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EL EMIGRADO CUBANO, CAUTIVO DE SU NOSTALGIA

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Por Lorenzo Gonzalo

Para quienes desconocen la triste historia de la comunidad cubana emigrada y mucho menos la compleja dinámica del proceso revolucionario cubano, quizás no puedan entender el resultado de las últimas elecciones parciales ocurridas en la ciudad de Miami, en Estados Unidos.
Repetidamente hemos señalado el hecho de que los cubanos recién llegados en los primeros tres años del triunfo insurrecto en la Isla, fueron utilizados por los cuerpos de inteligencia estadounidenses para su beneficio y para materializar las políticas del Departamento de Estado de ese país. Dicho reclutamiento permitió desarrollar una guerra sucia contra las fuerzas latinoamericanas que buscaban zafarse de las dictaduras y de los procesos de alternancia política, capitalizados entonces por las oligarquías de la región.
Esa labor conformó un ejército informal de personas con similares procedencias y lengua, a la de aquellos del Sur de América y del Caribe, lo cual ayudaba a enmascarar la presencia de Washington en la región. En pocos años, estas personas adquirieron cierta relevancia social en la comunidad del Sur de La Florida a partir de los años 60. Como consecuencia, otros emigrados cubanos se identificaron con una causa que, esencialmente, era ajena a sus intereses. Estas personas habían emigrado por temor ante la radicalización del proceso, optada por el gobierno provisional revolucionario, como medida defensiva ante la
agresividad militar de Estados Unidos.
A partir de 1980 aquellas personas, enriquecidas y amparadas por la oficialidad de inteligencia a quienes habían servido, fueron transformadas en políticos estadounidenses. Desde entonces dedicaron su tiempo a hacer política en Estados Unidos y emplear sus puestos para socavar la política exterior respecto a Cuba, favoreciendo sus agresivas agendas. El juego convenía a la Administración de Reagan, quien fue el organizador intelectual de esas actividades. Las personas que con anterioridad se dedicaron a funciones insurgentes y que en su mayoría eran de carácter terrorista, recibieron entonces la protección política de los nuevos representantes estatales y federales.
El inicio de ese cambio estratégico en la agresión a Cuba, se originó con el Partido Republicano en la gobernación. Como resultado, la mayoría de los cubanos de origen se hicieron republicanos. El asunto no respondía tanto a razones ideológicas o a una identificación con la agenda contra Cuba, sino a la simpatía étnica que significaba ver a compatriotas en puestos de relevancia administrativa.En las mencionadas elecciones del 2 de Noviembre del 2010, ganó la fuerza más retrógrada de esa nación, la cual fue inteligentemente capitalizada por el Partido Republicano.
Uno de los electos, el señor Marco Rubio, simpatizante del Tea Party, jura que será fiel al Partido Republicano y no al movimiento de corte nacional fascista.En el camino veremos, porque el sentir general que llevó a Obama a la gobernación no tenía tanto un carácter social como un sentimiento nacional. No sería aventurado decir que el mismo espíritu que votó por Obama, acaba de votar por el movimiento nacional representado en el Tea Party, el cual tiene simpatizantes y militantes en los dos Partidos del Poder, el Demócrata y el
Republicano.
En cuanto al voto del Sur de la Florida que permitió en esa región la continuación en el Poder de personas fanáticas de origen cubano, tuvo una gran dosis de esa simpatía que generalmente despiertan en tierras extrañas, aquellos coterráneos que se destacan en cargos de importancia.El discurso de Marco Rubio, celebrando su triunfo como Senador, fue una oración sentimental, donde abundó la sensiblería y estuvo ausente su agenda ferozmente contraria a los intereses internacionales.
Con el triunfo de estas elecciones, ambos Partidos tradicionales serán arrastrados a mayores confrontaciones mundiales. El tipo de agenda nacional, representado en los integrantes de esa corriente estadounidense, con fuertes orígenes en el nacimiento de esa nación, culpará al exterior de sus males.
El 70% de los votantes de origen cubano, ejercieron su derecho al voto guiados por el sentimentalismo y la identificación, con quienes han detentado el poder durante los últimos treinta años, cuando la contrarrevolución cubana se transformó en una ganga de políticos estadounidenses.
El discurso sutil, con anuncios subliminales, levanta el sentimentalismo por la tierra abandonada, convirtiendo a los ciudadanos de ese origen, en votantes cautivos.Esta tendencia tiene posibilidades de cambiar, si continúa el intenso contacto comenzado hace un par de años, de los cubanos que visitan a su país. En contra de ese contacto van a trabajar los nuevo funcionarios electos, quienes saben el daño que esos contactos causan a sus agendas contra Cuba. Si el Ejecutivo resiste las presiones de quienes sostienen esta agenda antinmigrante dirigida contra los cubanos, y una oleada masiva de los llegados a partir de los años ochenta, se inscriben como votantes, pudiera torcerse esta tendencia en las próximas elecciones que tendrán lugar dentro de dos años.
Por lo pronto el daño está hecho. Las malas consecuencias que puedan ocasionar en la comunidad cubana emigrada, las actitudes antifamilia de los nuevos funcionarios electos, podría contribuir a las campañas dirigidas al rescate de la política local, en función de los verdaderos intereses de la localidad. La próximas elecciones pudieran ser decisivas para cambiar esta tendencia o para enmarcarla maléficamente en el sino de una emigración cautiva.
Es importante hacer un análisis serio, para saber si el voto a favor de este grupo fanático de origen cubano, fue resultado absoluto del sentimentalismo, un bajo porcentaje de cubanos inscritos para votar o la identificación con una agenda beligerante, que plantea la guerra total al gobierno cubano.
Es importante saber si votó la nostalgia, la apatía o la guerra.

08/11/2010 18:06 Luis Sexto #. Política



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