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PATRIA Y HUMANIDAD

Clinton seguirá la apertura con Cuba; Trump, una incógnita por su caos mental

Clinton seguirá la apertura con Cuba;  Trump,  una incógnita por su caos mental

 

Patricio Zamorano, analista político, profesor universitario y trovador chileno,director ejecutivo del portal InfoAméricas.info  remarca que durante este primer año de restablecimiento de relaciones entre la isla del Caribe y Estados Unidos, el principal avance desde el lado cubano ha sido convertirse en un interlocutor de igual a igual con el gigante norteamericano, pero que aún quedan muchos temas pendientes para que realmente las diplomacias se normalicen.

Por Ricardo Pérez V.

Este miércoles 20 se cumplió un año desde que Cuba y Estados Unidos restablecieron de manera oficial las relaciones bilaterales, tras más de 50 años en que ambos países se miraban con recelo. En estos 365 días en  opinión de muchos, poco se ha avanzado.

¿Es muy temprano para exigir más en un año? ¿o los cubanos y estadounidenses deberán ser más pacientes para satisfacer sus demandas en el marco de esta nueva etapa?

Patricio Zamorano es uno de los más indicados para responder a estas dudas, pues lleva muchos años radicado en Estados Unidos y ha visto muy de cerca este proceso y es uno de los expertos en esta materia. Incluso, estuvo invitado hace algunos días a la ceremonia de conmemoración del año de relaciones bilaterales, que se celebró en la embajada cubana recién instalada en Washington. De paso por Chile, tuvo tiempo para responder a las consultas del diario La Nación y realizar un análisis de la situación actual entre la isla y el gigante norteamericano.

- En este primer año, ¿crees que se ha notado algún cambio relevante en la relación de ambos países? ¿Ha habido un avance concreto?

 -Ha habido un avance concreto en varias áreas, pero en muchas otras el progreso ha sido marginal. Yo diría que el principal avance desde el lado cubano ha sido convertirse en un interlocutor de igual a igual con Estados Unidos. La potencia del norte ha tenido que sentarse a la mesa de negociaciones y conversar sin precondiciones con su contraparte cubana. Eso es así y señala un triunfo importante de la diplomacia cubana. Pero al mismo tiempo le ha causado al gobierno del presidente Obama una gran tensión con los sectores conservadores de ultraderecha del Congreso de Estados Unidos, que no le perdonan haber reiniciado relaciones diplomáticas sin haber exigido más al gobierno cubano.

 “Sin embargo, aún quedan muchos temas pendientes. Pese a que las transacciones bancarias desde EEUU, tarjetas de crédito, creación de sucursales comerciales, apertura a las telecomunicaciones y el incremento exponencial de vuelos autorizados se ven bien en el papel, aún no se han concretado. Hay una montaña de expectativas, enfrentada a una realidad mucho más restrictiva desde el punto de vista legal, normativo y de capacidad técnica. Cuba no tiene capacidad aeroportuaria para enfrentar los 100 vuelos diarios que EEUU dice querer autorizar. No hay suficientes hoteles y Cuba enfrenta, en ese sentido, un gran desafío de infraestructura para los próximos años. Pero el diálogo en muchas áreas se amplía día a día. Hay reuniones constantes de equipos de seguridad aeroportuaria, de la guardia costera para enfrentar el narcotráfico y la seguridad marítima, se ha abierto por primera vez en décadas el flujo de correo postal. La Embajada de Cuba se llena en sus eventos de funcionarios del Departamento de Estado, de representantes de las fuerzas armadas, de congresistas. Todo un cambio de formas inimaginables un par de años atrás. Pero siguen pendientes tres áreas fundamentales, a mi juicio: terminar con el embargo estadounidense, cerrar la cárcel de Guantánamo y devolver este territorio a los cubanos, y derogar la llamada “ley de ajuste cubano” que incentiva el intento de pisar suelo de EEUU en balsas con todo el riesgo de vida que conlleva”.

