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FRAY ANTORCHA RESPONDE A FPC

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Desde Miami

Mi muy querido y ponderado FPC,  si algo tiene usted de original es la medida en que comparte razones con contradicciones. Por ello permítame hacerle algunas aclaraciones. Ciertamente la Toma de la Bastilla, una antigua fortaleza militar que albergaba solamente siete prisioneros, al ser tomada por los revolucionarios  parisinos el 14 de julio de 1789, significó simbólicamente el fin del “antiguo régimen” y el comienzo al mismo tiempo de la Revolución Francesa. Para coronar el éxito, los asaltantes tenían como objetivo ocupar la gran cantidad de armas y municiones que se guardaban allí.

¿No le recuerda ello un cierto parecido con el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953? Pues si la respuesta del asistente de Luis XVI  a la pregunta del monarca: “¿Será esto una revuelta?,  este le contestó: “No su alteza, esto es una revolución”, aquel  hecho santiaguero fue el símbolo en nuestro país del inicio de una verdadera revolución del pueblo, para derrocar al régimen tiránico de Fulgencio Batista..

Pero digamos más, la Revolución francesa fue sobre todo un conflicto político y social, que comenzó con la proclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó 10 años después con el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte. Usted mismo lo destaca en  su comentario al post que está debajo de mi escrito en este blog, al reconocer que “las revoluciones la hacen los pueblos para derrocar a tiranos  y déspotas…”

            ¿Conoce usted en Cuba o en este exilio a alguien con los pantalones  bien puestos que intentara siquiera un golpe de Estado en Cuba en estos 50 años de revolución? ¿Verdad que no? Y esa es la mejor prueba que la mayoría del pueblo cubano no solo ha sido fiel a esa causa, sino que ha cuidado la no intervención extranjera en ella.

Todas las revoluciones del mundo arrastran consecuencias y permítame decirle que a mi modo de ver, en la de Cuba hay dos hechos extremadamente lamentables derivados de ella. De un lado los débiles, infelices e inconformes; del otro, los oportunistas, que del mismo modo como surgieron en Francia, aparecieron en Cuba también. Ese es el precio que paga cualquier revolución.

 En el primer caso se agrupan los incapaces de compartir el pan con el prójimo; en el otro, muchísimos llegados a la cumbre del poder como la serpiente del cuento: ”arrastrándose”, para hacer mas daño que buenas acciones y disfrutar a costa del pueblo trabajador beneficios no merecidos.

 (Si quiere le puedo ofrecer una lista bien amplia con los nombres de muchos de ellos que hoy viven en el exilio, que ocuparon hasta las salidas de sus ratoneras puestos claves dentro del gobierno cubano, al cual traicionaron cuando “les pisaron el cayo”, o fueron descubiertos en triquiñuelas fraudulentas para beneficios personales y familiares)

Por ultimo,  remítase al cuadro “Los fusilamientos del 3 de mayo”, de Goya, probablemente el más valorado e influyente del pintor español, y el que refleja, como ninguno, el punto de vista moderno, hacia  el entendimiento de lo que supone todo enfrentamiento armado. Porque las ejecuciones aparecen en toda  revolución, no fueron iniciativa de la cubana, ni injustificados tampoco. ¿O los asesinos de Batista solo les daban nalgaditas a quienes caían en sus manos con un periódico doblado en dos?

Todavía recuerdo con mis ojos y mi memoria infantil aquel cuartel de un pueblo pequeño, donde los instrumentos de torturas no eran precisamente obras de arte que quedaron abandonadas tras las huidas masivas de los soldados, sino la prueba más fehaciente, de porqué se necesitaba realizar una revolución. Esa es la que reina aún, a pesar de todo, por el apoyo y el decreto del pueblo cubano.

             

 

19/07/2010 14:13 Luis Sexto #. Política



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