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MAGNA COSA

Luis Sexto

Nadie habla ya de la magnanimidad. La palabra ha sido confinada a los fondos del vocabulario de cada día, como un bote naufragado en una charca de indiferencia. ¿Qué sabe usted de ella? También –me arriesgo a decir- pocos la ejercitan. 

La magnanimidad no es solo virtud de poderosos. Una de sus raíces, el magnus latino, insinúa un eco propio de emperadores, conquistadores, señores feudales. El señor es magnánimo porque “solo él es grande”, y nadie más puede perdonar un crimen, condonar una deuda, conceder una gracia. Así dicen algunos. 

Escribo de algo tan raro como la magnanimidad por una razón personal. Encomendé a cada uno de mis alumnos en la Facultad de Comunicación, que redactaran  una nota de 40 líneas sobre esa virtud, y me impongo una tarea similar, para emular, o para –en actitud auto provocadora- realizar como aprendiz cuanto pido como profesor.  

A mi parecer, la magnanimidad compone una manifestación del amor, de la solidaridad. Resulta, por norma, un sentimiento, un proceder individual que suele manifestarse en momentos extremos; ella misma resulta una decisión, un acto extremo. Se relaciona con el perdón. Pero perdonar, más que un gesto magnánimo, es efecto de la generosidad. Todo esto, como apreciamos, se mezcla. Pero, si la generosidad dona, entrega, regala, lo que uno posee e incluso lo que no tiene, la magnanimidad trasciende la ofrenda de algo que damos sin que por ello dañemos el propio valor. ¿Soy claro? Veamos. Puedo quedarme desnudo, porque cedí mi ropa a quien la necesitaba más. Sin embargo, mi integridad, mi interior, permanece incólume. La magnanimidad –un compuesto de magna y ánima; alma grande, en español- suele ser, en cambio, un despojamiento, una cesión de lo más nuestro.  

Es famosa la anécdota de Isaac Barrow. Era, en su tiempo, un matemático sobresaliente; quizás el más abarcador. Y un día presentó la renuncia de su cátedra en una universidad famosa. El rector le preguntó la causa, pensando que quería mayor sueldo. Y Barrow le respondió que renunciaba con una condición. ¿Cuál? Que mi alumno Isaac Newton me sustituya. He descubierto que sabe más matemática que yo. 

Y nosotros qué. ¿Tendremos que ser grandes para ser magnánimos? Tampoco es virtud exclusiva de la aristocracia espiritual. Todos, cada día, nos ponemos en posición de administrar la magnanimidad. Por ejemplo, esa persona investida de autoridad que impone una multa indebidamente, porque el presunto infractor le demostró que estaba equivocado, y por lo cual no debe permitir que el principio de autoridad se resquebraje.  O el profesor que reduce injustamente la nota para ajustar las cuentas con el desplante de un estudiante. O el que condiciona un favor a una dama, a cambio de otro favorcito. O el que recusa o aplaza la promoción, porque “este tipo” es superior a mí, y yo no sirvo de escalón a nadie...  

Pequeñas cosas usuales, en cuya diminuta dimensión, si uno opta por el desprendimiento magnánimo,  renuncia a lo peor de sí para resurgir dotado con el ímpetu de un ala.            

 


20/12/2013 17:54 Luis Sexto #. Ética

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gravatar.comAutor: julian

Yo voy a decir algo que quizás suene como contradictorio o pueril, pero desde lo mas profundo de mi “alma”, lo siento así:
Nos pasamos la vida hablando de bondad, magnanimidad, honradez, conciencia, trabajador, etc, etc, etc. como si fueran cosas de otro mundo, o como si el hecho de ser así, tuviese que conllevarle a esa persona, medallas, órdenes o distinciones de toda clase.
No pienso así, y es más, porque mucha gente ha llegado a pensar de esta forma, es que creo yo, estamos como estamos.
No, no, y no. Ser bondadoso, honrado, magnánimo, trabajador, honesto, y todas las demás cosas, es lo NATURAL, lo NORMAL, lo PRIMORDIAL, de un ser humano, lo que nos hace personas.
¿Por qué nos pasamos entonces la vida dándole apretones de mano y diplomitas a alguien porque hizo bien tal o mas cual cosa?
¿Es que acaso eso no es lo que se debe hacer?
Recuerdo la famosa frase de BB :
“Hay hombres que luchan un día, y son buenos….”
Aunque no estoy de acuerdo en todo, al menos comparto una idea de ese pensamiento, esto es:
SE DEBE LUCHAR TOOOOOOODOS LOS DIAS, TOOOOOODOS LOS AÑOS, pero no por ser imprescindibles o ni siquiera necesarios, sino, porque ESE ES NUESTRO DEBER COMO SER HUMANOS Y COMO PERSONAS, porque como SERES PENSANTES debemos analizar nuestros actos, y darnos cuenta de que si nos dejamos guiar por el facilismo, el egoísmo, la envidia y la COBARDÍA, SI, LA COBARDÍA, estamos destruyéndonos poco a poco.
¿Cómo fue que dijera el POETA?:
“Debes amar, la arcilla que está en tus manos, debes amar, tu arena hasta la locura….”
Y por último, dijo una vez el Che:
El revolucionario verdadero, va seguido por grandes pensamientos de amor”
Gracias

Fecha: 15/01/2014 12:36.


gravatar.comAutor: Pedro Gutiérrez

Pienso que hay que hablar de estas cosas porque el ser humano necesita ser educado. Nadie actúa así porque nació siendo bueno, sinedo magnánimo, honrtado. Hay que formar tanto al educando como al educador. Además, la liberta es las opción, el elegir entre ser bueno o ser malo.

Fecha: 15/01/2014 14:07.


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