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TRÁMITES

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Por Luis Sexto

Existe en el país una certeza: ciertos trámites en oficinas públicas solo sirven para… mandar a buscar la desgracia. Tanto se complican y se tardan que puede uno envejecer feliz, tranquilamente, en el caso de que pidiera la mala suerte. Pero, por el contrario, lo que la gente busca y pide al realizar un trámite es la solución de un problema o el allanamiento de una dificultad.

También hay otra certeza. Los organismos del Estados, en particular los gobiernos provinciales, están tratando de despejar la maraña innecesaria y sobre todo injustificada que oscurece la ruta de algo tan aparentemente sencillo como legalizar o permutar una vivienda, o cambiar el carné de identidad, la matrícula a un auto, u obtener una dieta médica… En fin, el informe que a ese respecto se discutió en una reciente reunión de la Asamblea del Poder Popular en la capital, enumera una infinitud de trámites aquejados de una u otra forma por esa tendencia a complicar todo cuanto debe ser claro, sencillo y hasta simple.

¿Qué se ha obtenido con el exceso de trámites y su consecuente enmarañamiento? He oído decir que la problematización de los trámites tiene el propósito de proteger la legalidad. Es decir, según este razonamiento, cuanto más dificultad, menos oportunidad para los que pretendan burlar la ley. ¿Será cierto?  A mi parecer, es lo opuesto. Según el ciudadano deba tocar puertas para cumplir lo fijado en las leyes, se irritará y más tentación afrontará de entrar por la ventana o, lo que es igual, violar las reglas procurando el camino expedito que le niegan. Y de ahí resulta la corrupción, esa enfermedad social que a veces nos negamos a llamar por su nombre.

Tal vez yo, ignorante en estos asuntos, cometa un error al decir que a veces la ilegalidad prospera porque no existe legalidad. Digámoslo más claro: En la medida en que la legalidad se reduzca, la ilegalidad se incrementa. Ningún cuerpo legal -cuya tarea es armonizar intereses y relaciones sociales- podrá regir sin tropiezos si no se tienen en cuenta las necesidades sociales. Las leyes son condicionadas –lo sabemos- por la estructura socioeconómica. Y también surgen de las aspiraciones ideológicas y políticas dominantes. Pero las necesidades cumplen un papel regulador a pesar de nuestra voluntad. Porque las leyes no pueden existir a contrapelo de la posibilidades o las imposibilidades que les ofrece la realidad. Por ejemplo, cuántos escombros se han echado sobre las normas que rigen la vivienda en nuestra sociedad, donde la carencia de viviendas es uno de los problemas principales.

Habría, por tanto, que advertir que los enredos oficinescos provienen de una mentalidad escabrosa, burocrática. Se aprecia, profundamente observado el fenómeno, un aparente sinsentido en algunas exigencias. ¿Por qué –se preguntaba un jurista en una asamblea del poder Popular-, por qué un certificado de nacimiento prescribe, puede caducar, según algunas disposiciones, al poco tiempo de emitido?

En verdad, no se invalida ni siquiera con la muerte. Siempre estará en el registro para asegurar que usted o yo nacimos un día. (Publicado en Juventud Rebelde)

 

 

20/05/2008 18:17 Luis Sexto #. Ética



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