desatención a los detalles por más o por menos es una natural incapacidad humana, o es en cambio una actitud, un vivir superficial de modo que nunca veamos el fondo. Sabemos que el ser humano es una mezcla de positivo y negativo, y a las insuficiencias de la inteligencia, se les puede adjuntar la anemia en los valores éticos. Y quizá resulte deshonroso o inefectivo, por tanto, darles aire a ambiciones o a encomiendas que el sujeto no pueda alcanzar con las capacidades propias.

Ahora podemos entrar en el espacio práctico. Porque, en ocasiones, uno aprecia que quien ha de tener la capacidad para atender a los detalles en determinada posición, no se demuestra precisamente como el más apto, sea por insuficiencia intelectiva o por deficiencia ética. Vamos, caigamos en la cuenta de que el detalle en la selección de las personas que habrán de atender a los detalles de la vida social, económica y política, merece un juicio demorado, hondo. Fijémonos en que la improvisación se reduce, la mayoría de las veces, a la falta de rigor al decidir sobre el conjunto sin prever las consecuencias, sin atender lo que una vez un periodista de Bohemia llamó la cultura del detalle, detalle a su vez de la cultura general, cuya extensión tanto nos enorgullece, y que ha de empezar, en lo más característico, por saber valorar y respetar lo singular dentro de la sociedad.

La cultura del detalle, pues, repara en lo que parece pequeño para medirle la verdadera dimensión, y facilita fijarnos, por ejemplo, en que existe una contradicción entre nuestro sistema de salud y el hecho cotidiano de que en carnicerías o en tarimas de los mercados agropecuarios corten y despachen el jamón con la misma mano que se contamina al tomar el billete del pago. Qué bobería, ¿verdad? Esa sería la reacción del que no aprecia las inconsecuencias. ¿Habremos averiguado cuántos pacientes llegan a los centros asistenciales por esa minúscula falta de higiene?

Y es solo una referencia, mínima, en efecto, para recordar que ninguna acción humana queda sin generar o condicionar otras acciones. Por tanto, el descuido de un detalle —la gotera en el techo o la respuesta tardía a la duda o malestar de un ciudadano—, prepara la arrancada para que otros detalles, concatenados, empiecen a desvirtuarse. Y si la desatención a lo pequeño estropea las relaciones en centros de trabajo, o quiebra un matrimonio, o convierte a amigos en enemigos, qué no ocurrirá cuando nos acerquemos a las esferas decisivas.

Tengo en cuenta, sin embargo, que algunos de nosotros hemos pasado por alto este o aquel detalle con justificaciones tan manidas como «no se puede» «no hay recursos», «más adelante». ¿Negaremos acaso que las carencias financieras, los límites productivos existen? Aludo a que antes y también ahora, han abundado comodines para dejar de hacer o actuar. La inhabilidad resulta, circunstancialmente, hábil para enmascararse y pasar por auténtico lo falso, o por verdadero lo fingido.

Y estas certezas, que la impunidad suele confirmar, nos han de obligar a pensar que cuando las decisiones son correctas y se frustran, sucede así por haber errado aquellos para quienes insistir en un detalle de más o de menos, significa una nadería hasta en el rasero con que ellos mismos fueron medidos para estar ahí, equivocándose.