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LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y EL PAPA

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Luis Sexto

Apostilla ingenua

El papa Francisco ha obligado a pensar sobre un equívoco durante su reciente viaje a Filipinas: el abuso de la libertad de expresión. Muchos de cuantos reclaman usarla, estiman que la libertad de expresión es el incontenible parloteo de una cotorra: digo lo que quiero, donde quiero y como quiero. Después, pan, pa´la cotica.

El papa, a preguntas de un periodista, opinaba sobre el atentado contra la redacción del periódico satírico Charlie Hebdos, que había caricaturizado símbolos de la religión de Mahoma.  Y a pesar de la suspicacia que provoca el asunto, pues  uno se pregunta si más que  a los grupos islamistas que aparentemente  azuzaron a los ejecutores, el crimen benefició a los proyectos geopolíticos de las potencias occidentales, que dispondrán ahora de un pretexto más para reforzar sus guerras en Libia, Siria, Irak, e incrementar  las amenazas a Irán; a pesar de la suspicacia,  uno comprende, como dijo el papa, que hay que respetar incluso, y quizás, sobre todo, a las religiones. Y aunque tanto el obispo de Roma, como cualquier persona racional, repudia la violencia, incluso para hacer justicia, en términos netamente humanos el ofendido tiende a defenderse.

Por lo tanto, la libertad de expresión tiene un límite: el derecho de los demás a ser respetados. El límite de la libertad individual termina donde comienza la libertad del prójimo. Es lo racional, lo puramente característico de las relaciones humanas. Lo demás, alegar el uso de la libertad de expresión para ir contra las leyes, o contra el respeto debido a los principios, creencias,  costumbres, ideologías de nuestros semejantes, es correr un riesgo, además de atentar contra la ética que rige las relaciones entre las personas.

El papa puso un ejemplo, alejado de su facultad de hablar urbis e orbis, pues lo dijo a un periodista a fuer de prójimo, de ciudadano, de gente común, aunque sea un personaje capital del orbe religioso. ¿Cómo responderemos si ofenden a nuestra madre? Con una bofetada. La desgracia de París, pues, nos obliga a pensar en valores que, aunque exigimos para nosotros, no queremos respetar en los demás.

17/01/2015 16:44 Luis Sexto #. Política



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