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JUBIELEGÍA CARIÑOSA PARA UN MARCHANTE CONFUSO

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Por Luis Sexto

En la jubilación del periodista Viñas Alfonso

Con toda la gravedad que este acto impone, debo decir que me he visto en el compromiso de modificar mis planes. Nunca pensé decir estas palabras en otro sitio que no fuera junto a la losa florecida de Viñas Alfonso, en su tránsito, que habrá de ser memorable, al seno del olvido. Pero una jubilación ya nos va sabiendo como a velorio –nuestra amiga Mercy Azcano me lo recordaba en un correo electrónico- y por tanto debo adelantar la despedida de duelo que como amigo leal  escribí desde hace años a mi próximo difunto amigo Viñas y que él me pagó puntualmente  por adelantado.

Desde luego, toda despedida, ante los dolientes, supone enumerar como exclusivas las virtudes del dolido. Y de ello, de ese conocimiento cercano a Viñas, sé bastante. Lo sé, porque he sido víctima principal de sus originalidades. Por ejemplo, ¿no es acaso original que llevando en su apellido la materia prima e inigualable de la uva, Viñas, cuando bebe, si bebe, pudiendo repartir, bebe a costa ajena? Dígalo este sujeto mordido mil veces por las invitaciones de motu proprio que se hace a mi mesa doméstica. Claro, yo me honro. No olvidemos que cuando Viñas Alfonso elogia la pierna asada de mi mujer, tengo en cuenta que lo hace un fundador de la prensa clandestina, fundador también del periódico de Pinar del Río; y un ex estudiante de bachillerato que compartió en el instituto de segunda enseñanza con los Hermanos Saíz, jóvenes superiores y uno de los cuales lo distinguió como amigo.

No olvido tampoco que cuando Viñas me pide prestado un almuerzo en casa, prometiendo pagármelo inútilmente  más adelante cuando el tiempo transcurra, estoy en presencia de un periodista que suma más de medio siglo  de ejercicio vital, creativo, trabajador y cuadro de los principales medios de nuestro país: Juventud Rebelde, Bohemia, Palante, y chistoso, chispeante  colaborador de la radio, aunque escriba crónica con K. Y si aparece el boletín de ida y vuelta que lo confirme, será reconocido como uno de los  reporteros del desembarco de Colón en Gibara. Al menos sí está demostrado que fue uno de los pioneros en abrir un puente de asfalto, con una sola dirección, entre Pinar del Río y La Habana…

No paso por alto, en este momento de pasar cuentas, su proverbial crédito de tener el codo anquilosado, de modo que mete la mano en el bolsillo  como un pianista toca sus teclas: sin mover el antebrazo. Destaco hoy su pachorra búdica, su afición a sonreír, su gusto por querer a sus amigos y su capacidad de enamorarse del trabajo, aunque no pueda ya hacerlo de otras formas sumamente trabajosas para su edad.

Viñas ha vivido mucho. Y ha vivido bien. Gastando lo menos posible, pero prodigando amistad, fidelidad, cordialidad, responsabilidad, compromiso, humor. Y, sacadas las cuentas, uno se percata de que tiene razones para jubilarse e ir a su humilde residencia de 21 y 14, para acodarse a su enorme buró de notario privado,  y ajustar su historia: desenterrar las huacas donde todos creemos que guarda… la experiencia y los textos acumulados, y empezar a ponerlos en el banco impaciente de una obra más perdurable, menos volátil, como suelen volar las cuartillas de nosotros, los periodistas… Me parece justo que quien empezó como propagandista revolucionario clandestino, retorne ahora a la clandestinidad de su hogar y su máquina a trabajar menos apremiado.

Hermano mío, por consideraciones obvias, no puedo estar presente al decir estas palabras. Me voy a un sitio donde  nunca has podido encontrarme cuando me pierdo. Mercy Azcano sabrá leer esta cuartilla con la delicadeza que su ternura le recomiende. Jubílate en paz, si puedes, Viñas. Ah, por favor,  dame la oportunidad de rescribirte la despedida, porque a ese placer, que hoy he ensayado, no voy a renunciar, y pienso volver a cobrártelo.

 

 

Para el periodista Viñas Alfonso en su retiro




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