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¿SE SUICIDÓ EL POETA RENÉ LÓPEZ?

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Luis Sexto

Las fuentes, las fuentes, nunca se insistirá bastante en las fuentes

La anécdota se me puso delante registrando la Internet. En síntesis contaba  que el poeta René López  se había suicidado de una manera casi teatral.  La noche del  12 de  mayo  de 1909 -otros aseguran que fue el 13 de mayo-, concurrió a un restaurante entonces ubicado en la Manzana de Gómez, en La Habana; comió  como un emperador romano; al  final  pidió coñac; mezcló el licor con cianuro, y al beberlo le dijo al camarero: Dígale al dueño que esta comida la vaya a cobrar al infierno.

Como anécdota, interesa por la forma tan insólita y estridente de morir. Como verdad histórica quizás obligue a obrar como este comentarista, a quien le pareció apócrifo, incierto este episodio, y por tanto repasó la vida de René López, prometedor poeta muy conocido entonces por uno de sus poemas, Barcos que pasan, publicado en El Fígaro, en 1904:   

“Oh, barcos que pasáis en la alta noche/ por la azul epidermis de los mares,/ con vuestras luces  que palpitan/ al ósculo levísimo del aire,/ rubís ensangrentados sobre el lomo/ de gigantescos monstruos de azabache:/ ¿A dónde vais por la extensión sombría,/ guerreros  de la noche, infatigables/ paladines que sueñan la tormenta,/ como aquellos cantores medievales,/ la lanza  en ristre, la mirada torva,/ morir cantando en sin igual combate? / ¿A dónde vais, oh, barcos misteriosos/ por la azul epidermis de los mares”.  Y continúan  tres sonetos más, sonetos sin rima  consonante aunque  casi no puedo decir que de rima asonantada.

Revisé, pues, uno de los tomos correspondiente a  la poesía lírica en Cuba,  en la obra titulada Evolución de la cultura cubana,  y el autor José Manuel Carbonell dice que René López, poeta con influencias de Byron, Casal y Salvador Rueda, murió por efectos de los estupefacientes: era un adicto..  

Pero no me bastó, porque la confrontación de fuentes es principal recurso de los investigadores, y revisé lo  publicado por el escritor Arturo R. de  Carricarte, íntimo amigo de René López, incluso albacea de su obra, y lo describe como un morfinómano.

El poeta Federico Uhrbach acusa también  a las drogas. Y en la revista Letras, en mayo de 1909, evoca al así poeta  recién fallecido: “Su verso fue su vida, su accideantada vida que él se gozó en mermar constantemente, tal vez por exigencias de su temperamento pasional y enfermizo, tal vez por exigencias de su espíritu, que necesariamente huraño y melancólico en nuestro medio hostil y refractario a toda concreción de la belleza, sintióse altivo y solo entre el oleaje de las muchedumbres, y no supo —o no quiso— ceder a las ruindades del ambiente,  prefiriendo, tenaz en su aislamiento, el engañoso encanto con que abrevian la vida, fantasmagorizando placeres y dolores, con su cristal de aumento milagroso, los ponzoñosos  filtros de los artificiales paraísos” (subrayado de Luis Sexto).

Igualmente los hermanos Pedro y Max Enríquez Ureña, dominicanos eruditos en la historia literaria de Cuba y otros países de América Latina aluden a la misma causa de muerte: intoxicado por las drogas. Alberto Lamar Schweyer dictamina tajantemente: el vicio lo mató.

Recientemente, Cira Romero, investigadora del Instituto de Literatura y Lingüística, por lo general muy atinada en sus juicios y en sus datos, apunta en un ensayo que René López fue víctima de la morfina.

En fin, fue un poeta malogrado.  Tenía 27 años al morir. Atacado por la melancolía, su vida fue como un rehuir la realidad. Había  perdido a la madre tempranamente, y mantenía  una enconada relación con su padre.  Poéticamente, lo vinculan un tanto festinadamente  al Modernismo de  Rubén Darío y  Julián del Casal.

Quizás su espíritu, aquejado por frustraciones de índole familiar,  se asoció a un romanticismo actualizado, un tanto ecléctico. Si hubiese sido cierta la anécdota, habría sido escamoteada por un pacto  de silencio entre sus amigos, la prensa de la época y los historiadores. Pero, de ser cierta, el suicido de René López, marcado por el frenesí y el sarcasmo, posiblemente haya ocurrido en un rapto de locura, porque el carácter del poeta, según sus amigos, era débil y tolerante…

(Difundido en el programa Epigramas, Radio Progreso, La Habana) 

02/03/2014 12:02 Luis Sexto #. Literatura



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