Facebook Twitter Google +1     Admin

RECURSOS INDESEABLES

20150113020344-autoritarismo.jpg

Luis Sexto

No pienso que revelo un secreto ni doy una noticia al decir que la llamada vieja mentalidad persiste en continuar enfocando y juzgando nuestra vida con los mismos conceptos y prejuicios de ayer. Los psicólogos, incluso los expertos en moral, nos advierten que los hábitos establecidos son tan difíciles de desarraigar como los altos precios, o como la mala yerba que por momentos se enseñorea sobre nuestros campos.

Cualquier cubano preocupado se pregunta si la vieja mentalidad y toda su bolsa de recursos indeseables, desaparecerá sólo después de que el proceso de actualización cumpla su programa transformador de normas, métodos y estructuras. O si irá cediendo espacio la vieja mentalidad mediante la educación y las apelaciones.

En mi opinión, el cambio material, educativo y estructural tendrá, en última instancia, que ganar la partida e imponer una nueva visión de las cosas y de las personas, esto es, de la sociedad. Una visión, digo, más constructiva, más solidaria, más ética en consonancia con el espíritu renovador de la actualización del modelo económico.

Unos y otros  también se preguntan si la lucha por trascender errores e insuficiencias, es sólo contra ese esquema mental de enfoques, prejuicios y normas de conducta, condicionado por un orden burocratizado que confundió  el ejercicio democrático con el autoritarismo. Y  por consiguiente, hasta tanto la atmósfera de la vieja mentalidad desparezca, dejaremos a ciertos hombres o mujeres en el mismo puesto o cargo en que demuestran no ser dignos de las funciones o tareas para las cuales fueron nombrados o elegidos.

Tengo dudas. Lo vemos. La vieja mentalidad se resiste, pero no en abstracto, ni despersonalizadamente; se resiste en las acciones y conceptos de sujetos visibles, palpables, concretos. Porque, hay que reconocerlo, la vieja mentalidad supone también un conjunto de intereses privilegiados y de líneas de menor esfuerzo, cuya corrección agita la tranquilidad de un segmento de cuantos hasta hoy han ejercido funciones en la economía e, incluso, en sectores políticos. Todavía sigue siendo  menos conflictivo  ordenar, mandar, dar un puñetazo en la mesa para ser obedecido, o, lo que es peor, para ser temido. Más complicado les resulta a algunos actuar atemperados por los guantes pulidos de la política, es decir, exigiendo pero respetando los valores humanos de quienes se subordinan. 

No me engaño; tampoco miento, ni exagero. Si uno anda, ve y oye, se percata de que esas conductas componen aún manchas en nuestra sociedad. Manchas que en vez de unir y propiciar la participación popular, promueven la indiferencia o un velado descontento.

Parece, así,  que debemos levantar más alto un principio de Félix Varela, convertido en realidad por la revolución. Dijo el fundador de la ética de nuestra patria: “Yo reconozco en los pueblos una inmensa superioridad sobre los individuos”. Y en otro momento, el padre Varela trazó un principio que hemos también de extender aun más: “El hombre no manda a otro hombre; la ley los manda a todos”.

(Comentario difundido por Radio Progreso el 12 de enero de 2015)

12/01/2015 17:54 Luis Sexto #. Política



Powered by Blogia

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris