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CABALLEROS: ¡A ESTO LE RONCA LOS EPIPLONES!

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Por ARGELIO SANTIESTEBAN
 

Conato de polémica que aparece en este blog, porque el que lo administra no vacila en tomar partido a favor de Santiesteban, un intelectual respetado por más de un libro, por más de un premio y por un corazón que no se vende en las carnicerías

 Decididamente, resulta espinoso hablar de sí mismo.
  Mucho más cuando uno se ha criado de la mano de Argelio Santiesteban
Senior –hombre del 26 de Julio, líder masónico, ser muy respetado en la
comunidad bautista--, quien era la humildad  con dos pies.
   Pero a veces no queda más remedio que ejercer tal desempeño, sobre
todo cuando se es objeto de gratuita agresión, pues, como me enseñó El
Viejo, uno no debe quedarse da´o.
   En una publicación de la Academia Peruana de la Lengua –que se
reproduce en Internet--  Aurora M. Camacho Barreiro, del cubano Instituto
de Literatura y Lingüística, la emprende contra mi diccionario (1) con
todos los hierros.
   En primer lugar, soy uno de los “aficionados a recopilar palabras”, o
sea, no me he graduado de lingüista en parte alguna. Y, en efecto,
pertenezco a esa espontánea tropa gloriosa que paró la oreja para
escuchar qué habla el pueblo. Como, por ejemplo, Esteban Pichardo –sólo
un infeliz cartógrafo--, con ese primer gran paso que fue su  Diccionario
provincial (2).  O Constantino Suárez, El Españolito –un cagatintas de la
prensa--  con el Vocabulario cubano(3). O Fernando Ortiz –un oscuro
jurista que escribía “glosas folklóricas”--,  quien nos regaló sus
catauros(4).
   Ninguno  matriculó en la Universidad Carolina o en la Lomonosov, para
que checos o soviéticos le enseñara qué significa guajiro, o
rebambaramba. De seguro ellos también incurrieron en “la falta de
sistematicidad, la perspectiva teórica errada” que la ilustre lingüista
le achaca a mi diccionario.
   Pero hay más. Mi libro intenta “ser ligero y desenfadado y utiliza una
cuerda humorística”, pecado mortal a los ojos de los académicos, para
quienes es imprescindible parir un ladrillo indigerible que además, al
ser masticado, sabe a estopa.
   Otra fue la opinión de aquel chispeante santiaguero, José Antonio
Portuondo, quien mucho se divertía con mi diccionario, y presidió el
jurado que le concedió el Premio de la Crítica, en su primera
convocatoria.
   Tampoco se le perdona a este miserable autor que cite, como apoyatura,
a escritores no cubanos, como Las Casas. Pero da la puñeterísima
casualidad –bien debe saberlo la erudita crítica--  que fue el dominico
sevillano quien primero dejó constancia de voces como hamaca, biajaca o
jutía.
   Otros pecados: doy rienda suelta a  la “subjetividad y valoraciones de
tipo personal”, lo cual hace que brote mi “ideología de forma
descontrolada”. O sea, hay que escribir como un fantasma, un ente
ectoplasmático, un no persona, un ser incoloro carente de criterios.
   Ah, pero aquí viene el crimen supremo: yo soy un macho oriental, y no
alguna otra cosa que esperaba mi despiadada crítica. Por eso despliego
una “mirada androcéntrica, machista, vulgar y hasta ofensiva”. La
compañera Camacho me pasa la cuenta por recoger en mi diccionario
expresiones que son, a todas luces, misóginas. Pero ya desde el Siglo de
Oro algún corrosivo clásico señalaba que no se debe culpar al espejo,
sino a la cara fea. Yo no inventé esas palabras y modismos. (Aunque me
esforzase, me sería imposible hablar en contra de esos seres etéreos que
tienen mucho de hospitalarios, como dijo Antonio Machado).
   En fin, comadres y compadres, no es tan grave ser agredido. Lo
imperdonable, lo que le ronca es que lo hagan con tanta torpeza.
   Al menos, mi fustigadora tuvo que reconocer en mi diccionario
una “extensa y valiosa recopilación de voces cubanas, la más completa
después del Léxico… de Rodríguez Herrera y la primera nacida en el
período revolucionario”.
   Quizás por eso hasta me perdone la vida, y me permita consumir un
buchito del oxígeno atmosférico mientras respiro.
(1)El habla popular cubana de hoy. Ciencias Sociales. La Habana. Tres
ediciones: 1982, 1982 y 1997.
(2)Diccionario provincial de voces cubanas. Imp. de la Real Marina.
Matanzas. 1836. Reeditado en 1849, 1862, 1875, 1953 y 1976.
(3)Vocabulario cubano. Librería Cervantes. La Habana. 1921.
(4) Un catauro de cubanismos. Apuntes lexicográficos. Extracto de la
Revista Bimestre Cubana. La Habana, 1923;  Glosario de afronegrismos.
Prólogo por Juan M. Dihigo. Imp. El Siglo XX. La Habana. 1924; Nuevo

 

11/07/2011 22:34 Luis Sexto #. Cultura



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