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TRIUNFO DE LA OPOSICIÓN BROTA DEL CORAZÓN DEL CHAVISMO

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Por Patricio Zamorano, académico,

analista político, Director Ejecutivo de InfoAméricas.info

 Desde Washington DC 

 No hay duda de que la derrota electoral del chavismo no se puede adjudicar sólo a la oposición venezolana. Como lo dijo en CNN la noche de este domingo el propio Luis Vicente León, director de Datanálisis, empresa de encuestas identificada con el anti-chavismo, pese al crecimiento de diputados, la oposición no tiene un proyecto claro de sociedad ni de gobierno. La población venezolana, en ese sentido, no votó contra las prestaciones sociales, contra las políticas intensas anti-pobreza, los subsidios a los más necesitados, la nueva ecuación de la riqueza petrolera que distribuye mejor los ingresos fiscales, la inclusión democrática desde las mismas bases comunitarias, ni contra los valores solidarios y de democracia participativa que ha fundado sólidamente el chavismo.

Muy al contrario, el voto es una respuesta comprensible a la alta volatilidad económica, la inflación crónica y la escasez producida tanto por políticas erradas, la baja petrolera, la menor cantidad de dólares disponibles para las importaciones y la baja productividad nacional, unido al mercado negro creado por miles de especuladores, acaparadores y dirigentes de la empresa privada que no han cejado en sus esfuerzos desestabilizadores. Pero en términos políticos no importa el origen de la fuerte crisis económica que atraviesa el país, pues los efectos especialmente en los sectores más desposeídos y en la clase media-baja son obvios. Estas elecciones fueron una válvula de escape que debe, sin duda, provocar una “bofetada para los tiempos que nos toca actuar hacia el futuro”, como señaló en el reconocimiento de la derrota en la Asamblea Nacional el Presidente Nicolás Maduro.

 

Es tan claro el voto castigo hacia lo económico y no hacia el corazón del chavismo, que el propio secretario general de la llamada “Mesa de la Unidad Democrática” (MUD), Jesús Torrealba, en sus primeras declaraciones fue cauto y señaló tras ganar el control de la mayoría de diputados, “que llegar a la Asamblea en unidad y con deseos de cambio, no implica acabar con las conquistas sociales ni mucho menos”. O como señaló el electo diputado opositor Julio Borges,:“Vamos a dar, a profundizar, a democratizar los programas sociales”. Y el propio excandidato presidencial Henrique Capriles lo analizó claramente cuando expresó ante la prensa que “la gente ha votado para castigar al Gobierno”. Es revelador el hecho de que la oposición no ha generado un paroxismo triunfador ni ha colapsado las calles celebrando, y se ha cuidado de no anunciar un revanchismo reformista que dañe las políticas sociales que, sabe, son apoyadas por millones de venezolanos. Hay, sin duda, dos visiones enfrentadas en la MUD, una más agresiva y extremista representada por Leopoldo López, y otra más moderada que desea cimentar cambios sobre la base de negociaciones directas con el gobierno, más en la línea de Capriles y Henri Falcón. Esa dicotomía de intereses marcará la conducta opositora en la Asamblea Nacional que se inaugura en enero de 2016.

En efecto, el carácter plebiscitario que la oposición le dio a estas legislativas tiene un doble filo, pues al mismo tiempo deja en claro que la MUD debe aún ser capaz de generar un modelo alternativo de gobierno que sea viable, que lo lleve a la Presidencia del país, y que entregue al país una continuidad robusta como la que ha tenido el chavismo desde 1998. La gran pregunta es, ¿está en esas condiciones de madurez política tras estar fuera del poder por casi dos décadas y con un nivel crónico de división interna?

 

 Es de predecir, en todo caso, que tras la historia de más de 17 años de Revolución Bolivariana, la oposición deberá construir sobre las bases socio-económicas que el chavismo ha creado en Venezuela. Esa filosofía, que se proyecta y construye desde el comunismo hasta los valores centro-izquierdistas de la social-democracia, quedará enraizada por un largo tiempo en la cultura venezolana, especialmente entre las clases menos privilegiadas que han sido apoyadas por el chavismo y sacadas de las sombras. También entre un amplio sector intelectual, del activismo joven, de los militares, de los artistas, de los círculos universitarios y la clase profesional consciente del alto grado de exclusión que vivía Venezuela antes de la llegada de Hugo Chávez al poder para enfrentar el casi 70 por ciento de pobreza que abofeteaba la moral del país.

Ante la ausencia de un programa o modelo alternativo desde la oposición, el avance de la derecha venezolana es claramente un voto castigo, como lo señalan sus propios dirigentes. Es también claro según las cifras preliminares, que muchos simpatizantes chavistas prefirieron la abstención a haber votado por los candidatos opositores, seguramente inquietos por una decisión personal que afectaría el apoyo moral que aún genera la figura del fallecido presidente Chávez, imaginario que no logró conectar completamente con el nuevo liderazgo del PSUV. Muchos chavistas, en ese sentido, prefirieron la abstención y no presentarse ante las urnas, que votar contra el gobierno y la figura del Presidente Chávez.

El chavismo, no hay duda, ha cambiado de forma profunda los valores fundamentales del discurso político y las prioridades programáticas de todo el país. La oposición, víctima de un largo proceso de primero negación, y luego reacondicionamiento valórico-pragmático, ha terminado obligándose a acoger el discurso social del gobierno, el nuevo paradigma que inunda no sólo Venezuela sino que a toda América Latina. Incluso una de las dirigentes más extremas de la derecha venezolana, María Corina Machado, llegó a la Asamblea Nacional con un fuerte discurso social, basado en la lucha contra la pobreza y una mejor distribución de la riqueza. Según sus propias declaraciones, por “un gobierno responsable que satisfaga las necesidades fundamentales que tiene la población, y que mejore su calidad de vida”. Lo mismo Capriles: avanzó hasta quedar a un suspiro de la Presidencia en las elecciones de 2013 utilizando los mismos mensajes de justicia social e integración económica que son la base de los valores chavistas.

