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EL DEBATE, LAS IDEAS Y LA LENGUA

Luis Sexto

El  problema principal del debate entre cubanos radica en que desde sus inicios cambia de ropas, como Clark Kent  cuando se desviste en Superman. De lo apacible transita a lo violento. Y el que va a responder un criterio yergue su pecho,  alza la voz y declara para todo el orbe: Tú estás equivocado; soy yo quien tiene la razón. Y el otro, al oír  esos  argumentos  se da cuenta de que su contradictor no ha entendido lo que él quiso decir.

Solemos no escuchar. Ni leer. Tantos años de experiencia me han confirmado que cuando uno asume la lectura de un texto sobre un tema sobre el cual todos creemos haber formalizado una opinión, no lee lo que está escrito, sino lo que quiere leer. Eso en el caso menos infeliz. Porque a veces, el que cuestiona no sabe “leer”, es decir, no es perito en interpretar un enunciado, comprender cuál es la tesis y los argumentos que sostiene el sujeto que quiere contradecir. Algunos, al leer un texto correcta  e inteligentemente escrito, lo tachan de literatura. Pero elogian el estilo de quien lo firma, y enseguida pronuncian la fórmula pontifical: Usted no dice nada; sólo habla bonito …El que sabe y dice claramente soy yo.

El problema es que a veces no  saben leer para comprender, ni tampoco saben escribir para debatir. La esencia, pues radica, en que polemizan no con lo que está escrito, sino con lo que entendieron de lo que el otro quiso decir. O con lo que quieren que el otro hubiera escrito. Complicada  psicología la de los objetores de conciencia, esos que creen que cualquier sitio es un Hayde park  donde alzar la carpa para decir lo que se les ocurra  de las cosas y los hechos, y sobre todo burlarse de aquel que no piensa igual.

También dan una vuelta por estas tierras los que, invitados sólo a reírse a costa de las ideas o criterios de cualquier prójimo,  llenan de papeles sucios el patio ajeno.  Papeles sucios que incluyen invenciones, falsedades, calumnias, insultos, desconocimiento. Tienen tiempo. Mucho tiempo. Por lo cual uno supone que cobran  una jubilación suficiente para perder el día en sociedades muy competitivas,  o les pagan para ganarse el tiempo agujereando los créditos ajenos.

Así, así la Internet se convierte en una especie de potrero dilatado para que pasten unicornios y dinosaurios.

Debatir  qué propósito tiene. En lo personal escribo primeramente para tratar de encontrar la verdad. La verdad para mí y luego defenderla ante los demás.  Aunque no he leído mucho, según afirmaba Rilke, sí puedo decir que he leído para aprender a entender, y para aprender a debatir. La biografía de Benjamín Franklin, que leí entre los 23 y 25 años, me enseñó que nunca digas en una discusión: no estoy de acuerdo contigo, sino di: yo tengo otro punto de vista. Esa es la manera más provechosa y respetuosa de debatir por la verdad, en particular la verdad política, tan frágil, tan expuesta a intereses económicos, de partidos, a posiciones de clase,  y a mercenarismos, eso que en la Cuba de antes de 1959 se llamó manenguismo.  El manengue no tenía palabras sino para defender a quien le pagaba, ni oído sino para las palabras  y caprichos de su señor: los conmigo o los sinmigo.

El debate es un camino largo. Tan largo como si se engancharan todas las ideas del mundo, y quizás mucho más. El aprendizaje, igualmente, es largo, tan largo como la lengua maldiciente e irrespetuosa que empieza a perder su litigio casi acabado de enunciarlo.

20/03/2014 16:34 Luis Sexto #. Ética



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