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A DESTIEMPO PERO AÚN VIGENTE

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Por Luis Sexto

He dicho que soy periodista que lee a periodistas. Por lo cual me resulta casi imposible juzgar a mis colegas desde el prejuicio, esa técnica de evaluar, definir, calimbar por rumores o por simple suposición. Acabo de leer un libro, más bien, lo he releído esta semana, aunque como volumen impreso solo tiene aproximadamente un mes. ¿Tan interesante es como para la repetir el plato en tan corto tiempo? Lo he releído ahora, pues los textos que lo integran los leí en 1999, cuando Bohemia envío al autor a Guatemala.

Guatemala, el milagro de la primera vez ha sido publicado por la editorial Pablo de la Torriente, de la Unión de Periodistas de Cuba. Su contenido –la presencia de médicos cubanos en ese país centroamericano- lo convierte en un libro extemporáneo por su aparición casi una década después de que Eduardo Montes de Oca, el autor, viajara a la tierra donde los mayas edificaron una de las más esplendorosas civilizaciones en América. En los años iniciales del 2000, aparecieron varios libros escritos por periodistas sobre las misiones médicas cubanas . ¿Por qué, pues, se publican los reportajes de Montes de Oca ahora, cuando ya el terreno está mojado y, según el criterio de la lógica periodística, lo que cuenta parece hoy “bohemia vieja” como suelen decir algunos?

El autor quizás no estuvo interesado entonces, o ningún editor los tuvo en cuenta. Sin embargo, al releerlo tras diez años de haberlos leído en la revista, me percato que, a pesar de tardía, ha sido una decisión correcta. En este libro, el contenido no envejece. La forma fue concebida y ejecutada desde la originalidad, y sin ánimo de menospreciar otros volúmenes parecidos, me parece que la prosa de Montes de Oca –habituada al ejercicio de la opinión- se nos revela en este libro con una propiedad narrativa que mantiene vigente a aquellos personajes, aquellos paisajes, aquellos recorridos del autor indagando por la obra solidaria de los médicos cubanos.

Es curioso: fueron reportes aislados; aparecían esta semana, o diez días más tarde, así, como resulta habitualmente en la tarea de un enviado especial. Pero Montes de Oca, si no lo pensó conscientemente, lo planeaba implícitamente en su actitud de periodista que oye y ve para contar la primera vez de modo que pueda ser la definitiva. El ejercicio del periodismo impreso no permite segundas tomas, como en el cine. Y el ordenamiento en un libro de esos textos escritos aprisa, sin tiempo para elegir con cuidado la palabra o la imagen, acusa una unidad tan coherente que admitimos que estamos ante un único reportaje, con principio y final.

El punto de enlace de esa discurso tan unitario escrito en momentos dispersos, es la vivencia del reportero. Montes de Oca sabe que un reportaje necesita de la participación del autor, porque este género, tan parecido al cuento de la literatura, puede clasificarse, como el injustamente olvidado Luis Rolando Cabrera –una firma sustancial en Bohemia- lo definió: “la noticia vivida.” Ese es, en fin, el reportaje. Noticia vivida, en primer término, por el periodista cuyas peripecias en la búsqueda de personajes y hechos suelen ser tan importantes como esas personas y escenarios que describe o interroga. Repasemos los libros de reportajes de John Reed y de Kapuscinski, o los de Pablo de la Torriente y Onelio Jorge Cardoso y comprenderemos que la primera persona del narrador y los pormenores de su andar por el terreno como testigo que se moja los pies, alzan el enunciado periodístico al cosmos de lo auténtico y creíble. Cuando falta esta “vivencialidad” y el autor no se llama García Márquez,  nos parece estar leyendo una anémica e insufriblemente nota informativa.

Eduardo Montes de Oca es hoy uno de los periodistas cuyo estilo señala el trabajo exigente en la selección y ejecución de la técnica y su expresión verbal. La cultura, principalmente adquirida por este periodista en lecturas disímiles más que en diplomas académicos, que lo tiene, le facilita reparar y asociar los detalles que, puestos de relieve, realzan el interés humano del reportaje.

Si alguien dudara de que en Cuba no hay periodistas con mayúsculas, porque nuestro periodismo adolece, a veces, de cierto apego a lo plano, Eduardo Montes de Oca, con sus artículos en Bohemia y con Guatemala, el milagro de la primera vez, su primer libro, demuestra que hay firma y talento para revaluar nuestros medios.

 




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