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LA EXPLICACIÓN DE LO INEXPLICABLE

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Luis Sexto

Ante la visión atiborrante de una mesa sueca,  dudas qué comer, comes y al final te quedas posiblemente sin haber probado lo más sabroso, aunque no fuera, a simple ojeada de comilón, lo más apetitoso. Pero, abusando del nombre de la mesa, te haces el sueco y olvidas lo que dejaste sin comer para recordar lo comido.

Y si miráramos hacia nuestros campos, qué recordaremos: lo sembrado o lo que está por sembrarse; lo comido o lo que necesitamos comer. Conocidas las últimas estadísticas, que remiten a un descenso en las cosechas, tendremos que proseguir anhelando lo que está por sembrarse y por tanto por recogerse.

Ahora bien, esa actitud expectante no puede generar el  conformismo. Bajan las cifras, y hemos de intentar explicarnos las causas, aunque de primera intención parezcan inexplicables.  Inexplicables, aunque tengan explicación. Porque al área activa se añadieron más de 900 mil hectáreas de tierras ociosas, distribuidas entre productores individuales como usufructo gratuito, y los efectos calculados en conjunto se escurren como tierra trasformada en arena.

¿Acaso el mercado no tiene apetito? ¿O qué falta en las tierras de las cuales hemos esperado tanto: acaso escasean las  ganas de trabajar, o los recursos,  o la autonomía para  establecer dónde, cómo y qué producir?

Posiblemente  haya de todo en estas cuentas que parecen sumarse  como si se restaran.  En el fondo, opera una condicionante por defecto de índole cultural. No tendré espacio para echar hacia atrás y destapar las relaciones que los criollos mantuvieron con la tierra, explotada hasta casi finales del siglo XIX con mano esclava. Después, predominó la propiedad latifundaria que hallaba sentido y riqueza en lo extenso de sus cañaverales. Y el pequeño agricultor malvivía bajo las limitaciones y los miedos condicionados por la geofagia, cuyo reloj marcaba la supresión de las estancias, las vegas o de las tierras realengas. En esos años de capitalismo dependiente, Cuba importaba el 63 por ciento de los granos que consumía. También, la papa... ( Actualmente, desde hace más de 50 años, Estados Unidos -el mercado principal de aquella época-  ni compra, ni vende, ni da créditos. Ni permite transacciones cubanas con los bancos más sólidos.)

Tampoco  bastaron los tiempos de las empresas agropecuarias  de propiedad estatal –extensas y de seguro empleo y salario-, ni las cooperativas, ni el campesinado redimido por la Revolución, para convencernos de que en nuestro país hemos de inclinarnos sobre la tierra, a falta de exuberantes minas de oro o de petróleo. Y uno aprecia en  los últimos cincuenta años un crecimiento de la histórica escisión entre el cubano y la tierra. Lo prueban encuestas que durante la década de 1990 configuraban una verdad: en municipios agrícolas, sólo el uno por ciento de la población, o el dos, o el cuatro laboraban en el campo cuando la escasez de alimentos no se podía reducir con las compras en el mercado externo.

Precisando, la herencia del pasado y su devaluación del trabajo agrícola todavía atenúan, a mi modo de ver, la percepción de las urgencias alimentarias y económicas de nuestra sociedad. Entre los productores, la conciencia del peligro quizás no sea tan hiriente como para azuzar la certeza de que del trabajo agropecuario depende hoy nuestra existencia de pueblo independiente y organizado sobre el lecho de la justicia.

Pero esa mirada con que la tierra -y válgame la imagen- se juzga entre impresiones e imprecisiones como cantero de jardín y no como madre nutricia de la sociedad, también se articula en la tozudez de un control que se cree imprescindible e inobjetable. Basada en cartas, entrevistas y observaciones, mi experiencia confirma que a pesar del estímulo del vigente decreto ley 300, y del 259 que lo antecedió, aún las fuerzas productivas continúan sometidas a directrices, y a veces a arbitraria distribución de los insumos, que les entorpecen la autonomía desde jefaturas de cooperativas y dirigencias municipales. Súmele a esas formas de desestimular, la escasez de inversiones en maquinarias y fertilizantes.

Habremos, por tanto, de tener en cuenta que la tierra, el corral y los potreros  no necesitan de celos fiscalizadores que inflen una atmósfera de ilegalidad y restrinjan las invitaciones de la legalidad. ¿Llegaremos todos a aceptar que nuestra agricultura requiere menos reproches por sus incumplimientos y más  preguntas colectivas por las causas de las insuficiencias; más confianza que desconfianza, más diálogo constructivo que silencios reprobadores, y mejores acopio y mercado,  y menos frutos podridos a orillas del camino, y pagos más rápidos para avivar el sentido y la productividad del trabajo?  Requiere, sobre todo, que la cultivemos inteligentemente. Porque el agro se enrique con la ciencia y la técnica. Tal vez, algunos custodios de la disciplina  deban  compartir sus giras por la campiña con asesores que enseñen a emplear las fórmulas promovidas en laboratorios e instituciones de investigación.

 He de advertir, por otra parte,  que  si queremos extender la gestión privada  o cooperativa en el sector agropecuario, y en otras esferas de la economía, se precisa de un control que no restrinja las fuerzas productivas, sino las contenga dentro de una atmósfera donde  los intereses individuales o de grupos  se concilien con el bien general.  Pero esa alianza tampoco ha de ser generada por un impulso espontáneo, porque aprovechándose  de cualquier coyuntura derivaría en el egoísmo, y el egoísmo recalaría en el capitalismo. Por consiguiente, habrá que inducir y dirigir un proceso político. Es decir, la política tendrá que sustituir a las prohibiciones, a  los límites tajantes y a las presiones impolíticas. Mi colega Eduardo Montes de Oca, de la revista Bohemia,  juzga  con certeza  cuando afirma que el Partido Comunista, en Cuba, no puede desmantelarse,  o   abstenerse de influir en las esferas económicas. La política le corresponde al Partido. Política avizora, perspicaz, que  aglutine y no fragmente, que induzca a  distinguir lo "mío de lo nuestro" y provea un clima de creatividad en que prosperen los intereses generales de la nación  y los particulares de los productores .  ¿Arduo? Sí,  arduo.  Porque el papel de la política tendrá que realizarse hablando, consultando, compartiendo con las personas. Fuera de oficinas y automóviles, como el principal argumento para convencer  de que el capitalismo equivaldrá a la extinción de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra independencia.

