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REFLEXIONES ANTE UN VEREDICTO ANUNCIADO

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Por Luis Sexto

Ante la absolución de Luis Posada Carriles en El Paso, Texas,  es comprensible  el júbilo de ciertos círculos políticos en la ciudad de Miami: la impunidad continúa a salvo  en esa ciudadela de la contrarrevolución latinoamericana. Por lo demás,  el desenlace del proceso  bien pudo resultar esperado. De qué otra manera podría haber concluido cuando se tienen en cuenta ciertas características. Empecemos por el final: el jurado lo declaró inocente en menos de tres horas…  Solo tres horas para un jurado que soportó ¡tres meses!  de careos, preguntas, objeciones y la presentación de 300 documentos y 33 testigos. Posada enfrentaba los cargos “de mentir en su solicitud de asilo político y ciudadanía estadounidense sobre su ingreso al país como indocumentado y por negar su presunta participación en los atentados” contra instalaciones turísticas en 1997 en La Habana.

Ocurrió, en suma, como si todo estuviera previsto. Y de verdad, ¿no estuvo previsto? Aunque las noticias de ciertas fuentes y medios hablan de haber estado compuesto por 12 personas de origen hispano, el jurado era predominantemente de origen cubano. El eufemismo de hispanos es solo eso: un eufemismo encubridor de lo que en boxeo se llama “pala”. Es decir, un arreglo entre apoderados en el que uno de los contrincantes se “cae” en un determinado round. Bueno, lo sabemos, lo sabemos…

Uno de los abogados de la defensa, Felipe Millán,  dijo que  “El Gobierno (de EE,UU) tuvo dos oportunidades y las dos las perdieron”. Millán  “se refería a que en 2007 Posada Carriles fue juzgado también en un juicio por fraude en el proceso de naturalización, que fue anulado precisamente por la jueza Kathleen Cardone, quien presidió este juicio”.        

Cuánta casualidad. ¿O no será casualidad que la misma jueza, nombrada por el entonces presidente W. Bush, haya sido también “su señoría”en el nuevo juicio. Es como enmendar al refrán: Por qué va tanto el cántaro a la fuente…

“Posteriormente, una corte de apelaciones del Quinto Distrito revirtió el fallo de Cardone y regresó el caso a El Paso para ser juzgado, esta vez agregando cargos de perjurio”. Juzgado, hemos de recordar, por la misma jueza Cardone. Vaya casualidad. Porque, aunque el jurado decide la inocencia o la culpabilidad, la jueza dirige, controla, niega, aprueba las objeciones de la defensa o de la fiscalía. Incluso, tiene el poder de determinar qué ha de ser tenido en cuenta por el jurado y qué ha de ser desestimado a la hora decidir el veredicto.

Bueno, Luis Posada Carriles podrá haber sido declarado inocente en El Paso. Pero ello no quiere decir que sea inocente. El propio Posada, en un inconcebible alarde de impunidad se ha culpado él mismo de poseer esos méritos de los cuales lo absolvieron y  por los cuales mucha gente en el mundo le condenaría sin ninguna duda.

El propio victimario lo admite en un libro publicado en Miami en 1994, titulado Los caminos del guerrero.  Nacido en Cienfuegos, Cuba, en 1928, los créditos básicos de la vida de Luis Posado Carriles, apodado Bambi, comienzan al registrarlo como empleado de la empresa transnacional norteamericana Firestone, en La Habana Y continúa describiéndolo como colaborador de la policía del tirano Fulgencio Batista; entrenador de la Brigada 2506 que desembarcó y fue derrotada en Playa Girón; ranger con grados de segundo teniente, en Fort Bennig, Georgia; agente de la CIA y colaborador del FBI; profesor de manipulación de explosivos; organizador de “teams” de infiltración en operaciones comandos contra objetivos cubanos; jefe de departamento de la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), en Venezuela; jefe del departamento de "ayuda humanitaria" del Departamento de Estado de los Estados Unidos en Ilopango, Honduras, y director de agencias de seguridad en Guatemala.

