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MORIR POR EL PERIODISMO

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Por Raúl Menchaca

A propósito del Premio Nacional de Periodismo José Martí

Conocí a Luis Sexto una lejana mañana de septiembre de 1982. Ambos formábamos parte de un aula universitaria donde aspiraban a obtener el título académico un grupo de periodistas en ejercicio, entre los que hoy sobresalen Sahily Tabares, Marisela Recasens, Idania Martínez, Rogelio del Río o Humberto Mayol.

Ya Luis era parte de la plantilla del diario Trabajadores y comenzaba a brillar con textos que se salían de la norma del periodismo cubano de entonces.

De Luis, siempre me llamó la atención su tranquila actitud ante la vida, una imagen externa que sólo oculta un telúrico afán por hallar las esencias del cubano, ese que con su labor día a día arrima el hombro en la construcción de un socialismo tropical y diferente.

En aquella aula de la entonces Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana nació una amistad fundada en mi admiración hacia ese calvo simpático, con una hondura de pensamiento que sólo tienen los privilegiados y que no le mata un humor singular, tamizado por una vasta cultura y un talante contestatario que sin embargo tiene un alto compromiso con Fidel y la Revolución Cubana.

Después, la profesión nos unió incluso en el extranjero y Luis siempre se reveló como un ser humano extraordinario que ha sabido pasar por encima de duros golpes de la vida y de las mezquindades e incomprensiones humanas.

Además de laborar en el hoy semanario Trabajadores, dirigió la redacción cultural de la agencia de noticias Prensa Latina. Trabajó en la revista Bohemia y en el periódico Juventud Rebelde.

En Radio Rebelde tiene especial participación en Hablando claro, el programa donde discute sobre la actualidad cubana junto a Antonio Moltó, otro grande al que el periodismo cubano aún debe mayor reconocimiento.

Pero Luis, que guarda una profunda vocación magisterial, tiene tiempo para impartir la docencia en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí y en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Mantiene en Internet el blog personal Patria y Humanidad, y como si fuera poco atesora además una extensa obra literaria, que incluye poesía, ensayo y cuentos, pero se confiesa sólo "un reportero".

Columnista de fibra, de esos que sufren cada semana ante la cuartilla en blanco, este villaclareño nacido en Remedios sabe de la polémica respetuosa y argumentada pero desprecia a los traidores y a los vendepatrias.

"En el periodismo hay que exponer el pellejo, y eso me gusta. En el periodismo uno se puede morir, pero incluso, eso me gusta. Me gusta tener una causa por la cual morir", afirmó en una reciente entrevista y así fijó su posición ante la profesión y la sociedad cubana actual.

Por eso, entregarle este año el Premio Nacional de Periodismo José Martí, que se otorga por la obra de toda la vida, ha sido sólo reconocer a quien ha vivido dispuesto a morir por el periodismo.

 




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