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MI ULTIMO ADIÓS A UN AMIGO

Por Fray Antorcha

 

Luis: Te escribo, después de un largo período escapado de tu blog. El destino me llevó a un largo periplo tras las huellas del hambre, cómo integrante de una delegación de organizaciones caritativas,  interesados en estudiar in situ la situación verdadera del fantasma llamado MISERIA.

 

Y como de costumbre, me remito primero a varios de tus artículos, para encontrarme con uno que me llenó de la misma tristeza que a ti: el último viaje de quien también fue mi colega y amigo Tomasíto Barceló.

 

De ahí que decidí poner mis apuntes a un lado para enviarte ante todo estas cortas líneas, con las que me solidarizo en  tu dolor por el amigo --¿y por que no?--, con el compañero (palabra que atormenta a los oídos de  muchos en este exilio), en los años mozos de nuestra ingrata profesión.

 

Por ello dejo mis crónicas para más adelante. Pero lo que si no puedo dejar para después es mi repulsa a esa tiñosa parlanchina (y luego dicen que las auras no hablan), que evidentemente te persigue, desde el primer día en que saliste a la luz tras crear este espacio.

 Repulsiva, como todas las aves de rapiña, en uno de sus comentarios al post alusivo a Tomasito duda de la muerte humilde e inevitable para todos. Y en vez de callarse ante tu réquiem,  como ante el de cualquier otro soldado de la información, o cualquier persona,  pone su asquerosa pezuña sobre la llaga. Primero, con una a todas luces hipócrita línea y luego, como es su costumbre, para cuestionar la salida del hermano, que no por haber abandonado la patria la deshonra, y se mofa de la caída, que de igual modo será inevitable para él…

 

 La diferencia está  en  morir con dignidad y no hacerlo como un perro rabioso por no haber podido cambiar el destino de la patria odiada.

 

 No creo equivocarme si digo que si alguien ejerce la democracia con verdadera vehemencia sigue siendo tú. A estas alturas, ya yo le habría cortado las alas y no le hubiese publicado una réplica más (que a los medios de difusión aquí, cuando no les conviene alguna opinión, no la publican, cosa que parece desconocer este analfabeto).

 

No importa. Continuaremos escribiendo con justeza y amando la tierra donde quiera que nos encontremos sin que los quejidos de la hiena hieran nuestros oídos. Y tiene que ser así  porque como y millones allá,  miles aquí y yo marcamos la diferencia. Mientras, deja que  se retuerza el cavernícola,  en su propio estercolero,  que si se va primero que yo, o que , te prometo que escribiré sobre su tumba este epitafio:  “Aquí un pobre ratón/ finalizó su carrera;/ de odiar la Revolución/ el hígado se le cocinó en salmuera.

 

                    

08/06/2010 11:29 Luis Sexto #. Política



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