 - A pesar de esta nueva etapa, se mantiene la migración de cubanos a EEUU. ¿Por qué?

 -Claro, todo esto relacionado con la pregunta anterior. Hay sin duda una constante migración cubana a Estados Unidos por razones económicas. Y Cuba ha dado todas las facilidades a los cubanos que ahora solo necesitan visa del país anfitrión para viajar a él, igual que cualquier otro ciudadano de cualquier país. Pero hay un tema que la opinión pública desconoce. Hay un acuerdo migratorio entre EEUU y Cuba, vigente desde Reagan, donde Estados Unidos se comprometió a entregar 20 mil visas a los cubanos cada año. Pero EEUU nunca ha cumplido esa cuota. Y sumado a la “ley de ajuste cubano” que señala que cualquier ciudadano de Cuba que pise territorio de EEUU puede solicitar la residencia, entonces se convierte todo esto en la combinación perfecta para incentivar el cruce irregular en balsas. Los cubanos se arriesgan a cruzar el mar Caribe porque la Embajada de EEUU en La Habana no les da visa. Los cubanos se arriesgan a cruzar a Estados Unidos por esta combinación viciada de una ley que les dará residencia si llegan a la costa. Esto debe acabar de una vez por todas, y EEUU debe comprometerse a realizar una reforma racional y humanitaria para regularizar el tema migratorio y evitar más pérdida de vidas.

-Algunos indican que esta nueva etapa sólo ha tenido algo de relevancia en términos comerciales, con el restablecimiento de vuelos y cruceros y la intención de inversión de empresarios de EEUU, pero que políticamente la relación sigue estando fría como antes…

-Hay algo de eso. En Washington DC las autoridades diplomáticas, y los funcionarios de la Cancillería en Cuba dejan en claro esa sutileza, sobre que se han reanudado las relaciones diplomáticas, pero bajo ningún punto de vista existe una normalización de las relaciones entre ambos países. Cuba ha dicho claramente que no considerará las relaciones normalizadas mientras exista el embargo ampliamente condenado en Naciones Unidas, y que se devuelva la zona de Guantánamo. El gobierno de EEUU a su vez insiste en que tampoco considera las relaciones normalizadas mientras no se reforme el sistema político cubano bajo una fórmula de democracia multipartidista, y mientras los hermanos Castro estén en el poder. Pero este es un tema fundamental que es el escollo para la normalización completa: Cuba pide que EEUU elimine presiones unilaterales que ejerce el país del norte contra la isla, y EEUU exige cambios dentro de la institucionalidad cubana. Pero eso es un escollo enorme que debe solucionarse desde los Estados Unidos pues Cuba no le pide a EEUU que cambie su sistema político. Cuba no mantiene un embargo contra EEUU ni controla parte de su territorio soberano. Esta distinción es súper importante, pues desde el punto de vista comunicacional y político da la idea de que Cuba debería cumplir con una especie de agenda de EEUU para seguir avanzando, y eso es la verdad irónico, pues la situación concreta es la opuesta: EEUU tiene una obligación fundamental de eliminar un embargo que es completamente ilegal según las normas del derecho internacional, y devolver un territorio que no le pertenece, el de Guantánamo. Cuando esas dos condiciones se cumplan, no cabe duda que EEUU podrá iniciar la influencia que estime conveniente para presionar a un cambio político. Por supuesto, se encontrará con la resistencia cubana, que con todo lo acontecido en todas estas décadas, aún no claudica. Si uno se preocupa de dialogar con la sociedad civil cubana se da cuenta que ‘Cuba es para los cubanos’, en el sentido de que entre todo el rango de posiciones políticas, hay un acuerdo tácito: la soberanía de la isla y los avances de la revolución en el área salud, educación y subsidios de las necesidades básicas no son transables. Excepto entre los disidentes declaradamente anticastristas y en contacto con las autoridades diplomáticas estadounidenses, es claro que la población cubana quiere el acercamiento con Estados Unidos, quiere iniciativa privada y quiere normalidad con el país del Norte. Pero al mismo tiempo no van a entregar la independencia institucional, cultural y política de la isla a Estados Unidos. Eso no se ve en el análisis en el corto o largo plazo.