 

 

Hay un tema fundamental de la ética política que este triunfo opositor puede ayudar a solventar. En una veintena de actos electorales de toda índole, múltiples elecciones legislativas, de gobernaciones, municipales, revocatorias presidenciales y un largo etcétera, la oposición, pese a los hechos irrefutables sobre lo excelente y transparente del sistema electoral venezolano, ha realizado constantemente campañas de desinformación y asesinato de imagen contra los organismos eleccionarios y contra el Ejecutivo. En esta campaña de 2015, múltiples medios de comunicación, en especial internacionales como El País de España (miembro del grupo PRISA cuyos intereses económicos han sido afectados por el chavismo, lo que no informa a sus lectores, comprometiendo su imparcialidad), mantuvieron hasta el mismo día de las elecciones un clima alarmista sobre denuncias de violencia, fraude y ventajismo oficial contra la oposición. En pocas oportunidades se ha visto una campaña tan organizada y sistemática para debilitar la imagen de un gobierno elegido democráticamente. Apenas hubo claridad sobre la ventaja opositora este pasado domingo, los mismos medios de comunicación se apresuraron a celebrar la calma, tranquilidad y transparencia de una jornada ejemplar… Pero el daño ya está hecho. Mucho del anti-chavismo que se genera desde el plano internacional es y será alimentado desde un espacio de manipulación extrema. Los constantes llamados del Presidente Maduro a la calma política, al accionar democrático y al respeto que se daría de los resultados fueron prácticamente omitidos de todas estas cadenas internacionales.

Es prácticamente impresentable para la oposición la aberración de estar celebrando un triunfo basado en el mismo mecanismo electoral que han criticado tan violentamente. Incluso las primarias opositoras de mayo de este año 2015 utilizaron esa misma infraestructura tecnológica facilitada por el, luego, atacado Consejo Nacional Electoral (CNE). Los medios de comunicación que se enfrascaron en esta campaña de desinformación callaron sobre este tipo de hechos clarificadores.

 

Asimismo, la oposición se benefició de la misma distribución de la ley electoral que privilegia a los partidos mayoritarios, y que ha potenciado al gobierno en pasadas elecciones. Ahora que la MUD vio supervalorado el número de asientos en la Asamblea Nacional, hay una “gran” posibilidad de que los medios mundiales y nacionales no escuchen ningún reclamo sobre esos beneficios de la ley venezolana…

 

 En esta nueva etapa, paradójicamente se puede predecir un altísimo crecimiento del chavismo como constructo institucional venezolano, tallado en una amplia trama institucional que emana de la Constitución de 1999, una de las más avanzadas en el continente en términos participativos, de control hacia los actos del Ejecutivo y de auditoría popular, además del reconocimiento de derechos fundamentales de todos los grupos sociales y culturales venezolanos. Es paradójico, pues la oposición ahora procurará tomar el máximo de ventaja de los beneficios que ofrece la Constitución de 1999, incluido quizás otro plebiscito revocatorio contra el Presidente Maduro. En ese sentido, gozará de todo el marco de operación legítimamente democrático que le ha negado, a su vez, al gobierno, que se ha visto en una constante lucha por hacer uso de su derecho legítimo a gobernar según esa misma institucionalidad. Todo ese uso de la legalidad institucional que ha ejercido el gobierno chavista, condenado por la campaña mediática de algunos medios de comunicación y organismos conservadores de Estados Unidos, América Latina y España, ahora callará cuando esté en manos de la oposición de derecha.

 Veremos, por tanto, un proceso curioso que ya se viene desarrollando desde hace algunos años: la defensa de la Constitución por parte de la misma oposición, que la ha denunciado en otras ocasiones en que las tendencias políticas y electorales no les fueron favorables. No faltarán las declaraciones de apoyo de gobiernos aliados de la oposición como Estados Unidos y Colombia, que celebrarán la democracia venezolana, tras este triunfo reciente.

Si el chavismo logra recomponerse, tomar medidas urgentes que controlen la inflación, aumenten la producción nacional, balanceen el tipo de cambio que mantiene debilitadísimo al bolívar, y pueda generar un flujo amplio de los artículos de primera necesidad rompiendo el acaparamiento ilegal de los privados (controlando la corrupción que ha afectado a Venezuela crónicamente desde hace décadas), es posible que pueda recuperar algo de lo perdido. Pero en ese escenario, es de esperarse nuevamente la reactivación de una campaña del terror cuya intensidad dependerá de las nuevas amenazas que la oposición perciba al status quo de su capital político recién ganado.

La Revolución Bolivariana es, en ese sentido, una feliz “víctima” (y ha demostrado respetar claramente esas consecuencias pese a la contracampaña de los sectores conservadores) de la propia democratización que ha generado y que ha convertido en ciudadanos activos y participantes del destino de su país a millones de venezolanos que la actual oposición de derecha mantuvo excluidos del sistema político por cuatro décadas antes de la llegada de Chávez al poder. Y ese nuevo nivel de ciudadanía, que porta y esgrime en su mano el librito azul de la Constitución venezolana cada vez que siente que sus derechos no son respetados, es un triunfo enorme de la Revolución Bolivariana que la historia de Venezuela honrará por siempre. La oposición (es de esperar esa reflexión profundamente patriota y justa), debería estar agradecida de ese legado.

 

11/12/2015 09:43 Luis Sexto #. Política



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