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QUÉ PASA EN CUBA, SEÑORES, QUE YO NO LO VEO

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Por Luis Sexto

 

Descarga ingenua de un cubano común

 

Una mañana navego por la Internet, y empiezo a leer declaraciones, entrevistas, artículos alarmadísimos por lo que está pasando en Cuba. Y de pronto, este ciudadano común y corriente se confunde: qué está pasando en Cuba, caballeros, que yo no sé. Qué está pasando en mi tierra que Obama y  Zapatero saben más que yo, y más que yo saben El País, y El Nuevo Herald, y la CNN, y el ceremil de medios que dicen decir la verdad, una verdad que yo no veo ni tocó andando por mis calles.

 

Equilibrado como cualquier ciudadano común -esto es,  los transeúntes,  los que no están en nada y solo tratan de vivir lo mejor posible en su tierra-, me resisto a insultar  de  sopetón a políticos y periodistas extranjeros. Me digo: ¿qué ven ellos que yo no veo, estando aquí, oliendo las aguas del Almendares, respondiendo la llamada telefónica de la enfermera de la familia para recordarme que debo acudir al consultorio para recibir la vacuna contra la influenza; estando aquí, sí, sentándome en el muro del Malecón, con un libro en la mano, sin que nadie me pregunte qué estoy leyendo, o esperando el periódico junto con otros viejos, hablando de la pelota, y de mil jodiendas e insuficiencias de nuestro país sin que nadie nos salga al paso, amenazándonos con llevarnos presos si seguimos hablando mierda.

 

Qué está pasando en Cuba que yo no me entero. Ah, sí unas señoras vestidas de blanco que nadie conoce y que de vez en cuando desfilan como un pelotón de ceremonias, con una flor en la mano. Me pasaron por delante el otro día. Y pasaron, allí en G y 23, sin que nadie las abucheara, ni insultara. Luego el noticiero de la TV, las  filmó en medio de una escandalera, por allá por La Habana Vieja, zona caliente, activa, bueno, en fin, nada que uno no sepa que ocurre en cualquier lugar del mundo. Tengo un amigo en Europa que me cuenta que él ve todos los días manifestaciones de ciudadanos pidiendo trabajo o protestando por el costo de la vida, y la policía los golpea, y, dice mi amigo, eso no sale en ningún periódico. Uno, gente común, a lo mejor piensa, con psicología de colonizado mental, que una manifestación y una golpiza en Europa o Norteamérica no tiene porqué preocupar a nadie. En fin, eso es la democracia: gente que grita, alborota, y policías que golpean a los que gritan y alborotan. En esa democracia, el derecho no es equitativo. Pero es la mejor, porque cada cual tiene lo que le corresponde…

 

Pero parece, pienso yo, ciudadano común que por las noches va la sede universitaria del municipio y estoy ahí machacando la carrera de derecho parece  que según la democracia occidental, las llamadas damas de blanco tienen que tener el derecho en Cuba  a salir a la calle, a pedir lo suyo, que no es lo que pide la mayoría, pero los demás, es decir la otra gente, la mayoría  carecen del derecho a responderles. Hay que dejarlas tranquilas, aunque detrás de ellas marche, como testigo, un funcionario de la SINA norteamericana, que vela por los intereses de su país.  Habitualmente tranquilas  han estado estas señoras. Cierto día subí a un auto de alquiler –un botero entre nosotros- y me convertí en compañero de viaje de dos damas de blanco, que revisaban un conjunto de copias de artículos de El Nuevo Herald, de Miami. Así, a lo descarado. Me sonrieron. Yo les sonreí. Se bajaron. Y cada cual siguió su ruta en paz. Desde cuándo, pues, esas señoras caminan por las calles de La Habana, y se meten en las iglesias buscando apoyo y buscando, además, complicarles la vida al cura y a los verdaderos creyentes. Hace rato que están en eso… Dicen que piden la libertad para sus hijos y esposos, que están presos. Presos de conciencia. Y uno indaga y llega a creer que son presos de mala conciencia.  Yo conocí a algunas personas -aunque soy un ciudadano común, tengo amigos- que un día necesitaban dinero y empezaron a hacerse los periodistas; aprendieron en la SINA algo del lead y de la libertad de prensa, enviaron hacia el extranjero noticias, con algo de verdad y con mucha truculencia, y su vida material mejoró: llegaron los dólares, las comidas en la casa del jefe de la SINA en La Habana, recibieron instrucciones políticas sistemáticas, y también computadoras, cámaras fotográficas, radiorreceptores… En fin, comenzaron a trabajar, como agentes de otro país, sin registrarse ante el gobierno cubano.