 -¿El bloqueo económico siguen siendo la gran piedra en el zapato entre Cuba y EEUU?

 -Así es. El bloqueo y el tema de Guantánamo. Eso desde el punto de vista cubano. Desde el punto de vista de Estados Unidos, desean un cambio de régimen, la salida del castrismo del gobierno de Cuba, multipartidismo y apertura política a la disidencia. Y ese es el problema: puestos todos estos factores en la balanza, son disímiles. No hay puntos de acuerdo en la agenda, es una agenda paralela, que vive en momentos y objetivos distintos. Y eso puede retrasar enormemente la “normalización de relaciones”, aunque no impide seguir avanzando en la profundización de las relaciones diplomáticas, que no es lo mismo.

 -¿Crees que esta nueva relación ha cambiado en algo las expectativas económicas, de vida y de desarrollo de los cubanos?

 -Sin duda. En 2013 fui a Cuba a realizar conferencias en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, y tuve contactos con varios estudiantes, académicos, intelectuales, periodistas y artistas, toda gente de la sociedad civil, y mi pregunta fundamental fue en torno a las reformas económicas, que han corrido de forma paralela al proceso de reanudación de relaciones diplomáticas. En cierta forma Obama elige este momento histórico para acercarse a Cuba también para aumentar la influencia de EEUU durante esta apertura a la iniciativa privada. Entre todas las personas con las que pude hablar absolutamente nadie compartió una visión negativa de las reformas. Flota en el ambiente, y las cifras lo confirman, que la creación de espacios para la iniciativa privada es fundamental para que el Estado pueda mantener el nivel de gasto social que ejerce y beneficiar a quienes realmente lo necesitan. En tres años que he estado visitando a la isla en proyectos académicos he visto una explosión de actividad impresionante. Restaurantes, tiendas de celulares, ampliación de puntos de WiFi e Internet. Restauración de La Habana vieja, restauración del malecón, encuentros semanales de trova con la nueva generación de cantores, el hip-hop y el funk pululando en las calles, nuevos bares, nuevas iniciativas personales de artistas, nuevos medios de comunicación independientes. Es palpable de forma real que la Cuba de antaño, la que sectores de izquierda más conservadores desean mantener como un ícono congelado en el tiempo, ya no existe. La Revolución se está revolucionando a sí misma, desde adentro, y eso creo implica también un fracaso desde el corazón radical de la derecha estadounidenses. Cuba está cambiando sin la intervención directa de Estados Unidos, y ese cambio no tendrá por tanto el sello estadounidense, sino el sello de la cubanía.

 -¿Crees que el gobierno socialista cubano se siente cómodo con esta nueva relación con EEUU?

