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LO CONVENIENTE Y LO INCONVENIENTE

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Luis Sexto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A veces queremos hallar un “culpable” de lo que anda mal. Suelen existir errores, y los errores tienen un sujeto. A veces es colectivo, estructural. Habrá que distinguir la responsabilidad individual de la general. Por ejemplo, si alguien, en contra del sentido común, del parecer de los ciudadanos, incluso a contrapelo de sentencias firmes de tribunales, decide una acción, que se ejecuta y permanece, podríamos preguntar: ¿Es solo una persona la culpable?

A mi juicio, no. Comparten la responsabilidad quienes lo permiten o lo favorecen con su apoyo o sus exigencias de que las cosas hay que hacerse a cualquier precio. La comparten también estructuras organizativas verticales que facilitan “actuar cómo te parezca” sin respetar reglas, leyes, opinión pública. Por lo tanto, cuando se reflexiona sobre un problema o una actitud individual como la que he descrito –y conozco-, hay que emplear conceptos generales, hay que “filosofar” sobre lo que es bueno y malo, conveniente e inconveniente, justo e injusto. O lo posible y lo imposible.

Quiero decir, en fin, que nuestro país está moviéndose. Y mejorar es, más que un deseo, una necesidad que ha de superarse con readecuaciones económicas y sociales.  Comprobamos que hay conciencia de que el socialismo no puede descansar en un camastro de deudas pendientes, de proyectos realizados a medias o mal realizados, o deteriorados por las circunstancias.

Y cómo hacer para revertir carencias y falencias. A mi modestia de “opinador” le parece que hemos de acudir a las categorías de lo posible y lo imposible. De ello se puede derivar una conclusión: nuestra organización económica y social tiene que sistematizar el concepto de la “mejoría continúa”. Como bien indica la filosofía de la calidad, el enfoque que mejora no ha de aplicarse luego de cometerse el error, sino antes, para preverlo de modo que el voluntarismo y la improvisación sean proscritos de una vez y para todos los tiempos. Por otra parte, el control, el casi todopoderoso control que algunos encarecen,  no es capaz de superar por sí mismo las deficiencias; sólo está apto para mantener lo existente. ¿La práctica acaso ha confirmado que al controlar con rigor la entrada y la salida del trabajo –que hay que controlarla, desde luego- habrá un aumento automático de la productividad? Del mismo modo, la consigna -otro método ya saturado- no promueve, como con pases de magia, las condiciones básicas para que el trabajador tenga plena autoconciencia de su labor… 

La vida demanda respuestas correctivas o creativas todos los días. Verdad de Perogrullo que a veces queda tirada en la cuneta, como si a nosotros no nos tocara percatarnos de cuánto no hacemos correctamente. Para responder tendremos que " filosofar", enjuiciar la práctica como el médico al paciente, porque entre nosotros han campeado ideas carentes de reflexión crítica y de confirmación práctica.

(Publicado en Juventud Rebelde)

14/11/2013 09:22 Luis Sexto #. Política



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