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COMO UN SUSPIRO

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Luis Sexto

Les parecerá que divago en estas líneas que apenas logran ponerse de acuerdo. Vivo uno de esos días en que  nos parece que nada es como pudo haber sido, y favorecen hablar del futuro, del pasado, de lo fugaz. Cuanto más envejezco  recurro  a los años de fervorosos aciertos y creencias. Días en que el tiempo parecía una campana amiga que tañía invitándonos  a vivir. Entonces no podíamos suponer que un día doblarían por cualquiera de nosotros.

Ya no me engaño. El pasado es como el futuro vuelto al revés:   una promesa ya fría, un lugar de cita  sólo para lamentar cuanto yace entre los deseos sin vestir.

El tiempo, lo sabes, nos tiende una trampa: nos promete la vida y no las quita a la vez. Así hay tiempo para nacer y morir. Y lo hay también para actuar, para rectificar, para sumarse, para mirar a los lados, para ser con todos y vivir como todos hasta el final, previsiblemente imprevisto.

Me he percatado que el tiempo es una categoría poética, lenguaje de la nostalgia, balido terminal de una oveja. También es cuestión dramática si uno vive con el ánimo en  tensión, queriendo construir, pisar tan hondo para que, al menos, podamos dejar obra durable de nosotros. Pero es también  asunto trágico cuando intentamos reivindicar los días de pérdidas y derroche. Y ello ocurre cuando el tiempo nos parece que empieza a pasar más vertiginosamente. Porque el tiempo se nos "va" más rápidamente, cuanto más queremos hacer. O cuanto más urgidos estamos de aprovechar ese regalo todavía incomprendido del tiempo.

Y, en efecto, el tiempo se va en la medida en que nosotros, que pasamos como una sombra, como un suspiro, según el salmista, vamos pasando con los días que "admiten su falacia de presunta eternidad” -versos de uno de mis poemas.  Lo que se bota, no da frutos. Ni regresa. Es posible que, en cierto momento, nos parezca que el tiempo, todo el tiempo nos pertenece. Pero convengamos en que es un espejismo. No alcanza una vida para leer cuanto de útil y bello hemos de leer, ni para obrar de modo que los actos, en vez de clamar por el arrepentimiento, nos produzcan satisfacción.

Seremos siempre una obra a medio hacer -lo dijo antes alguien que olvidé- si no aprovechamos el tiempo. Qué vamos a dejar. O mejor: qué vamos a llevar cuando el tiempo, que no suele ir a ninguna parte, nos conmine a bajar del coche circular del sol. Un poeta escribió: "lleva quien deja". Y llevaremos algo de equipaje  si de las maletas definitivas de nuestro viaje,  sacamos a tiempo la indiferencia, la pusilanimidad, la deshonra, el egoísmo y esa superficial manera de vivir aposentándonos sobre los cojines de la placidez. Cada uno de estos desvalores nos deja a medias, sin apenas "ropa interior", que me va pareciendo, en estos mis días maduros, casi pasados, el vestido fundamental.

A veces creemos que, en la vejez, el tiempo acumulado, en vez de suma se transforma en una resta por la proximidad de la muerte. Pero nos equivocamos. Desde el primer vagido,  el tiempo resulta poco para cambiar, amar y crecer.

Ese podría ser el ideal básico. Ciertas metas, tanto  en la vida social como personal,  necesitan de la puntualidad: si llegas temprano fallas; si llegas tarde, también. No sé... Nada más se me ocurre hoy. 

 

 

10/09/2013 11:58 Luis Sexto #. Crónicas



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