 

Ahora recuerdo que, en clase, un profesor me dijo que en los Estados Unidos servir como agente de otro país  sin registrarse es delito sansionable. ¿Y por qué aquí en Cuba, aunque también es delito, no se les puede sancionar?  El profesor no tuvo una respuesta jurídica para mi pregunta.

 

Qué pasa en Cuba, pues, que yo no lo veo. Ah, la muerte, más bien suicidio, de un preso que se declaró en huelga de hambre pidiendo le pusieran televisor y alguna otra comodidad en la celda. ¿Morir por eso? Vamos, yo le hubiera dado mi televisor; prefiero leer. Pero quién lo habrá convencido de que con eso hacía  algo bueno.  En fin, uno lamenta que un hombre joven, sin mucha cultura, albañil, imaginara o creyera que el gobierno de Cuba iba a acceder a tales demandas. Tal vez un gobierno que no se respete… Eso pasó en una cárcel. Pero los periódicos del extranjero hablaron como si hubieran tenido treinta enviados especiales al lado del que se moría voluntariamente  de hambre. Cerquita, viéndolo agonizar. Qué difícil resulta  creer eso que nadie puede atestiguar de cuerpo presente.

 

Ahora hay otro, ex  preso,  que lleva más de un mes en huelga de hambre y de sed. ¿De sed, dicen ustedes? ¿De sed? No sé nada de medicina, pero he oído que si usted deja de tomar agua cinco o seis días, enseguida empieza a experimentar alucinaciones, a perder conciencia, y en las primeras semanas Fariñas hablaba por teléfono, hacía declaraciones, y repetía sus demandas hasta que lo ingresaron en el hospital. Pedía libertad para presos de “conciencia” enfermos. ¿Y de verdad hay presos en las cárceles de Cuba  cuya enfermedad les impida cumplir su condena?  Hace dos o tres años liberaron a varios verdaderamente enfermos. Claro, en eso de los presos uno afronta el riesgo de los que comen pescado: se te puede atravesar una espina; los presos, y más los presos que tienen a una potencia tratándolos como héroes y mártires, no les resulta muy difícil intentar ser héroes o mártires.

 

Pero para qué tanta agonía. Bueno, aparte de lo monetario, cuál es el programa de esa gente: la retórica romántica de libertad, de derechos humanos, y uno que ya es viejo recuerda cómo el gobierno de los Estados Unidos apoyaba al régimen de Batista y no se preocupaba por los muertes que aparecían en 1957 y 1958 a orillas de las carreteras o en las alcantarillas. En fin, esa llamada disidencia no disiente de nada, simplemente quiere tumbar al gobierno de su país con el auxilio financiero y material de los norteamericanos. Y pensar que del Padre Varela y José Martí hasta hoy, miles de  cubanos han luchado para mantenerse independientes de los Estados Unidos.  Los miembros de la llamada disidencia que no disiente sino se opone, repartidos en mil grupitos con nombres rimbombantes, carecen de crédito, nadie los conoce, sus líderes son como pícaros.  ¿Y de verdad alguien puede esperar que en Cuba pueda existir un partido que abogue por llevar al país nuevamente bajo la tutela de Washington? Yo soy el primero que se opondría…

 

Y uno, que sigue todos los días preocupándose por las cosas que de verdad pasan en Cuba: la distribución de tierras, el estudio de mil propuestas para agilizar y readecuar la organización económica, facilitar nuestra vida y hacer más efectiva y participativa la vida política honrada y patriótica,  pregunta si un gobierno,  popular por añadidura,  amenazado de derrocamiento, tiene que dejar que lo derroquen.  

 

De qué Cuba hablan ciertos jefes de Estado, y esos  periódicos que siempre han tenido un cúmulo de relaciones promiscuas con el dinero, es decir, con el poderoso caballero que promueve guerras y destruye la naturaleza del planeta. A lo mejor, digo yo, gente común, hablan de una Cuba ficticia que algunos creen verdadera. Varios me han preguntado: ¿por qué tengo que creer las explicaciones del gobierno cubano? Y yo les digo: ¿por qué no creerlas? ¿O acaso Obama, Zapatero y los parlamentos y congresos y todos los medios que hablan de Cuba cosas que no pueden confirmar, son  más creíbles?  Tengo la impresión, señores,  de que se están burlando de ustedes.

 

 

09/04/2010 22:47 Luis Sexto #. Política



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