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ENTRE EL CASCABEL Y EL GATO

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Presentación de ¿Tiene cascabel el gato?, de Maribel Acosta, en el XI Encuentro Iberoamericano de Género y Comunicación

 Luis Sexto

Soy amigo de Maribel Acosta. Y este título supone, entre los cubanos,  mil y una noches de compromisos, y aclaro que lo de noches es sólo una imagen. Compromisos, digo,  principalmente de fidelidad. Pero, aunque pueda entenderse que he asumido esta tarea un tanto forzado por los presupuestos de la amistad, aseguro que la realizo en plenitud de conciencia y anuencia, advertido por los años de los peligros intelectuales que implica el análisis crítico de un libro para presentarlo como apto para pasar de mano en mano.

De esos puentes en riesgo de derrumbe, me salva un principio: si soy amigo de Maribel Acosta, soy más amigo de la verdad, como creo recordar que declaró un filósofo griego cuyo nombre no voy a rebuscar entre mis libros o libretas de apuntes. Soy, en efecto, amigo de la verdad. Y por tanto he de decir que este libro titulado ¿Tiene cascabel el gato?, merece ser presentado con el vestido de los 15 años o con el de bodas. Es decir, he leído este libro, lo he meditado y puedo recomendarlo como una lectura útil y  en particular necesaria.

Primeramente debo enumerar las preguntas que comencé haciéndome al empezar a leer este libro: ¿Quien es el gato? ¿Por qué el cascabel?  Luego, una hipótesis: si hay gato y cascabel es porque hay “ratones”. ¿Y quiénes por tanto son los ratones? En fin, ustedes, reunidos en este encuentro iberoamericano,  han de saber la respuesta considerando su experiencia en los asuntos de la comunicación El gato es el problema; el cascabel, la solución; y los ratones, nosotros los que intentamos colgarle el cascabel al problema y los que, puestos a ver y oír, nos suplican que convirtamos cada movimiento del gato en un cascabeleo perenne. Estamos, por supuesto, hablando de la Televisión Cubana y en lo principal de su sistema informativo, tema de este libro, cuyo subtítulo es: Miradas al teleperiodismo cubano.

Pocos dudan de que la prensa en general haya sido en Cuba un gato casi inofensivo.  Es, por supuesto, otra metáfora para decir que la prensa de cualquier medio o soporte en situación de asedio, bloqueo, ha de acurrucarse para que el gato no evolucione hacia un hipotético tigre. Y no han faltado razones. José Martí, en frase ya encapsulada que sirvió para su tiempo y ha servido para nosotros -tal vez por demasiado tiempo-  propuso  como norma patriótica que si el enemigo acecha, la prensa calla. No niego la vigencia estratégica de este apotegma. Pero toda cápsula ética debe de amoldarse a las épocas de modo que “el callar” no sea destino, sino paréntesis del destino que el organizador e ideólogo de la nación cubana, Martí, le asignó a la prensa: “explicar en la paz, y en la lucha fortalecer y aconsejar”; también recomendó Martí que el periódico, la prensa, debía salir a la calle a “tumbar caretas”.

Qué respuesta podríamos darle al título de este libro: ¿Tiene cascabel el gato?  No quisiera yo sugerirles una probable respuesta, sino recomendarles leer este libro. Y el lector, de lectura inteligente, tendrá en estas páginas la síntesis de los avatares de la TV cubana como difusora de noticias y enfoques periodísticos. Maribel Acosta,  maestra del periodismo en televisión, no esconde ni justifica: busca explicaciones a un largo proceso en que los momentos de brillantez han sido menos que los opacos. Ha investigado, ha  relatado 55 años de aciertos y retrocesos, y de avances  y nuevos retrocesos.  En la segunda parte del libro, la autora completa el panorama mediante  entrevistas con técnicos, periodistas, directores que se imbricaron en el desarrollo de la televisión revolucionaria desde 1959 o poco después. Las preguntas, muy directas, casi a punto de tomar por el cuello al entrevistado,  se destacan por su agudeza, y así,  si no obtienen lo que piden en el primer pinchazo, vuelven a la carga hasta precisar una respuesta menos cautelosa. Muchos de los entrevistados han sido compañeros de trabajo, o  jefes, o  maestros de Maribel. Como ella misma me ha dicho: abusó de la confianza de personas que quiere. Sin embargo, sus preguntas pusieron a distancia el afecto para producir los efectos planeados en el guión del libro. Maribel Acosta también ha sido más amiga de la verdad.

Pensando en cuanto descubre, asocia y pregunta este libro, uno comprende que los desaciertos, a pesar de los aciertos, no deben de  justificarse como errores o “crímenes del tiempo”,  según define uno de los personajes entrevistados. Mirando hacia atrás, uno se reafirma en la praxis acumulada durante el decursar de la humanidad: si el polvo se mantiene en el camino, tendremos inevitablemente  lodo cuando llueva. Por tanto, si aún discutimos cuál es el camino, es porque hemos justificado cada acción errónea con las urgencias de los tiempos. Y así hemos  garantizado, quizás un tanto improvisada o inconscientemente, que en el futuro se repita el error.

Resumiendo, entre otras carencias que no interesan ahora, y sin intentar una crítica totalizadora,  la lectura del libro de Maribel Acosta me ha obligado a  deducir que la creatividad  no ha distinguido usualmente  el uso de la TV como medio informativo. Desde fuera de sí mismo, el teleperiodismo cubano  fue sometido a las coyunturas de cada momento con un mismo enfoque limitador, sin variaciones metodológicas, conceptuales  y formales. Ahora bien, llegado a este punto, me percato de que el cascabel lo ha hecho sonar la TV desde el principio: los intentos por trascenderse mediante su reconceptualizacion como medio informativo, han advertido: Estoy aquí, y frente a la pantalla está el pueblo, que espera.

¿Pero tiene cascabel el gato?  A mi criterio,  este libro, de prosa funcional en su estoica y fluida economía estilística, es una de las posibles repuestas a tantas imprescindibles  preguntas. Y este libro vale más, porque aparece cuando en Cuba, el Gobierno y el Partido gobernante nos instan a discutir cómo lograr que  la TV informativa, y el resto de los medios  de prensa acaben de entrar, con un  indiscutible espacio  profesional y ético, ajeno a coyunturas, en la  lucha del pueblo por mantener erguido el ideal fundador de la independencia, que al fin nos ganó la Revolución, y conquistar  la plenitud de la justicia en el socialismo.

¿Suenan  cascabeles? Sí. Pero ahora no es el gato, que no sabemos si los tiene. Los hace sonar  el tiempo que me anuncia concluir la presentación del libro de una amiga  a quien hoy redoblo mi afecto  por haber defendido la verdad.

Hotel Nacional, 30 de mayo de 2014

 




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