Lo sé. Las explicaciones no se comen. Pero, como la papa, cuando abunda, ayudan a comer.

 

17/03/2014 15:10 Luis Sexto #. Política

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gravatar.comAutor: El Oriental

Buenas noches maestro Sexto, en este articulo lo ha dicho todo.

Saludos

El Oriental

Fecha: 17/03/2014 17:37.


gravatar.comAutor: Jose Diaz

Excelente articulo Luis Sexto, no sabe como recuerdo aquellos dichos que produciriamos mas cafe que Brasil y leche que Holanda ademas de mas carne que Argentina. Usted lo ha dicho todo en este articulo, recuerdo tanto el plan cordon de la Habana una aventura cafetera y al final el cafe venia meszclado con chicharos. Tantos errores nos llevaron a la realidad que usted menciona y comer una papa hoy dia es un lujo, Donde quedo aquello de UBRE BLANCA y cientos de decisiones economicas basado en la voluntad de los de arriba. Donde quedo la zafra de los 10 millones que acabo con la insfraestructura agricola con tanto gasto. Como vi tumbar arboles frutales para sembrar cafe caturra que al final no se dio. El campesino ha perdido el interes de producir con tan bajo salario y control estatal junto a la apatia y burocracia rampante. Esa es la realidad hoy dia en nuestro pais, al fin de habla lo que todos sabiamos pero pocos se atrevian a hablar. Mis saludos Jose

Fecha: 18/03/2014 06:09.


gravatar.comAutor: Modesto Reyes Canto

Al amigo José Diaz se le olovido mencionar, entres otras cosas, aquel famoso Banao, donde hasta una canción le dedicaron, a la uva, la pera y la manzana, que alli se sembró, y que termiron dando unos frutos irreconocibles, que eran más ácidos que limón criollo.Pero, como dice una melodía musical, ya lo pasado pasado. Aunque el proble es que si al campesino no se le permite trabajar, como solo él sabe hacerlo, sin interferencias de ningua índolo, el seguirá viendo el campo, como que el pasado aun no ha pasado. Pues a nadie le gusta, que le gobiernen su hambre. Saludos Maestro. Modesto Reyes Canto.

Fecha: 18/03/2014 06:28.


gravatar.comAutor: Modesto Reyes Canto

Repito otra vez el comentario, porque gramaticalmente fue un desastre y quiero que no me caigan encima los críticos.
Al amigo José Diaz se le olvidó mencionar a aquel famoso Banao, al cual hasta una canción le dedicaron a la uvas, peras y manzanas, que allí se sembró, y que terminaron dando una cosecha de frutos irreconocibles dentro del mundo la agrícola, que eran mas ácidos que limón criollo. Pero, como dice una melodía musical, ya lo pasado, pasado. Aunque el problema es que si al campesino no se le permite, por las razones que sean y casi ninguna válida,trabajar como solo él sabe hacerlo, sin interferencias de ninguna índole, él seguirá mirando para el campo, como que el pasado aun no ha pasado, pues a nadie le gusta que le gobiernen su hambre.Modesto Reyes Canto.

Fecha: 18/03/2014 06:41.


gravatar.comAutor: caro

Sexto, muy bueno su artículo. Hoy Cuba importa el 75 % de sus alimentos pese a tener un clima envidiable. La realidad es que hay que darle la razón al forista Margarito Verdolaga. Ya son 55 años con múltiples Leyes de Reforma Agraria, cooperativización, empresas agropecuarias, proyectos utópicos como los mencionados por foristas que me antecedieron, miles de cambios de estructura, nuevos Decretos para explotar tierras ociosas, medidas para fortalecer las UBPC, para eliminar intermediarios y realizar comercialización directa, y cada vez producimos menos y los productos están más caros. Entonces simplemente no funciona, nada ha funcionado y sería soñador creer que va a funcionar. Lo que Ud. propone no es nada nuevo. El Partido siempre ha dirigido la economía en Cuba y seguirá haciéndolo, sólo que durante mucho tiempo se preocupó y ocupó por algo que es esencial para la supervivencia de cualquier gobierno: lograr que los precios estuvieran de acuerdo con los ingresos de los trabajadores para que éstos pudieran subsistir y se sintieran estimulados a trabajar. Ahora al parecer ha dejado de lado esa preocupación.

Fecha: 18/03/2014 11:45.


gravatar.comAutor: tata

Muy bueno su articulo Luis Sexto, quien arregla este pais NADIE. No digo mas estoy cansado de siempre lo mismo.

Fecha: 19/03/2014 07:36.


gravatar.comAutor: Bienvenido

Como entonces en Nicaragua los productos agricolas abarrotan los mercados.Y Ortega proclama que su socialismo sandinista es irreversible...Eso si no encuentra usted a ningun politico metiendose en loa asuntos de los campesinos,ni obligandolos a sembrar yucas en vez de malangas.Mandemos una delegacion a ver como hacen los nicas.Si seguimos con el oficio de controlar en vez de sembrar terminaremos comiendonos los unos a los otros

Fecha: 19/03/2014 08:51.


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