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DE SU ABUELO LO APRENDIÓ

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Por Luis Sexto

Apellido fiel a su pasado

Vetar o no vetar  es la nueva disyuntiva del  Hamlet reciclado que ocupa la Casa Blanca. En las próximas semanas el gobierno de Barak Obama pasará una prueba, no tan aguda como las que le presenta la virtual bancarrota de la economía, sino un test local que indicará hasta dónde las administraciones norteamericanas  seguirán dispuestas a actuar con respecto a Cuba según le programen los miembros cubano americanos – ¿o americano cubanos, que ya uno no sabe hasta dónde lo uno se subordina a lo otro? – en el Senado y la Cámara. De convertirse en leyes los proyectos donde tanto Rivera como Díaz Balart han propuesto enmiendas que harán retroceder los viajes de los emigrados cubanos y las remesas familiares a los estrictos límites aprobados por W.Bush, 

¿Obama las vetará como su administración ha declarado?

La política no es tan permeable a los pronósticos como la meteorología que mediante ciertos datos atmosféricos podría acertar, con una minúscula posibilidad de errar. Y si no llueve o nieva en este lado de la acera, podría hacerlo en la contraria, y el pronóstico quedará a salvo. Pero Obama es, a juicio de este comentarista, el menos susceptible a los vaticinios. Es, quizás, el más débil de los jefes de la Casa Blanca, porque ha pretendido gobernar mediante los vaivenes de un equilibrista.  Como se ha dicho, por un lado ha actuado contrariamente a su predecesor, y por otro ha compensado el atrevimiento, esto es, caricia allí y garrote más allá. ¿Qué dará a cambio, pues, si vetara las leyes o las enmiendas  presentadas  por los congresistas para quienes Cuba es un asunto de política interior?

De Mario Díaz Balart podría decirse, modificando un término de aquel anuncio de la TV cubana en los años de 1950: de mi abuelo lo aprendí. Y si lo aprendió de su abuelo, y también de su padre, ministro de Gobernación del régimen de Batista, los cubanos, en particular los habitantes del archipiélago -aunque no excluyo a los emigrantes menos comprometidos con el programa del llamado exilio- debemos tener memoria histórica. Estos señores, que legislan contra el gobierno de Cuba, pero que perjudican a millones de cubanos dentro y fuera del país, han envejecido añorando recuperar sus posesiones  y capitales. Por ello, para ser, y perseverar en el ser se ha de conservar la memoria. Recuerdo, luego soy.

La memoria es eso: reproducción recurrente del ser en fílmicos planos del pasado. Quien la pierde puede extraviarse en la demencia. Y si es un pueblo, tal vez se desoriente entre los enrevesados trillos de la historia. Por lo cual el mejor antídoto contra las desmemorias colectivas son los archivos. A los archivos, que suelen albergarse también en los libros públicos, acudo ahora cuando en Miami y Washington conciben, con más prisa y mayor odio, proyectos de transición de la sociedad cubana  hacia el modelo político y económico que ellos, a tanta distancia, han puesto a hervir en la olla de la injerencia.

Recordemos, pues, que entre los que hablan, argumentan, exigen la intervención  norteamericana como si fuera un monstruo de cien cabezas, se hallan los hermanos Díaz Balart.  El cronista argentino Aldo Baroni, que por aquellos tiempos  de los 20 y 30 del siglo XX conversó con dictadores y tiranos en Cuba y otros países de América Latina, argumentó en uno de sus libros  que Cuba era un país de mala memoria. Quizás, sea cierto. Pero en Cuba se conservaron e enriquecieron antiguos archivos históricos, y  los  Díaz Balart y sus émulos como Ileana Ross, o David Rivera, o Bob Menéndez, no podrán pregonar impunemente sus argumentos y diatribas.

Las falacias se le despintan ante los documentos. El pasado los acusa. Les acusa el origen cipayesco -que así, cipayos, llamaban a los aborígenes que servían a las metrópolis coloniales.   Son nietos de un abuelo llamado Rafael de igual  apellido.  Y que fue en Banes, capital de la United Fruit Company, uno de los asesores legales de esta empresa norteamericana, usurpadora de las más feraces tierras de la antigua provincia de Oriente. Del cerebro norteamericanizado del doctor Díaz Balart surgieron invenciones matreras  contra los derechos, incluso los humanos, de los trabajadores de la Company. Organizó los servicios médicos. Y según su plan, la United descontaba  el dos por ciento a los obreros para recibir asistencia. Pero, si era preciso ingresar al paciente en alguno de los dos hospitales de la empresa, cobraba una entrada de 25 pesos (dólares)  y 2,14 diariamente por la cama y los alimentos, y exigía, además el pago de los medicamentos y las intervenciones quirúrgicas. Hablamos de épocas en que el salario mínimo para los braceros no superaba o a veces no alcanzaba esta última cifra: 2.14. ¿Quién, pobre y mal pagado, podía enfermarse?

No es todo, sin embargo. En los archivos se conserva una, entre tantas  cartas reveladoras. El doctor Díaz Balart recomendaba en ella a los mandones de “Mamita Yunai” cómo violar o suprimir derechos en la entonces recién aprobada Constitución de 1940. El abogado, de provechosa filiación a las ideas y actos de Fulgencio Batista y a los propósitos de dependencia cabal con respecto de  los Estados Unidos, sugería a la United: “Artículo 66. Fija la jornada máxima de ocho horas y el tiempo semanal de 44 con pago de 48. Aconsejo que se presione para derogarlo. Artículo 71. Este precepto concede el derecho a huelgas y al paro. Creo que tanto uno como otro deberían suprimirse.”

Si alguna necesidad hubiera de clarificar, develar, los fines de Washington y sus instrumentos, la verdad refulge en la invencible permanencia del pasado en los archivos. La memoria escrita vincula a cuantos hoy se pintarrajean de paladines de la democracia, la libertad, los derechos humanos en Cuba, con quienes en nuestra historia  negaron, maltraron y violaron  la democracia, la libertad y los derechos de los cubanos. Los liga el apellido, el dinero y los intereses de la potencia que sirvieron antes y ahora.

El palo y su astilla, naturalmente, son iguales.  ¿Por qué hemos de creer lo contrario?

 

 

 

 

 

26/07/2011 11:12 Luis Sexto #. Política



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