 -No creo que se sienta cómodo en el sentido político, pero sí en el sentido estratégico. No es fácil crear confianza entre dos países que han roto relaciones diplomáticas por más de 50 años. Tampoco es cómodo sentarse a la mesa a negociar cuando ese país aún ejerce un bloqueo financiero contra la isla. No es cómodo para las autoridades de Estados Unidos sentir que se sientan a la mesa claudicando de la lucha contra un gobierno comunista que ha visto pasar a una cantidad enorme de presidentes que no lograron doblegar ni al gobierno ni al pueblo. Pero sí es cómoda la forma en que se ha concretado el acercamiento, por primera vez de igual a igual, respetando los tiempos, respetando las agendas de interés de ambos países. No hay ningún otro país de América Latina y del mundo ubicado al otro extremo del espectro ideológico, con excepción de la exUnión Soviética, que se haya sentado a la mesa con Estados Unidos al mismo nivel de diálogo, de tú a tú, con el grado de trascendencia de lo que se está discutiendo en estos momentos. Por eso digo que el gobierno cubano está cómodo desde el punto de vista estratégico. Desde lo político, es otra cosa. Hay muchos en Cuba sin duda, y en la izquierda latinoamericana, que se sienten más incómodos por ver este acercamiento, mientras al mismo tiempo EEUU crea nuevas sanciones contra Venezuela, por ejemplo. Desconfían de EEUU, de sus intenciones, de las consecuencias, temen que Cuba se transforme en un Vietnam o en una China que desarrolle un mal llamado “capitalismo de Estado”. Es muy temprano aún para extrapolar hacia donde derivará el proceso. Los sectores que más añoran la Cuba idealizada de décadas atrás, desearían mantener el sistema socialista inmutable, pero lamentablemente la realidad de las cifras macroeconómicas y de las necesidades diarias de la gente son mucho más urgentes, y algunos cambios son necesarios para mantener las columnas-base de la Revolución de 1959. Pero basta con pasearse por las calles de La Habana y hablar con la gente, y la verdad es que nadie en su sano juicio aceptará que se invente un capitalismo de Estado que barra con la salud, la educación, la protección social y cultural que ha costado tanto construir y que es un orgullo para los cubanos, porque pese a la gran pobreza en que vive la población, no es lo mismo ser pobre en Cuba que ser pobre en Chile, por ejemplo. Ya lo saben las miles de familias chilenas arruinadas económicamente por enfermedades catastróficas, en el inmoral ambiente comercial y financiero que se ha creado con el sistema privado de isapres.

 - ¿Por qué se ha demorado tanto EEUU en cerrar Guantánamo?

 - Esta ha sido una de las promesas más incumplidas de Obama. Se ha comprometido varias veces a cerrar la cárcel, ante el escándalo mundial que se ha creado al saberse que se ejerce la tortura, como ha denunciado la Cruz Roja y Naciones Unidas. Y pese a que tuvo al Congreso de EEUU a su favor al inicio de su gobierno, no fue capaz, y ahora menos con un Congreso dominado por el Partido Republicano. El Congreso le niega a Obama ahora los fondos para expatriar a las decenas de presos que siguen languideciendo sin proceso, sin derecho a una defensa secreta, sin condenas. En las condiciones actuales, Obama ha amenazado con sacar a los presos y derivarlos a terceros países o a cárceles en territorio estadounidense usando sus atribuciones ejecutivas, por decreto, pero eso le traerá sin duda acusaciones constitucionales de los congresistas que no desea abrir en plena etapa electoral. La promesa trunca de Obama del cierre de Guantánamo será quizás una de las marcas más oscuras de su legado. Se le criticará por años.

 - ¿Cómo vislumbras la relación a futuro ante un eventual triunfo en las elecciones de Hillary Clinton o de Donald Trump?

 - Eso es una pregunta abierta. Clinton, no cabe duda pues lo ha dicho, mantendrá el continuismo de la apertura diplomática con Cuba. Lo ha dicho en sus libros, siempre apoyó finalizar el embargo, abrir embajadas, y todo lo que se ha realizado. En el caso de Trump, como todo lo que tiene que ver con Trump, es una incógnita basada en su caos mental. Desde el punto de vista económico, no cree en embargos, y desearía embolsarse un nuevo millón de dólares abriendo una Torre Trump en el malecón de La Habana. Pero tiene un grupo importante de republicanos anti-castristas que le exigirán, de llegar a la presidencia, desmantelar todas las medidas ejecutivas que ha realizado Obama saltándose el embargo. Pero eso ya es parte de un futuro sumamente incierto dadas las condiciones de las elecciones presidenciales más caóticas de las últimas décadas en Estados Unidos.

 

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