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Lo que el viento no se llevó

Por Niurbis Soler Gómez.

 

Me ha llegado desde Chaparra esta sensible crónica

Chaparra es como una muchacha que mira indiferente el paso de los años, cargando en su espalda todo el polvo almacenado en tantos siglos.

Aunque sus líneas paralelas ya no conducen a ningún sitio, dos chimeneas la enlazan con la distancia.

Sus calles abren un horizonte por donde escapa la gloria, buscando el atardecer.

Hay tanta historia en sus portales que el tiempo no cabe en los horcones y se convierte en páginas que la desnudan.

Chaparra es un paisaje que no se apaga en la memoria, la fe para los que nunca creyeron  y la suerte para los que no levantaban el fatalismo geográfico como bandera.

Chaparra es un pueblo de poesía, de palabras y de sueños.

Pero todo lo que se reflejaba en las pupilas cambió de repente. Los primeros indicios fueron los partes meteorológicos, la braveza del cielo, el cambio de humor del aire y la llovizna.

En una sola madrugada se cayeron el esfuerzo y las ilusiones; y el amanecer gris, solo trajo basura, dolor y lágrimas. Muchas lágrimas.

Los techos ya no apuntaban al amanecer, los árboles que midieron mi estatura ya no estaban para aliviarnos del sol, las calles perdieron sus contornos y la oscuridad se repartía por todos los sitios y rincones.

Entre tanta penumbra, muchos se aprovecharon del dolor ajeno; creyendo que la naturaleza les había obsequiado un ciclón de oportunidades, vagaron recogiendo migajas, sin saber que sus almas reflejaban la podredumbre que llevaban dentro.

Sin embargo, otros hacían la luz como por intuición. Esos demostraron que la solidaridad y la amistad son las armas del desamparo y que la ayuda, en tiempos difíciles, hace al ser humano más limpio.

Después del abatimiento, las lágrimas se secaron y el dolor le dio paso a la recuperación.

Ahora, donde había cuatro habitaciones solo hay un lugar para acomodarnos, las calles han recobrado sus contornos y los techos saludan al amanecer, a pesar de los disímiles agujeros por donde se filtra la poca luz que tenemos.

Chaparra volverá a ser un pueblo de poesía, de recuerdos y de historia, y aunque muchas cosas quedaron en el olvido, el viento no se pudo llevar lo que nos hace humanos.

No se pudo llevar ni la esperanza, ni los sueños.

 

 

 

02/10/2008 20:32 Luis Sexto #. Crónicas



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