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ESCRIBO ENTRE DUDAS …

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Luis Sexto

 

Una pregunta me han exigido  estas cuartillas como  advertencia: ¿Es útil responder insultos? La reacción  humana se inclina más al insultado y rechaza al insultante.  Quien utiliza el golpe por debajo de la faja para aflojar las piernas del contrincante, aunque gane el pleito se sabrá de la basta técnica, el desleal recurso del vencedor.  En una polémica, cuando faltan argumentos o capacidad profesional, va el golpe bajo de la burla intentando  descalificar al rival.  Entonces, pues,  cómo he de responder los insultos de un  señor que se parapeta detrás de un belicoso anónimo (algo como un seudónimo), Francotirador del Cauto, que bien podría ser transformado en este caso como el francotirador incauto.

Pero, aunque todavía vacilo en poner la primera palabra, si no respondo podría el escurridizo escribidor creer  que, en vez de no ser yo adepto de las astracanadas mediáticas, soy eso mismo que él ha tratado de  imponer con sus insultantes calificativos en Kaos en la red: un risible Luis de Funes. Por tanto, vengamos a lavar con cloro las ínfulas un tanto enfangadas del caótico francotirador,  parapetado entre las sombras como ese ya famosísimo  “marine”, del mismo oficio que mi contradictor, y que ha vivido orgulloso  de haber matado  a más de 250 personas en Irak sin que las víctimas llegaran a sospechar de dónde provino la bala y qué manos halaron el disparador.. ¿En cuántos habrá  acertado el llanero solitario del río Cauto?

Como lo desconozco, ni puedo precisar dónde vive, ni qué se propone con ese intempestivo panfleto -en su acepción menos literaria- con que me ataca porque, al parecer, he atacado al autor. Mas, cómo atacar a un fantasma, a una firma que carece de identidad, que no puede responder, porque no sabemos dónde ubicarlo, qué leche lo crió, quién le paga. Y  por mucho que pueda yo acertar en los tiros de vuelta,  sería siempre como impactar en un muñeco de paja.  En algún momento, el anonimato es un vestuario imprescindible, si de salvar la vida se trata. Pero  no firmar los textos incendiarios, indigestos, absolutos  del Francotirador del Cauto, indica  una de estas dos cosas: o tiene vergüenza o miedo de publicarlos con su nombre legal, o realiza una operación  encubierta contra el gobierno y la sociedad en Cuba. He de decir lo que quizás muchos ignoren. Este devoto de la pólvora integra una especie de ultraizquierda digital y refunfuñona que suele combatir el actual proceso renovador del presidente Raúl Castro. Para él, y otros que no hay por qué invitar a este concierto, todo cuando se decide o se aplica en Cuba va contra el socialismo, contra el marxismo, contra los trabajadores. Y para evitarlo ofrece soluciones teóricas, teorías que  si alguna vez se pusieron en práctica terminaron en el fracaso. La fuerza de sus escritos, la constante recurrencia a un marxismo pasado por el mimetismo y convertido en dogma, me obliga a suponer que leo a un fundamentalista medieval, a uno de esos frailes que oponiéndose a la quema de brujas, era capaz de quemar a cuantos se le opusieran a su oposición.

Redondeando, el Francotirador del Cauto redacta su diatriba contra este periodista de Juventud Rebelde, porque el pasado viernes 13, en mi columna Coloquiando –titulada ese día El país de las hipótesis-  escribí sobre la conveniencia de no aspirar al país que queremos tener, sino al que necesitamos. Entre otros juicios, dije: “Por lo que uno lee en ciertas pantallas de la web, Cuba se ha albergado en la región de las hipótesis, de hipótesis en pugna. Es decir -y solo repito lo que casi todos sabemos-,  unos la quieren regida por el capitalismo y otros la imaginan entre los arrullos del nacionalismo pequeñoburgués. Por otra parte, desde un extremo de la izquierda -un extremo que se autodefine implícitamente intransigente y descontentadizo- la quieren como laboratorio de un socialismo tan teórico como generoso y febril, mientras obvian las circunstancias materiales y políticas en que la sociedad cubana intenta la actualización económica y social, y obvian sobre todo que ese “socialismo profundo”, “ultraísta”, nunca ha sido puesto en práctica, o al menos no parece haber sobrevivido al experimento”.

Ello, supongo, ha sido suficiente para la réplica del Francotirador del Cauto, tan fuera de forma y de fondo como la generalidad de sus artículos. Y si algo no escribí entonces, aprovecho el momento en que dudo si responder a mi enrabiado interlocutor, para afirmar y firmar con mi voz y mi nombre y apellido, que con la aparente defensa de un socialismo solo apto para ser desarrollado en el silencio sobrecogedor del cosmos, adonde todavía las circunstancias explosivas de este planeta no han llegado, solo  se consigue dividir a los cubanos y, por ende, beneficiar la política de los Estados Unidos contra Cuba. Anexionistas y autonomistas protagonizaron ese libreto a fines del siglo XIX, cuando se decidía la Constitución de la recién independiente república cubana. Y alegaban la incapacidad de los cubanos para gobernarse, de modo que Cuba necesitaba de la tutela de los cultos, sensatos y bien comidos benefactores del norte. Hoy, la cuña de confusión se introduce  cuando entre carencias, bloqueos y hostilidades de múltiple color,  el país intenta reordenarse racionalmente sobre los rezagos del ya inexistente socialismo real.

En fin, tras decir lo anterior, decido  no responder el disparo incógnito de quien no da el nombre por razones que podrían apuntalar la sinrazón. Se responden argumentos; los insultos se dejan pasar.

 

20/01/2012 18:58 Luis Sexto #. Política



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