El propio Posada va confirmar ese palmarés. Oigámoslo: “En una época, nuestros ‘amigos’ norteamericanos nos entrenaron y adiestraron en el uso y manejo de armas, explosivos y técnicas incendiarias. (…) La Agencia Central de Inteligencia (CIA), enviaba explosivos (C3), lapiceros de tiempo, mecha, cordón detonante, detonadores y todo lo necesario para actos de sabotaje. En aquel tiempo (1960), este tipo de actividades eran conocidas con el nombre de "Acción y Sabotaje". El cubano que desafiaba al régimen, poniendo en peligro su vida, el que se infiltraba en la Isla procedente de Miami para organizar los cuadros de la Resistencia y traer armas y explosivos, era admirado y considerado un soldado de la patria y un héroe de la contrarrevolución.

 "(...) Los guerreros han realizado ataques comandos a instalaciones dentro de Cuba, desembarcos, sabotajes a embajadas y misiones diplomáticas, hostigamiento a la flota pesquera por comandos navales y hundimiento de barcos cubanos y de sus aliados. Años atrás, la pregonada neutralidad del país (de los Estados Unidos, nota de L.S.) no era violada cuando nos entrenaban para invadir Cuba; tampoco cuando la Agencia Central de Inteligencia infiltraba comandos y saboteadores a Cuba, llevando armas y explosivos para sus acciones. "Al regreso de la frustrada invasión (Playa Girón, Cuba, 1961, nota de L.S.), me incorporé a los Comandos L, el grupo de Tony Cuesta y Ramón Font, donde tratamos de hacer operaciones comandos. El gobierno americano, como parte de un nuevo plan, ofrecía a los miembros de la Brigada recientemente regresados de Cuba la incorporación al ejército americano. Otra vez los entrenamientos, las esperanzas y las frustraciones. Me gradué de segundo teniente y me asignaron al mando de un pelotón compuesto por soldados americanos. Después de dos años de estar en el ejército (…), renuncié a mi comisión y comencé a trabajar para la CIA. “El campo de batalla, entonces, lo mismo estaba en el territorio cubano, que en cualquier punto de la tierra. Sin saberlo ni proponérmelo, me convertí en soldado universal (…) recomendados a diferentes gobiernos, para actuar como instructores de personal en el campo de la lucha antisubversiva o como asesores en materia de seguridad nacional y métodos modernos de investigación criminal.

 "En el desarrollo de este propósito y estas luchas, mi vida se consumía entre una operación y otra, con largos intermedios de inacción, aburrimiento y frustración, hasta que me llegó la oportunidad histórica de trasladarme a Venezuela, país amado en el que pasé la mayor parte de mi vida adulta. Inicialmente fui contratado como instructor de la Dirección General de Policía (DIGEPOL) venezolana y asesor especial en asuntos de Seguridad Pública (...) Por las demandas imperativas de esa lucha, la DIGEPOL se convirtió de cuerpo represivo del delito político para el que estaba originalmente diseñada, en la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP). Dentro del esquema, llegué a ocupar el cargo de Comisario Jefe de la División General de Seguridad, con la responsabilidad directa sobre las Divisiones de Armas y Explosivos, Seguimiento y Vigilancia, Protección de Personalidades y Medios Técnicos. Desde mi posición, combatí sin tregua a los enemigos de la democracia venezolana (...) La policía, cuya fuerza principal estaba en los delatores, detenía, allanaba e interrogaba utilizando los métodos más duros de persuasión. Como dice el dicho: Se estaba jugando al duro y sin careta”.

Posada Carriles lamenta en su libro que "Lo que ayer era considerado como un acto de valor y patriotismo, llamado "acción y sabotaje", hoy se llama "terrorismo" y se nos persigue y encarcela por los mismos actos".

Aunque, sea dicho haciéndo justicia, también se les absuelve.

 




10/04/2011 14:21 Luis Sexto #. Política



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