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HONDURAS Y EL CONSENSO

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Por Lorenzo Gonzalo

 

En medio del retroceso que significa el golpe militar perpetrado en Honduras y sobre todo del sufrimiento que eso ocasionará al ciudadano común, exponente de las mayorías, su ocurrencia ha servido para que un mundo posible, encuentre bases en la unidad consensual surgida a partir de ese golpe.

El aspecto esencial para las bases de ese consenso ha sido la actitud del Ejecutivo estadounidense respondiendo con prontitud para condenar la ilegalidad del golpe. Esta respuesta fue esperada con ansiedad, especialmente por los países del Hemisferio latinoamericano y caribeño, desde las primeras horas del golpe. Dicha acción se añade como un ingrediente nuevo que, de sostenerse, contribuirá a forjar la esperanza de un futuro mejor en el orden de las relaciones internacionales.

Esa pronta respuesta levanta nuevas expectativas para confiar que las promesas del nuevo Presidente de Estados Unidos, no se vayan por el vertedero. Las mismas han consistido en diversos pronunciamientos donde, al menos de palabra, ha manifestado distanciarse de las políticas injerencistas practicadas por todas las generaciones de anteriores Administraciones y cuya finalidad fue imponer a los países subdesarrollados el tipo de Estado y organización política, asumidas por Washington como las únicas idóneas.

 

A pesar de las presiones y la oposición que el Presidente Obama confronta para poner en marcha su nueva visión de lo que debe ser Estados Unidos dentro del contexto de las naciones, la jerarquía que su mandato le otorga, le ha permitido imponer algunos de esos criterios. Aun cuando solamente los ha instrumentado a medias, al menos ha podido expresarlos y repetirlos, a contrapelo de las críticas de quienes estiman que Estados Unidos tiene la necesidad y por ende el derecho, de controlar todos los rincones de la geografía.

El golpe de Honduras y la inmediata respuesta del Presidente de Estados Unidos, si no afirma la seguridad de marchar en semejante dirección permite confiar al menos, que las posibilidades para dicha transformación son posibles y como consecuencia de esto, un orden internacional más estable pudiera surgir.

Obama ha sido criticado por quienes defienden la independencia de sus países y comprenden que las ingerencias de los países desarrollados en sus asuntos internos, han sido un impedimento para la creación de infraestructuras adecuadas tanto en lo económico como en lo político y han alimentado el protagonismo de las oligarquías surgidas durante la época de la colonización del Sur americano y del Caribe, sin excepción alguna.

A pesar de sus manifestaciones y su actuación en foros hemisféricos como la Cumbre de Las Américas y la reunión de la OEA en San Pedro Sula, la lentitud del gobierno de Estados Unidos para cambiar su política hacia  Cuba, ha hecho dudar de las posibilidades reales del Presidente estadounidense.

Sin embargo, su actitud referente a los sucesos de Honduras, a contrapelo de las presiones mencionadas, incluso bajo la acusación de algunos orates, diciendo que su actitud marcha a la par de la izquierda radical del Hemisferio representada por Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, prueban que Obama pudiera contar con espacios que le permitan instrumentar algunas acciones esenciales para un cambio de la política exterior estadounidense.

Durante los pocos meses que Obama ha estado en el poder y a pesar de sus declaraciones novedosas y atípicas en boca de un gobernante de Estados Unidos, ha continuado siendo objeto de críticas por ciertos intelectuales de izquierda que, en su desafuero ideológico, se identifican con una radicalidad muchas veces irracional. Al mismo tiempo ha sufrido ataques de una derecha que se identifica en su fanatismo con los anteriores y que son tan incapaces de comprender las necesidades de cambio, como esa izquierda lo es para entenderlos como proceso y no como acciones divorciadas de las realidades materiales y la conciencia social del momento.

Los sucesos de Honduras van a imprimirle cierta impronta a esa visión de la izquierda.

El extraordinario sentido político de un dirigente como Fidel Castro, a través de diversos artículos, ha calado en el espectro ideático de Obama y ha dejado espacios para otorgarle el beneficio de la duda respecto a la honestidad social y política de su pensamiento.

En medio de los acontecimientos hondureños el Presidente venezolano Hugo Chávez, sin abandonar la desconfianza que ha caracterizado el sentimiento de los países pobres respecto a todo cuanto hace Estados Unidos, ha señalado la existencia de “más de un Estados Unidos”. Por primera vez, en declaraciones políticas públicas, un gobernante de izquierda reconoce la existencia de grupos de poder diferenciados por sus concepciones sociales y políticas, dentro del “establishment” estadounidense. No se trata de la simple y real separación entre gobierno y pueblo, ni de aquella tan manida de “poseedores y desposeídos”, sino la de un poder enfrentado por cuestiones socio políticas, desde posiciones esencialmente diferentes.

La incidencia social de las declaraciones de los líderes políticos, tiene más peso que cualquier manifiesto rubricado por todos los intelectuales sociales del mundo. Esto no ocurre necesariamente porque los líderes puedan tener razón, sino por la influencia directa que les da la magnificencia del poder.

En este caso la coincidencia de opinión y la compresión de la compleja realidad del poder estadounidense por la mayoría de la intelectualidad y periodistas de izquierda y por líderes como los señalados, contribuyen a un consenso cuyos resultados pueden llegar a ser el amanecer de un nuevo sol en el horizonte de la América y el Caribe.

 

 

06/07/2009 19:52 Luis Sexto #. Política



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