Facebook Twitter Google +1     Admin

LA CONCIENCIA CRÍTICA

Luis Sexto

Juzgadas las circunstancias en que Cuba intenta seguir construyendo el socialismo -que hoy lo enriquecemos con las cualidades de próspero y sustentable, esto es, racional-, tendríamos que aceptar que junto a las experiencias más válidas del último medio siglo, se halla también lo que la sociedad cubana no concibió y ejecutó con acierto. Y qué hacer con esa carga que se sostiene sobre la cabeza de muchos de nosotros, como una canasta de carboncitos enrojecidos, advirtiendo que la candela es todavía posible. Lo más atinado sería tenerla en cuenta para aventar sus cenizas con el soplo de la conciencia crítica.

Parece claro: sin conciencia crítica, sin revisión actualizadora, mediante el conocimiento, de las ideas y principios con que intentamos transformar la realidad, tal vez todo siga siendo un proyecto cercado por limitaciones de la mentalidad predominante, a veces más rígidas y sólidas que las impuestas por el bloqueo extranjero.

Lo mejor de los tiempos recientes consiste, pues,  en que estamos confirmando que la realidad no se modifica mediante impulsos de voluntad o ideas recalentadas en el practicismo de “había una vez” o de si “así lo hicimos en aquel momento, podemos repetirlo”, o en teorías reputadas como infalibles o puestas en el nicho de los dogmas. La Historia asegura que, al menos  en lo atinente a las acciones humanas, nada resulta inequívoco. La sabiduría oriental –digo el oriente del Asia- advierte: si un fenómeno se repite 99 veces, no digas que es verdadero o estable, porque  a la centésima vez, puede manifestarse de modo distinto...

Entre nosotros, la conciencia crítica se sumó a la unanimidad, de modo que la utopía socialista, en vez de concretarse mediante el empeño racional, se retiró a la gruta de las fórmulas  míticas. Hoy, negar la pertinencia constructiva de la crítica conspira contra las aspiraciones socialistas de prosperidad y libertad. Esto es, el repaso dialéctico, la confrontación entre lo que la sociedad necesita y los medios para alcanzarlo, y entre lo que  aplicamos y lo que, al cabo, demanda la situación interna y externa, compone el método de prever y gestar las circunstancias y las corrientes favorables para gestionar la recuperación viable de lo válido construido y la superación de la herencia disonante.

Por ello, y aunque cuanto diga sea un eco de otras voces, lo más conveniente supone ir demoliendo los pasadizos estructurales de la mentalidad burocrática con que creímos que la perfección obedecía a los dedos del voluntarismo, que daba todo por supuesto, como en la aritmética medio providencialista de un juego de dominó. Supone, incluso, la democión de cuántos yerran aquí y luego, mediante una red de conveniencias cómplices son ubicados en otra posición donde errar supone, incluso, dañar aún más. El error condicionado por  la corrupción moral y política, equivale a servirse del poder para degustar el acomodamiento material, y también desde el poder pasar de largo ante los problemas del pueblo, o lastimar con arbitrariedades a cualquier ciudadano que reclame su derecho, o distorsionar  leyes y medidas decididas por el Gobierno central en este o aquel municipio o consejo popular.

A esa mentalidad rígida realmente existente, que solo mira a un lado –el de su comodidad- y en cierto grado de desarrollo no ve ni lo que mira, se adhieren también el oportunismo y la afición a las verdades prefabricadas, como si la construcción de un modelo de sociedad fuese prerrogativa de un abecedario, con sus letras en orden y en caja. A esa mentalidad, en efecto, ha de oponerse la conciencia crítica. Y esta, según he aprendido, no supone solo la crítica en un medio de difusión, sino el ejercicio dialéctico, descentralizado, en los organismos políticos, las instituciones estatales, las asambleas del Poder Popular. Cuánta certeza le daría al país que alguna vez viéramos una ley o una decisión aprobada con el voto dividido de delgados o diputados, porque lo justificó el debate que enriquece y valida.

Hagamos visible que la unanimidad también enmascara a los enemigos de la Cuba que propone la equidad, la igualdad y la independencia; hagamos visible  que la unanimidad no es igual a unidad. Y que, como los monstruos prehistóricos de las películas, ha dejado huevos que, al más mínimo calor, empollan y se abren, repitiendo el ciclo de levantar la mano a favor, aunque uno esté en desacuerdo.

La conciencia crítica, por tanto, también exige eso: disentir sincera y libremente en el análisis como medio para profundizarlo. Y ello es acto propio de los que apoyan que  la Revolución continué vigente, aunque trasformando y adecuando su curso histórico. Porque  los otros, los que la quieren ver con la lápida de la extinción sobre su diario quehacer, no disienten, se le oponen.

Extendiendo su alcance, nuestra conciencia crítica  equivaldrá a una “oposición constructiva”. Una oposición que diga: me opongo a que Cuba pierda su independencia; me opongo a que Cuba renuncie a la justicia social; me opongo a que nos equivoquemos y persistamos en el error; me opongo a confundir el servicio con el privilegio; el mérito con la impunidad, y me opongo a equiparar la democracia socialista con la conveniencia de no decir nada. Y me opongo, por supuesto, a tener toda la razón.

 

 

 

 

 

 

31/01/2014 10:50 Luis Sexto #. Política



Powered by Blogia

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris